Compartilhar

Capítulo 4

last update Data de publicação: 2025-05-12 16:00:46

Actualidad.

— Lina, ¿qué es lo que sucede? — pregunto Lucio, aun un poco aturdido ante la orden que su luna había dado, sus hijos llevaban desde los 16 años buscando su compañera, la anhelaban, y la condición que Lina había dado, para poder ser el rey de los lobos, solo los estresaría aún más y un animal estresado es un animal peligroso.

— Lo comprendí, al fin después de tanto tiempo, la luna me mostro en sueños lo que era incapaz de ver. — Lucio solo podía agradecer que su luna al fin estaba de pie, luego de un año de permanecer en cama, por fin su luna mostraba no solo estar mejor, ella se veía radiante.

— ¿Era eso lo que te mantenía enferma? — consulto acariciando su rostro, para los lobos, su compañera lo era todo.

— Lo era mi Alpha, tú me amas y yo te amo, pero tu buscas en nuestros hijos al próximo rey, y yo busco su felicidad, si ellos no cambian, tu legado acabara mi Alpha, se destruirán y a todos nosotros con ellos. — no dudaría de lo que su compañera decía, la conocía, era poderosa, aún más que él.

— ¿Qué debemos hacer? — consulto con miedo a un futuro incierto.

— Rezar mi Alpha, rezar para que su compañera pueda unirlos.

— ¿Compañera?

— Sí, solo una, para los tres, así como solo será un reino el que deban dirigir los tres, te lo dije Lucio, lo raro, no siempre es malo.

Alana estaba durmiendo en el establo, ese era el lugar al que las demás empleadas la enviaban cuando los reyes no estaban y ella… solo acataba la orden, sin decir nada, no queria causarle problemas a Lina, no después de haberla acogido en la mansión y aunque Lucio le aseguro que podía quedarse como una huésped, Alana no lo acepto, no queria abusar de la buena voluntad de sus reyes, por lo que pidió ser una empleada, algo que no fue bien acogido por los demás y es que no solo era un ser defectuoso para cada persona de la manada, los celos de los empleados al ver como la trataba la luna Lina, era lo que más problemas le traía, estaba sola, contra todos y eso no era bueno, claro que no.

— Alana. — la voz del Alpha Edur la hizo abrir los ojos, pensó por un segundo que estaba soñando ¿Qué haría el de ojos verdes allí? — Alana. — canturrio dejando ver en su voz un tono diferente.

— ¿Alpha Edur? — consulto la joven al tiempo que salía de entre la paja y sacudía su ropa.

— Linda, Alana, ¿Qué haces aquí? — la pelirroja quedo unos segundos en silencio, Edur nunca hablaba con ella, la ignoraba como sus hermanos, pero ahora, no solo estaba allí, sino que también le había dicho linda.

— ¿Que? — susurro aun descolocada ante lo que veía, y es que Edur se notaba raro, su cabello estaba desordenado, sus pupilas estaban dilatadas y su rostro. — Alpha Edur, tiene un dibujo en su cara. — dijo sorprendida, se había tatuado, uno de los posibles reyes había decorado su rostro, algo que despertó la curiosidad de la joven.

— Sí, era necesario para hacerme cargo de redomón. — respondió con voz quedada viéndola desde la punta de los pies, hasta la punta del cabello, siempre le había parecido hermosa, pero Edur respetaría a su compañera, ese siempre fue su pensamiento, mantenerse puro para ella, pero ahora, luego de tomar su lugar en la mafia y consumir un poco de lo que le vendían a los humanos para destruirse, las ganas de ver a Alana lo desbordaban.

— Ah, ¿felicidades? — rebatió dudosa, aun preguntándose que hacia ese Alpha allí.

— No Alana, así no se celebra tan magnifica distinción.

— ¿Cómo? — a Alana le estaba costando seguirle el ritmo a los dichos de uno de sus Alphas, y es que estaba cansada, hacia una semana que los reyes no estaban y su vida era un infierno.

— Ven aquí, te mostrare como debes felicitarme por ser mejor que mis hermanos.

