Compartilhar

Cap.1°

Autor: DiegoAlmary
last update Data de publicação: 2023-02-05 04:27:50

Los hechos aún están tan frescos en mi mente que a veces me cuesta trabajo regresar a la realidad y no perderme en el hilo de los recuerdos. Muerte, sangre, las heridas en mi alma cicatrizaron, pero el recuerdo a veces es más doloroso. Sé que pude haber hecho las cosas mejor, actuar con más madures.

Cómo todas las tardes salí de la escuela y me dirigí a casa, caminé despacio entre la multitud de estudiantes que se aglomeraban en la puerta de salida esperando el ansioso momento para salir de aquel encierro semanal para empezar un fin de semana " Según ellos Excitante". Pero yo, como siempre me quedaría en la tienda del abuelo devorando libros y atendiendo gente. Sé que no era tan malo, pero me aburría, sentía que para mí ni el cielo era el límite, quería volar, viajar, conocer. Algún día, cumpliría mi sueño, viajar a través de la inmensidad del océano, encontrarme con ancianos en los puertos para que me contaran sus historias en las que vencen temibles tormentas y se quedan siempre con la chica. Pero en el fondo sabía que que era algo que no pasaría, no podría dejar nunca a mi abuelo y a mi hermano. esa era la razón, creía yo, y era válida, pero con el pasar de los años me di cuenta que, en el fondo, no lo era, mi problema era el miedo, miedo a entrar en el mar por ellas, las causantes del principio y del fin de esta historia.

Aunque las sirenas sólo se encontraban en la costa de esa pequeña ciudad, mi miedo al mar se extendió, y más que miedo, sentía pavor a ser atacado por una de ellas. Muchas personas habían desaparecido en sus manos, siempre eran jóvenes, y en esa pequeña ciudad era inevitable no reconocer los rostros de los chicos que aparecían en los periódicos con el título "DESAPARECIÓ EN LA COSTA EL DÍA DE AYER".

los barcos que antes navegaban cerca de la orilla trasportando mercancía y pasajeros habían soltado anclas hacía tiempo y se oxidan lentamente.

Caminaba por la cera izquierda cuando sentí pasos que se acercaban corriendo y no tuve que mirar para saber quién era.

—Hola, Riley — dijo la voz. Me giré rápido y vi a mi amigo Walter correr para alcanzarme

 — ¿Por qué siempre andas tan rápido? — dijo cuando me alcanzó. Su cabello negro estaba despeinado y sus ojos azules miraban por encima de mi hombro. miré disimuladamente cuando me di la vuelta para seguir caminando, veía el océano.

—No voy rápido — dije secamente, metí mis manos en los bolsillos y seguí caminando.

—Claro que sí. Pero, en fin. ¿qué harás mañana sábado?

—Cuidar la librería — respondí de nuevo sin sacar las manos de mis bolsillos que estaban llenos de papeles de dulces y unas cuantas evaluaciones hechas picadillo

—¿De nuevo? — se quejó rascándose el cuello. Se veía ansioso y un poco más pálido de lo norma.

—Mi abuelo Necesita ayuda —le dije y luego lo miré caminar a mi lado —¿si fuiste a que te hicieran los exámenes de sangre? asintió mirando al frente, y una pequeña arruga se le formó en medio de las cejas —¿aún te duele el estómago? —él negó y sacudió la cabeza.

—Sé que tu abuelo necesita ayuda — dijo poniéndose en frente mío y sujetándome por los hombros —sólo una noche y ya.

—No te apoyaré en este plan suicida — dije levantando la mirada para poder ver sus ojos azules, él era más alto que yo, un poco. Me superaba en tres años de edad completos, ya que yo había cumplido los dieciocho y él cumplía los veintiuno una semana después. Era mi único amigo, pero yo no era su único amigo, él a veces estaba con Jefferson y muy pocas veces, casi nunca, llegábamos a coincidir. En realidad, yo era un chico retraído y me costaba bastante hacer amigos, no en tendí el por qué hasta después de muchos años, ya que no era tímido, nada nada de eso, solo que me aburría no poder tener con nadie una conversación en la que habláramos de libros y música, no sólo tetas, fiestas y redes sociales.

