FAZER LOGIN4
“Noche de sangre”
Unas horas antes:
El sonido de una rama partiéndose a la mitad colocó a Sebastián en alerta. Desde hace más de medio kilómetro había sentido la presencia de un inmortal, pero, jamás se imaginó que pudiera cruzar los límites de Sunny Village.
—Vaya, vaya…
Su cuerpo retrocedió al escuchar la voz de alguien que no reconocía.
—¿Qué hace aquí un Drake?
El ceño del pelinegro se frunció al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, un par de hombres, vestidos de traje tipo inglés en color negro. Uno de ellos tenía el cabello lacio hasta la cintura. Las hebras se sacudían hermosamente por el movimiento del aire en aquel misterioso bosque, mientras que él otro con un cabello corto rubio y labios tan rojos como la sangre, lo miraban como una jodida presa más.
—Creí que no podían pisar estas tierras…
—Eso era antes.
Atacó uno, Sebastián se mantenía en alerta.
—Yo quiero saber algo… —Draco, se movió tan rápido, que una de sus uñas hizo un ligero corte en uno de sus brazos. La sangre se deslizó por su piel, aunque el que más disfrutaba esto era Emiliano, mientras veía a su hermano Alec gozar de la sangre de su nuevo amigo. —¿Qué hace un Drake sin manada en Sunny Village?
El rubio se río, cubriendo su boca con sus manos, sus movimientos eran suaves, y algo afeminados.
—¿Por qué no respondes? ¿Te comieron la lengua los Alfas? ¿O nunca habías visto vampiros en tu patética vida? —el pálido sujeto abrió los ojos, cuando en un movimiento limpio, Sebastián lo tomó del cuello, y lo enterró tan duro contra la rama de un árbol, que su cabello terminó desprendiéndose un poco de su cráneo. —Es ella, ¿No?
—¿De qué hablas?
—Eva…
El vampiro cayó al suelo.
—¿Desde cuándo están detrás de ella?
—Desde que nos enteramos de la profecía… Es divertido pensar que tenemos el poder de matar a la primera luna humana…
La mandíbula de Sebastián se tensó.
—Es mejor que se mantengan alejas de ella.
—¿Si no qué? Estás solo en este pueblo…
De un instante a otro, se vio rodeado de los dos vampiros.
El pelinegro, logró amortiguar el golpe que uno de ellos había lanzado hacia él, mientras que el otro desenvainaba una daga de plata dispuesto a acabar con la vida del heredero de los Drake.
—Es tu última oportunidad para irse de aquí… —Emiliano, golpeó con fuerza el rostro de su rival al escuchar aquella amenaza, rápidamente, el par de sujetos lanzaban golpes uno detrás del otro contra el estómago del Alfa.
Las copas de los árboles se sacudían con violencia, cuando los tres inmortales se ven envueltos en un sinfín de golpes, que termina con Alec mal herido por las garras del lobo.
—¡Hijo de puta!
Sebastián sonríe, soplando sus garras con algo de sorna.
—¿Sabías que las garras de los Alfa pueden botar cierto veneno?
Emiliano apretó los dientes.
—Te han mandado a Sunny Village a reclamar a tu futura mujer, ¿Ella ya lo sabe? —El pelinegro dio un paso hacia adelante —, será divertido cuando me la folle esta noche, y luego la deje sin una gota de sangre. ¿Qué harás después sin tu luna?
La tierra se sacudió, las ramas de los árboles vibraron, mientras que los pájaros salieron volando una vez el cuerpo de Sebastián se movió con violencia hacia Emiliano, el cual se defendió rápidamente antes de que el ataque del lobo lo hiriera de muerte.
—Eva Smith será mi mujer.
Susurró, estrellando el cráneo de Alec contra el suelo.
El vampiro debía salir corriendo, o morir en mano del clan enemigo.
—Suelta a mi hermano…
—Lo haré…
Levantó casi a la velocidad del viento el cuerpo del moribundo inmortal, para luego hacerlo estrellar contra una enorme roca que lo dejó casi hecho polvo.
