LOGINSabía perfectamente lo que podía ocurrir allí, pero no podía permitirlo.—¿Estás loco? Mi sobrino está acostado en la habitación de al lado.Solo imaginar que Vini podía despertarse en cualquier momento ya era suficiente para quitarme aquella idea de la cabeza.—Pero si solo te estoy invitando a ducharte conmigo —comentó, con una sonrisa que no tenía nada de inocente.—Conozco esa sonrisa. No te hagas el tonto.—¿Qué sonrisa?—Esa.Intenté empujarlo fuera del baño, pero no se movió.—Estás viendo cosas donde no las hay, Fabiane.—¿De verdad quieres echarme la culpa a mí?Se rio por lo bajo, pero después se lo pensó.—Está bien —dio un paso atrás y sujetó la puerta—. Te esperaré fuera.—Perfecto.Cerré la puerta y enseguida me duché. Cuando salí del baño, volví a echar un vistazo a mi sobrino, que dormía tranquilamente, y solo entonces fui a buscar a Dante.Lo encontré fuera, cerca de la piscina, sentado en una de las tumbonas. Me acerqué despacio y, en cuanto me vio, se apartó un poco
Me quedé el resto de la tarde con mi madre y tenía pensado pasar también la noche en el hospital. Sin embargo, al caer la tarde, Viviane me llamó para decirme que iría allí a quedarse con ella.—¿Y Vini? —pregunté, preocupada por mi sobrino.—Puedes quedarte con él, ¿no?—Sí, claro.—Perfecto. Yo ya estoy acostumbrada a pasarme la noche despierta, así que puedes irte a descansar. Mañana voy a buscarlo y Flávio vendrá a quedarse con mamá. Así no pierdes tu día de trabajo.Mientras hablaba, me di cuenta de que mi hermana parecía más tranquila. No se disculpó por lo que había dicho antes ni volvió a mencionar el tema, pero al menos ya no me trataba como si yo fuera responsable de todo lo que había ocurrido.—Está bien.Colgué y permanecí con mi madre hasta que recibí un mensaje de Viviane avisándome de que había llegado. Después de despedirme de ella, salí de la habitación y recorrí el pasillo. Al llegar a la sala de espera, encontré a Dante todavía allí.Por algún motivo, aquello me sor
Solo estaba aplazando lo inevitable, lo sabía, pero no quería que me descartara en aquel momento, mucho menos cuando ya tenía la cabeza llena de problemas.—Estás extraña.—Mi madre acaba de salir de una operación, Dante. Claro que estoy extraña.—No me refiero a eso.El corazón se me aceleró.—Entonces, ¿a qué te refieres?—A cómo estás conmigo.Tragué saliva, porque yo también estaba pensando lo mismo respecto a él.—Tú también estás extraño —repliqué.—¿Qué encuentras extraño en mí?—Pareces distante.—Realmente lo estaba. Estados Unidos queda bastante lejos —bromeó, probablemente intentando aliviar el ambiente.—No me refiero a eso —respondí—. Me refiero a tu forma de comportarte. Estás serio, diferente.La discreta sonrisa que había aparecido en sus labios desapareció.—Lo sé —confesó.Extendió el brazo y cogió una de mis manos, que hasta entonces permanecían entrelazadas sobre mi regazo, sujetándola entre las suyas.—Perdóname por eso.Su respuesta me pilló desprevenida. No espe
El médico nos llevó hasta una pequeña sala y nos pidió que nos sentáramos.Estaba tan nerviosa que apenas pude esperar a que el hombre se acomodara.—Doctor, por favor, ¿cómo está mi madre?—La operación ha terminado y está fuera de peligro.Solté el aire de golpe, llevándome las manos al rostro.—Gracias a Dios.—La herida requirió una intervención quirúrgica y permanecerá ingresada para observación y seguimiento, pero, en este momento, su estado es estable.—¿Puedo verla?—En cuanto la trasladen a la habitación y esté en condiciones de recibir visitas, se lo comunicaremos.Asentí, todavía intentando controlar el llanto.—Hay otra cuestión que necesito explicarle —continuó el médico—. Como su madre ingresó con una herida provocada por arma blanca y tenemos información de que se trata de una agresión ocurrida en el ámbito familiar, el hospital debe seguir los protocolos establecidos para los casos de violencia.Miré a Dante y después de nuevo al médico.—¿Qué protocolos?—La atención
Aquella frase me golpeó con tanta fuerza que, durante unos segundos, casi no conseguí responder.—¿De verdad crees que está mal querer lo mejor para nuestra familia? —pregunté, sintiendo cómo la rabia empezaba a mezclarse con la desesperación—. Si esas personas fueron hasta allí, fue porque quiero lo mejor para nuestro padre. Quiero que se trate.—¡Estaba bien antes de que empezaras a meterte!La miré, incrédula.—¿Bien? ¿Tú llamas estar bien a que un hombre se pase el día borracho, que muchas veces acabe tirado en plena calle y que se vuelva agresivo cuando bebe? Dime, Viviane. ¿Eso es lo que tú llamas estar bien?—¡Él es así!—¡No! —repliqué inmediatamente—. Él no es así. Tiene un problema y necesita tratamiento.—¡La que necesita tratamiento eres tú, que siempre te crees mejor que los demás!Aquello me golpeó, pero ya estaba demasiado cansada para seguir aceptándolo todo en silencio.—¡Basta, Viviane! ¡No puedes culparme por querer tener un padre normal!La voz se me quebró al fina
Hablé un poco más con mi madre y después me fui a acostar. El cansancio terminó venciéndome y me dormí rápidamente.A la mañana siguiente, fui a trabajar como de costumbre.Lo bueno de mi rutina era que me mantenía fuera de casa prácticamente todo el día. Cuando llegaba por la noche, apenas me cruzaba con mi padre y mis hermanos, ya que a esas horas cada uno estaba ocupado con su propia vida. En cierto modo, aquello también me ayudaba a evitar conflictos.Así pasaron tres días.Tres días en los que seguí en aquella casa sin tener ninguna noticia de Dante. Ni un mensaje, ni una llamada. Nada. Era como si simplemente se hubiera olvidado de mí.Al principio, todavía miraba el móvil más veces de las que me gustaría admitir, esperando encontrar algún mensaje suyo. Después del segundo día, dejé de hacerlo. No sabía qué estaba pasando con él, pero tendría paciencia y esperaría; fuera cual fuera su decisión, al final tendría que respetarla, ya que siempre había sido así.Una tarde, cuando ya







