Compartir

4:El castigó.

last update Fecha de publicación: 2026-03-25 21:59:04

Me meten a la habitación y cierran la puerta fuerte.

Las manos me arden.

Cuando las observo con cuidado, veo varias espinas enterradas en las palmas y en los dedos. Me siento en el borde de la cama y comienzo a quitarlas una por una, apretando los dientes para no quejarme.

Tocan la puerta antes de entrar.

Una empleada aparece con una pequeña caja de primeros auxilios. No dice nada; simplemente se acerca y toma mis manos con cuidado. Limpia las heridas, aplica un poco de desinfectante y luego coloca pequeñas caritas sobre los cortes.

El silencio entre nosotras es incómodo.

Minutos después la puerta vuelve a abrirse.

Víctor entra.

Con solo un movimiento de cabeza le indica a la empleada que se retire. Ella recoge sus cosas y sale de la habitación sin decir una palabra, dejándonos completamente solos.

Él se acerca unos pasos.

—No vuelvas a escapar.

Lo miro con molestia.

—Entonces déjeme ir —respondo aún que se que no lo hará.

En dos pasos está frente a mí.

Me toma del mentón obligándome a levantar la mirada hacia él.

Sus dedos son firmes.

—Quiero entregarte completa pero tú no colaboras.

Me suelto de su agarre y me levanto de la cama.

—Entonces déjame ir........ Después llegas a un acuerdo con mi padre.

Sus ojos se endurecen.

—¿Crees que he llegado hasta aquí dejándome ver la cara de imbécil?

Me cruzo de brazos.

—Cada quien deja que le vean la cara como quiere.

La mirada que me da me hace retroceder un paso.

Hay algo peligroso en sus ojos.

—Hoy no comerás como castigo por intentar huir—dice con frialdad.

Se gira y camina hacia la puerta.

Pero antes de que salga, me río y eso lo hace detenerse.

—Suerte con eso —le digo—. Primero me muero de hambre antes de pedirle algo a un imbécil mafioso.

El portazo me confirma que no le gustó mi respuesta.

Suspiro y miro la bandeja que está junto a la cama. Hay pan, fruta y un vaso de jugo.

Estoy por tomar el pan cuando la puerta vuelve a abrirse.

La misma empleada que me curo entra, recoge la bandeja y se la lleva sin decir nada.

La sigo con la mirada mientras sale.

Perfecto.

Me quedo mirando por la ventana.

Desde allí veo cuando Víctor sale de la casa acompañado de Lorena.

Ella lleva un vestido demasiado corto y apretado, camina a su lado riéndose.

Horas después, el dolor en el estómago empieza a hacerse insoportable.

Tengo hambre.

Mucha hambre.

Miro la manija de la puerta.

Dudo unos segundos… y luego la giro.

Se abre. No habrá problema ya que no saldré de la casa.

Una sonrisa aparece en mi rostro, es la hora en la que cambian de turno.

Miro a ambos lados del pasillo y camino rápido hacia las escaleras.

Bajo hasta la cocina.

Desde el pasillo escucho a los guardias hablando sobre el cambio de vigilancia desde la puerta principal.

Entro con cuidado.

Sobre la mesa hay un frutero.

Dos manzanas rojas brillan bajo la luz.

Las tomo rápidamente.

Pero cuando las levanto noto que pesan más de lo normal.

No tengo tiempo para pensar en eso.

Escucho pasos acercándose.

Salgo corriendo.

Subo las escaleras lo más rápido que puedo, entro a la habitación y escondo las manzanas debajo de la cama.

La puerta se abre.

Uno de los hombres que vigilan la habitación me observa unos segundos en silencio mientras finjo dormir.

Luego vuelve a cerrar.

Respiro agitada mientras me siento en la orilla de la cama.

Pero el hambre puede más.

Saco una de las manzanas.

Le doy un gran mordisco.

La decepción llega más rápido que las lágrimas.

La manzana es de cera.

De decoración.

Abrazo mis piernas sentada en la cama.

Mi padre.