—Están advertidos… Que me vea solo no quiere decir que estoy solo.
Los aullidos de al menos seis lobos los hicieron correr lejos del sádico hombre; Sebastián miró a su alrededor viendo fijamente a los guardianes, aquellos hombres del imperio de su familia que habían enviado para su seguridad, y que por honor él no usaba.
—Señor…
La voz de París, lo sacó de sus pensamientos.
—No los quiero cerca.
—Sebastián…
Orlok, el beta, segundo a cargo, lo abraza al ver que no tenía muchos moretones. —Sigues siendo el más fuerte de la manada, pudiste con dos vampiros tú solo.
El pelinegro se alejó, ignorando esto.
—Necesito que envíes guardianes a la casa de Eva.
—¿Cuándo le dirán?
—¿Qué quieres que le diga? ¿Qué a la luna se le ocurrió la grandísima idea de unirla a un lobo de trescientos años?
—Sabes qué es lo correcto.
—¿Por qué? ¿Por qué así habrá un acuerdo entre los sucios humanos y los lobos? ¡Puff! ¡Por Dios, Orlok!
—Sé que odias eso…
—¡Sí la conocieras! ¡Es tan arrogante y odiosa!
—¿Y tú no lo eres?
Lo miró mal.
—En un par de días será tu celo, deberías…
—¡No! —se alejó de él, para marcharse hacia la casa de Eva, ya faltaba poco para que se fuera al muelle, y odiaba la idea de no haber acabado con la vida de ese bastardo cuando se dio cuenta esta mañana que era un jodido vampiro.
—Bien, como quieras, pero recuerda que tarde que temprano terminarás unido a ella. A las buenas, o a las malas. La luna lo quiere así…
(***)
La puerta del coche del alfa sonó con fuerza una vez lo dejó parqueado a las afueras de la casa de Eva. De su cuerpo desprendía un olor a masculinidad, mientras que el reloj que sostenía con elegancia en su muñeca derecha marcaba las once en punto de la noche.
La ropa que había escogido para usar el día de hoy era muy poco común en él, aunque necesitaba mezclarse con los jóvenes que irían a ese tipo de fiestas, y por ende lo mejor para él era no pasar por desapercibido.
—Hasta que por fin saliste.
—Mierda…
Soltó, apenas vio la silueta enorme de Sebastián.
—Creo que acabo de descubrir que es tu palabra favorita.
Él la rodeó, para detallar cada parte de su cuerpo.
—¿Qué haces aquí?
—Te voy a llevar al muelle.
—No quiero.
—No es pregunta… Ese sitio no es lugar para una señorita como tú… Hay cosas que jamás vas a querer haber visto.
Sus pies se detuvieron.
—Por Dios, Sebastián, no soy una niña, el sexo no me da miedo.
—No hablo de sexo.
—¿Entonces?
—Hay hombres peligrosos…
—¿Más que tú?
—Qué mal chiste, anda, súbete.
La chiquilla giró su cabeza cuando aquel olor a flores volvió a invadirla.
—Bien, pero, no quiero que nos vean llegar juntos.
Luego de casi veinte minutos, ambos llegaron al muelle de Sunny Village.
Eran casi la medianoche, y la luz de la luna llena brillaba más de que costumbre. —Viniste… —La voz de Emiliano la hizo sentir mariposas en el estómago. —Te ves tan linda.
Un beso en su mejilla la hizo temblar.
—¿Con quién viniste?
Preguntó.
—Conmigo…
Sebastián atacó rápidamente.
—Veo… ¿No la puedes dejar sola?
—¿Con ustedes?
Drake observó a seis hombres detrás de Emiliano.
Quería intimidarlo.
—Es luna llena, hermano.
Declaro, quizás en señal de amenaza.
—Puedes usar a todas las humanas que quieras, menos a Eva.
Murmuró, el pelinegro, acercándose al pálido hombre.
—Es una pena, quería probar su sangre.
De repente, el sonido de un par de fuegos artificiales los sacó del tenso momento. —La marcaste con tu olor, ¿No? Hasta aquí apesta a perro.
