INICIAR SESIÓNY los Antiguos tienen al horrible e informe Azathoth por Su Dueño y esperan con
El en la negra caverna donde roe vorazmente en el caos final en medio del loco
batir de recónditos tambores, del discordante sonido de horribles flautas y de
incesantes bramidos de ciegos dioses idiotas que andan arrastrando los pies y
gesticulan por siempre más sin propósito alguno. El alma de Azathoth mora en
XMe encontraba en labor de parto en el Hospital General en México. Mi enorme vientre me estorbaba la vista al encontrarme acostada boca arriba con los médicos atendiéndome.—¿Dónde está el padre? –me preguntó uno de los doctores.—Es un demonio –dije— es un demonio...Una de las enfermeros dispersó un alarido desesperado que me alertó. Cuando fui capaz de comprender la causa de su pánico, mi espalda se heló de la impresión. De mi útero emergió un tentáculo leproso y pulsátil que aferró el cuello de uno de los médicos. Rápidamente, decenas de tentáculos repugnantes similares emergieron de mi vagina desangrándome dolorosamente en lo que se trataba de un parto demoniaco.—¡NO! –grité desoladora al salir de la pesadilla.
VIIIDesperté de mi sueño, aunque nuevamente fue sin sobresalto. La oscuridad era rota por pequeños ases de luz que penetraban por los ventanales de la habitación. A mi lado, durmiendo sobre una colchoneta en el suelo, se encontraba Drej.Sentí una maligna presencia en la habitación y un frío escalofriante. Intenté despertar a Drej pero algo me impedía articular palabra. Es entonces que las cobijas se remueven de encima mío por manos invisibles e intento moverme pero tengo el cuerpo paralizado.Traté de mover mis manos pero éstas fueron súbitamente colocadas contra el colchón por dedos frígidos como el hielo que aferraron mis antebrazos. Incapaz como estaba de contemplar ningún atacante y aún sin poder articular palabra, pude sentir la respiración helada y fétida sobre mi rostro que susurraba lascivamente:
VIDrej despertó siendo torturada por Ana Chang en una extraña bodega abandonada y en medio de las tinieblas de la noche. Drej fue despojada de su chaqueta negra característica, por lo que quedó vestida sólo con su camiseta blanca sin mangas y su pantalón de cuero. Estaba encadenada en el mismo cepo metálico y extraño en que estaba la joven víctima de Chang en el Olympus y le habían colocado la misma mordaza.Drej sentía un tremendo dolor en sus músculos, especialmente en la espalda y las piernas invadidas de calambres. Seguramente llevaba varias horas en esa posición dolorosa y humillante. Adicionalmente, Chang había comenzado a flagelarle la espalda, aunque no con un látigo sino con un azote para caballos.—Te preguntabas que me pedía Damon que hiciera –dijo Chang. –Pues le encantaba que yo torturara a sus ví
IVTras la desaparición de Lía Isabel comenzaron extensas pesquisas policiales así como de la seguridad privada. Drej, como la detective encargada del caso a nivel de Interpol, comenzó a interrogar a algunos de los conocidos de la celebridad.Viajó a Estados Unidos, la tierra natal de Lía Isabel aunque ella era de origen latino, y entrevistó a la familia de la cantante (su tercer esposo, un actor de Hollywood y sus dos hijos, un huérfano africano adoptado y una niña que era su hija biológica), así como a su representante y su asistente, entre otros. Al no obtener nada nuevo, decidió entrevistar a un antiguo amigo de la cantante, el productor discográfico, Marvin Livingston.—Lía siempre ha sido una persona polémica –dijo Marvin— comenzó su carrera hace cerca de 20 años y desde joven fue muy hermosa. A pesar de
En este árido desierto de acero y piedra yo alzo mi voz para ser escuchada. Hacia el este y el oeste asiento con mi cabeza al norte y el sur hago la señal proclamando: ¡Muerte al débil, Riqueza al fuerte! Me desligo de todo convencionalismo que no apunte a mi prosperidad y felicidad terrena. Las mentiras populares han sido los más potentes enemigos de la libertad personal. Hay una sola manera de tratar con ellas. Cortarlas, desde la raíz y rama. Aniquilarlas o harán lo propio con nosotros. La Biblia Satánica, el Libro de Satán.INorte de México, hace 15 años.Bajo el ardiente sol y el árido aire del desierto mexicano, Samael Valerio caminaba junto a un aguerrido equipo especial de agentes policiales de la Secció
XVIII Lamarche y sus secuaces llegaron hasta un enorme templo, de una antigüedad por mucho antediluviana, situado en lo profundo del corazón de Shambhala. Hu los acompañaba junto a tres soldados chinos que aun le eran leales, pero caminaba con dificultad cubriéndose una herida estomacal. Al adentrarse en el salón principal del enorme y ominoso templo, contemplaron una larga hilera de gigantescas figuras humanas que custodiaban el lugar. Se trataba de enormes hombres y mujeres de hasta cinco y seis metros de altura, con las demás medidas proporcionales. —¿Qué son éstas estatuas tan grandes? –preguntó Cobra. —No son estatuas –corrigió Lamarche— son momias. —¿Cómo? –preguntó Douglas. —Son momias de gigantes antediluvianos. Todas las culturas recuerdan la existencia de los gigantes y como éstos fueron destruidos por fuerzas divinas en tiempos previos al diluvio. La mitología nórdica habla claramente de ellos, así como







