LOGINAlex ya la esperaba allí, pacientemente recargado contra una columna de mármol con los brazos cruzados. Tenía su mirada miel fija en la figura de Kat en cuanto ella cruzó el umbral. La profunda tristeza reflejada en el color de sus ojos le mostró a Kat cuánto estaba sufriendo ese hombre en silencio y cuánto le dolía su constante indiferencia. Pero Kat sabía en su corazón que apartarlo era lo mejor para los dos; Alexander Santoro merecía a una mujer completa, una que pudiera entregarle un amor limpio, ya que ella no podía ofrecerle absolutamente nada de eso. Kateryn ya no era libre; toda ella, en cuerpo, alma y sangre, ya llevaba grabada de forma irrevocable la marca implacable de Sebastián Blackwood. —No sabes lo difícil que es verte del brazo de él —soltó Alex, dejando mostrar su dolor sin tapujos. Kat esquivó el sufrir de su mirada miel. No podía ceder por más que esa pequeña y latente atracción no se extinguiera dentro de ella. —Alex… —intentó hablar Kat, buscando una coartad
La defensa en el auditorio principal se ejecutó tal como lo habían previsto. Sebastián Blackwood y su equipo de diseño subieron al imponente escenario, donde la matemática del magnate, la audacia de Elena, las buenas técnicas de Marcos y el talento innato de Kateryn Thorne deslumbraron por completo al jurado internacional. Kat expuso las estructuras con un profesionalismo impecable, logrando camuflar el mareo de su embarazo ante las miradas fijas de los inversionistas. Al bajar de la tarima corporativa, los aplausos unánimes de la alta sociedad dejaron en claro que Black Global había colocado el estándar más alto de la competencia. La noche cayó de forma implacable sobre la ciudad, tiñendo el cielo de un azul fúnebre. A kilómetros de la opulencia de la gala, el escenario era distinto y el guion no era para nada tranquilo. El pequeño Leo jugaba en los juegos del parque, aprovechando la fresca brisa nocturna. —¡Leo! Es hora de irnos —anunció la niñera, incorporándose de la banca de
A kilómetros de la opulencia de la gala, ocultos tras el denso y espeso follaje que rodeaba los límites de la cabaña de campo, los dos hombres contratados por Valeria mantenían los ojos fijos en la propiedad. El motor del auto gris permanecía apagado en la penumbra del camino rural. A través de un par de binoculares, uno de los mercenarios ajustó el enfoque, capturando la silueta del pequeño Leo, quien corría felizmente persiguiendo una pelota en el jardín trasero bajo la atenta vigilancia de su niñera. —Ahí está el objetivo —siseó el hombre de la barba espesa, pasándole los binoculares a su cómplice—. Solo es un guardia. —No será problema —afirma el otro hombre. —Esperemos a que salgan a dar un paseo al parque. Mientras el peligro acecha al pequeño Leo, en el ala este del gran salón de eventos, la llegada imprevista de un grupo de inversionistas extranjeros e inspectores del jurado llegó para disipar la densa tensión que Erick había sembrado en el stand de Black Global. Ma
El murmullo de los cientos de invitados de la alta sociedad y el tintineo de los cubiertos de plata marcaron el inicio formal del banquete de apertura de la gala. Los meseros comenzaron a brindar los platillos del desayuno gourmet, sirviendo manjares de alta cocina que pretendían relajar las tensiones del gran día de la triple corona. A medida que los alimentos llegaban a la mesa de honor, la conversación comenzó a fluir de manera inevitable en torno a las proyecciones del mercado, los resultados de la corona y los proyectos de las firmas competidoras que amenazaban el reinado de Black Global. —El jurado está sumamente estricto en esta final, Sebastián —comentó don Mauricio, dando un sorbo a su café—, pero confío en que tu propuesta estructural no dejará margen de duda en la mesa de votaciones. —Nuestra firma hizo su mejor esfuerzo, señor Santoro —respondió Sebastián con una voz ronca y calculadora, manteniendo su impecable armadura. Sin embargo, detrás de su aparente frialdad
La mirada de doña Margarita destilaba un resentimiento que calaba hasta los huesos. Desafortunadamente para ambas, el rígido protocolo las obligaba a compartir la misma mesa VIP, donde también se encontraban sentados los padres de Valeria. Al escanear la distribución de los lugares, Kat pensó de inmediato que esa calculada jugada se debía a la sorpresa del embarazo que su rival planeaba soltar; e imaginó bien, pues Valeria no solo tenía planeado decírselo a Sebastián, sino anunciarlo oficialmente a toda la dinastía Santoro y los Blackwood en mitad de la gala. Kat tomó su asiento asignado en silencio. Notó de inmediato que a su lado izquierdo descansaba un lugar vacío, mientras que a su derecha se encontraba Beatriz, la hermana pequeña de Sebastián, quien de inmediato le dedicó una sonrisa sumamente dulce. La joven la recordaba de una forma distinta a las crueles descripciones que su madre Margarita hacía de ella a todas horas; para Beatriz, Kat seguía siendo la única mujer indicada
El viernes llegó con el sol colándose por el gran ventanal del penthouse, disipando las caricias y la tormenta que los tortura. Kateryn Thorne y Sebastián Blackwood se vistieron en un silencio sepulcral, cargado de una pesada melancolía. Con una falsa caballerosidad que intentaba camuflar el dolor de la inminente despedida, él se acercó para ayudarla a subir el cierre de su vestido azul perla, mientras ella, con manos trémulas, se estiró para ajustarle el nudo de la corbata de etiqueta, la misma prenda sastre que Valeria le había llevado el día anterior. El contacto físico los quemaba. Justo antes de Kateryn cruzara la puerta para salir del penthouse y darle fin al contrato, Sebastián la jaló con brusquedad de la mano, atrapándola por la cintura contra su pecho escultural. —¿Y si mejor nos quedamos aquí encerrados el resto del día? —sugirió el magnate en un siseo ronco, sus ojos negros invitados en un deseo primitivo. No quería que terminara. —No podemos hacer eso, Sebastián —resp