Pienso en ellos mientras el estómago me duele cada vez más.

Después de medianoche me acerco a la ventana.

La abro y lanzo las dos manzanas falsas hacia afuera.

Pero parece que la suerte tampoco está de mi lado.

Las manzanas caen justo sobre el techo de un automóvil que acaba de estacionarse.

El dueño baja del vehículo y levanta la mirada hacia la ventana.

Mis brazos siguen fuera.

Va a pensar que lo ataqué.

Cierro la ventana rápidamente y corro hacia la cama.

No pasan ni dos minutos cuando la puerta se abre.

Pero no entra el guardia.

Entra Víctor.

Detrás de él viene uno de sus hombres con un taladro y varias tablas de madera.

—Quiero esa ventana tapada —dice Víctor con calma—. No sea que se aviente… y después con qué voy a hacer el trueque.

Me levanto de la cama indignada.

—Jamás haría eso. Sería fallarle a mi padre y a mi prometido.

Él sonríe con burla.

—Tu prometido… que no ha movido un dedo para encontrarte.

Levanto los hombros.

—Quiere que se confíen. Sé que es capaz de todo por mí.

Víctor suelta una carcajada.

El guardia que coloca las tablas también se ríe.

—Sigues creyendo en príncipes azules —dice Víctor—. Pero hay algo que no te enseñaron.

Da un paso hacia mí.

—Que existen los villanos.

Se señala a sí mismo.

—Y aquí tienes uno.

—Sí —respondo—. Sé de personas como usted.

Su mirada se vuelve peligrosa.

—¿Y aun así te atreves a provocar a uno… maldita malcriada?

—También me enseñaron a no dejarme de nadie —respondo—. Sea quien sea.

Señalo la puerta.

—Ahora salgan. Tengo mucho sueño.

Desvío la mirada hacia la cama.

Víctor se queda observándome unos segundos.

—Duerme —dice finalmente—. Mañana te llevaré a un lugar donde ni en tus peores pesadillas has estado.

Sale de la habitación.

Suspiro.

Si mañana salgo… quizás pueda comer algo.

Con ese pensamiento me acuesto.

Pero el hambre no me deja dormir.

Horas después vuelven a abrir la puerta.

Una empleada deja un vestido largo color azúl cielo sobre la cama y un par de zapatillas.

Me baño rápidamente y me cambio.

No tengo tiempo de pensar demasiado.

Un guardia entra y me indica que lo siga.

Salimos de la propiedad.

Varias camionetas negras nos esperan.

Me rodean varios hombres y me hacen subir a una de ellas.

El viaje dura más de dos horas.

Incluso si quisiera escapar, sería imposible.

La seguridad es demasiada.

Finalmente llegamos a un enorme almacén.

Uno de los hombres me indica el camino.

Camino observando a los lados.

Buscando comida.

Pero entonces lo huelo.

Sangre.

El olor me revuelve el estómago.

Y lo que veo después es peor.

Víctor está frente a un hombre atado a una silla.

El hombre grita cuando uno de los mafiosos le corta un dedo.

La escena me hace inclinarme hacia adelante intentando vomitar.

Pero mi estómago está vacío.

Solo logro sentir el ácido quemando mi garganta.

Intento apartar la mirada.

Pero uno de los hombres me obliga a mirar.

—Así acaban las personas del lado de la ley —dice Víctor.

El hombre levanta el rostro con dificultad.

Y entonces lo veo.

No.

No puede ser.

El aire se me queda atrapado en los pulmones.

Porque no es un desconocido.

No es solo un policía.

Lo he visto antes.

En cenas.

En reuniones.

Siempre al lado de él.

El mejor amigo de mi prometido.

El mismo que me sonreía con respeto.

El mismo que una vez me dijo:

“Si algún día estás en problemas… llámame.”

Mis dedos se clavan en mis propias palmas.

—No… —susurro, negando—. Él no…

Sus ojos encuentran los míos.

Golpeados.

Cansados.

Pero conscientes.

Sabe que lo reconocí.

Intenta decir algo.

