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Capítulo 34

Autor: Mila Mercado
last update Data de publicação: 2026-08-25 07:39:29

La mañana siguiente a la cena en casa de Alessandro, Valeria llegó a la oficina con una sonrisa que no podía borrar. Todavía sentía el roce de sus labios en la mejilla y el calor de su mirada. Apenas había dejado su bolso cuando Bianca Moretti apareció en su escritorio con una carpeta y una sonrisa demasiado dulce.

—Elena, querida —dijo con voz melosa—. Alessandro me pidió que te entregue estos documentos urgentes para la presentación de hoy. Dijo que los revisaras personalmente antes de la reu
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  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 49

    La casa de Alessandro se había convertido en una fortaleza. Cámaras en cada esquina, personal de seguridad rotando cada ocho horas, y un protocolo estricto que Valeria todavía no lograba asimilar. Los trillizos, ajenos a todo, seguían llenando los pasillos de risas y llantos. Liam y Ethan ya intentaban ponerse de pie agarrándose de los muebles, mientras Anastasia observaba todo con esos ojos grises que tanto le recordaban a su padre.Valeria estaba en la cocina preparando el desayuno cuando Alessandro entró, todavía con el teléfono pegado a la oreja. Y su expresión era tensa.—Confirmaron que el jet aterrizó en un aeródromo privado cerca de Viterbo —dijo al colgar—. Alexander está en Italia. Y no vino solo.Valeria dejó el cuchillo sobre la tabla de cortar. El corazón le latía tan fuerte que le dolía el pecho.—¿Qué tan cerca?—A menos de dos horas de Roma si se mueve con cuidado —respondió Alessandro, acercándose y tomándola de los hombros—. Damien ya tiene gente rastreando. Pero si

  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 48

    La mudanza a la casa de Alessandro se llevó a cabo en menos de cuarenta y ocho horas. No fue un proceso alegre ni romántico. Fue una operación de seguridad. Hombres de traje oscuro cargaban cajas, revisaban cada rincón del nuevo lugar y colocaban cámaras adicionales en puntos estratégicos. Valeria observaba todo desde la cocina, con Anastasia en brazos y los gemelos gateando a su alrededor, ajenos a la tormenta que se cernía sobre ellos.Alessandro se acercó por detrás y le rodeó la cintura con un brazo.—Sé que no es como te lo imaginaste —dijo en voz baja—. Pero aquí estarás más segura. Hay tres niveles de acceso, vigilancia las veinticuatro horas y un equipo que responde directamente a mí.Valeria asintió sin apartar la mirada de la ventana.—No es el miedo a que entre… es el miedo a que ya esté dentro. A que alguien cercano esté trabajando con él.Alessandro apretó ligeramente el abrazo.—Camila no es de confianza. Ya se lo dije a Damien. La vamos a mantener lejos de cualquier inf

  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 47

    —No dormiste otra vez.—Intenté —respondió ella sin girarse—. Pero cada vez que cierro los ojos, siento que alguien nos está mirando.Él se agachó detrás de ella y la abrazó, apoyando la barbilla en su hombro.—Hoy vamos a reforzar todo. Damien ya tiene gente nueva en la calle. Y yo personalmente voy a hablar con mis contactos en Nueva York. Alexander no va a poder ni respirar sin que lo sepamos.Valeria se apoyó en él, buscando esa seguridad que solo él parecía darle.—¿Y si no es solo él? Lucas dijo que hay alguien más moviendo piezas.Alessandro se tensó ligeramente.—Entonces vamos a descubrir quién es. Y vamos a detenerlos.---En la oficina, el ambiente estaba cargado. Camila Herrera llegó temprano, impecable como siempre, pero con una expresión más cerrada. Damien la recibió con una sonrisa educada, pero Valeria notó que él mantenía cierta distancia.—Camila, necesito que revises los contratos con el grupo alemán —dijo Damien—. Elena te pasará los archivos.Camila miró a Valeri

  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 46

    La noche en Roma era densa, casi asfixiante. Valeria no lograba conciliar el sueño. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Alexander Blackwood, esa sonrisa retorcida que ahora parecía perseguirla incluso en los sueños. Se levantó de la cama con cuidado para no despertar a Alessandro, que dormía profundamente a su lado, con un brazo todavía extendido hacia donde ella había estado.Caminó hasta la habitación de los trillizos. Liam y Ethan dormían abrazados, como siempre. Anastasia tenía el ceño ligeramente fruncido, como si también sintiera la tensión del ambiente. Valeria se sentó en el borde de la cuna y acarició la cabecita de su hija.—Mamá no va a dejar que nadie los toque —susurró.Alessandro apareció en la puerta, descalzo y con el cabello revuelto.—Otra vez —dijo en voz baja, no como pregunta, sino como afirmación.Valeria asintió. Él se acercó y la rodeó con los brazos por detrás, apoyando la barbilla en su hombro.—Mañana firmamos los papeles de la orden de restricc

  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 45

    La mañana siguiente amaneció gris y pesada en Roma. Valeria no había dormido casi nada. Se levantó temprano, se duchó y preparó el desayuno de los trillizos con movimientos mecánicos. Liam y Ethan ya gateaban por la cocina, mientras Anastasia golpeaba la bandeja de su silla alta con una cuchara.Alessandro apareció detrás de ella y le rodeó la cintura con los brazos, apoyando la barbilla en su hombro.—No dormiste —dijo más que preguntó.—Imposible —respondió Valeria, intentando sonreír—. Cada vez que cierro los ojos lo veo.Él la giró y la besó suavemente.—Hoy voy a hablar con mis abogados y con Damien. Vamos a cerrar todos los caminos que Alexander tenga. No va a tocarlos.Valeria asintió, pero el nudo en su estómago no desaparecía.En Nueva York, Alexander caminaba de un lado a otro en su pequeño apartamento. La mujer misteriosa no había vuelto a responderle. Él marcó su número una y otra vez hasta que finalmente contestó.—Deja de llamar —dijo ella con voz fría.—Necesito tu ayud

  • Embarazada del CEO que me humilló   Capítulo 44

    —¡Dime dónde están!La voz de Alexander Blackwood retumbó en el pequeño apartamento oscuro de Nueva York. Estaba de pie frente a una mujer de cabello negro corto, ojos afilados y una expresión de puro desprecio. Ella cruzaba los brazos, apoyada en la pared, sin inmutarse.—Ya te lo dije mil veces, Alexander —respondió ella con calma glacial—. No sé dónde está Valeria. Y aunque lo supiera, no te lo diría.—¡Mientes! —gritó él, golpeando la mesa con el puño—. Tú siempre has sabido más de lo que dices. ¡Eres la única que tiene contactos en Europa! ¡La única que puede encontrarla!La mujer soltó una risa fría.—¿Y qué vas a hacer? ¿Amenazarme como amenazabas a tu esposa? ¿Como amenazabas a todos cuando eras el gran Blackwood? Mira a tu alrededor. No te queda nada. Ni dinero, ni poder, ni familia. Solo tu obsesión.Alexander avanzó hacia ella, los ojos inyectados en sangre.—Esos niños son míos. ¡Son mis herederos! Valeria no tiene derecho a escondérmelos. Y ese Rossi… ese maldito italiano

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