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2. Un rey alfa

Autor: yenrpr
last update Fecha de publicación: 2025-08-04 09:36:30

-Para este celo quiero a una omega- Jason habló al teléfono.

-Pero que dices; están los betas; los alfas. ¿Porque vas a querer a una omega?- preguntó su amigo Gael.

-Porque los omegas son los mejores para ayudar en el celo- dijo -Además no es como si me fuera a casar. Sabes qué con quien me casaré será con Phelicity. Los omegas solo sirven para pasar los celos-

-Después que no le hagas lo que le hiciste a la última...- Gael quedó en silencio.

-Esa omega no sabía jugar y pues terminó inconsciente. Yo no tengo la culpa de que me guste la asfixia erótica cuando estoy en mi celo- dijo desinteresado -Yo se lo advertí y no hizo caso. Pues terminó muerta-

Phelicity se rió y continuó maquillándose. La distinguida mujer se rió al recordar lo que había pasado en el celo anterior. Una jovencita de algunos diecinueve años había sido escogida por Phelicity para el celo de su prometido quién al tener una afición por la asfixia durante el sexo terminó matándola. Ella terminó en una funda con un bloque amarrado a sus pies en el fondo del mar. ¡Era omega! A nadie le importaba ni le debería importar el destino de un omega. De seguro lo merecía, pensaban la mayoría de los alfas entre ellos, ella y Jason.

Jason era un alfa de algunos veintiséis años y dispuesto a comerse el mundo. A su corta edad él era el alcalde de Brook Mountain, un pequeño pueblo al noroeste de los Estados Unidos. Al pueblo ser bastante pequeño él tenía todo el libertinaje de hacer y deshacer a su antojo. Era un tipo decidido, prepotente y sobretodo confiado de sí mismo. Así que cuando cumplió los veinticinco fue cuando llegó al mundo de la política primero como un funcionario y luego siguió subiendo escalones hasta llegar al importantísimo puesto de Alcalde.

-Esta vez me gustaría verte- dijo Phelicity con una sonrisa traviesa en sus labios -¿Que se te antoja? ¿Una gordita? ¿Tetona? ¿Nalgona?- preguntó y él definitivamente iba a pensarlo.

-Sorpréndeme. Pero que sea una que aguante.- susurró abrazándola por la espalda.

-Créeme que lo haré.- se giró en sus brazos y besó delicadamente y con cariño los labios de él.

-Vamos que la fiesta ya comenzó- dijo y ambos salieron de la habitación.

•••

-Bienvenido señor Jason y señora Phelicity.- dijo el portero abriéndole la puerta principal.

La fiesta tenía a lugar en la casa del vice alcalde del pueblo. Era una mansión pero Jason sabía que su mansión era más grande y eso le enorgulleció. Entró de la mano de su prometida y saludó a cada alfa que se encontraba. Algunos llevaderos, otros fastidiosos pero siempre le gustaba mucho como lo trataban. Como si fuese el rey de todos ellos...y es que en cierta forma él así era; su rey.

-¡Que bueno verle señor alcalde!- dijo uno con entusiasmo y casi gritó cuando Jason estrechó su mano.

-Igual, Terrence- dijo con una implacable sonrisa.

La verdad era que no conocía a nadie de esa gente. De hecho sólo conocía los nombres y fue que durante el día él había visto fotos de cada alfa que estaba allí y sus nombres. No le importaba nada más, a pesar de que estas fotos tenían información. Vio como casi se desmaya el alfa y quizo burlarse pero el pellizco que le dio Phelicity se lo impidió.

-¿Leyó mi propuesta?- preguntó y Jason frunció el ceño.

-En realidad no he tenido tiempo para leerla pero estoy seguro que es muy buena- agregó -Si me permites tengo que seguir saludando.- dijo y el nervioso hombre asintió desenfrenadamente.

-Recuérdame tirar todo los papeles que digan Terrence por el inodoro- susurró haciendo reír a su prometida.

