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Capítulo 7

Autor: Dubo B.
—No la conozco, ¿será alguna actriz que acaba de ponerse de moda?

—Con ese rostro, es mucho más bonita que muchas de esas actrices.

Cada vez más personas empezaron a comentar sobre la acompañante de Guillermo.

De pie a su lado, su presencia era imposible de ignorar.

El vestido negro de alta costura delineaba a la perfección sus curvas; el cabello rizado, teñido y ondulado, estaba cuidadosamente peinado.

El broche de diamantes blancos y negros que llevaba en el cabello pertenecía a la serie “Piano”, la pieza más costosa de toda la colección, tan deslumbrante que resultaba imposible apartar la mirada.

A Rafael, la silueta de esa mujer le resultó extrañamente familiar... hasta que ella se dio la vuelta.

—¿Camila...?

Paloma, Yolanda y Marcela se quedaron boquiabiertas.

Rafael no dijo nada, pero sus ojos brillaron de una forma distinta a la de antes.

Era la primera vez que veía a Camila con los labios pintados de rojo.

El maquillaje era intenso, pero elegante; no se sabía si lo que irradiaba sofisticación era la mano del estilista o la propia Camila.

—Qué sorpresa... Así que Camila ya encontró a un nuevo patrocinador. Y yo que antes todavía me preocupaba por ella... —dijo Paloma con voz suave.

En los ojos de Rafael, el destello frío se encendió y se apagó.

Todo lo que Camila llevaba esa noche era prestado por Guillermo.

No quería ver a Rafael y a Paloma exhibiendo su amor, pero ya que había venido, tampoco tenía por qué huir.

La mirada de Rafael se posó un instante en Camila y, al segundo siguiente, fue como si ella no existiera: siguió mostrando afecto a Paloma con total naturalidad.

En ese rostro apuesto, Camila vio sonrisas y ternura que jamás le habían sido concedidas a ella.

El deseo competitivo de hacer que Rafael la mirara de otra forma se fue transformando poco a poco en una sensación de derrota.

Fue al baño para tranquilizarse.

Si ya había decidido divorciarse, ¿para qué seguir dándole vueltas?

Cuando salió del baño, el dolor en los pies ya era imposible de ignorar.

No estaba acostumbrada a usar tacones; le habían rozado tanto que, al girarse para mirar el talón, casi perdió el equilibrio.

Por suerte, alguien la sostuvo a tiempo.

Justo cuando iba a dar las gracias, Camila se encontró con la mirada de Rafael.

La sonrisa de Rafael era cautivadora; sus ojos, profundos como gemas.

Pero al tenerlo tan cerca, Camila sintió una tensión incómoda en el pecho.

Intentó retirar el brazo, pero Rafael la sujetó con firmeza.

—No hace falta que te tortures así solo para darme celos.

El tono de Rafael era frío, y al final Camila percibió incluso un dejo de burla.

—Ese jueguito de atraer y rechazar te queda muy torpe.

Dicho esto, Rafael la soltó, le tendió una curita y entró al baño sin volver la cabeza.

Aunque quiso explicarse, Rafael no le dio ninguna oportunidad.

Tras dudar un instante, Camila terminó usando la curita que él le había dado.

El dolor en el pie se alivió un poco, pero la opresión en el pecho se volvió aún más intensa.

De regreso en el salón, tenía la mente hecha un caos.

Ni siquiera se dio cuenta de que llevaba un buen rato de pie frente a la mesa del bufé sin moverse.

—¿Será que hay tanta comida que ni sabes qué elegir? —dijeron Yolanda y Marcela al acercarse.

—Mira, esto es caviar; se come con estas galletas —explicó Yolanda.

Apenas terminó de hablar, Marcela le dio un codazo:

—Primero tienes que explicarle qué es el caviar. A lo mejor ni siquiera ha oído la palabra.

Camila no tenía ganas de hacerles caso, pero Paloma volvió a interponerse en su camino.

—No digan tonterías. ¿Cómo no iba Camila a haber oído hablar del caviar? —Paloma sonrió dulcemente mientras servía una cucharada de caviar sobre una galleta y se la ofrecía a Camila—. Pero seguro es la primera vez que lo prueba. Todo es culpa de Rafael, por no sacarte más a conocer mundo.

