INICIAR SESIÓN— ¡Ahhhhhh! — Leo gritó, y el eco retumbó rebotando en las paredes cuando soltó el cuerpo inerte de Gael que cayó destrozado al suelo.Levantó la mirada mientras su cuerpo retomaba su forma humana y observó a Sienna atrapada en la jaula haciendo esfuerzos por salir de ella.Los hombres de Rob, tras la muerte de su Alfa debían lealtad a su vencedor, pero ese vencedor había sido vencido a su Vez por el Alfa Leonard Evans. ellos se detuvieron con espanto ante su nuevo líder y se inclinaron para pactar su lealtad.— Señor, entendemos que según las leyes, usted es el nuevo Alfa de Garra Escarlata.Leo apenas si se estaba dando cuenta, jadeaba todavía tras la trasformación, sin siquiera verlos, con la mirada clavada en la jaula.— Bájenla de ahí… — apenas logró articular más en un gruñido que en otra cosa, y de inmediato, alguien activó el sistema de palancas y cadenas y la jaula descendió con la mujer dentro.Sienna todavía despedía una luz plateada a través de su piel, y cuando abrieron l
Robert levantó la espada hacia sus hombres arengándolo con palabras zalameras y falsas, si no era ágil y lograba convencerlos de que tenía a la verdad de su lado, ya veía venir un motín.— ¡Les está mintiendo! Él sabe que Sienna, la mujer que he logrado capturar ha sido siempre mi esclava, ella huyó de mi territorio hace años, ¡Pero sigue siendo mía!— ¡Ella es libre! — Velka ladró con furia — Es la mate de nuestro Alfa, tú no tienes ningún derecho sobre ella.— ¡Si lo tengo! — Gritó levantando un papel en el aire — Este documento firmado por la misma Sienna dice que ella regresa a mi como su amo de manera voluntaria, ¿Qué dices a eso ahora, Beta? — Atravesando a Velkan con la mirada triunfal.Leo abrió la boca para decir algo, pero no pudo, un nudo en la garganta se lo impidió.— ¿Qué hiciste Sienna? — Rachel soltó por lo bajo buscando la mirada de la loba que negaba con la cabeza y sollozaba lastimada por la plata contra su piel, que la lastimaba y quemaba como el demonio.— La obli
La noche en el territorio de Rob era tan oscura y fría como todo lo que era suyo. La luna, una astilla pálida en el cielo, se escondía entre nubes, dejando el camino en una oscuridad total.Pero para los hombres de Leo, la oscuridad no era un obstáculo, era su aliada. Leo, a la cabeza, se movía como una sombra, su figura alta y musculosa se fusionaba con el entorno.A su lado, Velkan, su Beta, un lobo de pelo negro y ojos grises que brillaban como ascuas, y detrás de ellos, Rachel, Remus y un puñado de hombres entrenados de la manada. Todos se movían en silencio, sus pasos apenas audibles en la hierba mojada.El plan era sencillo, pero arriesgado: entrar, liberar a Sienna, y salir antes de que alguien se diera cuenta de su presencia. Pero en el mundo de los lobos, nada era tan sencillo. La manada de Rob era grande y cruel, y él, un Alfa despiadado, que no le temía a nada.Llegaron a la cueva, un abismo en la tierra, escondido entre rocas y árboles. Un guardia estaba de pie en la entra
Cuando Rachel entró en el departamento de su Alfa, el rugido de Leo resonó en la oscuridad de la noche. El aullido de un lobo, y el lamento de un hombre herido. Un grito desgarrador y un aullido de agonía, salió de su garganta. Era el grito de un hombre desesperado que estaba perdiendo todo lo que amaba.— ¡Sienna! ¡Sienna! — gritó, su voz era un eco de desesperación.A Rachel se le partió el corazón. Leo era su amigo, y ahora también lo era Sienna. Le dolía en el alma toda esta situación, y la desgracia que se cernía sobre el pobre niño inocente.Odio a Robert, lo odió hasta la médula. ¿Cómo podía ser tan bestia? Era la vida de su propio hijo la que estaba en juego, había que ser un verdadero psicópata para no sentir nada por dejarlo morir.Los gritos de Leo alarmaron a Randall, y el lobo en su interior le respondió. La loba de Rachel, Laia, también gimió en su interior, sintiendo el dolor de su Alfa.Cuando llegó y lo vio ahí, tirado en el suelo mientras su cuerpo temblaba de furia
La luz de la luna se filtraba por las rendijas de las persianas, dibujando finas líneas de plata sobre el suelo de madera. Rob estaba de pie, frente al espejo de su habitación, con el torso desnudo. Sus manos, firmes y fuertes, abotonaban la camisa de seda que vestía.Su mirada fría y calculadora, no se centraba en su reflejo, sino en la horrible cicatriz que se extendía a través de su pecho, un recordatorio de un pasado que no podía olvidar.Era una cicatriz de un pasado de humillación que Sienna se la había hecho cuando intentó huir de él, no era una herida cualquiera, era lo que le recordaba al Alfa todos los días de su vida, que había sido vencido por una mujer, una simple esclava Omega.Nada más bajo para él. No se lo había perdonado nunca, y siempre esperó el momento para vengarse.Acarició la cicatriz con la punta de los dedos. El odio, una emoción que solía mantener bajo control, se deslizó por sus venas como un veneno frío. La herida en su pecho era un recordatorio constante
El silencio en el apartamento era un reflejo de la tempestad que se desataba en el corazón de Leo. El teléfono había caído de su mano, y el eco del último sonido, el de la traición de Rob, aún resonaba en su pecho.Se sentó en el sofá, con la cabeza entre las manos, sintiendo el peso de la desesperación. Sienna… su mate, su compañera, se había ido. Y se había ido con el hombre que la había lastimado, el hombre que ahora la tenía en sus manos.Rachel se acercó a él, su rostro estaba herido por el dolor y la preocupación. Se sentó a su lado, sin decir una palabra, sabiendo que no había nada que pudiera decir que aliviara su sufrimiento. Leo levantó la cabeza y la miró. Sus ojos, antes llenos de amor y protección, ahora eran un espejo de la furia que sentía.— Se fue. Rob se la llevó. Y yo… yo no pude hacer nada — dijo, su voz era un susurro que la hizo temblar.Rachel lo abrazó, tratando de darle un consuelo que no podía encontrar.— No es tu culpa, Leo. Rob… él la manipuló. La obligó a