Tal vez un mensaje

Tal vez que lo intentó.

Pero no puede.

Víctor observa la escena como si fuera un espectáculo perfectamente planeado.

—Míralo bien —dice con calma—. La lealtad mal puesta siempre se paga.

Niego con la cabeza, sintiendo cómo todo dentro de mí se desmorona.

—No tenía nada que ver…

—Lo tenía todo que ver —interrumpe—. Decidió meterse donde no debía… por ti.

Las palabras pesan.

Se hunden.

Me ahogan.

Porque entonces lo entiendo.

Mi prometido no vino.

Pero envió a alguien.

Y ese alguien…

está muriendo frente a mí.

Víctor hace un leve gesto.

Un arma queda en su frente.

Cierro los ojos un segundo…

pero los vuelvo a abrir.

No.

No le voy a dar la espalda.

No a él.

No después de que vino por mí.

Una lágrima cae, silenciosa.

—Lo siento… —murmuro, aunque no sé si me escucha.

Víctor se acerca lo suficiente para que su voz me roce la piel.

—Este es el destino de los que creen en héroes —susurra—. Morir por alguien que se pone en riesgo con cada acción con cada palabra.

Aprieto los dientes.

Bajo la mirada.

Por primera vez…

sin fuerzas para desafiarlo.

Sin respuestas.

Sin orgullo.

Solo con un miedo frío…

instalándose en mis huesos.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • HEREDEROS DE SANGRE   161: El final.

    NARRADOR OMNISCIENTE... Cinco años después....... El nombre de Víctor Moretti seguía provocando exactamente la misma reacción que años atrás. Silencio. Respeto. Y miedo. Porque los hombres peligrosos podían ser derrotados. Los poderosos podían caer. Pero las leyendas... Las leyendas permanecían. Aquella noche la mansión Moretti estaba iluminada como nunca. Las fuentes brillaban bajo las luces doradas. La música llenaba los jardines. Los invitados caminaban entre las mesas elegantemente decoradas. Líderes. Todos reunidos. Todos conscientes de que estaban pisando territorio del líder. Víctor observaba la celebración desde la terraza principal. Los años habían pasado. Pero seguía siendo el hombre más temido del continente. Después de la caída definitiva de sus enemigos. Después de la desaparición de los viejos clanes. Después de unificar las organizaciones más poderosas bajo una misma estructura. Su palabra se había convertido en ley. Y nad

  • HEREDEROS DE SANGRE   160: El reencuentro.

    NARRADOR OMNISCIENTE... Lucía corrió. Corrió como nunca antes en su vida. Las lágrimas nublaban su visión. Su corazón golpeaba con tanta fuerza que parecía querer escapar de su pecho. No escuchaba nada. Ni los gritos detrás de ella. Ni los pasos. Ni el viento cuando abrió la puerta de golpe. Solo podía verlo a él. A Víctor. De pie frente a la mansión. Vivo. Dios... Estaba vivo. Cuando llegó hasta él no se detuvo. Se lanzó directamente a sus brazos. El impacto hizo que Víctor soltara un leve gemido de dolor por las heridas, pero ni siquiera intentó apartarla. Porque en el instante en que sintió a Lucía aferrarse a él... Todo había valido la pena. Todo. Las balas. La sangre. El dolor. La muerte respirándole en la nuca. Todo. Lucía rodeó su cuello con los brazos y comenzó a llorar desconsoladamente. —Estás vivo... Sollozó. —Dios mío... estás vivo... Su voz se quebró. —Estás vivo... Volvía a repetirlo una y otra vez. Como si necesitara escucharlo. Como si

  • HEREDEROS DE SANGRE   159: El regreso de Víctor Moretti.

