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Olvidada

last update Fecha de publicación: 2026-07-29 18:24:34

Él me acaricia suavemente la espalda mientras estoy tumbada en la cama, abrazándome con fuerza. Sus labios descienden hasta el hueco de mi cuello mientras su mano sube y baja por mi muslo desnudo.

—Oh, Lucas…

—Quiero hacerte feliz, Dianna. Quiero darte un hijo.

Sus suaves labios continúan acariciando mi cuello, bajando hasta mi pecho.

—Eres tan hermosa, cariño.

Mi cuerpo se arquea cuando empiezo a sentirlo en mi intimidad.

—Me hace desearte aún más.

Mis dedos se clavan en sus hombros mientras su boca se presiona contra la mía con pasión. El corazón me late a toda velocidad y siento ganas de gritar de felicidad cuando me empuja de espaldas con un beso tan poderoso.

—Ohhh, L-Lucas…

Cierro los ojos y me muerdo el labio cuando siento su longitud.

Mi cuerpo tiembla mientras él continúa sus movimientos; sus labios no se separan de mi pecho. Intercambiamos besos calientes y gemidos profundos hasta que siento que el calor que proviene de él se apodera de todo mi ser.

—Mmm…

Abro los ojos lentamente debido a la fuerte luz del sol que entra por la ventana de nuestra habitación. Estiro los brazos.

—¿Cariño?

—¿L-Lucas?

Tanteo el lado de la cama donde estoy tumbada, pero cuando me doy la vuelta, Lucas ya no está y, como antes, se ha ido temprano al trabajo otra vez.

Me levanto de la cama. Puedo sentir que mi interior está húmedo. Me golpeo la frente y respiro hondo al darme cuenta de que todo había sido solo un sueño.

Hasta que llegué a la oficina no tuve apetito por ninguno de mis movimientos, aunque mis compañeros siempre me saludaban.

—¿Dianna? —oí la voz de Chelsea.

—Pasa —dije con debilidad.

—¿Café? Te preparé uno, porque noté que parecías un zombi colgado en el aire; tal vez necesitas algo para despertarte.

Le sonreí y dejé la taza de café sobre la mesa.

—¿Estás bien? Quiero decir, ¿te sientes letárgica? ¿Es porque Lucas ya no te trae hasta aquí?

Sonreí con amargura.

—¿Hola? ¡Habla!

—Hablé con Lucas sobre que tuviéramos un hijo.

—Ah, ¿en serio? Entonces, ¿qué dijo? ¿Te agarró de inmediato para un beso o quizás se emocionó tanto que te metió su arma de una vez?

Me recosté contra la silla giratoria.

—Todavía no está listo.

—Dijo que quería concentrarse primero en los problemas de su empresa.

—¡¿Qué?!

—¡Ese Lucas! ¿Y si el problema de su trabajo no termina nunca? Quizá estés en la menopausia y él todavía no tenga planes de tener hijos contigo.

—No puedo forzarlo, Chelsea. Además…

—¿Qué?

—Me lo prometió. En cuanto la empresa esté estable, continuaremos con nuestro plan de tener un hijo.

—Oh, de verdad no lo sé, Dianna. ¿No dudas de tu marido?

—Quiero decir, ¿de verdad no notas nada?

El corazón me latía con fuerza; desvié la mirada de ella.

—N-nada. Chelsea, él está realmente muy ocupado con el trabajo. Y me lo prometió, y yo puedo esperar.

—Conozco a mi marido. Sé que él también quiere que tengamos un hijo.

—Bueno, si esa es tu decisión. Claro que no puedo hacer nada, no soy dueña del pene de tu marido.

Le lancé la carpeta vacía.

—¡Mujer loca, sal ya! Quizá alguien más oiga lo que estás diciendo. Sería tan vergonzoso.

—¡Oh! Solo estoy siendo sincera, Dianna. Solo quiero que tú también seas feliz. Simplemente no dejes que tu marido te haga daño.

—Y deseo…

—Espero que tengas razón y que mis sospechas estén equivocadas.

Eso fue lo que hice: esperé. También rezo todos los días para que su empresa se estabilice. Solo pensé que lo que él hacía también era por nosotros.

Llegó el día de mi cumpleaños, algo que siempre espero con ilusión porque en esta ocasión el entorno se llena de alegría, aunque en los últimos años nuestra familia no ha podido asistir porque están en el extranjero.

Tampoco siento que me falte nada, porque estoy con mi marido y él nunca deja de hacerme sentir lo especial que soy. Pero ahora no puedo negar que algo anda mal, que algo realmente ha cambiado.

Me desperté temprano y no lo vi a mi lado. Ni siquiera pensé en nada negativo. En mi mente, con cada paso que daba al salir de nuestra habitación, estaba más ansiosa por la sorpresa que podría encontrar. Llevaba varios días pensando en qué truco haría para que mi cumpleaños volviera a ser memorable este año.

—¡Buenos días, cariño! —lo saludé con entusiasmo y, cuando me acerqué a él, le di un fuerte abrazo.

—Supongo que te despertaste temprano hoy —preguntó, ajustándose el dobladillo de su ropa de trabajo. Mi mirada se posó en las cosas que había preparado.

—¿Adónde vas?

Cuando me miró de nuevo, todavía no podía creerlo.

—Dianna, ¿qué clase de pregunta es esa? Probablemente voy a trabajar.

Mis cejas se fruncieron ligeramente.

—P-pero, ¿no vamos a ir a algún sitio y luego tienes una sorpresa para mí?

La comisura de sus labios se levantó.

—¿En serio? Creo que todavía estás somnolienta, Dianna. Tal vez estabas soñando mientras estabas despierta.

—No, Lucas. Me estás tomando el pelo, ¿verdad? Es un día especial. Tú siempre te tomas algo de tiempo libre del trabajo para darme sorpresas cada año en este día.

—¿Día especial?

Dudé, esperando que tal vez solo estuviera bromeando conmigo; después de todo, eso es lo que está de moda en las redes sociales estos días.

—De verdad necesitas desayunar, Dianna. Me voy. Nos vemos luego.

Mis hombros se hundieron cuando él todavía no respondió sobre mi cumpleaños, y no pude creerlo aún más cuando cogió su bolso y salió de nuestra casa. Lo seguí de inmediato.

—Hoy es mi cumpleaños, Lucas. Y tú simplemente lo has olvidado por primera vez —dije mientras las lágrimas corrían por mis mejillas.

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