 —Vamos... solo iremos las vemos y volveremos — siguió insistiendo.

 —Es peligroso —le insistí, solo pensar en su idea loca me revolvía el estómago.

—Sí, lo sé, ¿vamos? — dijo poniendo una mueca dejando ver gran parte de su boca, dientes y lengua. Saqué mi mano del bolsillo apretando los papeles. Lo que haría me costaría un diente, seguro que sí. Lancé a su cara los papeles y salí corriendo y mientras huía pude escuchar como escupía papeles por todos lados, e igual que siempre sentía la necesidad de devolver el tiempo y remediar lo hecho, como siempre sucedía en mi vida, pensaba demasiado rápido y luego, ya era tarde. pero igual que siempre, lo único que me quedaba era enfrentarlo.

No quería tener esa conversación con él porque sabía que al final terminaría por convencerme. Era una idea estúpida sin contar que arriesgada.

Cuando me alcanzó me tomó por el cuello frenando secamente mi avance, caímos sentados en el pavimento, la gente que pasaba nos miraba como bichos raros, y yo, simplemente disfrutaba forcejear con él, tratar de demostrarle que no podía conmigo, aunque sabía que tenía a un chico de metro ochenta y quien sabe cuántos quilos de masa muscular tratando de manejarme.

Enterró sus dedos en mis costillas y me retorcí como un gusano tratando de escapar, pero fue en vano.

 —Odio que me hagas bromas — dijo desde mi espalda.

—Ya — dije tratando de respirar a causa de la risa —por favor.

—Te suelto si me acompañas mañana a ver a las sirenas.

—Igual me tendrás que soltar algún día — traté de meterle los dedos a la nariz, pero atrapó mi mano con su brazo y el torso.

—Vamos, eres mi único amigo ¿A quién más le puedo decir? — dijo enterrando más sus dedos en mis costillas —no puedo morir sin ver una.

—Díselo a Jefferson —me comenzaba a doler el estómago.

—Él no me apoyará en esto — dijo después de soltarme. Me puse de pie y acaricié mi estomago que dolía como el demonio —es igual de amargado que tú. Se la llevarían bien — añadió estirando la mano para que lo ayudara.

—No te acompañaré a hacer eso, es un suicidio. Si, sé que que dicen que son hermosas, pero no dejan de ser criaturas sin conciencia, como un tiburón o una piraña — le dije sin ayudarlo a levantar. Se incorporó rápido y me miró a los ojos desafiante, una mirada penetrante y atemorizante.

—Dime Riley — su voz era ronca y su aliento me golpeó despacio —si tú me dices que nunca en la vida has sentido curiosidad de ver una sirena o de ver el agua del mar de cerca, te juro por mis padres que desistiré de la idea de ir hasta allá y ver una, se honesto Ray — fue entonces cuando tuve la oportunidad en mis manos, la oportunidad de haberlo cambiado todo, de haber evitado tanto. La tuve tan cerca que no la pude ver, la idea de conocer el mar fue superior a mi instinto de supervivencia, el simple hecho de cumplir un sueño nos metió a todos en un fango sin salida, en el que entre más forcejees más te hundes. un acto inmaduro y sobre todo egoísta.

—Lo del mar suena tentador — solté afín y la cara de Walter se iluminó.

—Mañana a las seis — afirmó como despedía. Veinticuatro horas antes de que cambiará mi vida, pero sobre todo la suya.

Esa tarde no fui directamente a casa, pasé primero por la heladería donde el señor gordo me refunfuñó por no tener el dinero completo, pero de igual forma me dio el helado. El parque estaba lleno de personas que disfrutaban del calor del sol abrasador en la piel y de la briza marina que arremolinaba las hojas de las palmeras y de los árboles de mango que, cargados de dulces frutos, eran asaltados por niños hábiles y hambrientos.