Era la fiesta del cumpleaños del hijo del vicepresidente y una pequeña reunión. Un lindo jovencito alfa de dieciocho años y con un futuro prometedor. Fueron directo al vicepresidente y amigo de Jason quien estaba con su hijo y su esposa. Le abrazó fuertemente mientras sonreía, Bernard era un de los pocos alfas en el cual él confiaba. Era su otro mejor amigo y junto con él estaban trabajando para algo increíble.

-Que bueno que hayas venido- dijo Bernard en el abrazo.

-No me perdería por nada del mundo el cumpleaños de mi ahijado- dijo viendo al chico y descubriendo el color rojo en sus mejillas a raíz de su comentario.

Era increíble como para Jason, Bernard era alguien en quien confiaba ciegamente y él terminaba teniendo sexo con su hijo. Pero así era Jason, un hijo de puta. Nadie sabía que él y el pequeño Dean se veían a escondidas en su despacho para tener relaciones cada fin de semana. Y agradecía que nunca lo tomaba cuando estaba en el celo porque de seguro lo embarazaría y lo menos que él quería era un hijo y mucho menos un hijo de Dean. Bernard los mataría pero sobretodo a él. ¿Pero a Jason le importaba? En definitiva no lo importaba.

-Muchacho que grande y galán- dijo abrazando a su ahijado -debes tener a las alfas delirando por ti- dijo y todos sonrieron.

-Gracias padrino- susurró viéndole con un brillo en sus ojos que no pasó desapercibido por Clara, la mamá de Dean.

-Compadre que bueno verle, vio que guapo es mi hijo. Está en busca de una alfa...o un alfa- dijo Clara con una sonrisota.

-Tendrá que ser a la altura de Dean. No quiero que cualquier alfa reclame a mi ahijado.- dijo Jason.

El rostro de Dean se desencajó un poco pero no perdió su sonrisa. Él no quería a ningún alfa que no fuese su padrino. Dean se había enamorado de una ilusión porque en realidad Jason no lo amaba. Jason le mentía una y otra vez solo para mantener su polvo seguro.

Phelicity abrazó a Dean y él contuvo las ganas de alejarse. Esa mujer quería algo con él y Dean simplemente no quería. Ella siempre buscaba la oportunidad de tocarlo indebidamente y a él no le gustaba. Su cuerpo le pertenecía a su padrino y a nadie más.

-Todo un hombre guapo- susurró cerca de su oído.

-Espero que disfruten y que disfruten de la sorpresa que les tengo- dijo y hubo movimientos de betas -Oh ya está casi listo todo.-

Varios betas entraron con cajas con el logotipo del centro OPAA(Omegas Pertenecientes a Alfas). Todos los alfas estaban con sonrisas en sus labios. Tenían conocimiento de ese centro y era la mejor granja de omegas que había. Porque desde que la raza surgió, hace quince años han surgido granjas de omegas pero estás eran con omegas enfermos y descuidados.

Aunque OPAA era de las mejores aún seguía siendo lo peor que puedan imaginarse. Mantenían a sus omegas en jaulas con comidas cada dos días y la mayoría morían de hambre o de dolor. En su celo, el centro los mantenían sedados con supresores. Y en algunos casos, con una inyección, alteraban su celo para que coincidiera con el alfa. Ellos procuraban que los alfas no maltraten más de lo que se supone que lo hagan y si lo hacen ellos tienen el poder de sacar al alfa de ser sus socios. Pero nadie tenía el valor de impedirle un acceso a un alfa.

Jason, en lo personal nunca había tenido la oportunidad de tener un omega de ese centro. Siempre que escogía a un omega era de otras granjas y eran buenas pero había escuchado muy buenas críticas de OPAA. Así que quería probar y esperaba que las que había llevado Bernard serían de su agrado.

-Es lo mejor de lo mejor de OPAA- dijo orgulloso mientras le indicaba a los betas abrir las cajas.

