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Capítulo 2.

last update Fecha de publicación: 2026-03-18 02:37:22

El olor a jazmines la despierta.

“Que delicioso olor” piensa al mismo tiempo que abre los ojos con delicadeza llegando al punto de irritarlos por un momento…

— Su alteza que bendición verla despertar…— Una voz desconocida llega a sus oídos y decenas de pasos comienzan a rodearla.

“¿Su alteza?” Ella mueve su cuerpo y se encuentra con que las heridas ya no duelen, no molestan, las sábanas son extrañamente suaves y cálidas.

Malía vuelve a abrir los ojos y no tenía ni idea de cómo había llegado hasta ahí.

Varias hembras rodeándola, atentas a cada pequeño movimiento.

El  lugar era maravilloso, todo en tonos dorados y plateados, una réplica exacta de las imágenes que había visto sobre la manada Lobo Blanco, su cama parece una trampa que la abraza con suavidad.

“ Eso quiere decir que estoy en su manada, he llegado hasta aquí,  pero estoy en una habitación totalmente fuera de mi rango, no debería estar aquí esto es para la princesa”

Malía intenta moverse.

— No su alteza— La voz cálida de una de las hembras llega hacia ella al mismo tiempo que trata de detenerla tomándola del brazo aunque después la suelta como si quemara su solo rose.

Malía siente el impulso de liberarse de su agarre acercando su mano en automático a su muslo, pero en lugar de encontrar el frío metal de su puñal encuentra seda cubriendo su piel indefensa.

Todo demasiado rápido como si fuera ensayado, parte de algo más…

Demasiado cuidado solo para detenerla.

Ella gira su rostro en busca de una respuesta pero se encuentra con su reflejo en una jarra de metal.

La hembra que veía no era la guerrera que siempre había sido de forma orgullosa y bravía, sino que ahora estaba envuelta en la suavidad de la seda y con decenas de ojos observándola.

Haciéndola sentir como un entretenimiento y no una criatura viva.

Pero la realidad la encuentra con la voz de la hembra que estaba cerca de ella.

— Lamento haberla tocado su alteza, pero no debería moverse tan rápido le falta un poco más para la recuperación total de sus heridas, sólo concéntrese en mejorar.

Una sombra de tristeza atraviesa su rostro.

Malía solo observa lo que pasa, atando cada uno de los cabos pendientes junto a  los gestos de las hembras.

— Debió ser una carnicería todo lo vivido, y lo lamento  debió ser terrible pero el grupo de bienvenida la ha rescatado a tiempo, gracias a la Diosa Luna.

— Sabemos que están siendo cuidados como si fueran de nuestra manada…— Dice otra hembra tratando de consolarla.

Un rayo atraviesa el pecho de Malía… había sobrevivientes… ¿Quiénes?

— ¿A quiénes han rescatado? — Cuestiona ella desesperada.

— Solo guerreros su alteza.

Malía recuerda los gritos desesperados de sus compañeros cayendo en medio de  la lucha…

Y su piel se eriza.

La segunda hembra se da media vuelta y sale de la habitación casi corriendo.

Malía aprieta las quijadas al recordar a Kairo alejándose con la princesa tomada de la mano, traicionándola a ella, su cuerpo… su amor.

— Han traído a  los guerreros encontrados heridos para tratarlos… Aunque se encuentran graves, pero se hará lo necesario para salvarlos, su alteza.— la hembra acomoda una sábana que ya estaba perfecta.

— Muy bien… gracias.

Las hembras se voltean a ver desconcertadas y niegan con la cabeza, no esperaban una actitud tan tranquila de parte de una princesa.

No con su servicio.

— No… no debe agradecernos, solo hacemos nuestro deber.

Ellas la sorprendieron al inclinarse mostrando respeto y sumisión.

Malía se mantiene en silencio.

“Claro, creen que yo soy la princesa, y ¿cómo no hacerlo? Estaba usando un vestido de ella, sus pendientes y…” aquí Malía lo comprende al sentir el peso circular sobre sus piernas…

El sello de la familia real, el peso no solo de su nombre, sino de cada alma en su mandada con la esperanza de una mejor vida.

Cada una de las acciones de la princesa y Kairo  fue planeada, querían que muriera en medio de la lucha…

Sus manos comienzan a temblar al punto de agarrarse de las colchas para disimular su rabia, haciendo que las yemas quedaran blancas, lo había entendido.

“Si llegaba a morir nada de lo que la princesa hiciera después la relacionaría con su identidad, así que yo fallaría protegiéndola, mi familia sería deshonrada …  la guerra no les daría tiempo de buscarla… mucho menos de hacerla pagar por despreciar su obligación como princesa, y ella no sería buscada porque ¿para qué buscar a un fantasma?” piensa furiosa.

“Si hablo ahora y digo que no soy la princesa… Seré asesinada dejando sin honor a mi familia y provocando una guerra con muertes incalculables y Kairo ganaría, el alfa de esta manada es cruel, y parece vivir en una furia permanente asesinaría a todos los que amo”

En eso ella observa a las hembras cargando vestidos, accesorios, pendientes….

“Si soy la princesa… mi familia sobrevive, se mantiene la paz, y nadie muere…”

Todas las hembras se mueven buscando todo lo necesario para acicalarla, pero ninguna notaba la muerte que estaba sucediendo en ese segundo

“La traición de Kairo me arrancó mi futuro, mis planes, mi inocencia, mi amor” piensa ella cerrando los ojos un instante para procesar el vacío que sentía en su pecho “Pero la traición de la princesa, me arrancó mi esencia, mi familia, mi nombre… Malía moriría, si quería mantenerlos a todos con vida” piensa destrozada.

Un jadeo de agonía sale de sus labios silencioso e imperceptible.

“El sacrificio de cualquier guerrera, entregar su vida por un bien mayor… El mío será volverme la princesa traidora, un fantasma a la sombra de una mentira, y ganare cada maldita batalla en nombre de mi pasado”

De repente un vestido hace el ruido característico al caer al suelo y un silencio  la rodea.

Malía levanta su rostro, y frente a ella en el marco de la puerta y a contra luz se encuentra remarcada la silueta de un macho fuerte e implacable con la respiración agitada.

Frente a ella  y con paso firme, se acerca el alfa Marek, líder de la manada Lobo Blanco. Y ella se estremece, fuerza parece implorar su sumisión.

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