La joven brinco de su cama y Gala la observo sorprendida, estaba toda sudada y su rostro estaba pálido.

— ¿Todo bien Alana?

— Si… es solo, un mal sueño. — aseguro tratando de calmar su corazón.

— Bien, creo que deberías darte un baño, Benjamín pasara pronto por nosotras. — solo asintió, no queria pensar en que regresaría a la manada, aunque estaba segura de que no vería a Edur, aun así, estaba Otto, no pudo evitar estremecerse ante esa verdad.

— ¿Segura que estas bien Alana? — Gala sentía la necesidad de cuidarla, como si fuera una hermana menor.

— Sí, sí, iré a bañarme.

La pelirroja dejo que el agua caliente cayera sobre ella, trataba de relajar su cuerpo, odiaba tener esa pesadilla, la noche que Edur tomo de ella lo que quiso, el día que Edur la marco para siempre; aunque no fue el único, cada uno de los trillizos la había marcado a su manera, tanto física como mentalmente, ellos habían apagado su luz, poco a poco, lo que sucedió el último tiempo, solo fue la estocada final.

— ¡Alana, Benjamín ya está aquí! — el grito de Gala, solo le acelero el corazón, era el fin, al menos de un año maravilloso.

— Vamos Alana, solo serán unos días, tú puedes. — trato de alentarse, solo serían las vacaciones y regresaría con ellos, los humanos, sus amigos. — Estoy lista. — informo luego de vestirse en tiempo récord.

— Alana, si no secas tu cabello te enfermaras. — dijo Benjamín apenas y la vio llegar a la sala.

— No hay tiempo Romeo, mejor regálale tu gorro. — Gala trataba de ser sutil, de hacerle ver a la pelirroja que ese rubio estaba calado hasta los huesos por ella, pero Alana o no lo comprendía o no queria hacerlo, tal vez en el fondo, esperaba que la diosa luna le concediera el milagro de darle a su loba y así poder encontrar a su pareja.

— Toma pequeña. — Benjamín sin demora alguna, le coloco su gorro de lana, tan rojo como el mismo cabello de Alana.

— Gracias Benjamín. — no pudo evitar sonrojarse, no debía, pero lo hizo, el rubio siempre la hacía sentir importante.

— Bien tortolos, ya nos fuimos.

Ni Alana, ni Benjamín se quejaron ante los dichos de Gala, si bien el rubio no podía decir que amaba a Alana, si sentía algo especial por ella, protegerla era lo único que lo hacía sentir bien.

Emprendieron el viaje hacia el norte de la ciudad, para Alana no era raro que sus amigos vivieran pasando su manada, sabía que aun entre sus tierras había pequeños pueblos que los humanos usaban como lugares turísticos, aunque queria ser la última en bajarse de ese automóvil, y no la primera, no queria dejarlos, con ellos se sentía bien, como un ser con vida, que merecía respeto, dignidad.

— Prueba esto, esta delicioso. — habían hecho una parada en una cafetería, para un pequeño bocadillo, y Alana no pudo evitar sorprenderse cuando Benjamín le dio la mitad de su wafles.

— Pero, es tuyo, tu pagaste por él. — rebatió en un susurro, parecía que cada kilómetro que estaba más cerca de la manada, su voz se fuera apagando un poco más.

—Lo sé, pero quiero que pruebes lo delicioso que esta, además es solo comida Alana. — la voz de Benjamín se esfumó poco a poco y su mente la llevo unos años atrás.

— ¿Estas robando mi comida? — la voz de Otto la hizo dar un brinco.

— No, no, solo… lo siento… — como podía explicarle al Alpha que una fresa había caído al piso, mientras preparaba su plato y que ella llevaba tres días sin comer. — No es que la saque de su plato… se había caído… — estaba avergonzada, literalmente había cogido comida del suelo.

— Que descaro tienes al inventar tal cosa. — Otto clavo sus ojos verdes en ella, la hizo sentir tan pequeña, como un insecto. — Mi madre te acogió aquí, te trata como a su hija y tienes el descaro de justificar tu falta, con una excusa tan repugnante. — claro que Otto no le creería, si se suponía que ella recibía los mismos tratos que ellos, los Alpha de la manada.

