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CAPÍTULO 94: Planes

Autor: Vi LS
last update Data de publicação: 2026-01-11 16:27:50
GEMA

Despierto sobresaltada por la voz de Bel. Parpadeo varias veces y me doy cuenta de que ya no estamos en el bar. La habitación es extraña: paredes oscuras que parecen absorber la luz y muebles blancos que resaltan de manera inquietante, casi clínica. Me siento desorientada, incapaz de comprender cómo llegamos hasta aquí.

—¿Qué me ha pasado?—digo llevandome una mano a la cabeza.

—Perdiste el conocimiento—dice Bel con tono preocupado.

Miro a mi alrededor y ahí está él.

El hombre que apareció e
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Último capítulo

  • Encadenada al cazador   EPÍLOGO 3: KAIN Y BEL (3)

    BELEste hombre lobo va a volverme loca. Su cuerpo es espectacular…Es musculoso y fuerte. Sus hombros anchos caen en un triángulo perfecto hacia su cintura estrecha, y siento un calor que me sube por el pecho, atravesando cada fibra de mi cuerpo. Dios… quiero tocarlo, recorrer cada centímetro de su piel con la lengua, sentirlo dentro de mí…—Podemos hacerlo ahora… —susurra, con la voz ronca, clavando sus ojos en los mios mientras me presiona aún más con sus caderas.j*der, qué dura está…—Sí… —susurro, apenas un hilo de voz.Pero basta con eso. Kain se abalanza sobre mí y sus labios se estrellan contra los míos en un beso brutal, como un tren de mercancías descarrilado, arrollador, intenso, que me deja sin aire y me hace temblar hasta la médula.Su beso es tan intenso, tan demandante, que siento cómo me duelen las comisuras de los labios… y, aun así, me encanta. Gimo contra su boca, y eso solo lo enciende más: sus manos me aprietan el trasero con fuerza, dejándome sin aliento, antes de

  • Encadenada al cazador   EPÍLOGO 3: KAIN Y BEL (2)

    Kain—¡Has despertado! —exclama, con la voz cargada de alivio.Mi madre y mi hermana la saludan con una sonrisa que lo dice todo… y, sin necesidad de palabras, se retiran casi de inmediato, dejándonos espacio. Antes de salir, eso sí, me lanzan un par de miradas cargadas de intención que no me pasan desapercibidas.Bel se lanza hacia mí con la misma energía con la que ellas antes lo hicieron, casi chocando contra mi cuerpo, y me clava sus ojos negros en los míos. Por un instante aparto la mirada, atrapado entre el vértigo y la tensión que provoca su cercanía. Pero no puedo mantenerme distante por mucho tiempo; vuelvo a mirarla, directo a esos ojos profundos, oscuros… pozos sin fondo que me atraen de una manera que no puedo ni quiero explicar.Ella suelta una risa burlona, juguetona, y poco a poco se endereza. Finalmente, se sienta a mi lado en la cama, con esa mezcla de desafío y complicidad que me hace latir el corazón con fuerza.—Hembra…—Hola, Kain…¿Cómo te encuentras?.—Bel me mira

  • Encadenada al cazador   EPÍLOGO 3: KAIN Y BEL (1)

    KainEl aire entra en mis pulmones a golpes, áspero, como si aún llevara dentro el olor a sangre y tierra húmeda. Me cuesta abrir los ojos; pesan, arden… pero cuando lo consigo, todo es confuso, sombras y luz difusa que no logro reconocer. Un gruñido bajo escapa de mi garganta al intentar moverme, y el dolor estalla en cada músculo.Sigo vivo, contra todo pronóstico. —¡Kain!—gritan casi al unísono mi madre y mi hermana.Se abalanzan sobre mí sin contenerse, sus manos recorren mi rostro, mis brazos, mis hombros con urgencia, como si necesitaran comprobar, por sí mismas, que sigo entero… que sigo vivo.Me remuevo con dificultad y, tras reunir fuerzas, logro incorporarme un poco en la cama. Todo me duele. Aun así, les dedico una sonrisa débil, apenas un gesto… pero es suficiente.El suspiro que sueltan me golpea casi con la misma intensidad que el dolor; lo siento vibrar contra mi pecho desnudo. Y entonces empiezan a llorar. No es tristeza… es alivio puro, desbordado.—¿Qué ocurrió? —pr