Recuerdo claramente que me senté en la esquina de una banca a devorar mi helado mientras observaba en el horizonte como el sol se hundía en el mar. Pensé por un rato la ide de Jefferson y entre más lo hacía más me convencía que era pésima. Bajé la cabeza y entre los miles de recuerdos que se amontonan ahora en mi mente pienso que no debí haberla levantado, ¿Hubiera sido mejor? No lo sé, porque la encontré en cuanto lo hice, a mi mayor amor y mi mayor dolor, con el cabello negro ondeando al viento y la ropa holgada queriendo ser arrancada de su pálido cuerpo, el sombrero de alas grandes salió despedido de su cabeza y rodó por el suelo sucio como repelido por un imán y se enredó en mis piernas.

La muchacha comenzó a avanzar hacia mí, con paso decidido y mi corazón dio un vuelco enorme. En ese entonces no era precisamente tímido, pero la muchacha era bastante atractiva y me quedé enmudecido con el sombrero en las manos después de recogerlo.

—Lo siento —dijo cuando estuvo a un metro de mí y yo asentí con la cabeza, luego negué.

—Hace mucho viento —me aventuré a decir, y ella ladeó la cabeza. No sonreía y me miraba como des confiada. Estiró la mano para que le entregara el sombrero, pero yo estaba nervioso y terminé estrechándola —me llamo Riley —ella asintió y se sacudió de mi agarre.

—Mi sombrero —dijo y cuando entendí la cara se me debió hacer puesto tan roja como una manzana. Le entregué el sombrero y ella se alejó recorriendo el mismo camino por el que había llegado a mí y me puse de pie para hablarle, para decirle cualquier cosa, pero de la boca no me salió ni una palabra.

El helado goteaba derretido por mi mano y yo me quedé mirando la figura delgada hasta que desapareció en el horizonte como el sol entre el mar.      

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App
Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Johana Bernal
No sé porqué, pero leyendo esta parte me imagine toda una escena bl jaja que pena ...
VER TODOS OS COMENTÁRIOS

Último capítulo

  • Hechizando el amor de una sirena   Cap° 65 El final... Por ahora.

    La criatura le siguió rugiendo a Jefferson, pero no le hizo ningún daño. Jefferson corrió hacia mi y me levantó de un tirón. Luego le apuntó a la criatura con un aparato que tenía en la mano, parecía un control remoto. —¿Qué está pasando? —pregunté, pero Jefferson me empujó hacia atrás. —Luego te cuento, por ahora lo único que sé es que esto lo controla —me dijo y presionó un botón que emitió un sonido. El animal se volvió loco y con una de sus patas nos golpeó y lanzó a un par de metros. Caí sobre Jefferson y le dije desde arriba. —Pues ese no sirvió —los disparos comenzaron volviendo loco al animal que comenzó a golpear el suelo. Jefferson trató de ponerse de pie, pero yo le estorbaba, así que me empujó y luego me ayudó a subir. Presionó otro botón, pero el ruido de los disparos era fuerte y de seguro el animal no escuchó la frecuencia del sonido. —Diles que se detengan —me dijo y yo fruncí el ceño. —¿Por qué? —él me sacudió. —¡Diles! —me gritó y yo busqué el auricular en mi oí

  • Hechizando el amor de una sirena   Cap° 64

    Walter había corrido parte de la noche, estaba cansado y sediento y sentía que las fuerzas le fallaban. La montaña con forma de mujer embarazada que le indicaba la dirección hacia donde estaba la carretera cada vez se hacia más y mas lejana y creyó que no sería capaz de alcanzarla. No estaba seguro de lo que pasaba en los laboratorios, pero deseó que Raúl lo creyera muerto. Él había intentado dejar la rejilla por donde había salido de nuevo con los tornillos, pero cabía la posibilidad de que alguna cámara de seguridad que vigilara a Poppy lo hubiera captado saliendo por el ducto que no había sido incinerado y tal vez ahora lo buscaban por todo el desierto.A lo lejos, mucho, logró reconocer un montículo de rocas que Raúl había utilizado para ubicarse y sintió un alivio tremendo, y corrió con las pocas fuerzas que le quedaban hasta que llegó a la carretera y justo como la habían dejado estaba la moto que les había dado Jack.Jefferson era un excelente conductor de autos, y aunque las m

