INICIAR SESIÓNGiré mi cabeza buscando la presencia que sentía infructuosamente, el aire era realmente helado. Al no ver nada, me decidí a seguir adentrándome en la casa, convenciéndome de que era todo producto de mi imaginación. Debía ser el cansancio, el entierro y todo lo que me había sucedido en las últimas horas, lo cual todavía mi cerebro abarrotado por tantas nuevas informaciones no procesaba.
La sala de espera se encontraba inmediatamente después; en contraste con el recibidor, casi en penumbras, estaba muy iluminada por bombillas de luz blanca, que hacían que los espesos cortinajes del mismo color, que cubrían todas las paredes de la habitación soltaran destellos, por un momento me quedé algo atontada y sin saber qué sentir o pensar. ¡Era realmente tan blanca, sin una mancha, sin nada que entorpeciera dicha blancura que por un momento pensé que así de pulcro debía ser el paraíso!Bajé mi cabeza para observar mis zapatos, temerosa de que pudieran ensuciar tan hermosa alfombra, hasta tuve la idea de quitármelos, pero desistí. Mis zapatos estaban limpios, al girar mi cabeza por lo andado no había una sola suciedad, por lo que avancé despacio y me detuve en el centro de la misma. Estaba tan iluminada, que de pronto me invadió una sensación de pureza, que hizo que recordara todo lo que en tan poco tiempo me había acontecido. No les miento si les digo que en ella me sentía como si todo mi cuerpo fuera penetrado por esa luz, mis pensamientos y recuerdos se hicieran muy claros, es como si una completa purificación estuviera realizándose en mí. Por un momento olvidé donde me encontraba, solo me dediqué a sentir el placer que me producía. Con mis ojos cerrados disfruté realmente de esta exquisita sensación.Luego los abrí y observé curiosa todo a mi alrededor. La estancia poseía, unos muebles al estilo romántico, de muy altos respaldares y con adornos en toda su estructura, un sinfín de cojines los cubrían en ordenada formación. No sé si era mi imaginación, pero al quedarme ahí contemplándolos, sentí que existían personas sentadas en aquellos muebles, podía incluso ver el dibujo de su peso. Solo fue un momento, pero su presencia fue tan real, que me hizo retroceder asustada, cerrando los ojos para volverlos abrir y descubrir, que mi fantasía o mis miedos, me habían jugado una mala pasada. Definitivamente, todo lo que me había pasado me estaba cobrando factura, pensé. Debía dormir, realizar un buen baño, alimentarme y descansar y todo volvería a la normalidad.Encaminé mis pasos hacia la puerta lateral que conducía a la otra habitación, en la cual suponía yo me encontraría con el comedor o la cocina. La abrí delicadamente haciendo girar la cerradura, que emitió un chirriante sonido que me estremeció profundamente, dando paso a una singular estancia. Tenía como centro una enorme chimenea, que bajaba en forma circular del techo de color negro, quedaba justamente encima de varios pilares redondos que sostenían una enorme caldera de bronce, donde se quemaba la madera. ¿Qué hacía una chimenea prendida en esta extraña y solitaria habitación? Me pregunté de lo más intrigada.Todo alrededor era de un llamativo color rojo, los muebles estaban colocados en forma circular alrededor de la estufa, eran grandes sillones de una madera negra muy brillante, con pequeños ponedores de pies delante; cada uno de ellos poseía a su derecha una mesita de cobre, donde se podía apreciar un cenicero, cajas de tabaco de diferentes marcas que daban la sensación de haberse acabado de abrir; una bandeja con copas alrededor de una botella de vino completaba el servicio. Solo el color de las bebidas cambiaba de una mesa a la otra, los había rojo en todas sus tonalidades, rosa, blanco, hasta azul. La estancia verdaderamente era muy grande, pude contar veinticuatro sillas. No existían otros muebles en el lugar, pero si noté a pesar del calor agradable que despedía la madera, una atmósfera cargada, como si se hubiese acabado de realizar una desagradable discusión.Y de nuevo volví a sentir la helada presencia y la respiración en mi nuca. Solo que esta vez no era una sola, sino varias. ¿Qué era lo que sucedía conmigo? Nunca había sido cobarde, ni le tenía miedo a las habitaciones