INICIAR SESIÓNBajo Alerta
El sonido agudo de los ladridos cortó la mañana como un disparo. Los gritos de una alumna también se unieron.
Lía dejó caer el cepillo de adiestramiento que tenía en la mano y salió corriendo del corral trasero. Algo no iba bien. Sus perros rara vez ladraban sin razón, y menos dentro del área de prácticas donde los alumnos de su escuela canina solían entrenar sin sobresaltos.
-¡Muchachos! -Gritó, cruzando la reja de madera que dividía la parte techada del campo de entrenamiento.
Allí, una escena caótica la recibió: uno de los perros, un rottweiler recién ingresado llamado Bruno, tenía atrapado contra la malla a uno de los niños que adiestraba a su pequeño cachorro con la profesora de razas pequeñas. Ella estaba tratando de atraer al perro, pero el animal estaba completamente en modo defensivo.
-¡Quieto, Bruno! ¡Suelta! -Lía alzó la voz con autoridad alfa. Aunque el animal era nuevo y dudó, bastó un paso más de ella, su postura erguida, su mirada fija, y el animal soltó al niño, reculando lentamente.
Lía se arrodilló junto al pequeño, revisando que no estuviera herido.
-Solo fue un susto. -Murmuró calmandolo aliviada de que sólo su pantalón saliera dañado. Lo abrazó con suavidad y le ofreció una sonrisa firme, tranquilizadora.
Alzó la mirada al escuchar la sirena en el patrullero estacionado en la entrada de su casa. Miró a la instructora y negó con la cabeza, obviamente no había llamado y de hacerlo no hubiera llegado tan rápido.
La puerta del vehículo se abrió y ahí estaba él, como si el universo se empeñara en ponerla en jaque últimamente.
-¿Todo bien? -Preguntó el oficial Ryan Crow, quitándose las gafas de sol mientras se acercaba a paso rápido.
-Sí, todo bajo control. -Respondió Lía, ayudando al niño a ponerse de pie. Le acarició el cabello antes de entregarlo a la profesora, que no paraba de disculparse.
-Tengo unos papeles del Sheriff. -Comentó él mirando a Bruno, que ya había sido amarrado por su dueño. -¿Estás bien? -Preguntó más cerca y privado.
-Estoy bien, gracias. Solo fue una reacción de estrés. No es culpa del perro. -Explicó Lía, con voz segura, pero el corazón aún le latía con fuerza. No por el susto… sino por la tensión que cargaba desde la noche anterior y que la habían puesto tan distraída toda la mañana.
Kael.
Ryan observó su rostro con atención, como si pudiera detectar algo más allá de su respuesta. Siempre lo hacía.
-Si necesitas ayuda con el informe, puedo quedarme un rato. -Ofreció, ya con media sonrisa.
-¿También eres de administración ahora, oficial Crow? -Cogió los papeles dándole un vistazo rápido.
-Hago lo que se necesita. Especialmente si eso me da una excusa para quedarme por aquí cerca. -Lía enarcó una ceja y evadió el coqueteo.
-Sigo sin estar interesada.
-Eso me dijo tu cartel de "Prohibido molestar", pero vine de todos modos. -Bromeó.
Lía rodó los ojos, divertida a pesar del cansancio.
Luego, en un tono más serio, añadió: -Hartville está más tranquilo desde que tú estás aquí. Sabes eso, ¿verdad? El sheriff está muy a gusto con el último trabajo en que ayudaste.
Ella lo miró. Sabía que Ryan era más que un policía amable; era respetado en el pueblo y querido por los niños, incluso sus propios hijos lo adoraban cuando venía a visitarlos con alguna excusa tonta… era un buen hombre, pero era eso, un hombre, humano.
Los trillizos.
Apenas pensarlo hizo que su mirada se desviara al sendero que llevaba al pueblo. Estaban en su escuela y el autobús los traería pasado el mediodía, eso la dejaba tranquila, pero el recuerdo del día anterior —del aroma de Kael, de su voz— aún le erizaba la piel.
-Gracias, Ryan. -Dijo finalmente. -Pero prefiero hacer esto sola. -Movió los papeles en mano haciendo referencia a su oferta e ignorando lo último. -Además, hay cosas que necesito resolver. -Él asintió comprensivo, aunque sus ojos decían otra cosa. Se estaba por marchar cuando regresó en sus pasos.
-Si tienes problemas con el padre… sí ese ex del que nunca hablas está intentando contactarte, solo quiero que sepas que tienes aliados. No todos desaparecen cuando las cosas se complican. -Lía lo miró sorprendida, ella jamás había dicho nada sobre Kael.