— Yo… — Otto lanzo la bandeja que aun tenía Alana en sus manos, la fruta al igual que el tocino y los huevos se desparramaron por el suelo de la cocina.

— Si insinúas que aquí se te alimenta tan mal como para comer del piso… te daré motivos para decirlo.

— ¿Qué? — Alana no comprendía porque esos Alpha siempre la molestaban, no cuando estaban los reyes por supuesto, cuando Lucio y Lina estaban en la mansión, ellos la ignoraban, pero ante su ausencia, el mismo infierno se desataba.

— Que comas, quiero verte comer mi desayuno. — la joven espero, los minutos pasaron en silencio, y ella aun esperaba que Otto riera, que le dijera que todo era un chiste. — Me estoy cansando Alana, o lo haces por las buenas, o yo te ayudare. — sus ojos se cristalizaron, no podía creer que uno de los futuros reyes dijera tal cosa.

— Tu no podrías… — queria decirle que no debía ser tan injusto, él no sabía lo que los empleados le hacían, y, aunque lo supiera, no debía tratarla de ese modo, ¿no era acaso miembro de la manada? ¿en verdad no valía nada?

— Claro que puedo. — para un Alpha competitivo y altivo como Otto, los dichos de Alana eran un reto que no estaba dispuesto a pasar por alto. — Ven aquí, estúpida inservible.

— Tierra llamando a Alana. — la voz de Benjamín, que aun la veía expectante la trajo de regreso y Alana solo sonrió, deseando no tener que regresar a la manada.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • Los Alphas de Alana   Capítulo 65

    Alana y sus Alphas marcaron el comienzo de una nueva historia en el mundo sobrenatural, dejando enseñanzas como que a veces lo distinto no siempre es malo, y lo diferente debe ser apreciado y no maltratado, también les enseñó que nunca es bueno abusar del poder que se posee, porque uno nunca sabe lo que el futuro les deparará, los Alphas de Alana al menos habían contado con el favor de la diosa, y el perdón de su amada luna, porque en el fondo sabían que todo lo que habían pasado para ganarse el amor de su luna, no era nada a comparación de lo que realmente merecían, hasta que un día tuvieron que poner en práctica todo lo aprendido, y no solamente eso.—Ustedes saben cuánto los aprecio. — dijo en plena madrugada el rey de los vampiros Benjamín, quien simplemente había irrumpido en la mansión de los Alphas. —Pero debo dejar en claro que no estoy de acuerdo con esto. —los Alphas se miraron inquietos, pero solo Alana hablo.—Querido amigo, te daría la razón o contradeciría, si tan solo m

  • Los Alphas de Alana   Capítulo 64

    Los tres se empujaron entre si mientras subían las escalera, repartiendo las culpas de lo que sucedía, mientras Edur y Otto aseguraban que todo era culpa de Osiel, por no preparar la bendita lasaña, Osiel los culpaba ellos por no ponerse de acuerdo con el nombre de los príncipes y aseguraba que el tema de la lasaña fue una excusa para que Alana dejara salir su frustración, así entre protestas y acusaciones llegaron a la habitación solo para encontrar a una loba de pelaje cobrizo en lugar de Alana.—¿Qué demonios? — Dijo sorprendido Edur al ver como un pequeño cachorrito salía de la loba.—Por un demonio, cómo lo pasé por alto. — Otto se sentía el peor de los padres, el peor de los compañeros, y el peor de los Alphas. —Era más que lógico que Alana siendo Alpha iba a parir a los cachorros en su forma lobuna. —claro que sí, si esa era la ventaja que tenían las pocas lobas Alphas que existían, el poder hacer de su parto más llevadero al transformarse en lobas.—Mi pequeña luna, es tan va