Sebastián gruñó.
—Los guardias de la familia la están protegiendo.
—¿Ya aceptaste que una frágil humana será tu luna?
El pelinegro odiaba eso, se había pasado casi toda su vida preparándose para el momento en que la luna por fin escogiera a su pareja, pero cuando se enteró del trato que lo involucraba a él, y a los humanos algo dentro de él estalló.
—Cierra la maldita boca.
—Ciérramela tú…
—¿Qué sucede?
Eva intervino.
—Vámonos de aquí.
Sebastián la tomó de la mano, aunque ella se separó casi de inmediato.
—Creo que hay un error, tú y yo no somos amigos…
El escándalo cada vez se volvía más fuerte, cuando de un momento a otro anunciaron el inicio de la carrera.
—Ella se irá conmigo.
Emiliano, aprovechó la multitud para hacer desaparecer a Eva ante la mirada de los guardias del clan Drake. Cuando la chiquilla quiso reaccionar se encontraba dentro de un camaro al lado del chico que le gustaba.
—¿Cómo llegué hasta aquí?
Se tocó la cabeza porque aún se sentía mareada.
Su corazón latía con fuerza.
Su cuerpo se sentía débil, podía sentir como si se hubiese despierto de un trance. De un trance que la alejó de Sebastián.
—Esto será divertido.
Emiliano encendió el motor del vehículo.
—Eva…
—¿Qué?
—¿Crees en los hombres lobo?
—¿De qué hablas?
—Estás a punto de ver a uno…
—Emiliano.
—Dime, ¿Amor?
—Tus ojos… Tus ojos son rojos…
EpílogoLo que permaneceEl lago en donde Sebastián y Eva habían pasado sus días como familia, se encontraba en calma, tan quieto que parecía contener el tiempo. La superficie del agua reflejaba el cielo como un espejo antiguo, uno que había visto nacer promesas, sellar destinos y guardar secretos durante generaciones, mientras la cabaña de madera se alzaba a pocos metros de la orilla, sencilla, acogedora, rodeada por árboles altos y por ese silencio especial que solo existe en los lugares donde la magia ha aprendido a convivir con la paz.Sebastián se balanceaba lentamente en la mecedora del porche, el crujido suave de la madera marcando un ritmo tranquilo.Llevaba una camisa clara arremangada y el cabello ligeramente desordenado, con esa apariencia relajada que solo había aprendido a tener con los años, mientras Eva estaba sentada sobre sus piernas, recostada contra su pecho, con una de sus manos entrelazada en la de él.Se besaban sin prisa, con la confianza de quienes ya no neces
Capítulo FinalEl día de la bodaHabían pasado tres días desde que Eva y Sebastián supieron que serían padres, tres días en los que la casa estuvo llena de preparativos, rituales, risas nerviosas y silencios cargados de significado. Tres días en los que Eva sintió, con una claridad casi dolorosa, que su vida nunca sería de nuevo la misma.Desde temprano no había visto a Sebastián, y aunque sabía que era parte de la tradición, la ausencia le oprimía el pecho con una fuerza tan dolorosa que le costaba respirar. No verlo, no sentirlo cerca, la ponía nerviosa. Alec permanecía junto a ella, serio, atento, cumpliendo al pie de la letra la orden de su hermano mayor: no apartarse de Eva ni un solo segundo, porque si lo hacia a la mañana siguiente su cadáver estaría flotando en el lago de Moira. Cada vez que ella lo miraba, él asentía con solemnidad exagerada, como si protegiera algo sagrado porque, en el fondo, así era.En la habitación, las brujas del aquelarre se movían con cuidado, casi
