FAZER LOGINCapítulo 2: La trampa.
Después de que Cassian se fuera, Daisy entró al despacho detrás de su padre. No hubo palabras de afecto ni preguntas sobre su vida; fueron directo al grano, como dos extraños cerrando un trato de negocios.
Richard sacó su chequera con una lentitud exasperante.
—¿Cuánto necesitas? —preguntó, sin siquiera mirarla a los ojos.
—El riñón y la cirugía cuestan al menos doscientos mil dólares, sin contar el tratamiento posterior —respondió Daisy con amargura, apretando el bolso contra su pecho—. Págale a la mujer que te lo dio todo.
Richard soltó un suspiro de resignación, como si le estuvieran pidiendo una limosna molesta. Firmó un cheque por trescientos mil dólares y se lo extendió con dos dedos como si fuera un hombre generoso.
—Esto debería ser suficiente. La empresa ha tenido problemas y yo también ando corto de fondos —mintió —. En el futuro, no te aparezcas por aquí y menos por la casa; sabes que mi esposa no aprecia tu presencia.
Daisy le arrebató el cheque de las manos, sintiendo la humillacion taladrandola, pero su madre necesitaba ese dinero.
—¡Te lo voy a pagar! —declaró con la barbilla en alto, antes de dar media vuelta y abandonar aquel lugar y a aquel hombre que, por desgracia, llevaba su sangre.
Apenas diez minutos después de su partida, el teléfono personal de Richard vibró.
—¿Hola?
—Señor Town —una voz profunda y serena sonó al otro lado.
—¡Señor Roth! —Richard se puso de pie por instinto, rompiendo en un sudor frío como si el hombre estuviera allí mismo.
Cassian Roth era un magnate heredero y actual soberano del mercado tecnológico en Manhattan; su nombre inspiraba un respeto que bordeaba el temor, porque desde su penthouse de tres pisos en la Torre Central Park, controlaba flujos de capital que podían estabilizar o hundir economías emergentes antes del café de la mañana.
Y Richard necesitaba tenerlo de su lado.
—Señor Town, ¿realmente tiene tanto interés en firmar ese contrato conmigo? —preguntó Cassian en un tono casual, mientras su mente hacía cálculo.
—¡Por supuesto que sí! —admitió Richard.
Su empresa necesitaba crecer más, y hacer una fusión con Cassian Roth era su sueño.
—Entonces, cenemos esta noche para discutir los detalles.
Richard se quedó sin palabras. Hoy mismo, cuando se reunieron, el magnate se había negado rotundamente. ¿A qué se debía el cambio de opinión?
—Sí, sí. Por supuesto.
Al otro lado se escuchó una breve risa y Cassian cambió de tema con la precisión de un cirujano.
—Ahora… me quedé pensando en el problema de su hija llamada Daisy.
Richard se congeló y el juego quedó claro en un instante. Cassian ya le había puesto el ojo, el hombre más poderoso de la ciudad se había interesado en su hija.
—Le pido disculpas. Daisy es joven—respondió Richard con voz temblorosa—. Pero… le aseguro que…
—Tráigala con usted esta noche —dijo Cassian y no era una invitación, era una orden—. Me pareció... interesante.
Richard vaciló.
Sabía perfectamente lo que significaba el "interés" de un hombre como Cassian. De hecho, había intentado presentarle a su otra hija, Tiffany, pero él no le había dedicado ni una mirada.
¿Quién diría que pondría sus ojos en la hija que se esforzaba por mantener en las sombras?
Sin embargo, la ambición devoró a la culpa.
Si su hija Daisy era el sacrificio que así sea. Razón por la que después de colgar, llamó de inmediato al banco y dio una orden clara: cancelar el cheque que acababa de entregar.
Mientras tanto, Daisy esperaba en la fila del banco con el corazón latiendo de esperanza, pero al llegar a la ventanilla, el cajero le devolvió el cheque.
—Lo siento, señorita. Este cheque no tiene fondos.
Daisy quedó petrificada.
—¿Qué? Pero… ¿Cómo? Si hace un momento…
—Lo siento, señorita —dijo el hombre del banco—. Siguiente, por favor.
El mundo de Daisy se detuvo; su madre necesitaba ese dinero y sus esperanzas de hace un momento, acababan de ser destruidas. Salió del banco y marcó el número con dedos temblorosos en su teléfono roto, la llamada se conectó al tercer tono.
—El cheque no es válido, Richard... —sollozó cuando él contestó.
—¿En serio? —su padre fingió una sorpresa indignada—. Debe haber un problema con la cuenta, te dije que mis finanzas están muy apretadas. Escucha, hagamos algo: cenemos juntos esta noche. Trae tu número de cuenta y allí mismo te haré la transferencia directa.