  • Hechizando el amor de una sirena   Cap° 63

    Cuando desperté en la mañana, tenía el cuerpo adolorido, Meredith estaba a mí lado y me abrazaba desde atrás con fuerza. Apagué la alarma del reloj que estaba junto al nochero y me quedé mirando el atardecer. La noche anterior hicimos unos reunión con Jack, a través de una llamada ya que las chicas no lo quisieron en la casa, y también con el hombre encargado de la seguridad de Amelia. Habíamos elaborado una especie de plan para poder llevar a cabo todo lo que teníamos en la mente, principalmente matar a Gabriel. Jack no había querido solicitar ayuda a la policía de las otras ciudades o al ejército del país, Jábico tenía influencias por todas partes y la única manera de acabar con él era a través de organismos internacionales, y no había forma de llevar ningún tipo de información reveladora hasta ellos.—Sobreviviremos cada día — me dijo Meredith desde atrás y yo me volteé para mirarla.—Pero no quiero estar pelando cada día por mi vida —le dije y ella me besó en la punta de la nariz.

  • Hechizando el amor de una sirena   Cap° 62

    Jefferson no fue capaz de entender todos los sentimientos que comenzaron a embargarlo, estaba asustado, claro que sí, pero la adrenalina que tenía en el cuerpo lo tenía alerta y activo, y aunque tenía la tarjeta que le había quitado a Raúl tuvo la sensatez de no escapar a la primera oportunidad. Cuando la hora del almuerzo pasó, el lugar se había llenado de personas que pululaban por todo el lugar.Todos siempre parecían ir de afán, nadie se detenía a voltear a mirarlo ni por un solo segundo, como si no fuera más que un perro sin hogar, ni siquiera cuando él trató de hablarles para pedirles un vaso de agua. Parecían ignorarlo a propósito y pasaban corriendo.Había armado un minucioso plan de escape, pero todo pendía de un hilo. Gracias a toda la fachada de Raúl para meterlo en esa celda sin tener que pelear con él, le había enseñado la forma perfecta de salir, pero debía esperar hasta la noche y temió que durante todo ese tiempo Raúl se enterara que no tenía la tarjeta y fuera por él,

  • Hechizando el amor de una sirena   Cap° 61

    No pude hacer más que quedarme mirando como el cuerpo de Emily caía. El viento le despeinó el cabello y le cubrió la cara, pero una sombra fugaz pasó por mi lado y casi me arranca de la viga donde estaba aferrado como un náufrago.Un hombre cayó tras Emily, volando como un super héroe y cuando la atrapó en el aire la cuerda de la que estaba atada se tensó y estiró hasta unos varios metros.Volteé a mira hacia la puerta y un grupo de policías y hombres de Amelia sostenían la cuerda elástica, y me quedé maravillado por un momento, el como defender la ciudad podía crear escenas como esas, donde dos grupos tan diferentes que se han atacados los unos a otros ayudan por el bien común. Al menos mientras estuviera la tregua entre Jack y la vieja Amelia.Miré hacia abajo, el hombre con Emily había rebotado contra la pared, y a parte de la rabieta que la muchacha estaba haciendo por que la habían capturado, todo parecía estar bien.Me puse de pie con dificultad, temía que la biga en la que esta

  • Hechizando el amor de una sirena   Cap° 60

    Las personas dentro del helicóptero parecían estar bien, y un grupo de policías cayó sobre ellos a penas las hélices dejaron de girar.Emili se metió de nuevo en la torre del reloj y miré a Jack que daba ordenes a diestra y siniestra.—Me equivoqué —le dije, me sentí confundido y estúpido —confíe en Raúl y su hija y nos traicionaron y ahora Jefferson puede estar muerto —Jack volteó a mirarme y me tomó por los hombros.—Creías que hacías lo correcto —me dijo y sentí tanta impotencia que los ojos se me llenaron de lágrimas —yo soy el menos indicado para aconsejarte ahora, también cometí un error muy grande y estoy pagando las consecuencias por creer que hice lo correcto —lo miré a la cara, los pómulos marcados y las ojeras enormes, se veía realmente mal.—Eso no me da mucho consuelo —le dije medio en broma y él asintió.—Lo sé, pero es la realidad, la cuestión es lo que decidas hacer con los resultados de los errores que cometes —volteé a mira hacia la iglesia, la única salida que Emily

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status