Capítulo 39“La Luna Azul”Había pasado casi un mes desde la propuesta, y el aire en la Casa Drake estaba lleno de emoción, risas y caos. Las brujas del aquelarre de Marie entraban y salían a toda hora con cajas, telas, frascos con esencias, velas y flores. Nena dirigía todo con una energía inagotable, dando órdenes, dibujando símbolos en el aire, encantando adornos y discutiendo con Alec sobre los colores de las cintas.El día de la boda se acercaba, y no sería una boda cualquiera. Se celebrarían bajo la Luna Llena Azul, un evento raro que solo ocurría cada varios años. Para los lobos, ese día era sagrado: representaba la unión de los destinos, la fuerza del amor verdadero y la promesa de un nuevo linaje bendecido por la luna.Sebastián estaba feliz.Desde el momento en que Eva había dicho “sí”, no había pasado un solo día sin sonreír. Lo hacía incluso cuando Alec lo molestaba, incluso cuando la casa parecía un mercado, incluso cuando las brujas ocupaban su sala para “reuniones e
Capítulo 38La promesa del marEl aire olía a sal, a tierra húmeda y a flores frescas. Las olas se deslizaban una tras otra sobre la arena, formando una melodía suave que parecía calmar incluso el corazón más agitado. El cielo, teñido de tonos anaranjados y dorados, anunciaba el final del día y el inicio de una noche clara, donde la luna llena aguardaba para iluminarlo todo.Eva caminaba descalza, sintiendo cómo la arena tibia se deslizaba entre sus dedos. Tenía los ojos vendados y una mezcla de curiosidad y nerviosismo la invadía. Podía escuchar los pasos de Sebastián junto a ella y el suave crujir de las antorchas encendiéndose a lo lejos.—Sebastián, ¿me puedes decir ya a dónde vamos? —preguntó, intentando adivinar por el sonido del mar y el viento.—No —respondió él con calma.—¿Por qué no? —insistió, fingiendo enojo.—Porque si lo supieras, no sería una sorpresa.Eva suspiró, aunque no pudo evitar sonreír.—Tus sorpresas suelen terminar en caos, Alfa. —Se cruzó de brazos, aunq
Capítulo 37“Bajo la misma luna”—Eva… Quiero hacerte el amor. Eva lo observó en silencio. Tenía el corazón acelerado, la garganta seca, había pasado por tanto que no sabía si quería llorar o rendirse. Cuando él la tomó de la mano, sintió una corriente recorrerle todo el cuerpo. No era miedo. Era algo distinto, algo que había estado esperando desde siempre.—Eva —dijo Sebastián con voz baja—. No quiero que vivas con culpa. No fue tu culpa lo que pasó con Nena, ni con Kael, ni con nadie. Esta guerra no la comenzaste tú. Solo luchaste por lo que amas.Las lágrimas aparecieron en los ojos de ella sin poder evitarlo.—Pero lo perdimo —respondió con la voz temblorosa—. Todo cambió. A veces siento que ya no tengo fuerzas para seguir.Sebastián se acercó más, hasta quedar frente a ella.—Mírame —le pidió—. Lo que hicimos, lo que sufrimos… todo tenía un sentido, Y si me preguntas si valió la pena, te diré que sí. Porque te encontré, Eva. Y no pienso perderte.Ella bajó la mirada, pero él le
36El regreso a casaEl portal se cerró con un suspiro detrás de ellos, y el aire fresco y dulce del bosque los envolvió. El olor a pino y a tierra mojada fue un bálsamo para sus almas cansadas. La manada, cojeando y con heridas, se dispersó lentamente, cada lobo y bruja regresando a sus cabañas. Se movían en silencio, un duelo mudo por Kael y por los demás caídos, por la batalla que les había costado tanto. A pesar de la victoria, el peso de las pérdidas se sentía en el ambiente.Eva se quedó de pie en la entrada principal, su corazón latiendo con fuerza. Dos figuras salieron de la casa: sus padres. Sus rostros, surcados por la preocupación y el miedo, se iluminaron al verla. Su madre se tapó la boca con las manos para contener un sollozo. Su padre, con los ojos vidriosos, soltó un suspiro de alivio. No hubo palabras. Solo el sonido de los pasos apresurados de su madre y el llanto suave de su padre.Ambos la rodearon en un abrazo tan fuerte que la hizo sentir a salvo, a pesar de t







