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El último pago.

Penulis: LIZI TM
last update Tanggal publikasi: 2026-10-08 19:54:34

El martes por la mañana comenzó con el sonido mecánico y estridente del teléfono móvil. Kat, que con dificultad había pegado el ojo en la noche, deslizó el dedo por la pantalla al ver el número privado.

—Veo que eres una chica obediente, Kat —la voz de Valeria Santoro chorreaba una suficiencia insoportable—. He organizado una reunión para la celebración por la triple corona. Se llevará a cabo en el auditorio principal de Black Global. Lo único que tienes que hacer es asistir, sonreír ante los
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  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    El último pago.

    El martes por la mañana comenzó con el sonido mecánico y estridente del teléfono móvil. Kat, que con dificultad había pegado el ojo en la noche, deslizó el dedo por la pantalla al ver el número privado. —Veo que eres una chica obediente, Kat —la voz de Valeria Santoro chorreaba una suficiencia insoportable—. He organizado una reunión para la celebración por la triple corona. Se llevará a cabo en el auditorio principal de Black Global. Lo único que tienes que hacer es asistir, sonreír ante los inversionistas y actuar como la mustia que eres. —Está bien, pero antes cumple tu parte, Valeria —espetó Kat, apretando el auricular contra su oreja—. Exijo ver a mi hijo. Antes de esa reunión. Valeria soltó un suspiro de fastidio, pero su tono mantuvo esa superioridad sibilina. —Está bien, querida. No quiero que tu cara de mosca muerta arruine mi evento. Te enviaré un enlace para que puedas ver a tu bastardo a la hora que te plazca. Si no sigues mis órdenes al pie de la letra la transmis

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    Hombre responsable.

    Kat condujo hasta el lugar donde dejó a su amiga. En cuanto detuvo el vehículo, su socia subió apresuradamente al asiento del copiloto; el silencio del habitáculo se llenó al instante con la cruda realidad del terror. —¡¿Qué pasó, Kiki?! ¿Dónde está Leo? —preguntó Sara, con los ojos desorbitados por la angustia. Kat apretó el volante con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Las lágrimas, que había contenido a duras penas frente a los captores, comenzaron a descender como hilos de fuego por sus mejillas. —Es Valeria… —soltó con la voz rota—. Ella tiene a mi hijo. Lo tiene como garantía. No sé qué tiene planeado exactamente. —¡Dios mío! —Sara se llevó las manos a la cabeza, horrorizada—. Kiki, esto es un secuestro. Tenemos que llamar a la policía ahora mismo. O mejor… ¡llama a Sebastián! Él tiene que saberlo, es el padre de Leo, moverá cielo y tierra para… —¡No! —interrumpió Kat con un grito ahogado, deteniendo el impulso de su amiga—. No podemos decírselo a S

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    Tregua con el demonio.

    —Te diré exactamente lo que sucederá —sentenció Valeria, recostándose en el respaldo de la silla desgastada con una parsimonia maquiavélica—. Tu hijo se quedará como mi garantía. —Pero no en este lugar —espetó Kat con una rabia que apenas lograba contener—. Las condiciones de esta casa son deplorables. Mi hijo no se queda aquí. Valeria enarcó una ceja, midiendo a su rival con la mirada. Una sonrisa diminuta y torcida apareció en sus labios al ver que Kat, a pesar de tener la soga al cuello, demostraba ser digna de su malicia. —No creo que estés en condiciones de negociar, Kat. Pero está bien, soy una mujer razonable —cedió Valeria, cruzando las piernas—. Llevaré a tu hijo a otro lugar más cómodo. En cuanto a la niñera, también se quedará con él. El chofer puede irse. No me sirve de nada. —No lo creo conveniente —interrumpió Kat de inmediato, aguzando su instinto. Sabía que cualquier movimiento en falso provocaría que Valeria le hiciera daño a Leo, y no podía arriesgarse—. Ménd

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    El nido de la víbora.

    El timbre estridente del teléfono fijo rasgó el silencio de la madrugada como una navaja. Kat reaccionó al primer segundo. Descolgó el auricular con una fuerza que casi quiebra el plástico, pegándolo a su oído mientras Sara contenía el aliento a su lado. —¿Dónde está mi hijo? —soltó Kat, sin rodeos, con una voz de acero que camuflaba el terror de sus entrañas. Al otro lado de la línea, la voz que respondió fue gruesa, áspera y completamente desconocida. Un tono frío que denotaba que trataba con un profesional del crimen. —Escuche con atención, señora —soltó el hombre—. Tenemos al niño y a la niñera. Si quiere volver a verlos, va a venir sola a la dirección que le daré. Tienes cuarenta minutos. Si vemos una sola patrulla o si se le ocurre la estupidez de traer a alguien más, el trato se deshace. Y no le va a gustar el resultado. La línea se cortó justo después de dictar la ubicación, antes de que Kat pudiera articular palabra. Un segundo después, su móvil vibró en su mano con l

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    Hoja de tortura.

    —Kat, hija… Pensé que te seguirías quedando en la casa de campo —soltó Arthur Thorne al verla entrar, deteniéndose a mitad del salón con una copa de whisky en la mano. Kat se congeló un segundo, analizándolo con la mirada afilada leyendo cada detalle. Su padre la miraba con una mezcla de sorpresa y nerviosismo, pero no había rastro de malicia o culpa criminal en sus ojos gastados. «Él no sabe nada», dedujo de inmediato. Una extraña intuición le advirtió que lo mejor era mantenerlo completamente al margen de la situación; Arthur era un hombre ambicioso y manipulador y sería capaz de sacar provecho financiero de la desgracia. Conteniendo el asco y el pánico que le atenazaban la garganta, Kat prefirió desviar la atención hacia la decadencia que la rodeaba. —¿Podrías explicarme qué es todo esto? —cuestionó con una voz gélida, señalando el humo y las apuestas clandestinas. —Solo son unos amigos divirtiéndose, nada de qué preocuparse —soltó su padre, minimizando la situación mien

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    El rugido de una leona.

    —Solo es Sara… —espetó Kat con una calma sepulcral, forzando a su voz a no temblar mientras sostenía la mirada del hombre que sigue sinendo su mundo. Sebastián bajó la vista hacia la pantalla del móvil que retenía en su mano. El nombre de Sara parpadeaba de manera insistente. No había rastro de Alexander Santoro, ni de Erick, ni de ningún otro fantasma que sus celos enfermizos hubieran construido. Una punzada de autorreproche le cruzó el pecho. Con un movimiento mecánico, casi dócil, le tendió de nuevo el teléfono. En ese instante, un silencio de tumba los invadió a los dos, roto únicamente por el motor distante de los autos de lujo en el estacionamiento. Sebastián la miró fijamente, implorando en silencio verse reflejado en el cielo de sus ojos, buscando desesperadamente un atisbo de la Kiki que lo había amado sin condiciones. Pero Kat mantuvo las pupilas fijas en un punto neutro; no podía mirarlo, no se lo permitía. Sabía que si se hundía en el abismo de esos ojos oscuros, perde

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