    NARRADOR OMNISCIENTE... Durante cuarenta y ocho horas... El mundo creyó que Víctor Moretti estaba muerto. Las noticias lo repetían. Los periódicos lo insinuaban. Los enemigos lo celebraban. Y los pocos aliados que quedaban fuera de su círculo más cercano guardaban silencio. Porque nadie tenía pruebas. Nadie tenía respuestas. Nadie sabía nada. Y el hombre que había puesto de cabeza a medio continente había desaparecido. Pero en un lugar que no aparecía en ningún mapa... Muy lejos de cualquier ciudad... Muy lejos de cualquier gobierno... Muy lejos de cualquier ley... La verdad era completamente distinta. Cervantes estaba de rodillas. Las manos atadas. El rostro golpeado. La ropa cubierta de polvo. Y por primera vez desde que comenzó aquella guerra... Tenía miedo. Miedo de verdad. Porque acababa de atravesar las enormes puertas de la fortaleza. El lugar donde los líderes más peligrosos del continente resolvían asuntos que jamás debían llega

  • HEREDEROS DE SANGRE   158: Victor Morreti el lider reclama su puesto.

    NARRADOR OMNISCIENTE... La mansión Moretti no había dormido. Ni una sola persona. Ni una. La madrugada llegó envuelta en una tristeza tan pesada que parecía haberse instalado entre aquellas paredes para siempre. Lucía seguía sentada junto a la ventana. En la misma posición. Mirando el mismo camino. Esperando ver aparecer las camionetas negras. Esperando escuchar un motor. Esperando despertar de aquella pesadilla. Pero nada ocurría. Nada. Toda la noche había permanecido despierta. Ni siquiera recordaba haber cerrado los ojos. Porque cada vez que lo intentaba veía a Víctor marchándose aquella mañana. Vestido completamente de negro. Abrazándola. Besándola. Prometiéndole que regresaría. Y luego aparecía aquella maldita noticia. Aquella voz en televisión. Aquellas palabras. "Víctor Moretti ha muerto." No. Se negaba a creerlo. Se negaba. Aunque el miedo estuviera destruyéndola por dentro. Aunque cada minuto sin noticias la estuviera vo

  • HEREDEROS DE SANGRE   157: Todos haciendo planes.

    NARRADOR OMNISCIENTE... La noche cayó sobre la mansión Moretti como un manto de luto. Nadie durmió. Nadie pudo. Las noticias seguían repitiendo una y otra vez las mismas imágenes. Vehículos destruidos. Humo. Sangre. Caos. Y el nombre de Víctor Moretti apareciendo constantemente en cada transmisión. Aunque ninguna autoridad había mostrado un cuerpo. Aunque nadie había confirmado nada oficialmente. Para el mundo... Víctor Moretti estaba muerto. Y eso era suficiente. Lucía permanecía sentada en el sofá principal. No se había movido en horas. Leonardo dormía sobre su pecho. El pequeño se había quedado dormido llorando por su padre. Preguntando por él. Buscándolo. Esperándolo. Y cada pregunta había sido una puñalada para Lucía. Mateo dormía junto a Flor. Agotado. Confundido. Sin comprender por qué los adultos parecían tan tristes. La madre de Víctor seguía despierta. Observando una fotografía de su hijo. La misma fotografía que habí

  • HEREDEROS DE SANGRE   156: Luchar por regresar.

    NARRADOR OMNISCIENTE... La mansión Moretti nunca había estado tan silenciosa. Era extraño. Demasiado extraño. Porque aquella casa siempre había tenido vida. La voz de Víctor llenando los pasillos. Sus pasos firmes recorriendo la propiedad. Las risas de Leonardo. Las pequeñas carreras de Mateo por los jardines. Las conversaciones de Flor mientras cuidaba de los niños. Pero ese día... Todo parecía haberse detenido. Como si incluso la casa estuviera esperando. Esperando una noticia. Esperando que alguien dijera que todo estaba bien. Lucía permanecía sentada en el sofá. Leonardo, con apenas dos años, estaba en sus brazos. El pequeño estaba inquieto. No entendía por qué su madre no sonreía. No entendía por qué todos hablaban en voz baja. No entendía por qué no veía a su papá regresar. Sus pequeños dedos jugaban con una parte del vestido de Lucía mientras miraba hacia la puerta principal. Como si esperara verlo entrar. Como si tuviera la certeza de que Víctor aparecer

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status