—Pues es que no daba para lucirse —intervino Marcela—. Piensa en antes: el presidente Rafael siempre llevaba a Paloma a todo tipo de eventos. Ahora sí que tuvo mala suerte al casarse con una esposa que apenas terminó la preparatoria.

—Exacto. Una es doctora formada en el extranjero y la otra es ama de casa. De verdad no entiendo cómo se atreve a venir a un lugar así a hacer el ridículo.

Rodeada por las tres, que se turnaban para burlarse, Camila sonrió con calma.

—Si Paloma es tan entendida en el tema... ¿no sabe que el caviar que acabas de servir es caviar de esturión blanco, ideal para degustarse solo o acompañado de champaña?

La sonrisa fingida en el rostro de Paloma se quedó rígida por un instante.

—Este caviar de esturión Osetra es el que sí se acompaña con blinis —continuó Camila con calma.

Mientras hablaba, tomó una blini y, con cuidado, colocó encima una capa de salmón, luego una cucharada de caviar Osetra y un poco de crema. Después se la tendió a Paloma.

—Esto sí es lo correcto.

Al comparar la blini que tenía Camila en la mano con la suya propia, el rostro de Paloma se tornó verdoso.

—¿Y tú qué presumes? ¿Quién sabe si lo que dices es verdad o no? —Marcela se acercó de inmediato para respaldar a Paloma.

—Aunque tengas razón, ¿y qué? No es más que experiencia de tanto cocinar. ¡Como si eso te hiciera alguien excepcional! —añadió Yolanda, apresurándose a defenderla.

Camila colocó la blini que había preparado en un plato y respondió con indiferencia:

—No digo que sea excepcional, pero al menos soy un poco mejor que ustedes.

Tras decirlo, se dio la vuelta y se alejó.

En ese momento, Rafael regresó junto a Paloma.

—¿Te pasa algo? Te ves un poco pálida. ¿Te sientes mal? —preguntó Rafael.

Paloma negó con la cabeza, pero su mirada seguía fija en el caviar.

—¿Se te antojó caviar? —Rafael tomó el plato por iniciativa propia y eligió la combinación exactamente igual a la que había preparado Camila.

En ese instante, otro invitado se acercó a la mesa del bufé y preguntó con dudas:

—Con tantos tipos de caviar... ¿cuál es la diferencia entre ellos?

Paloma reaccionó de inmediato y explicó usando exactamente lo que Camila había dicho antes, ganándose el agradecimiento y la admiración del hombre.

—Tan joven y sabe tanto... de verdad es impresionante.

Paloma sonrió con modestia:

—Lo aprendí de mi novio.

Al ver a Paloma tomada del brazo de Rafael, el invitado no pudo evitar elogiar:

—¡Qué novio tan guapo! De verdad hacen muy buena mancuerna.

Rafael miró a Paloma y la comisura de sus labios se elevó en una sonrisa.

—También se puede decir al revés.

—El presidente Rafael está diciendo que Paloma es hermosa. Qué manera tan fina de halagar —corearon Yolanda y Marcela.

Paloma bajó la mirada, con una sonrisa tímida.

Cualquiera que la viera pensaría que era la mujer más feliz del mundo.

No muy lejos de ahí, Camila había escuchado la explicación de Paloma, pero no tenía intención de aclarar nada.

Al final, aunque lo hiciera, Rafael tampoco la valoraría.

En el fondo, Camila estaba llena de contradicciones.

Ya había decidido divorciarse; incluso si Rafael cambiaba su actitud hacia ella a partir de ese momento, jamás volvería atrás.

Pero, por otro lado, no podía resignarse.

¿Por qué aquel acuerdo del pasado solo lo recordaba ella?

¿Por qué solo ella había quedado atrapada en él?

¿Por qué tres años de matrimonio cuidadosamente sostenido no podían compararse con Paloma, que apenas acababa de regresar al país?

Camila tomó una copa de licor y la bebió de un solo trago.

El alcohol fuerte le quemó la garganta y el estómago, ardiente y punzante, devolviéndole un poco de lucidez.

Mientras observaba la copa vacía en su mano, se dio cuenta de algo.
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