En total eran diez omegas, cinco hombres y cinco mujeres, entre ellas Winter y Elle. Todos estaban desnudos dejando ver sus atributos a quienes serían sus dueños por unas horas. Luego los tirarían como los demás y Elle estaba contenta con eso. Prefería quedarse en la granja que solo ser una muñeca inflable para un alfa.

-Diez de mis mejores amigos tendrán un número, que se les dio al entrar, el omega que les toque tendrá su mismo número. De izquierda a derecha.- habló Bernard -¡Uno!- gritó y era un alfa de unos cuarenta años quien se llevaría al chico más joven de los diez. Diecisiete años.

Habían puesto mujer y hombre por órdenes de Bernard quien sonreía cada que sus amigos le miraban con una sonrisa agradeciéndole el regalo. Jason vio con una sonrisa a todos los omegas que quedaban. Ninguno eran feos y eso le gustaba, se tenía que sentir cien por ciento atraído. Si no había amor debería de haber atracción en su totalidad.

-¡Ocho!- gritó Bernard y Jason dio un paso adelante.

-Eres un suertudo J- dijo felicitándolo

-De rodillas- dijo y vio resistencia.

Aquella mujer era hermosa. Podía compararla con Blanca Nieves por lo blanco de su piel, por sus labios color cereza. Pero sabía que le haría la vida de cuadritos por el tiempo que se quedase. Le hizo una señal al beta para que la obligara a arrodillarse y con un bastón de corriente la obligó cayendo de rodillas.

-N-No puedo con esto- susurró y Jason sonrió al escucharla.

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Último capítulo

  • Identidad oculta   36. Epílogo

    Durante los diez meses, porque sí, Elle había cumplido casi las cuarenta y dos semanas hasta que una noche, precisamente la noche que Zack tenía que trabajar, recibió una llamada de Elle. Zack sabía que en cualquier momento recibiría una llamada de su omega diciendo que sus bebés estaban por nacer, porque sí, eran gemelos, pero por más que estuviese atento y preparado, nada lo prepararía para esa noche. La noche del treinta y uno de diciembre, la noche en que todo el mundo despide un año de muchos retos, aventuras, problemas fue la noche en la que Zack le dio la bienvenida a los bebes que le harían la vida más perfecta de lo que ya era. Su mirada se enfocó en el bulto entre sus brazos y sonrió. Aquellos bebés habían sido lo mejor que había hecho en la tierra. Cabello muy negro, ojos oscuros y a la vez muy expresivos, labios perfectos, nariz mezclada entre la de ella y él, aunque más parecidas a la de él. Dedos, que podría estar besando y acariciando de por vida, disfrutando del tacto

  • Identidad oculta   35. Un desmayo FIN

    -Amor, Winter llamó quiere ir a ver una casa cerca de aquí- dijo entrando al cuarto de baño mientras Zack asentía. La vida de ellos había cambiado para bien. Días después de las fiesta había salido un audio de Bernard y Jason creando un plan malévolo con niños así que todo se salió de control. Por primera vez el pueblo donde vivían se había vuelto el centro de atención de los medios noticieros del país. Todo salió a la luz, revelando que era lo que se hacía con las personas, como los trataban y todo lo recurrente a la jerarquía alfa/beta/omega. De pronto el pueblo se llenó de muchos policías, medios noticiosos y mucha gente curiosa llegando para ser los primeros en tener contacto, que para los demás era una situación maravillosa. Bernard, había sido encarcelado por lo que había hecho recibiendo también la condena de Jason dejándolo encerrado de por vida. Phelicity, estuvo recluida varios meses en estado de coma, las heridas de bala habían sido certeras pero no tanto como para que m

