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89: La Confrontación de Sebastián

Autor: D. Meiler
last update Data de publicação: 2026-01-20 14:40:24

(Narrado por Valeria)

Sebastián irrumpió en el apartamento como un huracán. La puerta se cerró de golpe a sus espaldas. Yo estaba en el sofá, con el portátil sobre las piernas y una taza de té frío al lado. Ni siquiera levanté la vista.

—¿Sabes lo que acabo de tener que hacer? —dijo su voz, cortante como un cristal roto.

—Supongo que algo aburrido y legal —respondí, haciendo clic en un archivo—. ¿Firmar documentos en triplicado? ¿Amenazar a un pobre diablo con una demanda?

—Acabo de sobornar a
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  • Juegos de Mentiras: Seduciendo al Tío de mi Ex   Epílogo: Herederos

    Tres años después.El jardín era un caos de colores. Flores que yo había plantado, árboles que Gael había elegido, y un pequeño torbellino de tres años que corría de un lado a otro como si el mundo fuera suyo.—¡Mateo! —gritó Gael, persiguiéndolo—. ¡No corras tanto, te vas a caer!—¡No me caigo, papi! —respondió el niño, con esa seguridad absurda que solo tienen los niños así de pequeños.Lo vi tropezar con una raíz, tambalearse un segundo, y luego seguir corriendo como si nada. Gael lo alcanzó, lo levantó en el aire y lo hizo girar. La risa de Mateo llenó todo el jardín, una risa limpia, sin miedo, sin sombras.Yo los miraba desde el porche, con una taza de café en las manos y una sonrisa que no se me borraba.Tres años.Tres años desde el juicio, desde la caída de Aldrick y Damián, desde que decidimos que el apellido Hendrix sería lo que nosotros quisiéramos que fuera. Tres años de paz. De verdad. De esa paz que creímos imposible.Víctor seguía en la cárcel. Le escribíamos de vez en

  • Juegos de Mentiras: Seduciendo al Tío de mi Ex   140: La Carta de Helena

    Salir del hospital con Mateo en brazos fue la experiencia más aterradora y maravillosa de mi vida.Cada paso que daba hacia la puerta sentía que el mundo se volvía más real. Ya no era solo yo. Ya no era solo Gael y yo. Éramos tres. Una familia. Y ese pequeño bulto que pesaba apenas unos kilos era el centro de todo.Gael caminaba a mi lado, con una mano en la espalda, protegiéndonos sin tocarnos, como hacía siempre. Pero sus ojos no estaban en la salida ni en los periodistas que aún merodeaban. Estaban en Mateo. Siempre en Mateo.—¿Lista? —preguntó.—No. Pero vamos igual.El coche nos esperaba. Un coche negro, blindado, con conductor. Porque aunque la guerra había terminado, Gael no iba a arriesgarse. No con nosotros.El viaje a casa fue corto, pero a mí se me hizo eterno. No podía dejar de mirar a Mateo. Sus pequeños dedos, sus ojos cerrados, la forma en que respiraba. Tan frágil. Tan perfecto.Cuando llegamos a la mansión —porque sí, seguía siendo una mansión, por más que intentáramo

  • Juegos de Mentiras: Seduciendo al Tío de mi Ex   139: El Comienzo

    Regresar a casa después del juicio fue como volver a la vida después de una larga enfermedad. Todo estaba igual. Las mismas paredes, las mismas ventanas, el mismo jardín donde tantas veces había paseado con la mano en el vientre. Pero todo se sentía diferente. Más ligero. Como si el aire hubiera dejado de pesar. Los primeros días los pasamos en silencio. No un silencio incómodo, sino el de dos personas que finalmente pueden respirar después de meses bajo el agua. Gael trabajaba menos. Se quedaba conmigo, me traía frutas, apoyaba la cabeza en mi vientre y le hablaba al bebé. —Ya era hora —dijo una mañana, mientras desayunábamos—. De que hagamos cosas normales. —¿Como qué? —Como averiguar si vamos a tener un hijo o una hija. Sonreí. Habíamos pospuesto tanto ese momento que casi me había olvidado de que existía. --- La cita fue una semana después. La habitación del ultrasonido era pequeña, cálida, con una camilla y una pantalla enorme donde pronto aparecería la imagen más import