vacías. En el colegio podía pasearme a cualquier hora del día o de la noche por él, sin que sintiera estas extrañas sensaciones que me asaltaban ahora. ¿Sería yo o la casa?Me encontraba llena de estupor, cuando a mis oídos llegó el sonido de cubiertos en la habitación contigua. Dirigí mis pasos hacia allí, dando de lleno con un hermoso y amplio comedor verde esperanza, hasta el piso era de esta tonalidad. En el centro existía una mesa puesta con el más esmerado cuidado para veinticuatro comensales, todo estaba en su debido lugar, me pregunté si esperábamos visitas, pues de otra manera no entendía esta situación.Giré decidida a encontrar al ama de llaves para preguntarle sobre este hecho. Sin embargo, algo llamó mi atención e hizo que me detuviera; cada puesto poseía un juego de cubiertos, platos, copas y servilletas diferentes. Los había con ribetes de oro, otros de plata, adornos de perlas, diamantes, alguno sin el más mínimo color, completamente transparente, solo adornos hechos en el propio material; más allá, el de la esquina, pareciera ser de barro con cubiertos de madera.No podía salir de mi asombro, mientras recorría la mesa. De pronto delante de mí, aparecieron mi plato de losa cubierto de rosas rojas recuerdo de mi mamá, así como mis cubiertos de níquel adornados con pequeñas rosas y mi copa tan querida por haber pertenecido a mi padre. ¿Qué significaba aquello? ¿Quién la había traído? ¿O sería solo una coincidencia?Levanté el plato con cautela y lo giré. Efectivamente, era el mío, tenía mi nombre el cual mamá había dibujado; lo mismo mi copa tenía el nombre de papá. ¡No podía salir de mi asombro! ¿Qué hacían allí? ¿Quién los había traído y colocado allí? No recordaba haberlas recogido en el colegio. ¿Cómo aparecieron de pronto en esta mesa? ¿Lo habrían empacado las monjitas y no me dí cuenta? Esa era una explicación lógica, pero, ¿por qué estaban en esa mesa? Es más, aún no había tenido tiempo de desempacar mis cosas, solo lo necesario para la ceremonia; realmente estaba estupefacta, cuando vi venir a la amable señora de las llaves, portando una bandeja en sus manos.—¿Señorita, puedo servir ya la cena? —preguntó amablemente.Hasta ese momento no me había percatado del paso de las horas, todo era tan nuevo y tan confuso. Se había hecho completamente de noche sin que apenas tuviera conocimiento.—Deseo asearme primero y cambiarme la ropa, por favor, ¿me puede indicar donde puedo hacerlo? —pregunté amablemente.Ella me observó en silencio, giró y se retiró hacia la cocina, supuse, siempre con la bandeja en sus manos, regresó al momento sin ella.—Sígame por favor, la llevaré a su habitación —pidió amablemente y echó andar.Salimos por la puerta que daba al corredor, donde me recibieron un sin fin de fragancias, que ni el más exigente perfumista habría sabido combinarlas tan bien. Los jazmines eran toda una delicia, el galán de noche enternecía con sus flores aromáticas, no pude contar ni reconocer todos los olores, pero si disfruté de ellos. Por un momento cuando nos acercábamos a las escaleras que conducían a la pieza superior, me pareció notar alguien entre los rosales de la otra esquina, solo fue un instante, pero estoy segura de que una silueta frágil vestida de blanco rondaba por allí.—Disculpe —le pregunté a mi acompañante—, ¿quién más está hospedado con nosotras en la casa?—Nadie y todos —fue la respuesta que recibí y que no pude entender, pero no quise insistir ante el silencio y la seriedad de ella.Subimos unas torneadas escaleras hasta la segunda planta. Seguimos avanzando pasando por diferentes puertas hasta casi el final del pasillo, por fin llegamos a la que sería mi habitación. Se encontraba a un lado de la que fuera de mi abuela, la señora que hasta este momento no he sabido su nombre, rebuscó con mucho afán entre el manojo de llaves, hasta dar con la correcta, abrió la puerta de un color amarillo pálido como todas las demás, dejándome pasar, al ir a retirarse, se giró—En diez minutos, serviré la cena. —Salió y cerró la puerta.Me quedé allí inmóvil frente a la puerta, con mi boca abierta a punto de emitir preguntas que no tuve tiempo de realizar, por la rapidez de ella en salir de la habitación. Tratando de poner en