  • Encadenada al cazador   Epílogo 2: Lo que debo de hacer

    GEMA—Traigo noticias… —dice Carlisle nada más cruzar la puerta, con el rostro serio.—¿Qué pasa, maestro? —pregunta Leonardo, girándose hacia él de inmediato, con la preocupación marcada en sus ojos.—Darius ha muerto… —la voz de Carlisle suena grave, pesada.—¿Cómo… quién? —digo, un nudo formándose en la garganta, la inquietud creciendo.—Parece que estaba peleando con alguien… o eso creen los cazadores —Carlisle hace una pausa, buscando las palabras correctas—. Y después… se inmola con su magia.—¿Se suicidó? —pregunto, incrédula.—Sí, eso creen… —asiente Carlisle lentamente, evitando mirarnos demasiado tiempo.—¿Y encontraron algún otro cuerpo? ¿La persona con la que estaba luchando? —pregunta Leonardo, con el ceño fruncido.—No —responde Carlisle—. Escapó de la explosión por los pelos. No se hallaron restos de nadie más que no sea Darius.—¿Quién era esa persona? —mi voz baja, cargada de tensión.—Los rastreadores hombre lobo solo dicen que era un vampiro… —su respuesta suena insu

  • Encadenada al cazador   Epílogo 1: El vampiro en las sombras…

    NARRADORLa noche olía a tormenta, densa y cargada, como si el cielo mismo contuviera el aliento antes de quebrarse. Pero a Darius esas señales le resultaban insignificantes comparado con todo lo que ha pasado.Había ocurrido lo que más temía: su caída.Todo aquello que había tejido con paciencia casi infinita —alianzas, secretos, poder— se había derrumbado ante sus ojos como un castillo de naipes azotado por un viento traicionero. Y en el centro de ese derrumbe… ella.La mujer loba.Desde el instante en que puso un pie en la Orden de cazadores, el equilibrio empezó a resquebrajarse. Darius lo había visto venir. Lo había sentido. Y aun así… no fue lo bastante rápido.Apretó la mandíbula, recordando el primer intento de asesinato fallido.Eugenio…Un peón prescindible. Una herramienta que debía haber cumplido su cometido sin hacer preguntas. Y, sin embargo, había fallado.—Inútil… —murmuró Darius entre dientes, con un desprecio helado que apenas rozaba la superficie de su verdadera ir

  • Encadenada al cazador   CAPÍTULO 128 FINAL 2

    GEMASolo existimos él y yo, unidos por una emoción tan fuerte que es capaz de llevarme al cielo y después al infierno.Me toca la nuca con dedos juguetones y reclama mi cuello con avidez, lamiendo y mordiendo como si hubiera perdido la cordura, sus manos llegan a mis pechos y los aprieta haciendo que suelto un gemido y después otro.Leonardo suelta un improperio y despues dice contra mi cuello:—J*der…tus tetas ahora son…Después lleva una mano a mi cadera y la otra a mi clítoris frotando tal y como sabe que me gusta, con el ritmo perfecto. Después de unos minutos dandome placer, justo cuando voy a llegar al clímax se detiene.—Sigue…—Dime que me quieres…—No me digas que lo dudas…—No me lo has dicho nunca—dice tocándose la nuca y pellizcandome en el punto más sensible para una mujer loba y eso hace que me estremezca y gima su nombre.Eso lo hace sonreír.—Preciosa…voy a marcarte…así que dime que me quieres…Balbuceo un poco y me pongo roja como un tomate de nuevo.Nunca he dicho e

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