FAZER LOGIN—¿Tristán? —susurró Giovanni, con la respiración entrecortada.El aliento del hombre le rozaba la frente, cálido. Al darse cuenta de lo excesivamente cerca que estaban en un lugar público, el instinto de Giovanni se activó de inmediato. Giró la cabeza por reflejo hacia ambos lados, examinando el pasillo con una mirada inquieta. Si algún invitado o empleado los veía en aquella posición, el escándalo de su matrimonio secreto podría estallar en cualquier momento.Tristán soltó un resoplido grave. Sus ojos penetrantes descifraron aquella inquietud en cuestión de segundos.—Tranquila —dijo Tristán con una voz fría y distante, sin elevar el tono—. Este lugar está cerrado durante la subasta. Nadie puede vernos aquí.Al escuchar aquella aclaración, Giovanni exhaló un largo suspiro. La tensión en sus hombros disminuyó ligeramente, pero no bajó la guardia. Enderezó la espalda y sostuvo la mirada de los oscuros ojos de su esposo.—¿Qué pretendes con esto, Tristán? —preguntó Giovanni con tono ine
Sus miradas se encontraron y, por un instante, el tiempo pareció detenerse entre ambos. Una sensación de incomodidad recorrió de inmediato la nuca de Giovanni. Se negó a ser quien pareciera culpable o intimidada, así que rompió el contacto visual por iniciativa propia y desvió la mirada hacia el escenario.En ese momento, el personal de la subasta acababa de sacar un estuche de terciopelo negro grabado con el emblema de la casa de subastas real. En cuanto levantaron la tapa, el deslumbrante brillo de un collar de platino engastado con un zafiro azul en forma de lágrima, rodeado por un círculo de diamantes auténticos, captó de inmediato la atención de todos los invitados.—Distinguidos asistentes, el siguiente artículo es L’Éternité Bleue —anunció el subastador con voz resonante—. Una obra maestra de finales del siglo XIX, diseñada especialmente por un noble francés para el amor de su vida. El zafiro azul del centro simboliza una promesa de lealtad eterna y una devoción del alma que ja
El golpe del mazo del subastador en el podio principal resonó por todo el salón, anunciando el inicio de la subasta benéfica de aquella noche. El ambiente quedó en silencio al instante. Cientos de miradas se dirigieron hacia el frente, observando las obras de arte clásico y las valiosas joyas que comenzaron a exhibirse una tras otra.Tristán permanecía sentado con la espalda recta. De vez en cuando, tamborileaba tranquilamente los dedos sobre su muslo, pero sus ojos penetrantes no se apartaban del catálogo de la subasta que tenía sobre la mesa. A su lado, Mireia sonreía con entusiasmo, ocupada en señalar algunas de las obras pictóricas con los ojos brillantes. Incluso le preguntaba de vez en cuando a Tristán cuáles pensaba comprar.Sin embargo, Giovanni no mostraba el menor interés. Su mirada recorría los alrededores del salón, observando las filas de mesas situadas a ambos lados.El corazón le latía con una mezcla de emoción y esperanza. Giovanni examinó uno por uno a los invitados v
Giovanni levantó la cabeza de inmediato. Un dolor punzante le atravesó el pecho mientras miraba el rostro de su esposo. La respuesta de Tristán había sido tan ambigua que dejaba abiertas todas las posibilidades, manteniendo deliberadamente la situación en la incertidumbre. El hombre no había pronunciado explícitamente la palabra «soltero», pero su tono de voz había desdibujado el vínculo de tres años que los unía. Al escuchar aquella respuesta, Enzo soltó una risa sonora para evitar que el ambiente se volviera incómodo. —Resulta que mi suposición era correcta —comentó Enzo, mirando a Tristán con una expresión divertida—. Un hombre tan distinguido, exitoso y atractivo como usted sigue estando solo. En un país tan grande como este, con la influencia de la familia Lozano... ¿de verdad no ha habido ninguna mujer capaz de llamar su atención hasta ahora? Giovanni contuvo la respiración y bajó la mirada hacia la superficie de la mesa, con los dedos entrelazados sobre su regazo. —No. Para
En la mesa redonda VIP número ocho, situada en la primera fila y orientada hacia el majestuoso escenario principal de la subasta, Enzo ayudó a retirar la silla para Giovanni. La mujer se sentó con cierta incomodidad y asintió brevemente a modo de agradecimiento.Mientras tanto, Tristán y Mireia estaban sentados frente a ellos. El hombre también hizo lo mismo por Mireia.La mirada de Giovanni recorrió fugazmente a las mujeres de la alta sociedad que ocupaban las mesas cercanas. Todas lucían deslumbrantes con sus vestidos de última colección, los hombros tersos adornados con diamantes auténticos, esmeraldas colombianas y perlas de los Mares del Sur cuyo valor ascendía a cientos de miles e incluso millones de euros.Ella, en cambio, solo llevaba un vestido sencillo y viejo, sin una sola joya en el cuello ni en las muñecas.Su aspecto era muy diferente al de aquellas mujeres. Estaba completamente fuera de lugar, como una extraña en medio de un océano de lujo. Sin embargo, Giovanni mantuvo
—Señorita, ¿se encuentra bien?Aquella voz grave y profunda resonó en tono bajo, rompiendo el pánico que por un instante había invadido la mente de Giovanni. Ella parpadeó y sus ojos quedaron fijos en los de un hombre que se encontraba a escasos centímetros de su rostro.El hombre también se quedó inmóvil por un momento, observando a Giovanni. Incluso los latidos de su corazón parecían resonar con fuerza en su pecho.Sin embargo, aquel silencio se vio interrumpido por el sonido de unos tacones altos y una voz demasiado familiar.—Dios mío, ¿qué está pasando aquí? ¡Hay mucho alboroto!Giovanni se sobresaltó. Por puro reflejo, retrocedió un paso y apartó la mano del hombro del hombre, mientras intentaba recuperar el equilibrio y colocar los pies correctamente.El hombre retiró la mano con un movimiento elegante, volvió a introducirla en el bolsillo de su pantalón de vestir y asintió con comprensión.Junto a la entrada principal, Mireia se encontraba de pie con elegancia, luciendo un des







