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capítulo 26

Autor: ABBYLU2025
last update Data de publicação: 2025-09-19 12:23:17
El ascensor subió lentamente, cargado de un silencio tenso que parecía morder la piel. Rebeca caminaba al lado de Dimitri, con el corazón acelerado y una extraña mezcla de emociones que no terminaba de ordenar. Todavía sentía en sus labios el beso de Giulio, la calidez de sus brazos rodeándola horas antes… y ahora, la mirada severa de Dimitri era un recordatorio de que nada en su vida era simple.

Cuando llegaron al piso de las suites privadas, Dimitri fue el primero en avanzar hacia la habitac
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Último capítulo

  • La Reina en Jake   Capítulo 45 — Ecos de sangre

    La noticia se propagó como fuego entre los clanes.El cuerpo de **Franco Romano** había sido hallado en una bodega del puerto, con un solo disparo en la cabeza.La policía, por supuesto, no tardó en archivar el caso como un “ajuste interno”, pero en el bajo mundo nadie se engañó.El mensaje era claro, brutal y perfectamente calculado.La heredera perdida de los Mancini había vuelto.Durante años, los rumores sobre la supervivencia de Isabella Mancini se habían considerado leyendas. Algunos la llamaban la sombra blanca, otros aseguraban que había muerto junto a su familia en el ataque que destruyó el imperio Mancini.Pero ahora, con el cadáver de Franco expuesto como advertencia, todos entendieron que el linaje Mancini no solo seguía vivo, sino que había reclamado venganza.En las reuniones de los clanes, los nombres Isabella Mancini y Giulio Romano comenzaron a pronunciarse con cautela.Nadie comprendía del todo qué tipo de relación los unía: unos hablaban de un pacto de poder, otros

  • La Reina en Jake   Capítulo 44— Sangre por sangre

    El viento del puerto soplaba cargado de sal y humedad, trayendo consigo el eco lejano de las olas rompiendo contra los muelles. Entre la neblina espesa, un auto negro se detuvo frente a una de las bodegas abandonadas del clan Romano. Nadie se atrevía a acercarse. Los hombres apostados en los alrededores sabían que aquel lugar no era escenario de negocios, sino de juicios.Giulio descendió primero. Su figura imponente, vestida con el clásico traje oscuro, se recortó contra el gris del amanecer. Detrás de él, Isabella emergió del vehículo. Vestía de negro, sin adornos, sin joyas. Solo un abrigo que se movía con el viento y una mirada que helaba hasta el acero. Había insistido en venir. No porque quisiera ver sufrir a Franco, sino porque necesitaba cerrar un ciclo.Giulio lo había entendido, aunque no lo dijera. Era su manera de devolverle el alma que él mismo le había enseñado a endurecer.Caminaron en silencio por el muelle hasta llegar a la entrada.

  • La Reina en Jake   Capítulo 43 – Hasta el fin del mundo

    El club ardía como si el infierno hubiera decidido abrir sus puertas esa madrugada. El fuego se extendía sin control, devorando lo que quedaba del imperio de Franco. Los gritos se mezclaban con el chisporroteo de las llamas, y el aire olía a metal, pólvora y venganza. Giulio salió de entre el humo con el paso lento, el cuerpo cubierto de sudor y sangre, la camisa destrozada y la mirada fija en ningún punto. A su alrededor, los hombres de su guardia despejaban la zona, apagando los últimos focos de fuego mientras el sonido de los disparos se apagaba en la distancia. No dijo una palabra. Solo respiraba hondo, conteniendo el temblor que le recorría los brazos. El peso de lo que había hecho —y de lo que había perdido— lo golpeaba con más fuerza que las heridas. Había enfrentado a su hermano. Había puesto fin a algo que llevaba años pudriéndose dentro de él. Y aun así, no sentía alivio. Solo vacío. Giró el rostro hacia el muelle, buscando el aire frío del amanecer.

  • La Reina en Jake   capítulo 42– Fuego entre hermanos

    Las explosiones comenzaron antes de que el sol terminara de alzarse.Las llamas se alzaban desde los depósitos del muelle, tiñendo de rojo el amanecer. Los disparos resonaban como tambores de guerra mientras los hombres de Giulio avanzaban entre el humo, cubriéndose tras los restos de los contenedores calcinados.Giulio caminaba entre ellos con paso firme, la mirada fija, el rostro endurecido por la rabia.Sabía que Franco estaba allí.Sabía que lo esperaba.Desde el primer disparo, entendió que su hermano había planeado esa trampa con la precisión de un relojero… pero esta vez, él no sería la presa.Franco conocía cada movimiento de Giulio… pero Giulio también conocía cada pensamiento de Franco.Eran gemelos. Dos caras del mismo pecado.La diferencia era que uno todavía recordaba lo que era tener alma.Isabella casi había muerto dos veces por culpa de Franco, y eso había sido suficiente para despertar algo que Giulio había jurado enterrar: su demonio.Organizó a sus hombres con frial

  • La Reina en Jake   capítulo 41— Sangre y Juramentos

    El sonido del motor se mezclaba con el crujido del metal bajo los neumáticos. Giulio no apartaba la vista del camino, con las manos firmes en el volante y el rostro tenso. Detrás de él, Giovanni presionaba el abdomen de Isabella para detener la hemorragia, mientras Dimitri hablaba por el auricular con los hombres de seguridad de la villa.—Preparen el quirófano, la llevamos de inmediato —ordenó Dimitri, la voz grave, urgente—. No podemos perder tiempo.—Entendido —respondió la voz al otro lado.Giulio apretó los dientes. No hablaba. Cada segundo que veía la sangre de Isabella empapar la tela lo hundía más en la culpa. Era su responsabilidad. Ella había ido tras Franco por él, y casi muere en el intento.Cuando por fin llegaron a la villa, los hombres ya los esperaban. En cuanto el vehículo se detuvo, Giulio bajó corriendo y la cargó en brazos. Su cuerpo pesaba menos de lo que recordaba, y esa fragilidad lo hizo sentir un vacío en el pecho.—Abran paso —gruñó, su voz ronca, autoritaria

  • La Reina en Jake   capítulo 40

    El muelle estaba en silencio, roto solo por el chirrido de las olas golpeando los barcos amarrados. La niebla cubría el lugar como un manto, espesando el aire y dificultando la visión. Giulio, Dimitri y Giovanni avanzaban con pasos decididos, atentos a cada sonido. La información era clara: Franco tenía a Isabella en una de las bodegas. Lo que no sabían era cuántos hombres lo acompañaban… o si ellos mismos no estaban caminando directo hacia una emboscada.—Mantengan los ojos abiertos —susurró Giulio, con la voz baja pero firme—. Esto no va a ser fácil.Los contenedores se alzaban a ambos lados, formando pasillos oscuros que parecían tragarse la luz. Al llegar al primer galpón, las luces parpadeantes apenas revelaban la escena: hombres armados aguardaban, listos para abrir fuego.De entre las sombras surgió Franco, con una sonrisa ladina y la pistola colgando del costado.—Vaya, Mancini —dijo con desdén—. Veo que todavía sabes llamar la atención. Pero no importa… esta noche tu apellido

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