INICIAR SESIÓNTheo caminó con Greta de la mano.Las grandes puertas del castillo se abrieron lentamente frente a ellos.Y el jardín trasero se iluminó.Cientos de pequeñas luces colgaban de los árboles como estrellas atrapadas entre las ramas. Un camino de pétalos se extendía frente a ellos hasta un pequeño altar de madera.A los costados del camino estaban todos sus amigos.Hans, Lana, Rafael, Damia, Rhyd, Mila, Elara… toda la manada que había sido parte de su historia.Todos sonreían.Greta llevó una mano a su boca, emocionada.—Theo… ¿qué es esto?Theo la miró con ternura, sus ojos brillaban.—Greta… hace quince años nos casamos para salvar a nuestros lobos.Apretó suavemente su mano.—Pero hoy quiero preguntarte algo como el hombre que te ama.Se arrodilló frente a ella.Los ojos de Greta se llenaron de lágrimas.—Mi luna… mi amor…Theo respiró profundo.—¿Quieres seguir siendo mi esposa… y renovar nuestros votos?Una lágrima rodó por la mejilla de Greta.—Sí…Su voz tembló.—Sí quiero... Sí qui
Diez años habían pasado.La paz reinaba en la manada.El territorio de Garra nocturna se había convertido en uno de los más fuertes y respetados del reino. Los caminos estaban llenos de vida, los entrenamientos eran constantes y la risa de los cachorros se escuchaba por todas partes.Aquella tarde, Greta caminaba lentamente por la arena de entrenamiento.El viento movía suavemente su cabello mientras una de sus manos descansaba sobre su abdomen abultado de seis meses.Su vientre ya era imposible de ocultar.Dentro de ella, su pequeña se movía con energía.Frente a ella, en el centro del campo de entrenamiento, Harlan, ahora un adolescente de dieciséis años, peleaba contra Liam.Los mellizos de Hans rodeaban la escena esperando su oportunidad para atacar.Hans había tomado la costumbre de enviarlos dos semanas cada mes para entrenar con Theo y Greta.Y el resultado era evidente.Los tres muchachos se movían con agilidad y fuerza.Pero Harlan…Harlan era otra cosa.Su cabello blanco bril
El baile continuaba con música suave y conversaciones elegantes, pero en una de las salas privadas del castillo el ambiente era muy distinto.Theo y Greta estaban frente al rey Kaelan y la reina Laurenth.Las puertas estaban cerradas, solo una chimenea iluminaba la habitación.Kaelan escuchaba con atención mientras Theo terminaba de explicar lo que había sucedido días atrás y lo que Elara había revelado.—Los ojos de Elara se volvieron violetas —dijo Theo con calma—. Eso solo ocurre cuando la diosa habla a través de ella.Laurenth intercambió una mirada con su esposo.—¿Y qué dijo exactamente? —preguntó la reina.Greta respiró hondo antes de responder.—Que Harlan es el heredero que unirá la manada con el reino… y que en la luna llena de sus veinte años la oscuridad intentará regresar.El silencio llenó la sala.Kaelan apoyó lentamente los codos en la mesa frente a él.—La oscuridad… —murmuró.Luego miró a Theo.—¿Y quién la detendrá?Theo respondió sin dudar.—Harlan.La reina Lauren
Elara llegó al claro poco después del incidente.Hans todavía estaba revisando el brazo de Damiano, aunque el niño ya lo movía sin ningún problema. Lucian no dejaba de mirar a Harlan con admiración, como si acabara de ver el truco más increíble del mundo.Pero cuando Elara vio al pequeño alfa…Se detuvo.Sus ojos se tornaron lentamente violeta.La energía en el aire cambió.Theo lo sintió de inmediato.—Elara… —murmuró Greta con cautela.La voz de la mujer salió más profunda de lo normal, como si otra fuerza hablara a través de ella.—El heredero ha despertado…Todos guardaron silencio.Harlan, que estaba unos metros más allá, ni siquiera parecía notarlo.—El alfa que unirá la manada con el reino… —continuó Elara— y mantendrá la oscuridad fuera como un escudo.Sus ojos brillaron con más intensidad.—En la luna llena de sus veinte años… la oscuridad intentará volver.Theo tensó la mandíbula.—Pero el rey primordial la detendrá.Elara parpadeó.El violeta desapareció lentamente de sus o
Seis años después.La manada de Theo prosperaba como nunca antes.Las casas se habían multiplicado, los territorios eran seguros y las alianzas con otras manadas habían fortalecido todo el reino. La Garra plateada florecía, y los caminos entre las manadas eran recorridos con frecuencia por guerreros, comerciantes y familias.Pero aquella tarde, el claro principal estaba ocupado por algo mucho más importante.Niños.Risas infantiles llenaban el aire mientras corrían entre los árboles.Los mellizos de Hans, Damiano y Lucian, jugaban con el pequeño Harlan, que ya tenía seis años.El niño de cabello blanco corría delante de ellos con una sonrisa traviesa.—¡No me alcanzan! —gritó riendo.—¡Sí podemos! —respondió Damiano, lanzándose tras él.Lucian intentó rodearlo para atraparlo, pero Harlan se deslizó entre ellos como un pequeño lobo ágil.Los tres terminaron rodando por el pasto entre carcajadas.—¡Te tengo! —gritó Damiano, saltando sobre Harlan.Pero al caer, su pie se enredó con una r
—¡Aaah! ¡Duele mucho!Gritaba Greta mientras Theo corría junto a la camilla. El primogénito del alfa venía en camino. La manada estaba toda pendiente del suceso.—Tranquila, Greta. Estoy aplacando tu dolor —hablaba Azura en su mente.—Pequeña, abre el canal. Déjame compartir el dolor con Greta —decía Bark en su mente.—Tranquila, mi amor. Estoy contigo —decía Theo.Pronto el dolor menguó, pero una contracción más vino que la hizo apretar la mano de Theo.—¡Aaaaaaargh!—Vamos, amor, tú puedes







