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Una llamada.

Autor: PH.MUÑOZ
last update Fecha de publicación: 2025-11-18 00:24:26

La pregunta del mayor de los Falcone dejó al oficial Chávez congelado. Sabía exactamente a quién se refería y, si aquello era cierto, sus peores temores se quedaban cortos.

—El… ¿El Cuervo? ¿Está seguro, señor Falcone? —balbuceó, tratando de ganar tiempo, como si con palabras pudiera alejar la sombra.

—¿Hay otro más? —insistió Michael.

—No, señor. —Chávez asintió, y soltó un suspiro largo; la historia le era tan familiar como la palma de su mano—. El Cuervo es uno de los narcotraficantes más co
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Último capítulo

  • Fuego en el Paraíso.   CAPÍTULO FINAL   FUEGO EN EL PARAÍSO

    El “sí, acepto” se escuchó fuerte y claro. Los vítores y los silbidos no se hicieron esperar, y los pequeños pasos de quien ahora era su hija se dirigieron directamente hacia Peter.—¡Papito! —gritó Tory, lanzándose a los brazos de su padre antes de que pudiera cumplir con el clásico “puede besar a la novia”.A ninguno de los dos les importó. Había tiempo de sobra para besarse con calma, para seguir amándose sin necesidad de testigos. Peter alzó a la pequeña y, junto a su esposa, protagonizó un momento que robó los suspiros de todos los invitados. Abrazados a Tory, besaron sus mejillas con ese amor sereno que los unía desde el instante en que comprendieron que no podían vivir el uno sin el otro.La celebración estuvo llena de besos, risas, abrazos y algunos jalones de orejas para Peter, que ya se había acostumbrado a la forma tan peculiar de ser parte de esa familia.—Ahora sí, bienvenido, muchacho —dijo Mike, dándole una palmada en la espalda que casi le quitó el aire.Patrick soltó

  • Fuego en el Paraíso.   Donde siempre quiso estar

    La noche había caído sobre el rancho Falcone, tiñendo de tonos dorados y lilas el horizonte de Texas. El aire olía a pasto húmedo y a leña encendida, y el murmullo de los grillos se mezclaba con las risas que aún resonaban desde la casa. Vicky se había escapado un rato del bullicio, buscando un poco de calma bajo el cielo estrellado. Peter la encontró allí, envuelta en una manta, mirando hacia el campo iluminado por la luna.—¿Puedo acompañarte? —preguntó con una sonrisa suave.Ella asintió, y él se sentó a su lado, pasando un brazo por sus hombros. Por un momento no dijeron nada. Solo escucharon el viento moviendo los árboles y el crujido de las ramas en la distancia.Peter apoyó la frente contra la de ella y murmuró con esa sinceridad que ya no necesitaba esconder:—Por fin siento que estoy donde siempre quise estar.Vicky lo miró con ternura. Su pecho se llenó de esa calidez que solo él lograba provocarle.—¿Aquí, en Texas? —bromeó.Él soltó una risa baja.—No, aquí… contigo, con T

  • Fuego en el Paraíso.   Bienvenido a la familia 

    Dos días después, la familia Falcone aterrizó en el aeropuerto de Texas a bordo de su jet privado, rodeada de un operativo de seguridad extremo. Michael se había encargado personalmente de cada detalle a la salida de Boston. Con su equipo coordinado y en comunicación constante, había diseñado un plan meticuloso para garantizar que ningún intruso se acercara a los suyos.Sin embargo, al descender del avión, frunció el ceño al ver la cantidad de cámaras, micrófonos y rostros curiosos esperándolos tras las vallas. —Malditos periodistas —masculló entre dientes, mientras su padre ayudaba con elegancia a su esposa a bajar las escaleras del avión.Peter, por su parte, sonreía satisfecho, completamente ajeno al caos. Su reconciliación con su sirena lo tenía más feliz que un perro con dos colas. Había aceptado encantado la idea de viajar a Texas, convencido de que ese cambio de aire lo sacaría del ojo del huracán mediático y de los malentendidos provocados por su exesposa, esa loca histérica

  • Fuego en el Paraíso.   Golpe a golpe

    El sonido de los cubiertos chocando contra los platos llenaba la casa de Pat Falcone y Morgana. El aroma de pasta casera se mezclaba con el murmullo tenue de la televisión encendida en el fondo. Tory reía con la boca llena mientras su abuelo Mike le contaba una historia sobre cuando su papá era un desastre con la bicicleta.Vicky sonreía, pero su sonrisa era un hilo tenso, una línea apenas sostenida por el esfuerzo. Desde el escándalo en el aeropuerto, no había vuelto a saber de Peter. Había llorado toda esa tarde, y aunque Pat había intentado distraerla con chistes y café, nada podía borrar la imagen de Lizzie abrazándolo frente a todos.El timbre sonó de repente. Un sonido seco, insistente, que hizo que todos se miraran entre sí.Pat se levantó despacio, con el ceño fruncido. —Yo atiendo.Vicky no le dio importancia. Pensó que tal vez era algún vecino, o un mensajero. Pero cuando escuchó el portazo y luego un golpe seco, fuerte, seco como una piedra contra un pecho, su corazón se de

  • Fuego en el Paraíso.   No hay mal que dure cien años

    Vicky y Tory llegaron a la casa de su padre, cansadas y emocionalmente agotadas. Vicky había estado llorando durante todo el viaje, intentando contener las lágrimas frente a su hija, pero no había podido evitar que se le escaparan algunas. Tory, por su parte, estaba callada y seria, con los ojos hinchados de tanto llorar.Al entrar en la casa, Vicky se sintió abrumada por la calidez y el amor de su madrastra, Morgana y sus hermanitos, pero lo que más le sorprendió fue ver a su abuela, Linda Falcone.—Oh, mi vida, por fin ya están en casa sanas y a salvo. Su abuela, Linda, se apresuró a abrazarla.—Mi pobre niña —dijo Linda, acariciando el cabello de Vicky—. ¿Qué pasó? Entiendo lo del secuestro y todo eso, pero esto es otra cosa ¿Fue por lo que pasó en el aeropuerto? ¿Ese maldito desgraciado te dejó así?Linda y Morgana lo habían visto en televisión nacional, era la comidilla de todos los diarios amarillistas y de prensa farandulera.Los titulares más amistosos decían que Peter, como

  • Fuego en el Paraíso.   Regreso al hogar

    El vuelo de regreso en el avión privado transcurrió con una tensión que se apoyaba en el silencio más que en las palabras. Las luces tenues dejaban a la cabina en una penumbra cálida; Tory, agotada por las emociones, dormía apoyada contra Vicky, cuyo rostro mostraba una calma frágil. Peter miraba por la ventanilla el negro almibarado de la noche y trataba de ordenar los pensamientos que no dejaban de chocar entre sí: el rescate, Rodrigo, las palabras de Mike y Pat, y la promesa que había hecho.Michael se sentó frente a ellos, con el maletín abierto y la cabeza llena de números y posibilidades legales y letales. Mike dormía con los párpados entreabiertos, como siempre vigilante aunque pasara por letárgico. Patrick, sin embargo, no había probado bocado; su energía era un cable tenso que no encontraba desconexión. En un momento en que la mayoría dormitaba a medias, Patrick se levantó con sigilo y se dirigió al pequeño baño en el fondo de la cabina.Cuando Peter se levantó para seguirlo,

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