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LI Fidelidad

Autor: NatsZ
last update Fecha de publicación: 2023-08-29 08:03:12
Reino de Arkhamis

—Es la única forma —le decía Lis a Desz.

Los Dumas que rodeaban Arkhamis superaban con creces en número al ejército de Desz y al que Furr tenía fuera del reino. Un ataque desde dentro o desde el exterior estaba destinado al fracaso, pero ella podía ir a hablar con Eriot, podía intentar ganar tiempo.

—No sabes cuáles son sus intenciones, Lis. Si simplemente quisieran destruir Arkhamis ya nos habrían pasado por encima. Algo más buscan. Escapé de mi ejecución, soy yo el que irá
NatsZ

Ulster quiere unirse a la resistencia contra los Dumas, ¿estará tan desesperado Furr como para aceptarlo? La traición herirá a Lis una vez más, ¿qué querrá Eriot de ella?

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  • La ofrenda   Extra: El final de Lis

    "Este mundo es horrible..."Había pasado un tiempo desde que ella se despertara y se reencontrará con Desz, un deseo que le habían concedido las estrellas, una conjunción del espacio y el tiempo que le había traído de regreso a su amor perdido.Él seguía siendo el mismo de entonces; ella ya no lo era, había cambiado tanto como lo había hecho el mundo, uno que él ya no conocía."Hay tanto ruido, ¿cómo logras soportarlo? Si adormezco mis sentidos lo necesario, creo que dejaría de oírme hasta a mí mismo".Desz estaba perdido en sus pensamientos, eso percibió también Furr cuando se encontraron. Hablaron durante horas, lloraron. Nada dijo él sobre dónde había estado por tanto tiempo ni cómo había hecho para regresar. Aseguraba que no lo recordaba, aunque lo más probable era que no quisiera recordarlo.Apagó la luz de la lámpara, sin comprender del todo cómo funcionaba eso de la electricidad y se metió a la cama. Su cabeza reposaba en una almohada visco... viscoalgo, eso le había dicho Lis

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  • La ofrenda   Epílogo tercera parte

    Ella miró por la ventana con la nostalgia de muchas vidas a cuesta. Masajeó su muñeca y se removió en su silla. Llevaba medio día autografiando libros y le dolía el trasero.—¿Ya terminamos? —le preguntó a su editora. La abarrotada librería se iba quedando vacía. —Casi. Una niña corría hacia ella, aferrando el libro contra el pecho. Con los ojos brillantes lo dejó sobre la mesa. —¿Cómo te llamas?—¡Mariana!—¿Te gustó el libro, Mariana? —¡Me encantó! Aunque mi mamá dice que la escritora debió fumarse algo —contó, encogiéndose de hombros. Su comentario le arrancó una sonrisa a la mujer. —Las madres siempre dicen eso, lo importante es lo que tú pienses. Terminó de escribir la dedicatoria y se lo entregó. —Me hubiera gustado que la princesa se quedara con su amado. ¿Podrías escribir otro final? ¿Uno donde sean felices? La escritora le sonrió con indulgencia. —Eso será tarea tuya. Podrías convertirte en escritora y dedicarte a escribir otros finales, unos que te hagan feliz. La

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    Una suave caricia en la cabeza sacó a Lis del trance de la somnolencia. Así ella sanaba y, cuando se despertó, ya su cuerpo estaba entero. Casi entero, notó al ver quién la acompañaba. —Ya todo terminó, Lis —le dijo Riu. Él y el ejército habían llegado a Arkhamis sin encontrarse con Dumas sombrío alguno. Y aquellos que sobrevivieron a su posesión habían vuelto a ser los mismos de siempre. —¿Y Desz? ¿Él llegó también? —Él nunca vino, se fue en otra dirección. Tan rápido como al trueno seguían las centellas, Lis dejó el lecho y buscó un caballo. Galopó como tantas veces imaginó mientras veía el bosque de las sombras desde la distancia y soñaba con alcanzarlo. El fin de la guerra había sido tan prodigioso, como si contaran ellos con ayuda divina, y sólo imaginaba a un ser capaz de aquello. Se detuvo en el linde del bosque, impactada por la visión que se desplegaba ante ella, tan irreal como fantástica: Ya los árboles no tenían ojos y la tierra no respiraba. Y la niebla no se volvi

  • La ofrenda   LXXV Algunos destellos

    En la aldea, guerreros y humanos habían logrado buena distancia de la barrera que los separaba de una muerte segura. Un Dumas llevaba al rey que, aunque herido, seguía con vida. El grupo de avanzada llegó por fin a la capital y se refugió en los muros. El resto debía resguardar el regreso de Azot y enfrentar a los Dumas que aparecieran.—¡Padre! ¡Padre, tus heridas! —Lis había vuelto a su forma humana.Llegó arrastrándose junto al monarca, con manos y pies destrozados. Tenía él una profunda cortada que le había rebanado el vientre y se le veían las entrañas. Había llegado el fin de su gloriosa vida, así temieron sus súbditos, así lamentó su general y compañero de batallas, así lo lloró su hija. Pese a la gravedad de sus lesiones, Lis lo observó, con asombro, ponerse de pie una vez más.—¡¿Heridas?! ¡Soy el rey Camsuq! ¡El que domina a las bestias! ¡El que cuchichea con los dioses! ¡Nada puede detenerme, soy inmortal! —gritaba el hombre, con mirada enloquecida y las manos llenas de su

  • La ofrenda   LXXIV ¿Acaso habrá salvación?

    Reino de ArkhamisDesesperadas corrían las gentes del horror que había surgido de la tierra. Era Arkhamis el más pujante de los reinos, el hogar anhelado por todos, el más claro ejemplo de la prosperidad que brindaba el trabajo duro al alero de un buen gobernante. Y para los arkhamitas no había mejor rey que Camsuq. Sabían de Barlotz, más interesado en enriquecerse a costa de sus gentes y sabían de Ulster, despiadado y cruel. También de Anoreq, tan diplomático y sereno, atributos que a veces se confundían con la falta de carácter. De entre todos ellos, no había rival para su rey; el que hablaba con los dioses y las bestias, el que había derrotado a los Dumas y a los Tarkuts, el que había elevado la grandeza de Arkhamis a niveles nunca antes vistos.Por todo eso y más, cuando el horror también superó a todo lo que habían visto, los arkhamitas clamaron por su rey, su salvador. Y sus plegarias fueron escuchadas. —¡Vayan a la capital! ¡Sigan el sendero del este, junto al río! —gritaba e

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