claro mis pensamientos, me giré hacia el interior para quedarme gratamente sorprendida con lo que mis ojos observaban.La estancia no era ni grande ni pequeña, justo a su medida, con una cama en el centro rodeada de hermosas cortinas de tela de organza color azul celeste, de increíbles motivos de pájaros que me parecían que podían ponerse a cantar en cualquier momento, las sábanas del mismo color completaban el conjunto. Las paredes cubiertas por el mismo estilo de cortinas dejaban entrever unos ventanales de cristales, por donde traspasaba la tenue luz de la luna.Al otro lado de la habitación, estaba pegado a la pared un encantador comodino, lleno de todo lo necesario para los arreglos de una señorita. Cosa que tendría que aprender a usar porque los veía por primera vez, yo no tenía ni la menor idea para qué se utilizaban. Un cofrecito más allá me llamó la atención, suavemente levante su tapa quedando sin aliento, ante mí se encontraba un tesoro en joyas de todos tipos y colores, anillos con diamantes, esmeraldas, zafiros, perlas, tan resplandecientes que te hacía querer tocarlas.Tanta belleza era demasiado, ni en mis más remotas y locas fantasías pude yo imaginar que existieran tales cosas; lo cerré como si fuera una ladrona que cogieran en el acto, dirigiendo mis pasos a la puerta del closet, con la intención de sacar uno de mis trajes que suponía estuvieran allí, ya que no podía divisar la valija por ningún lado de la habitación.Al abrirlo mi sorpresa fue aún mayor; ante mi se extendían montones de trajes de todas las épocas, estaciones, colores y gustos. Me adentré por el medio de tanta hermosura sin entender nada de lo que me estaba pasando, cada ropa tenía sus zapatos, carteras y adornos correspondientes.Lo más extraño era, que todos los trajes que tomé eran a mi medida, como si hubiesen sido encargados expresamente para mí; ante tantas sorpresas acumuladas en tan poco espacio de tiempo, mi cabeza no podía reponerse para encontrar una factible explicación a todo, pensé que era pura coincidencia.De repente, en medio de mis tribulaciones sentí que se encontraba alguien conmigo, justo detrás, podía sentir su presencia y su respiración en mi nuca, un aliento muy frío me llegó provocándome un gran estremecimiento, me viré de un tirón, para encontrarme con el pasillo vacío; apresuradamente cogí un modesto vestido negro con unas zapatillas, saliendo de allí como si me persiguieran.¿Qué pasaba con esta casa?Capítulo anteriorSiguiente capítuloLos años pasaron y mi Julián, no aparecía. Sin embargo, había algo que llamaba mucho mi atención, pues era lo último que me había regalado antes de partir, y había tomado el trabajo de colocarlo el mismo. Un hermoso ramo de nomeolvides lo había colocado en un búcaro muy precioso. Se mantenía fresco como el primer día que me lo había regalado, y eso hacía que mi corazón guardara la esperanza de que él regresara un día a mi lado. La hacienda la había convertido, la planta baja en un refugio para los necesitados. La planta alta la transformé en una acogedora vivienda, donde todas las temporadas de verano recibía a mis queridas amigas Sor Inés y Sor Caridad, que con los años decidieron dejar el colegio y quedarse a ayudarme en mi hermosa labor. El padre Bartolomé murió como un santo en su sueño, a la edad de noventa años. Los niños huérfanos más grandes, cuando cumplieron la mayoría de edad y terminaron sus estudios, regresaron a sus propiedades encargándose de los menores, y vien
—Así es, soy la esposa de Abdoulayé Agoyán Cuando terminé de decir eso, se hizo un gran silencio y me rodearon todos los habitantes de aquel lugar girando a mi alrededor, no sabría decir si me estudiaban o con mirada amenazante.—¡Imposible! — dijo el anciano. — ¡Él desapareció hace miles de años con toda su gente!Abrí mis brazos en el centro del círculo que ellos me habían hecho llenándome completamente de luz, pedí que mi esposo apareciera ante mí y al momento Julián apareció en todo su esplendor.—¡Mi rey! —exclamaron y se arrodillaron haciendo tres inclinaciones ante él.—¿Cómo sabemos que es él? —preguntó la misma anciana.Julián golpeó con el bastón en el piso y hizo que aparecieran todos los demás delante de sus ancestros y familiares, así como el altar. Y otra vez todos volvieron arrodillarse y hacer tres enormes reverencia para luego acostarse con los brazos en cruz y hacer un saludo. Después a un signo de Julián se pusieron todos de pie y comenzaron a mirarse entre ell