  • Juegos de Mentiras: Seduciendo al Tío de mi Ex   138: El Juicio

    El día del juicio amaneció gris, como si el cielo también supiera lo que estaba en juego.Vestí con cuidado, con una blusa holgada que dejaba ver mi vientre de casi siete meses. Gael me esperaba en la puerta, impecable en su traje oscuro, pero con esa tensión en la mandíbula que ya conocía tan bien.—¿Lista? —preguntó.—No. Pero vamos igual.El juzgado era un monstruo de piedra y cristal. Los periodistas nos acosaron en la entrada, con sus cámaras y sus preguntas, pero los guardias nos abrieron paso. Dentro, el ambiente era aún más pesado. Madera oscura, bancos duros, y al fondo, el estrado donde se decidiría el destino de Víctor.Lo vi cuando entró.Víctor llevaba un traje gris, demasiado grande para él, y las esposas en las muñecas. Pero no parecía derrotado. Sus ojos buscaron a la audiencia hasta encontrarnos, y cuando lo hizo, asintió una vez. Solo una.Gracias por venir, decía ese gesto.---El juicio duró tres días.Tres días de testimonios, pruebas, acusaciones. El fiscal, un h

  • Juegos de Mentiras: Seduciendo al Tío de mi Ex   137: La Verdad de Gael

    El mapa estaba desplegado sobre la mesa, pero yo no miraba el mapa. Miraba a Gael.Había algo en su expresión que no me gustaba. Algo en la forma en que señalaba puntos en el papel, en cómo sus ojos se desviaban cuando yo me acercaba demasiado. Llevaba días así, desde que planeamos lo de Víctor. Pero esta noche era diferente. Esta noche había algo más.Esperé a que Sebastián se fuera. Esperé a que Valeria subiera a dormir. Luego me senté frente a él, en la mesa de la cocina, y lo miré sin decir nada.—¿Qué pasa? —preguntó, pero su voz sonó demasiado casual.—Tú dime qué pasa.Gael sostuvo mi mirada. Por un momento, vi la lucha en sus ojos. Al final supo que mentirme no era la más sabia opción.—Hay algo que no te he contado —dijo al fin.—Lo sé.—Del plan. Del plan B.Asentí. Esperando.Gael respiró hondo. Pasó una mano por su cara, ese gesto que hacía cuando las palabras no salían.—Si el recurso de Sebastián falla, si el juez no libera a Víctor, Willson va a mover ficha. Tiene gente

  • Juegos de Mentiras: Seduciendo al Tío de mi Ex   136: La Operación

    Las cuarenta y ocho horas siguientes fueron un infierno.Víctor estaba en una celda, solo, incomunicado. Los cargos en su contra crecían cada día: asesinato, asociación ilícita, conspiración. Willson había hecho bien su trabajo. La prensa lo había convertido en el villano perfecto. El hombre que mataba testigos para proteger a los verdaderos criminales.La ironía no se me escapaba.En casa, el ambiente era de guerra. Sebastián no dormía, revisando códigos, preparando recursos, buscando cualquier resquicio legal que pudiera sacar a Víctor de allí. Valeria movía sus contactos en la prensa, intentando contrarrestar la narrativa de Willson. Gael hablaba por teléfono a todas horas, con abogados, con jueces, con cualquiera que pudiera ayudarnos.Y yo... yo estaba en medio, con una mano en el vientre y la cabeza a mil revoluciones.—El recurso está casi listo —dijo Sebastián una tarde, dejando un montón de papeles sobre la mesa—. Es una maniobra arriesgada, pero puede funcionar. Argumentamos

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