La frase la golpeó con fuerza. ¿Cómo lo sabía? ¿Lo intuía? ¿O había oído algo más?
-Agradezco tu preocupación. -Respondió con un tono neutro, deseando cortar la conversación sin parecer grosera.
Ryan respetó su decisión. Tocó el ala de su sombrero y dio un paso atrás.
-Nos vemos, entrenadora.
***
Esa noche, mientras preparaba la cena, los tres pequeños correteaban por la sala. Keith, el más observador de los tres, intentaba armar un rompecabezas con un nivel de concentración que sorprendía a cualquiera.
Aleck, el más rebelde, trepaba al sillón como si fuera una montaña molestando a Keith, y Eliot siempre el conciliador, ayudaba a ambos sin meterse en problemas.
-Mamá, ¿puedo ir con Ryan mañana a ver los caballos de la comisaría? -Preguntó Aleck, asomando la cabeza desde detrás de la silla.
-¿Desde cuándo haces citas con el oficial? -Preguntó Lía, divertida.
-Él dijo que los caballos también son como perros grandes. -Respondió Keith, sin levantar la vista del rompecabezas.
-Y que tú eres la mejor entrenadora del mundo. -Añadió Eliot con una sonrisa.
Lía se detuvo, cuchara en mano, con la garganta apretada, pero feliz de ver todo el panorama de su casa. Era una noche normal, como la de cualquier casa de Hartville, de cualquier familia humana.
“No tienen idea de lo que realmente son.” Pensó Lía… miró a sus hijos. Todos esos años lo había pensado, pero con el reciente encuentro con Kael lo había confirmado, sus hijos eran iguales a su padre, mismos ojos almendrados, mismo cabello castaño, salvaje para ser peinado.
“No… No tienen idea de lo que realmente son.” Se repitió.
Crecían sanos, fuertes, con sentidos agudos y una sensibilidad fuera de lo común. A veces hablaban entre ellos sin palabras o sentían cuando alguien mentía, como si pudieran leer el corazón de los adultos.
Todo eso, sin saber la verdad y que las personas lo normalizaron adjudicando ser “esa conexión especial” de los niños que nacen juntos.
Esa noche, cuando los tres estuvieron dormidos, salió al porche de la cabaña. El aire frío de la noche le revolvió el cabello y le hizo cubrir su cuerpo con el cardigan que traía puesto. Miró hacia los árboles, al profundo bosque…
-No voy a dejar que nos arrebaten esta vida… -Murmuró, como si Kael pudiera oírla desde las sombras.
Porque tal vez lo hacía. Tal vez ya estaba más cerca de lo que Lía creía…
La batalla IIEl eco del aullido aún vibraba en el aire cuando Lía cayó sobre sus manos, su cuerpo quebrándose en la transformación. El dolor de los huesos alargándose y el crujido de la piel cediendo fue breve, casi instantáneo por la adrenalina que la quemaba por dentro. En menos de un suspiro, la loba de pelaje oscuro tomó su lugar, los ojos brillando como brasas en la penumbra.A su lado, Fatia se había lanzado con la misma rapidez. Su loba, más clara y ágil, sacudió la cabeza con un gruñido, como si disfrutara del cambio. No hubo órdenes necesarias: todos los demás siguieron el ejemplo, hasta Helena, que a pesar de su torcedura no dudó en adoptar la forma lobuna. El grupo entero respondió con un aullido breve, la unión instintiva de la manada que se preparaba para correr.Lía no esperó más. Se lanzó hacia adelante, sus patas delanteras con un zarpazo que levantó hojas secas al clavarse por la rapidez del movimiento. El bosque se convirtió en un túnel de sombras y luz intermitente
La batallaEl llanto desgarrador y los gritos de batalla llegaron como una ola a los sentidos de Kael. Corrió por el bosque hasta que frente a él se abrió la espesura de vegetación. Lo primero que sus ojos encontraron fue la fuente del fuerte llanto. En medio de Lobos luchando, cuerpos inertes y sangre, una pequeña bebé con sus ropas ensangrentadas luchaba en el terror de su alrededor. El brazo de una mujer ya fallecida la envolvía tratando de protegerla como último instinto. Sin detenerse, Kael entró al campo de batalla, sus hombres también entraron en acción avanzando. Tomó entre sus fauces a la pequeña e intentó acercarse a unos refugiados que intentaban huir, pero sobre su cuerpo cayó el peso de otro Lobo, abalanzándose por su cuello. Intentó liberarse, el llanto rompiendo la pequeña garganta, los gruñidos amenazantes y la dificultad para atacar llevaron a Kael a atrapar a la pequeña con más fuerza en su boca, giró su cuerpo para quitarse de encima aquel Lobo y lo aplastó con el