  • Los Alphas de Alana   Capítulo 63

    Esa noche fue la primera en toda la vida de Alana que no soñó con las atrocidades que padeció a manos de quienes debían cuidarla, tampoco tuvo sueños húmedos con sus Alphas amándola, esa noche Alana soñó con su loba, se veía a sí misma corriendo por el bosque, rápida, audaz, como una llamada danzando a través de la espesura verdosa, se sintió completa y realizada más al ver a tres pequeños lobos color cobrizo, corriendo tras ella, aún mejor al divisar a sus tres Alphas negros aullándole a su luna.—Pequeña es hora de levantarse. —Osiel, sin duda era él, Alana lo sabía aún antes de abrir sus ojos.—Cuando nazcan nuestros cachorros, ¿aún seguiré siendo tu pequeña? — indagó al tiempo que veía como los ojos de su Alpha brillaban y una sonrisa tan gigante como la que nunca le vio y como la que siempre le quería ver a partir de ese día, adornaba el rostro de Osiel.—Cuando nazcan nuestros cachorros, e incluso cuando sus cachorros lleguen, y por más que pasen cientos de años, tú siempre será

  • Los Alphas de Alana   Capítulo 62

    La confianza era la base de todo, no importaba a que especie pertenecieran, humana, lobuna, vampira, o bruja, cualquier relación y más si pretendía ser eterna se basaba en la confianza, existían lazo que los podía guiar a su destinado, pero solamente la confianza los haría estar unidos esa era la verdad, y ese era el por qué la familia Leroy había fallado, o al menos los padres de Alana, por suerte la loba estaba escribiendo su propia historia al igual que sus Alphas.En el momento que Osiel dijo aquellas palabras y a pesar de que Alana ya lo sabía, por primera vez sus manos fueron a su vientre, cubriéndolo de una forma protectora, quizás porque al escuchar a Osiel, su embarazo se hizo real de una forma casi mágica, porque Alana podía sentir la energía dentro de su vientre, y por escasos segundos se imaginó a tres lobos rojizos corriendo por el bosque cerca de la mansión de los Reyes, y las lágrimas que rodaban por sus mejillas buscaban refugio en la comisura de su sonrisa.No fueron

  • Los Alphas de Alana   Capítulo 61

    —Porque…—tenía la posibilidad de decir que los había escuchado, pero su loba no quería que lo hiciera, esta no era una prueba de Alana, era una prueba de su loba y la joven comprendió que debería respetarla, porque al fin y al cabo, era ella la que tenía que unirse a su loba, y es que la había esperado durante tanto tiempo, y había sufrido tanto desprecio, que a lo último creyó que no poseía un espíritu lobo, y se convenció de que era una humana, o al menos intentó ser una, pero luego cuando el espíritu lobo apareció lo que debía ser motivo de alegría, no lo fue Alana lo comprendió. —Porque creo que es lo que me sucede. —cumpliría con lo pactado con su espíritu lobuno, no pondría sus Alphas sobre aviso de que sabía de su embarazo, sin embargo, eso no quitaba que les dijera de que ella sentía discordia con su espíritu lobo y viceversa.—¿Qué? ¿a qué te refieres Alana? —el rostro de Osiel denotaba la alarma que sentía, mientras que Edur se acercaba preocupado a ella y acariciaba su mano

  • Los Alphas de Alana   Capítulo 60

    Unidad, todo se basaba en eso según le había dicho Gala, no solo era la unión de ella con sus Alphas, sino también que los trillizos volvieran a unirse como cuando eran niños, compartiendo todo, absolutamente todo, comenzando por su luna, el reinar La Manada, el dirigir las empresas, y el dominar Redmond y aun así, Alana creía que algo se le escapaba de las manos, hasta que lo comprendió algunas horas después de que Benjamín y Gala se marcharan y cuando sus Alphas regresaron supo que era lo que se escapaba a su entendimiento.—Pequeña ¿qué haces de pie?, deberías estar haciendo reposo. — la regaño dulcemente Osiel al verla aparecer en la sala, dónde se encontraban los tres Alphas pues creían que su luna aún dormía.—No tengo sueño, tampoco estoy cansada, y mucho menos me siento mal, creo que todo fue producto de un malestar estomacal. — los Alphas se miraron entre ellos sin ser capaces de negar aquello, y de explicarle a su luna que era lo que realmente le sucedía, mientras Alana simp

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status