INICIAR SESIÓNCapítulo 29: El cargamento de la vergüenzaAntonella estaba al pie de la escalera cuando escuchó los dos disparos y su cuerpo se sobre salto de inmediato. El sonido atravesó la mansión Moretti como un trueno y se perdió entre los enormes corredores, pero aquellos disparos era diferente a los que había escuchado. Había escuchado armas muchas veces desde que había llegado a aquella casa, había escuchado a los hombres practicar en el campo de tiro y había escuchado disparos durante la emboscada en el muelle, pero también había aprendido a distinguirlos.Aquel no era como esos. Esos disparos llevaban algo más. Furia, dolor, desesperación y una determinación que le provocó un escalofrío.Solo podía significar una cosa. Santos probablemente había matado a Vittorio.Antonella permaneció inmóvil, mirando hacia el corredor que conducía al sótano y no sabía qué pensar. Vittorio había sido un traidor, sí. Había vendido información a Dante durante años y había tenido participación en aquella guer
Capítulo 28: Las heridas del pasadoEl sótano de la mansión Moretti permanecía sumido en una oscuridad casi absoluta. Una única lámpara iluminaba el centro de la habitación y Vittorio Bellini estaba sentado en una silla metálica, con las manos sujetas por cadenas y el rostro marcado por los golpes que había recibido durante su estadía en ese lugar. Había pasado horas encerrado allí, esperando que Santos apareciera.Sabía que llegaría. Lo conocía demasiado bien.La puerta finalmente se abrió y Santos entró. Llevaba una camisa negra como siempre y el brazo herido cuidadosamente vendado. Su rostro estaba más pálido de lo habitual, pero sus ojos tenían aquella frialdad que Vittorio conocía desde que Santos era apenas un muchacho.Detrás de él apareció Alessio. Siempre Alessio cuidando de él.— Déjanos solos — ordenó Santos y Alessio dudó.— Todavía estás herido.— He dicho que nos dejes solos. Lo que haré no tardará demasiado — dijo seriamente y Alessio sostuvo su mirada durante unos segu
Capítulo 27: Lo que él no recuerdaLa mañana llegó lentamente a la mansión Moretti. Los primeros rayos del sol atravesaron los enormes ventanales de la habitación de Santos, iluminando el desorden que había quedado después de una noche que Antonella jamás olvidaría. Había pasado horas junto a él. Primero intentando controlar su fiebre. Después cambiando los paños húmedos una y otra vez. Hasta que finalmente, cuando la respiración de Santos se volvió más tranquila, se había quedado dormida en el pequeño sofá situado frente a la cama.El silencio de la habitación solo era interrumpido por el sonido de la respiración de ambos. Santos fue el primero en despertar. Abrió lentamente los ojos y durante unos segundos no supo dónde estaba.El dolor en su torso apareció antes que cualquier otro recuerdo y le arrancó una mueca de dolor. Intentó incorporarse, pero cada movimiento era un martirio.— Maldita sea... — dijo y apoyó una mano sobre el colchón para conseguir sentarse. El movimiento hizo
Capítulo 26: El beso de la fiebreLa mansión Moretti parecía haber quedado suspendida en el tiempo cuando los vehículos atravesaron las enormes rejas aquella madrugada. Las luces exteriores iluminaron el automóvil mientras los hombres de Santos descendían rápidamente y Antonella bajó detrás de ellos. Apenas puso un pie en el suelo volvió la mirada hacia Santos y él estaba pálido. Demasiado pálido.Había perdido mucha sangre durante el enfrentamiento y, aunque insistía en caminar por sus propios medios, cada paso parecía costarle más que el anterior.Antonella miró su vestido. La tela beige que aquella mañana había estado perfectamente limpia ahora estaba manchada de rojo. La sangre de Santos había empapado buena parte de la tela cada vez que ella lo había sostenido para evitar que cayera.— Santos... — dijo en baja voz a su lado.— Estoy bien — murmuró.— No, no lo estás — él ni siquiera respondió, cuando Alessio apareció junto a ellos.— Tenemos que atenderlo inmediatamente. No podem
Capítulo 25: Sangre en el muelleVittorio corría. Corría sin mirar atrás, tropezando entre los contenedores mientras las luces del puerto iluminaban fragmentos de su rostro desencajado. Los disparos continuaban resonando a lo lejos, pero para él ya no existía nada más que una sola necesidad: escapar. Había comprendido demasiado tarde que la información que había entregado a Dante había sido una trampa y que Santos lo sabía todo. Sabía que era él era un traidor y eso solo se pagaba de una forma.— ¡Vittorio! — la voz de Santos resonó entre los contenedores y el hombre se detuvo apenas un segundo para mirar hacia atrás.Santos apareció entre las sombras con el arma en una mano y una expresión que no dejaba espacio para el perdón. Vittorio volvió a correr, su única esperanza era escapar de él.— ¡Maldita sea! — dijo con él corazón en la boca.Santos aceleró el paso detrás de él. No necesitaba dispararle. Todavía no. Quería atraparlo, ya que necesitaba respuestas y, sobre todo, quería sab
Capítulo 24: Una trampa en la oscuridadEl sol de la mañana iluminaba los jardines de la mansión Moretti, haciendo brillar las gotas de rocío que todavía permanecían sobre las hojas. Antonella se encontraba sentada en una de las mesas del jardín, desayunando tranquilamente mientras intentaba aprovechar uno de los pocos momentos del día en los que nadie parecía exigirle nada.Llevaba un vestido beige que Santos había comprado para ella. Era sencillo, elegante y se ajustaba perfectamente a su figura. Su cabello permanecía suelto, cayendo sobre sus hombros en ondas naturales. Después de mucho tiempo, Antonella se sentía casi normal, hasta que escuchó pasos y levantó la mirada.Santos apareció atravesando los jardines con su habitual traje negro. Caminaba con aquella seguridad que parecía acompañarlo a todas partes, pero no llevaba corbata y tenía el rostro completamente serio.Él pasó junto a ella sin siquiera detenerse y Antonella frunció el ceño.— Buenos días para ti también — dijo en