El Enfrentamiento Lejos de las escabrosas tierras de Shadow Wolves, pasando Forest Souls y pequeñas manadas, a días de viaje, la coalición de manadas hacía frente a un grupo reducido de renegados. No conformaban ni una cuarta parte del número que ellos representaban, pero se habían abalanzado a la lucha sin miedo. Fueron derrotados, la batalla no duró más de dos horas y las bajas en la alianza no fueron significativas. -Alfa. -Kilian, Alfa de Forest Souls se giró mirando sobre su hombro. -¿Qué sucede, Arco? -Se limpió la sangre de sus manos y pasó la tela por su rostro, donde se secaban las gotas de algún enemigo. -Hemos terminado el interrogatorio. - Anunció.-¿Entonces? -Preguntó sin mucho interés. Aún estaba molesto con la falta a su palabra por parte del Alfa de Shadow Wolves. Habían demorado su salida a su espera para poder viajar y compartir campaña, pero no sólo no llegaron, sino que tampoco participaron en la batalla. -Al parecer, se han dividido en dos grupos. -Frunció
Bajo ataqueMeyrick escuchó en silencio el reporte y miró a Kael con preocupación. -No lo he oído aún ¿Acaso nadie piensa que esto es sospechoso? -Meyrick no dejó de cuestionar a Kael ¿Acaso él tampoco había pensado en la posibilidad grave de todo esto? -¿A que se refiere? -Preguntó el anciano Morgan. -Hable ya. -Ordenó la anciana golpeando el suelo con el bastón. -Entiendo que no puedo decir tales cosas sin pruebas… -Miró a Kael buscando apoyo. -Pero, esto puede ser obra de los desertores. El rostro de Morgan palideció. -Sabemos que atacaron a manadas aledañas, muchos sobrevivientes han llegado. Los refugiados que tenemos en la frontera son algunos. -No, las manadas han presentado frente para luchar lejos de aquí. Se movieron… -El anciano quiso marcar la zona de Black Fang y Moon Chasers. -Se lo que se ha organizado, tanto yo como El Alfa deberíamos estar ahí. -Kael lo tomó por el hombro para que se calmara.-Es bueno que eso no llegara a pasar, gracias a la prueba de Luna es
Un Engaño II-¿Y si no tienes opción? -Fatia se inclinó provocativa.Un suspiro pesado escapó de la boca de Lía. Se quitó la goma del cabello para recogerlo bien ajustado, Se despojó del pequeño bolso que cargaba y sin soltar palabra se inclinó en posición de ataque. -Uh ¿Qué es esto? ¿Entonces aceptas? -La voz de Fatia sonó burlona. -Hablas mucho para alguien que me persigue por todo el bosque, hasta trajiste esto para mi, muy Lindo de tu parte. -Fatia arrugó su expresión divertida, su boca se torció molesta ¿Acababa de llamarla Linda? Con un chasquido de lengua, Fatia avanzó. Su cuerpo se proyectó hacia delante en un movimiento fluido y brutal. El primer golpe fue un derechazo directo al rostro, seco, sin aviso. Lía logró girar el cuello y apenas amortiguó el impacto con el antebrazo, pero la fuerza del choque la hizo tambalearse hacia atrás. El grupo de Lía miraba con preocupación. Fatia no perdió el ritmo. Una patada ascendente buscó destrozarle el abdomen. Lía alcanzó a cruz
Capítulo 91Un Engaño-Llamen a Meyrick, lo necesito aquí. -Pidió Kael con el semblante pálido. Uno de los hombres salió de inmediato, dejando tras de sí un silencio helado. El Alfa se mantuvo de pie, la mirada fija en los mapas extendidos, pero en realidad veía más allá. Recordaba las últimas reuniones, toda la información que se había obtenido y la llamada de presentarse a una manada tan lejos de la suya. ¿Había sido todo orquestado por Marko para alejarlo de su manada? ¿Era correcto suponer eso? ¿Pero cómo sabría él de la alianza y de los planes de esta? Un escalofrío lo recorrió.Esto no es una incursión casual. Nos obligaron a mirar hacia un lado para atacar por el otro. Nos distrajeron.-¿Qué sucede, Kael? -Preguntó Lemia, apoyándose con dificultad en la mesa. -Tu rostro no se ve bien.-Esperemos por La Mano para comenzar una reunión de emergencia. -Resolvió de forma corta. Maeyrick se había retirado con los niños no hacía más de media hora. Pero no tenerlos en ese momento a s







