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Autor: Aragones
last update Fecha de publicación: 2024-07-11 09:21:48

El cuerpo de Eirik se veía rojo por las quemaduras. Él estaba dormido, parecía muerto. Lo único que me tranquilizaba era ver su pecho subir y bajar. Me acerqué a él y lo toqué; estaba ardiendo en fiebre. ¿Qué carajo había pasado en realidad en ese lugar? Los recuerdos que tenía eran bastante borrosos.

— Por favor, despierta —le pedí.

Estábamos demasiado lejos como para ir y pedir ayuda, y tampoco lo podía dejar aquí así; él estaba mal y todo era culpa mía. Empecé a llorar mientras lo miraba ten
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evy pal
Pobre Tiana .......
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  • LA REBELDE PRISIONERA DEL CRUEL ALFA   Próximamente...

    Odiaba las sesiones de fotos al aire libre, especialmente cuando se llevaban a cabo en bosques. Los zancudos y otros insectos eran repugnantes, y me hacían sentir incómoda. Mi asistente y yo íbamos rumbo a la ubicación en su coche, ya que el mío se había descompuesto hace un par de días.—Después de esto, quiero darme un descanso —le dije a mi asistente. Ella solo asintió con la cabeza, sin hacer comentarios.Como modelo bastante famosa, todas las marcas querían tenerme como imagen de sus productos, y me encantaba. Nací para ser el centro de atención, pero eso no significaba que disfrutara de los ambientes como este.Miré por la ventanilla y observé cómo nos alejábamos cada vez más de la ciudad. Ahora solo se veían árboles y más árboles.—¿El lugar es muy lejos? —le pregunté, con una nota de impaciencia en mi voz.Ella me miró y, aunque no lo dijo, pude notar lo molesta que estaba. Me encantaba molestarla.—Solo son un par de metros. Ya todos están listos, solo faltamos nosotras —me di

  • LA REBELDE PRISIONERA DEL CRUEL ALFA   106 Fin

    Los niños amaron a la pequeña Helene desde el primer momento. Ella era perfecta, una bebé enorme y saludable. Kieran y Viggo estaban de pie junto a su cuna, observándola con fascinación y asombro. Los ojos de ambos brillaban con curiosidad.Viggo, que siempre tenía una expresión tranquila y serena, volteó a verme y me sonrió. Él se parecía tanto a su padre, pero sus ojos transmitían una paz que solo él tenía. Era un niño muy dulce.—¿Puedo cargarla? —me preguntó con su voz suave, casi como si temiera perturbar el sueño de su hermana.Antes de que pudiera responder, Kieran corrió hacia mí, moviendo la cabeza con fuerza.—Madre, no, ella aún está muy pequeña —dijo, con una preocupación que me hizo sonreír. A pesar de su corta edad, Kieran ya mostraba un instinto protector.Me acerqué a la cuna, recogí a la pequeña Helene con delicadeza y me senté en la cama con ella en brazos, invitando a los dos a acercarse. Ambos se aproximaron lentamente, con ojos llenos de expectativa.—Ustedes tiene

  • LA REBELDE PRISIONERA DEL CRUEL ALFA   105

    Me levanté con la sensación de que hoy era el día. Mi corazón latía con fuerza, me sentía tan emocionada por al fin conocer a mi hija. Este momento lo había imaginado muchas noches. Miré a Eirik, que dormía plácidamente a mi lado, y lo estrujé un poco para que se despertara, mientras una suave sonrisa aparecía en mi rostro. Él se levantó de un salto de la cama, todavía medio adormilado, pero alerta.—¿Qué pasó? —me preguntó, alerta.—Va a nacer —le dije con una sonrisa que no podía esconder. Me sentía maravillada por lo que pasaría el día de hoy.Eirik asintió con la cabeza. Se veía desorientado, y sabía que aún no había procesado del todo lo que le había dicho. Poco a poco, sus ojos se fueron abriendo para después mirarme con preocupación.—¿Ya? —preguntó.Asentí con la cabeza mientras sonreía.—Llévame al lago más cercano —le pedí, mientras acariciaba mi vientre, sintiendo los pequeños movimientos de nuestra hija. Sabía que sería un lugar especial para recibirla.Eirik no lo dudó. S

  • LA REBELDE PRISIONERA DEL CRUEL ALFA   104

    El momento de partir había llegado. Los niños y yo nos despedimos de todos, dejando atrás todo aquello que nos hizo daño, pero que al mismo tiempo nos volvió más fuertes.Ya en el barco, observé el lugar por última vez. No sentía ningún apego por estas tierras, ya que habían sido testigo de demasiadas muertes, sangre y horrores.—¿En qué piensas? —preguntó Eirik detrás de mí, su voz suave pero curiosa.Me di la vuelta lentamente y lo miré a los ojos.—En que no extrañaré este lugar para nada —le respondí con una ligera sonrisa.Eirik se acercó a mí, tomó mi cintura con firmeza y me atrajo hacia él. Su calor siempre me reconfortaba, incluso en los momentos más difíciles.—No puedo decir lo mismo — susurró con un tono serio —. No te lo había dicho, pero cada año debo volver y reunirme con los otros líderes. Tenemos que asegurarnos de que nada malo vuelva a suceder.Mis ojos se entrecerraron por un momento. Odiaba la idea de que él regresara a este lugar maldito, pero sabía que este era

  • LA REBELDE PRISIONERA DEL CRUEL ALFA   103

    Semanas después.Graham y Eirik se encargaron de aquellos soldados que seguían a Gytha. No los mataron, pero sí los forzaron a confinarse en una pequeña región de Inglaterra, donde estarán bajo estricta vigilancia. Cada uno de sus movimientos será observado, sin posibilidad alguna de escapar. Los hombres que los vigilaban era exelentes soldados, asi que seria muy difícil que alguno de ellos pudiese escapar, y si alguien lo intentaba, todos serian masacrados.Las mujeres y niños que habían sido raptados por orden de Gytha y que aun no habían sido convertidas en esas cosas, fueron finalmente liberados. Poco a poco, el caos que ella había sembrado comenzaba a extinguirse, como brasas que se apagan lentamente. Sin embargo, Eirik aún se culpaba por lo sucedido, y quizás jamás deje de hacerlo. Tendrá que aprender a vivir con esa pesada carga sobre sus hombros.Eirik y algunos de los soldados ya estaban empacando sus pertenencias para emprender el regreso. Aquellos que permanecerían en este

  • LA REBELDE PRISIONERA DEL CRUEL ALFA   102

    Cabalgamos durante casi un día entero, hasta que finalmente llegamos a una fortaleza. Eirik me ayudó a bajar del caballo, y con pasos temblorosos pero decididos, seguí a Graham hacia el interior del lugar. Dentro de la fortaleza, vi a muchas mujeres y niños, pero lo que realmente capturó mi atención fueron mis dos pequeños, Kieran y Viggo, que estaban jugando felices a lo lejos.Mi corazón latía con tanta intensidad que sentía que podía salirse de mi pecho. Con lágrimas tibias cayendo por mis mejillas, me acerqué a ellos lentamente, cada paso llenándome de una mezcla de alivio y alegría. Finalmente, llegué a donde estaban.—Kieran, Viggo —los llamé con la voz agotada pero llena de emoción.Ambos voltearon a mirarme y, al reconocerme, se levantaron de un salto y corrieron hacia mí. Abrí los brazos y, al sentir sus pequeños cuerpos abrazándome, la felicidad se desbordó. Lloré al tenerlos por fin conmigo, sin miedo a que algo malo les pudiera pasar.Eirik se acercó y, en un gesto de ternu

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