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Capítulo 5 POV Cassiel

Autor: Lulival
last update Data de publicação: 2026-06-08 11:51:05

El ruido de la pintura al caer no fue lo que me llevó hasta el pasillo.

Fue ella.

Me detuve al instante, sintiendo cómo algo en el aire cambiaba, como si todo a mi alrededor se alineara en un solo punto, y en ese breve momento comprendí que aquello que había esperado durante siglos ya no era una ilusión sino algo real.

Fenrik mi lobo reaccionó antes que mi mente.

¡Es ella!

La certeza no llegó como un pensamiento, sino como un golpe directo al pecho, arrastrándome hacia adelante con una urgencia desconocida, porque no era solo deseo era algo más profundo, algo imposible de ignorar.

Y entonces la vi.

De espaldas, inclinada sobre el desastre que había provocado, con las manos torpes intentando arreglar lo irreparable, y su respiración agitada rompiendo el silencio de un lugar que siempre había sido intocable.

—Detente. —le dije.

Mi voz no fue fuerte, pero ella se congeló.

Lentamente, como si cada movimiento le costara más de lo que debería, giró hacia mí, y cuando nuestras miradas se encontraron, sentí cómo todo dentro de mí se tensaba de una forma peligrosa, como si el mundo hubiera dejado de existir más allá de ese instante.

Miedo.

Lo vi de inmediato en ella.

En sus ojos, en la forma en que su cuerpo se preparaba para retroceder, en la rigidez de sus hombros.

Mi compañera tenía miedo de mí.

Mi lobo rugió, no con furia hacia ella, sino con algo mucho más oscuro. No me gustaba que mi compañera destinada tuviera miedo de mí.

—Lo siento muchísimo —susurró ella, y su voz, su voz era como la más hermosa de las melodías.

No respondí de inmediato.

La observé embelesado, recorriéndola con la mirada como si buscara algo que confirmara lo que ya sabía, algo que me explicara por qué sentir miedo no era algo nuevo en ella.

—Mírame.

No fue una petición, fue una orden, y no dudó en obedecer.

Y en ese gesto tan simple, tan mínimo, sentí cómo mi control comenzaba a resquebrajarse, porque verla así, vulnerable, temblando, con esa mezcla de fortaleza y fragilidad que no debería coexistir en una sola persona, despertaba en mí algo que no podía contener.

Di un paso sin darme cuenta, y eso fue suficiente para que mi compañera retrocediera.

—No, por favor.

Sus palabras se clavaron en mí, no solo como un rechazo, sino como una herida.

Y entonces lo entendí, si avanzaba, la perdería.

No físicamente, de una forma peor.

Así que me detuve.

Cada músculo de mi cuerpo gritaba por ignorar esa conclusión, por cerrar la distancia, por tomarla y acabar con la espera, por marcarla, por hacerla mía frente a todos, por anunciar a mi manada y al mundo que finalmente había encontrado a mi luna, pero el miedo en sus ojos pesaba más que cualquier impulso.

Di un paso atrás, uno solo, mientras mi lobo interior, Fenrik, aullaba y me reprochaba.

—No tengas miedo —dije finalmente, con la voz más baja, más controlada—. Regresa junto a las otras mujeres.

No respondió, pero supe que seguía aterrada.

—Vete —insistí, apartándome lo suficiente para dejarle espacio.

La duda cruzó su rostro, luego la necesidad de irse hasta que finalmente mi luna se marchó.

No me moví ni la seguí.

Porque había algo más importante que mi propio deseo.

Quería entenderla.

Las semanas siguientes se convirtieron en una prueba de paciencia que jamás creí necesitar.

La observaba, no de forma evidente, no como el Alfa que soy, sino como el compañero que siento que ella necesita.

—No deberías quedarte despierta hasta tan tarde —escuché a una de las mujeres humanas decirle—. Mañana tendremos que madrugar para orar por las gammas que irán a combatir al este.

—Los Dioses estarán a favor de ellos ya lo veras aun así tienes razón debemos madrugar para orar por ellos.

—¿Siempre eres así? —le preguntó otra—. Eres tan tranquila, Lila, tan serena.

Lila sonrió levemente.

—No siempre, una vez golpeé terriblemente a mi hermana.

Y en ese pequeño cambio, ese matiz casi imperceptible, entendí más de lo que cualquier confesión habría logrado, porque si mi compañera había llegado a golpear a su propia hermana, estaba seguro de que algo muy malo le había hecho.

—Eres diferente —insistió la mujer.

—No —respondió Lila—. Solo intento no ser lo que otros esperan de mí.

Cerré los ojos un instante y me retiré a mi cuarto.

Las noches, en la intimidad de mi habitación eran lo peor sin ella.

—Esto es ridículo —gruñó Fenrik en mi mente, mientras pasaba una mano por mi rostro.

—Cinthia. —la llamé entonces, a mi ama de llaves, una omega leal que sabía era perfecta para el trabajo.

La omega apareció casi de inmediato.

—Dígame, Alfa.

La miré. No había duda en mi expresión.

—Quiero que mandes preparar a Lila Whitmore para mí.

El silencio que siguió fue breve, pero significativo.

—¿Se refiere a Lila… Lila? ¿La humana que llegó hace poco? —preguntó con cautela.

—Sí.

Cinthia inclinó la cabeza, pero no se retiró.

—Alfa —su voz bajó apenas—. ¿Va a consumir su deseo con ella antes de la batalla?

Sostuve su mirada. Aquello era atrevido para una omega, pero en Cinthia confiaba después de todo también era la compañera destinada de mi Beta.

—No es solo deseo.

Hice una pausa antes de continuar.

—Es mi compañera.

Cinthia parpadeó y luego sonrió.

—Entonces finalmente ha sucedido. ¿Lo sabe Roy?

No respondí.

—Guardaré el secreto, lo hablaré solo con él —añadió, inclinándose más profundamente antes de retirarse. Estaba seguro de que esos dos pasarían la noche hablando de mi revelación.

Así que cuando Lila fue traída ante mí, no la miré de inmediato.

Sabía que, si lo hacía, no habría vuelta atrás y me abalanzaría sobre ella como lobo hambriento que era.

—Puedes acercarte —dije, con la voz más baja de lo habitual.

Escuché sus pasos, eran lentos, dudosos.

—Esta noche le mostraremos que no debe temer —dijo Fenrik en mi mente—. Para cuando terminemos con ella, estará gimiendo de placer, no de miedo.

Pero entonces levanté la mirada y no fue la prenda lo que captó mi atención y la de Fenrik.

Fue su espalda, las cicatrices.

El mundo se detuvo, y la furia se apoderó de mí mientras dejaba escapar un aullido.

—¿Quién te hizo esto?

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