Me hablaba Tomaza al tiempo que terminaba de arreglarme el vestido, mientras Dolores me cepillaba el cabello, las miraba con dulzura y salí al encuentro del padre.—Pero mírate, si pareces que no estuviste enferma, Dios es grande. — ¿Y cómo fue eso que le dio por visitarme padre?—Nada, estaba yo en mi parroquia arreglando unos candelabros, cuando escuché una voz que me decía que debía venir a verte. Como me quedé preocupado después de tú confesión y de todo lo que me dijiste que iban a hacer ese día, temía que algo malo te hubiese pasado, me monté en mi mulo y aquí me tienes.— ¿Quien le abrió la puerta?— Eso fue otro misterio, cuando toqué estaba cerrada, pero después de esperar un rato empujé un poco y se abrió, como no te encontré subí a tú cuarto donde estabas dormida profundamente. Busqué a todos los sirvientes y no los encontré, mandé a mi monaguillo que me había acompañado a decirle al señor Edmundo lo que pasaba, y se apareció hace un rato con esa señora y unos cuantos obre
Gritó en medio de aquella locura, yo temblaba en el centro del círculo de luz, comencé a llorar ante la imposibilidad de hacer lo que se me pedía. Cuando de pronto vi a mis padres que me tomaban mis manos sonrientes, infundiéndome tranquilidad, y me ayudaron a realizarlo. Al tiempo que me iluminaba aún más y conmigo toda la habitación se iluminó, dejando que viera las criaturas demoníacas más horribles que se pudiesen ver.—¡No las mires! —me pidió Julián que a pesar de estar dirigiendo todo, no me perdía de vista. Y todo se volvió muy confuso de pronto. Las extrañas criaturas avanzaban hacía mí y era como si se tragaran la luz convirtiendo todo en oscuridad. Todos conjuraban, gritaban o rezaban, pero podía ver que el mal estaba ganando y me asusté .—No mi Ángel, confía en mí, en nosotros. Me pidió Julián por encima de todo aquella algarabía, dirigí mis ojos y los conecté con los suyos, una fuerza muy grande nos unió, y me iluminé aún más haciendo que la oscuridad comenzara a
Luego vi como la mía entraba dentro de las suya, que salió después colocándola en mi pecho y regresó a Julián.—Ahora alma mía, no importa que yo desaparezca, no importa que muera el capitán, no importa que muera yo. Regresaré a ti y me sabrás reconocer, solo por esas gemas que me traerán de regreso dentro de alguien.—¿Qué quieres decir?—Quiero decir que estamos unidos por una eternidad, y en todas las reencarnaciones de nosotros nos encontraremos y volveremos a casarnos, a ser una familia y a vivir felices. Te amo mi querida esposa, te amo.—Yo también Julián, pero enséñame cómo te reconocería si la gema no estará visible.—TócameLo hice, y una pequeña sensación de felicidad me embargó y a mi mente se reflejó la gema suya hermosa y divina. —¿También ves la mía?—Sí.Nos quedamos casi toda la tarde dentro del invernadero, hasta que vimos aparecer el capitán a lo lejos en su corcel. Pude ver claramente como se disipó delante de mí, fue y se introdujo dentro del capitán,
Las semanas pasaron, sin que mis sirvientes dejaran de hacer diferentes preparativos para la gran ceremonia, que deberíamos de realizar. No solamente entraron todos mis antepasados en el salón negro, sino que sacaron todos los suyos del cuarto aquel que nunca había podido entrar y los colocaron allá también. Mi trabajo consistía en entretener al capitán Luis Manuel, que ya se había acostumbrado a que me apareciera todos los días en el cuartel, hasta creía que estaba muy enamorada de él y me daba miedo quedarme sola en la casa. Por lo que optó por esperarme en las mañanas, para que me fuera con él a su trabajo y pasarnos todo el día en el pueblo y regresar en las tardes. En las noches Julián se apoderaba de su cuerpo y trataba de enseñarme muchísimas cosas de la magia, que yo practicaba todo lo que podía. A veces me gustaba mucho lo que aprendía y otras veces me llenaba de terror. Pasaba muchas horas en la iglesia esperando por el capitán y conversando con el padre Bartolomé,