  • Identidad oculta   34. Un daño evitado

    Zack jamás se sintió más agradecido que esa noche y todo era gracias a Dean y a su mamá. Jamás pensó que después de tantos desplantes y tantos rechazos Dean fuera la persona que lo ayudaría a salir de allí ileso. Así que estaba más que agradecido con él. -Llévalo a esta dirección- tomó una servilleta y escribió la dirección de su hospital clandestino -estaré allí para ayudarlo- -Muchas gracias...- agradeció Clara pero no sabía como ese hombre se llamaba. -Zack- dijo viendo a Clara para luego ver con preocupación a un Dean quejumbroso -Eres tan diferente a él- susurró acariciando su mejilla. Zack sonrió y entendió a que se refería. Claro que él era diferente a Jason y jamás estuvo más feliz de eso. Él no era una persona que le gustaba ver sufrir y hacer el mal a los demás. Estaba seguro que si le hubiese dado la oportunidad de nacer otra vez y escoger su vida, escogería esa otra vez. Le gustaba ayudar, le gustaba ser útil para algo bueno. Y en el tiempo que estuvo siendo Jason,

  • Identidad oculta   33. Unas vidas en juego

    Cuando Phelicity le apuntó con el arma Zack vio toda su vida pasar frente a sus ojos. La sensación de estar entre la vida y la muerte le había dejado un mal sabor en la boca. Y sabía que de esa no saldría bien. Aunque en realidad no le importaba tanto su vida pero la más que le importaba era la de su omega. El mundo y ese pueblucho era una pesadilla avisada y no quería que su omega viviera eso nuevamente si él llegase a faltar. -Baja el arma- dijo Zack y ella negó. -No, cariño. Esto es lo que me dará control sobre ti, sobre tu omega- dijo y Zack abrió los ojos de par en par bastante sorprendido. -Phelicity saldremos de aquí sin hacer escándalo y te aseguro que no te volverás a cruzar con Zack ni con su omega- dijo y Zack volteó a mirar a Aaron con una mirada de pocos amigos -¿Que? Serías un tonto si pensaras que todavía ella piensa que eres Jason- -Veo que tu amigo es más inteligente que tú Jason...que digo Zack- sonrió Phelicity. Sonrió y se acercó con toda la elegancia que la

  • Identidad oculta   32. Una fiesta de cumpleaños

    Phelicity le había pedido que le acompañara con una copa de champán para el brindis. El brindis fue a la mitad de la fiesta y mezclado con las copitas y lo tequilas que se había dado con sus amigos esa copita de burbujeante champán lo había dejado un poco atontado pero aún así tenía todos sus cinco sentidos muy en alertas. Pero con aquella copa se sentía todo menos borracho. Aquella sensación tan familiar que aunque la vivía dos veces al año la conocería y no entendía porqué se presentó haciéndolo sentirse incómodo hasta en su propia ropa.-Nuestros amigos están aquí celebrando contigo un nuevo año. Nuevas vivencias, nuevos momentos que crearemos junto a ti- comenzó hablar Phelicity con una sonrisa -Todos los que estamos aquí te queremos y te deseamos lo mejor y que esta fiesta sea la mejor que hayas tenido- dijo y levantó su copa.-¡Por Jason!- todos los invitados vitorearon con sus copas de champán en mano mientras este sonreía aunque para los demás había sido una mueca extraña.Jas

  • Identidad oculta   31. Un llavero suizo

    El moreno hubiese sido el primero, bueno en todo caso uno de los primeros, en felicitar a su amigo si no fuese por esa inquietud que surgió en su corazón tan pronto conoció a Bernard. Y es que Bernard no tenía nada que le interesase excepto por un destello en su aroma que lo estaba dejando sin palabras. Sam había fruncido el ceño, de inmediato, cuando lo conoció y pensó que sería la primera pareja predestinada de tres alfas. Pero cuando entró a la mansión de su amigo ese distinguido aroma, ese aroma que podía reconocerlo en cualquier otro lugar, lo había dejado inquieto y no provenía de Bernard. Sam caminó por entre los pasillos de la gran mansión de su amigo buscando eso que lo estaba atrayendo de una manera preocupante. Cruzó, a lo que parecía ser la segunda sala, y allí no estaba lo que buscaba así que siguió su camino hasta que llegó a la cocina. Allí se detuvo en seco porque lo que tanto lo atraía allí se hizo más fuerte. Allí había una chica con el cabello anaranjado llegando

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