¡Mis queridas lectoras! 🥹✨Una vez más, llegamos al final de una hermosa historia de amor. Los hermanos Roth son sumamente especiales para mí, y de todo corazón espero que se queden guardados en sus corazones para siempre. 🫶🏼Gracias por acompañarme en cada capítulo, por vivir conmigo cada emoción y por darle tanto amor a esta historia. ¡No sería lo mismo sin ustedes! 😭🙏🏼Por cierto, aprovecho para aclarar una duda que me dejó una de ustedes: sobre el hospital donde dio a luz Daisy... Les cuento que en Estados Unidos muchos hospitales y centros de maternidad ofrecen suites de parto de lujo (luxury maternity suites). Están diseñadas para dar la máxima comodidad y permitir que toda la familia acompañe a la mamá en ese momento tan mágico.Y bueno, ¡recordemos que Cassian tiene dinero de sobra!El dinero que me falta a mí, jajaja. Ya aclarada la duda... les mando un abrazo gigante y las espero con los brazos abiertos en la historia de nuestro jeque bebé y, por supuesto, en la hist
Escena extra: Volando hacia el amanecerEn la cabina del jet privado de Roth's Business, el zumbido de los motores era un recordatorio constante de que, por fin, estaban lejos de todo. Valentín ocupaba el asiento del piloto. Llevaba las mangas de la camisa blanca remangadas y los auriculares puestos, gobernando los mandos con esa seguridad implacable que lo caracterizaba.A su lado, en el asiento del copiloto, Sofía lo observaba en silencio. Ese era, sin duda, su lugar favorito en el mundo: el único espacio donde la tierra y sus deudas quedaban atrás, donde las preocupaciones se diluían y solo existían ellos dos contra la inmensidad.Sintiendo la intensidad de su mirada, el giró la cabeza de reojo y arqueó una ceja, divertido.—¿Tengo algo en la cara o es que el uniforme me sienta demasiado bien?Sofía soltó una pequeña risa y apoyó la barbilla en la mano, sin dejar de mirarlo.—Un poco de ambas. Pero principalmente lo segundo.Valentín sonrió de lado, soltó los controles por un segund
Escena extra 8: El perdón de un hijoFrente a la imponente puerta de un departamento de lujo en el centro de Berlín, Cassian permanecía inmóvil, con las manos sepultadas en los bolsillos de su abrigo. Había volado desde Oklahoma en un impulso ciego, sin avisar, sin llamadas previas y, sobre todo, sin la menor preparación mental para lo que estaba a punto de hacer.Cuando finalmente se atrevió a levantar la mano y tocar, el eco del timbre pareció arrastrar segundos que se estiraron como horas.La espera terminó cuando la puerta se abrió lentamente, revelando a Regina Roth en el umbral. Llevaba el cabello recogido en un moño impecable, y su suéter de cachemira combinado con pantalones negros delataba esa sofisticación que siempre la había caracterizado.Se veía bien; el tiempo había dejado huellas en su rostro, pero conservaba su elegancia intacta. Sin embargo, al enfocar la mirada en el hombre que tenía enfrente, toda su postura rígida se desmoronó y sus ojos se abrieron con genuino aso
Escena extra: Redención y caídaEn la biblioteca de la reconstruida mansión Harrington, Steven sentado en su silla de ruedas frente a una gran tableta digital, vestía un suéter elegante, el ambiente a su alrededor era de absoluta calma.La pantalla se iluminó y apareció el rostro sonriente de Sofía junto a su bebé de cinco meses, quien balbuceaba frente a la cámara.Steven sonrió con los ojos iluminados de orgullo.—Hola, mi niña... hola, campeón.—Hola, papá. ¿Cómo estás?Steven asintió.—Bien. Muy bien.Nicolás balbuceó de nuevo y estiró la mano hacia la pantalla.Steven se rio.—Hola, pequeño. ¿Me extrañas?Sofía miró a su padre con ternura.—Siempre te extraña.—Y yo a él.Se quedaron en silencio por un momento.—Papá, quería felicitarte. —habló Sofía después de un tiempo—. Las decisiones que tomaste esta semana fueron excelentes, la aerolínea está funcionando mejor que nunca.Steven asintió.—Gracias, mi niña, hago lo que puedo.Sofía lo miró fijamente.—No. Haces más que eso. Ere
Escena extra: La felicidad en casaEn la habitación del bebé en la mansión de Oklahoma, un pequeño varón de un mes dormía plácidamente en su cuna. Sofía estaba sentada en una mecedora viéndolo, luciendo hermosa y recuperada.Valentín entró sigilosamente usando solo un pantalón de pijama, se acercó por detrás, la abrazó y luego llenó su cuello de besos lentos y posesivos.—Vas a despertarlo —dijo Sofía entre risas.Valentín murmuró contra su piel.—No lo voy a despertar, solo estoy saludando a mi esposa.—¿Saludando? ¿Así le llamas ahora?Valentín la giró en la mecedora y se arrodilló frente a ella.—¿Cómo te sientes?—Bien. Cansada, pero bien.Valentín asintió y miró hacia la cuna.—No puedo creer que ya pasó un mes.—Yo tampoco, pero aquí está nuestro bebé.Valentín la miró de nuevo.—¿Te arrepientes?Sofía frunció el ceño.—¿De qué?Valentín se encogió de hombros.—De todo. De casarte conmigo. De tener a nuestro hijo. De la aerolínea.Sofía negó con la cabeza y le acunó la cara.—No.
Escena extra: El nacimiento de la herederaEn la lujosa sala de espera de la clínica privada, el ambiente era de alta tensión. Valentín caminaba de un lado a otro. Sofía, con su vientre ya crecido, estaba sentada en el sofá, mientras que Renee y Esteban caminaban junto a Valentín.De repente, la puerta de la suite de parto se abrió. El doctor salió, pero no venía preocupado, venía aguantándose la risa.—¿Qué pasa? —preguntó Valentín de inmediato.El doctor negó con la cabeza, sonriendo.—Nada malo. Es solo que... su cuñada es... única.Desde adentro, la voz de Daisy resonó por todo el pasillo.—¡CASSIAN ROTH! ¡SI NO ME TRAES UNA HAMBURGUESA CON QUESO Y DOBLE RACION DE PAPAS AHORA MISMO, ME DIVORCIO!Valentín puso los ojos en blanco.—Por supuesto. Daisy siendo Daisy.Sofía lo miró con reproche.—Valentín.—¿Qué? Es la verdad, bebé. Espero que tú no te pongas así de histérica cuando llegue nuestro turno.Sofía frunció el ceño.—¿Histérica? Valentín, está dando a luz, entiéndela.Valentí







