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3. Natan.

Autor: WJRalde
last update Fecha de publicación: 2025-02-27 00:27:22

El olor a lluvia y asfalto mojado se mezcla con el hedor a sangre. Mi sangre. Me apoyo contra la pared del callejón, jadeando, sintiendo cómo el líquido caliente me empapa la camisa rota. La herida en mi costado arde como si me hubieran prendido fuego desde adentro. M*****a sea, no debería haberme confiado.

Natan.

Su nombre me retumba en la cabeza como un eco burlón. No lo vi venir, o mejor dicho, no quise verlo venir. Creía que era mi amigo, mi mejor amigo, pero no, era un traidor, que esperaba su momento para clavarme los colmillos en la yugular. Y lo hizo. Solo que no fue con sus dientes, sino con una emboscada cobarde.

—¿Qué se siente, Luke? —Su voz sisea entre las sombras cuando me derriban.

No respondo. No iba a darle el placer de verme suplicando. Me defiendo con todo lo que tengo, con uñas, dientes y la furia de mi instinto. Mi lobo ruge dentro de mí, pero la traición pesa más que las heridas. Este no es un ataque cualquiera. Es un mensaje. Quieren que sepa que mi reinado ha terminado, que Natan tomará mi lugar y yo... yo solo soy un vestigio del pasado.

Uno de los suyos me patea en el estómago y caigo al suelo, sintiendo el metal frío del pavimento contra mi mejilla. Mi respiración se entrecorta, el dolor se extiende por todo mi cuerpo, pero lo peor es la ira. Una rabia ardiente que me corre el pecho, un grito silencioso de venganza que no puedo descargar. Aún no.

Escucho sus risas, veo sus botas retrocediendo. Se marchan, dándome por muerto. Pero Natan se queda unos segundos más. Se agacha a mi lado, y me susurra:

—Ya no eres más el Alfa.

Quiero responder, pero el dolor me roba las palabras. Y entonces, como una sombra entre la lluvia, desaparece.

Las horas pasan, en realidad, no sé cuánto tiempo, siento cómo la vida se me escapa de las venas abiertas. Mi visión se vuelve borrosa, mi cuerpo pesa como si me estuviera hundiendo en la oscuridad. Pero algo dentro de mí se niega a morir, es algo más fuerte que el dolor, que la traición, que el odio.

No voy acabar así. No por Natan. No en un callejón mugriento como un perro abandonado. Si tengo que caer, será peleando. Y si sobrevivo…

Él pagará por cada gota de sangre que me ha hecho derramar.

Meses antes…

El viento nocturno acariciaba mi rostro mientras caminábamos por la senda que tantas veces habíamos recorrido juntos. Natan iba a mi lado, con ese andar relajado y seguro que siempre me hizo confiar en él. No éramos solo compañeros de manada; éramos hermanos en todo, aunque no compartiéramos la misma sangre.

Nos conocíamos desde siempre, cuando el mundo todavía no nos había golpeado con toda su crueldad. A diferencia de muchos otros, Natan no era un simple seguidor, no me veía solo como el Alfa. Él era mi consejero, mi mano derecha, la única persona en la que realmente confiaba. Tenía una mente aguda, una astucia innata que combinaba con una lealtad férrea. Siempre encontraba la manera de anticiparse a los problemas, de ver más allá de lo evidente.

—¿En qué pensás?—, preguntó sin mirarme, con esa facilidad para leerme que siempre me sorprendía.

Sonreí de lado.—En lo que se nos viene. Sé que se está gestando algo, no me gusta esa sensación.

Natan asintió, sus ojos oscuros clavados en la noche.

—Nosotros podemos con lo que sea, lo sabés, ¿no? Hemos sobrevivido a cosas peores. Si hay algo que no podemos permitirnos, es dudar.

Su seguridad era un ancla para mí. Siempre lo había sido. Cuando la presión de ser Alfa pesaba demasiado sobre mis hombros, él estaba allí para recordarme que no tenía que cargar con todo solo. Su lealtad era inquebrantable, su presencia, un refugio. Lo veía en sus acciones, en su manera de defenderme incluso cuando yo no estaba presente. Si alguien osaba cuestionar mis decisiones, Natan era el primero en callarlos.

Lo miré de reojo. Su expresión era inescrutable, pero lo conocía lo suficiente como para saber lo que pasaba por su mente. Le preocupaba tanto como a mí la estabilidad de la manada. Pero más allá de eso, yo le importaba como persona, como amigo. Era esa conexión la que me hacía confiar en él por sobre todos los demás.

—No podría hacer esto sin vos, Nate—, admití, rompiendo el silencio.

Él soltó una risa baja, pero no había burla en ella, solo sinceridad. 

—No digas estupideces, Luke. Siempre fuiste más fuerte de lo que creés. Yo solo... mantengo la balanza equilibrada.

Y así era. Donde yo era fuego y fuerza bruta, él era cálculo y paciencia. Donde yo dudaba, él tenía respuestas. Éramos dos mitades de un mismo todo, unidos no por el deber, sino por algo más profundo. Algo que, en ese momento, creía inquebrantable.

Nunca imaginé que un día miraría hacia atrás y me preguntaría en qué momento exacto todo empezó a resquebrajarse.

Todo ardía. Cada maldito músculo, cada centímetro de piel. La sangre me corría por el costado, cálida al principio, luego pegajosa y fría. Mi visión era un desastre: manchas negras invadiendo los bordes, luces que no estaban ahí. Pero lo peor no era el dolor. No. Era la m*****a humillación.

Natan.

La traición tenía su voz, su olor, sus manos.

—¿Eso es todo, Luke? —preguntó con esa sonrisa torcida que alguna vez me hizo reír.

No respondí. No podía. El hierro de su daga seguía ardiendo en mis costillas, y cada respiro era un recordatorio de que la persona en la que más confié me había dejado para morir.

¿En qué momento empezó todo a desmoronarse? ¿Fue cuando dejó de buscarme después de los enfrentamientos? ¿Cuando sus ojos se llenaban de algo que no reconocía cuando me miraba? No lo quise ver. Porque era él. Mi hermano, mi amigo.

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