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7. Nunca me cansaré de tu sabor.

Autor: Némesis
last update Data de publicação: 2023-12-22 18:42:49

Capítulo 7:

​Siempre soñé con el hombre ideal que me amara y respetara en todo momento, que me tratara como a una reina. No a un hombre que esté conmigo por lástima, compromiso o conveniencia.

​Desde que conocí a Ethan todo es diferente a como había vivido. Sé que somos amigos, o diría amigos con beneficios, porque solemos tener sexo constantemente... y mucho. Y no me quejo, y él tampoco; aunque no lo hemos hablado en ningún momento, digo, de nuestro tipo de amistad.

​Así que aquí estoy, en un cuarto de hospital teniendo uno de los mejores orgasmos de mi vida y, ¿cómo llegué a esto? Pues... después del beso de Zack, Ethan no se quedó atrás, se unió a los besos y caricias.

Me sentí un poco incómoda, pero mi mente ya no coordinaba, solo me dejé llevar y sentir la mirada penetrante de Zack mientras que Ethan me da el mejor sexo oral; es algo que no puedo explicar, me siento única, dichosa y, sobre todo, deseada.

​En la habitación solo se escuchan mis gemidos de placer. Arqueo mi espalda cuando ya siento que mi intimidad va a explotar. Ethan me ve, se lame los labios y me dice:

—Nunca me cansaré de tu sabor.

Y así, sin más, me quita la bata de hospital y se detiene a ver mi cuerpo. Con él no me escondo, pero en este momento es diferente.

​Su hermano está en la misma habitación. Desvío mi vista a donde está y lo que veo me prende: está quitándose la camisa dejando su pecho al descubierto. Esos tatuajes que tiene lo hacen ver peligroso y me gusta; lo demás queda en bóxer, su erección exige ser liberada y, por alguna razón, lamo mis labios imaginándome saboreándolo. Siento una embestida rápida y profunda que me saca un grito de placer; veo al causante y Ethan está embistiéndome. Sus mejillas están sonrojadas, me sonríe y me dice:

—Solo disfruta.

​Y eso hago, pero lo hago viendo a Zack mientras masajeo mis pezones. Él se acerca a mí y me incorporo un poco para quitarle el bóxer, liberar su miembro y llevarlo a mi boca.

Gimo cuando siento su miembro caliente en mi boca; marco el ritmo con las embestidas de Ethan y, cuando siento que estoy a punto de llegar a otro orgasmo, Ethan sale de mí y me gira quedando a gatas. En la nalga siento una nalgada y veo al causante... Zack.

​Se posiciona detrás y masajea mis nalgas; siento que acaricia mi hinchado clítoris y no puedo evitar moverme en sus manos.

—Por favor —digo.

—¿Qué quieres, mi reina? —me dice Ethan arrodillándose frente a mí, dejando una vista perfecta de su miembro. Una gota de líquido preseminal se hace presente y, sin más, paso mi lengua por la punta de su pene, saboreándolo.

​Aún con el pene de Ethan en la boca, Zack me dice al oído:

—Voy a follarte y quiero que te vengas solo cuando yo te diga. ¿De acuerdo?

Hago el intento de sacármelo de la boca para poder hablar, pero Ethan me sujeta por el cabello para que no pare, así que intento hablar con él en la boca, pero es muy grande.

​Siento su pene en mi entrada y lentamente entra en mí de una manera tortuosa pero excitante; mis gemidos son ahogados por el miembro de Ethan. Agarra mis caderas y lo siento penetrarme profundamente, a un ritmo que, si sigue así, me va a volver loca. Ethan saca su pene y puedo respirar mejor.

​Zack me levanta y me abraza la cintura con un brazo, y con la otra mano masajea mi clítoris. Ethan ataca mis senos, que están megasensibles, haciendo que mande una corriente de placer por todo mi cuerpo.

Cierro mis ojos y echo mi cabeza para atrás, recostándola en el hombro de Zack.

​Cuando los abro, la mirada de Ethan es de pura devoción; toma mis mejillas y las besa, secando así mis lágrimas, que no sabía que estaba derramando.

—Eres perfecta —me dice Ethan.

—Y divina —me susurra Zack al oído y chupa el lóbulo de mi oreja.

—Ah, déjame venirme —le digo, agarrándome del cabello con mi mano izquierda y con la derecha atrayendo a Ethan hacia mí para besarlo intensamente.

​Creo escuchar la puerta abrirse, pero ya no sé qué es lo que es real y qué no; solo el placer y la lujuria predominan en este momento. Siento que ya no puedo más.

—Quiero que te vengas para mí —me dice Zack al oído. Me inclina nuevamente y Ethan se recuesta en la cama y me atrae a su miembro, el cual no dudo en llevar a mi boca.

​Siento su pene vibrar y sé que se va a venir en mi boca, y lo hace. Saboreo su semen cuando siento el de Zack hacer lo mismo; al momento, un líquido tibio me invade, no puedo aguantar más y exploto. Siento que un líquido sale de mí y pienso que me pude haber orinado. Veo a la cama y, como si Ethan leyera mis pensamientos, responde:

—No lo hiciste, mi reina —me dice con la voz entrecortada por la agitación del momento y el cuerpo perlado en sudor.

​Zack sale de mí lentamente y me acuesta a un lado de Ethan; siento cómo su semen sale de mí bañando mis piernas y parte de la cama.

—Eso —dice Zack señalando la cama— es la máxima expresión de placer que una mujer puede dar y tú, linda, lo has hecho, y de la mejor manera.

Se acuesta a un lado mío, quedando yo en medio y ellos a cada lado abrazándome.

​Estamos desnudos los tres en una cama de hospital donde no sé cómo demonios cabemos, pero así estamos.

No puedo evitar cerrar los ojos y sonreír. Siento una mano acariciando mi abdomen e ir subiendo, y sé que es Zack; agarra mi cara, la gira en su dirección y me besa, esta vez de una manera diferente: delicada, suave. Al separarme, giro mi rostro en dirección a Ethan y lo beso; quiero darle a entender con este beso muchas cosas y espero que él sepa cuáles son.

​Luego de un rato me quedo dormida, soñando con dos hombres que pueden llegar a ser mi perdición o, quizá, mi salvación.

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