INICIAR SESIÓNEmilyTres meses después, Nora seguía insistiendo en que aquellas habían sido las mejores vacaciones de su vida.Laura opinaba que eso demostraba que necesitaba terapia.—Nos secuestraron.—A ti durante aproximadamente treinta segundos.—Treinta segundos de más.—También bebimos muchísimo vino.Laura la miró.—Tu baremo para unas buenas vacaciones es preocupante.Estábamos sentadas en la terraza de la cabaña doce.La misma.El mismo lago.Pero nada era igual.Habíamos regresado juntas para pasar un fin de semana.Esta vez voluntariamente.Sofía apareció desde el sendero cargando una caja.—Maura manda pasteles.Nora se levantó.—Esa mujer es perfecta.Sofía había cumplido su promesa.Regresaba casi todos los meses.Había empezado a colaborar con una pequeña escuela cercana y se había hecho amiga de varias familias de Claro de Luna.Laura seguía diciendo que era la única persona sensata.También había regresado cuatro veces.Nadie se lo recordaba.Excepto yo.Constantemente.—No signif
EmilyNo sabía cuánto tiempo llevábamos caminando.Veinte minutos.Una hora.Quizá más.El humo de Lago Auralis había quedado atrás y el bosque se hacía cada vez más espeso.Silas caminaba delante.Dos hombres detrás de mí.Ninguno me tocaba.Había dejado claro lo que ocurriría si lo intentaban.No sabía exactamente qué haría.Pero mi loba sí.La sentía recorriendo mi cuerpo como una segunda respiración.Furiosa.Adam.—Lo sé.Silas miró por encima del hombro.—¿Hablas con ella?No respondí.Sonrió.—Evelyn tenía razón.El nombre volvió a helarme la sangre.—Está muerta.—No.—Maura dijo…—Maura vio un cuerpo.Silas apartó unas ramas.—No significa que fuera el suyo.Aquello parecía absurdo.Pero ya había aprendido que “absurdo” había dejado de tener utilidad en mi vida.Llegamos a una construcción escondida entre árboles.Una casa antigua.Piedra negra.Sin luces exteriores.Al entrar olí hierbas.Plata.Humo.Y algo que hizo que mi loba retrocediera dentro de mí.Peligro.—Por fin.
EmilyDuró exactamente cuatro horas.Cuatro horas de paz.Desayuné con Adam en su cocina.Volvimos a la cabaña doce.Laura me miró.Después miró a Adam.Después a mí.—No quiero saber nada.Nora apareció detrás.—Yo sí.—No.—Un poco.Sofía levantó ambas manos.—Yo apoyo el derecho de Emily a la intimidad.Nora la miró.—Traición.Me reí.Necesitaba aquello.Normalidad.Laura había preparado tortitas.Sofía había cortado fruta.Nora estaba comiendo chocolate directamente del paquete.Caleb apareció cinco minutos después.Ella le lanzó un trozo.Él lo atrapó con la boca.—Qué asco —dijo Laura.—Envidia —respondió Nora.—Absolutamente ninguna.Adam se sentó junto a mí.Su rodilla tocó la mía debajo de la mesa.Una corriente suave.La loba respondió inmediatamente.Nuestro.Bajé la mirada.Sonreí.—¿Otra vez? —murmuró Adam.Asentí.—Está contenta.—Mi lobo también.Nora nos miró.—¿Estáis hablando mentalmente?—Más o menos.—Eso es profundamente incómodo.Caleb sonrió.—Espera a tener ví
EmilyVolví a mi forma humana al amanecer.Y descubrí dos cosas.La primera: transformarse de vuelta dolía menos.La segunda: estaba completamente desnuda.—No mires.Adam soltó una carcajada.—Emily.—Adam.—Después de todo lo que hemos hecho, creo que esta preocupación llega un poco tarde.Le lancé una manta a la cara.Él la atrapó.—Dámela.—Ven a buscarla.Lo miré.Sonreía.Desgraciado.Estábamos en su cabaña.Habíamos regresado después de correr durante horas, agotados y eufóricos.Mi cuerpo dolía.Pero era un dolor extraño.Bueno.Como después de hacer ejercicio durante demasiado tiempo.Adam tenía únicamente unos pantalones deportivos.Yo intenté mantener la manta alrededor de mí.—No pienso perseguirte desnuda.—Podría ser divertido.—Podría matarte.—Ahora puedes intentarlo siendo loba.Me eché a reír.Adam dejó la manta sobre mis hombros.Después su humor desapareció.Sus manos permanecieron allí.—¿Cómo te sientes?Pensé.—Entera.La palabra salió sola.Sus ojos se suavizar
EmilyEsta noche.La voz de mi loba resonó dentro de mí.No como un pensamiento.Como una certeza.El dolor regresó.Más fuerte.Muchísimo más fuerte.Me doblé entre los brazos de Adam.—No puedo respirar.—Sí puedes.Su voz estaba junto a mi oído.Firme.—Mírame.Intenté hacerlo.Todo mi cuerpo ardía.Sentía la espalda como si algo intentara abrirme desde dentro. Las piernas me temblaban. El corazón golpeaba demasiado rápido.Maura se arrodilló delante de mí.—Emily, no luches contra ella.—¡No estoy luchando!—Sí.Me agarró las manos.—Has pasado veinte años viviendo dentro de un cuerpo humano. Tu instinto es sujetarlo.Otra oleada me atravesó.Grité.Adam me sostuvo con más fuerza.—Estoy aquí.Hundí los dedos en su camisa.—No te vayas.Sus ojos verdes se clavaron en los míos.—Ni aunque me lo ordenes.Algo dentro de mí respondió.Nuestro.La loba.Adam sintió el cambio.Lo vi.Sus pupilas se dilataron.—Ella está muy cerca.—Lo sé.La voz se me quebró.Rowan apareció frente a nos
EmilyTenía tres noches antes de la luna llena.Y alguien llevaba veinte años esperándolas.La lógica indicaba que debería estar aterrorizada.Lo estaba.Pero también estaba cansada.Cansada de reuniones.De libros antiguos.De gente explicándome que mi nacimiento había preocupado a personas que ni siquiera conocía.Por eso, cuando Laura apareció con una bolsa de comida y dijo:—Esta noche nadie habla de lobos durante dos horas.Acepté inmediatamente.—Te quiero.—Lo sé.Nora llegó detrás con tres botellas de vino.Sofía llevaba mantas.Caleb cargaba leña.Adam apareció con una caja de comida.Rowan se quedó a unos metros sin saber si estaba invitado.Lo miré.—Tú también.Parpadeó.—¿Yo?—Eres mi padre. Supuestamente estas cosas incluyen cenas incómodas.Una pequeña sonrisa apareció.—Puedo hacer cenas incómodas.Dorian apareció detrás.Lo miré.—No abuses.Adam soltó una carcajada.Finalmente terminamos casi todos alrededor de una enorme hoguera junto al lago.Incluso mi madre.Habí







