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Cap 4

last update Fecha de publicación: 2025-12-20 05:32:32

Tan pronto como entré a mi habitación, me deslicé por la puerta, todavía sintiendo mi corazón latiendo con fuerza.

Las puntas de mis dedos estaban entumecidas y mi cabeza estaba en una zona, pensando en todo y nada al mismo tiempo, pero incapaz de ignorar el inesperada deseo todavía en medio de mis piernas.

No podía entenderlo. Ares era un hombre mucho mayor que yo… entonces, ¿por qué?

Incapaz o demasiado reacia a nombrar aquello, me deshice de mi ropa y me acosté en mi cama. El calor en mi cuerpo hacía insoportable dejar cualquier prenda que no fueran unas bragas en contacto con mi piel, y sabía que ya no era solo el efecto del verano. Y fue ese mismo calor el que me hizo girar demasiado tiempo sobre la cama, sufriendo un insomnio extraño.

No podía dormir, no podía deshacerme del calor y mi zona intima todavía palpitaba por un poco de atención.

Molesta por la falta de control sobre mi cuerpo, me giré de nuevo hasta quedar de rodillas, pero la fricción entre mi clítoris y la almohada me hizo soltar un gemido bajo, involuntario y vergonzoso.

Entonces fue imposible. Yendo en contra de mi mente confusa, mi mano alcanzó mi vagina y suspiré pesadamente cuando empecé a rosarla con un poco de fuerza.

Mi cara estaba presionada contra la almohada y mi respiración caliente se tornó incómoda cuando deslicé la misma mano dentro de las bragas, sintiendo la humedad que desprendía mi intimidad.

Mi mente convirtió mi propio toque en una proyección de cómo quería que Ares me tocara. Y de repente los recuerdos de esa serpiente dibujada en su piel, el cinturón de cuero sostenido entre sus manos y su deliciosa voz diciéndome muñeca invadieron mi mente mientras me tocaba, por lo que me llevó muy poco tiempo antes de que me corriera con un gemido abrazador.

A la mañana siguiente, comprender todo lo que había sucedido esa noche seguía siendo una tarea difícil.

Nunca me consideré una persona insistente, porque era demasiado vaga para eso. Sin embargo, estuve cada segundo de ese interminable día pidiendo a mi mente todavía inocente y confundida entendiera esas cosas, sin importarme si estaba en clase o en un receso con mis dos únicos amigos en la universidad.

Simplemente no podía concentrarme en nada más que no estuviera directamente relacionado con Ares Bailey.

Aun así, me dejé arrastrar por Jess y John a un club de vídeo juegos en el centro de la ciudad, creyendo que me serviría de distracción.

No funcionó.

Mientras ellos gritaban arrebatadamente durante las contiendas, yo me quedaba demasiado aireada en medio de las estridentes máquinas y la tenue iluminación del lugar.

Mi mente estaba fielmente como todos aquellos planetas encarnados en el club. En el espacio.

Por eso escuché chistes durante toda la tarde. Jess y John no eran lo que me gustaría llamar buenos amigos, pero eran lo que tenía, así que a menudo me obligaba a tragarme toda la incomodidad que creaban sus bromas y comentarios maldosos.

Ese día, ignorar sus provocaciones fue especialmente fácil, lo que no quiere decir que quisiera seguir con ellos. Así que, sin más, me despedí y me marché, dejándolos solos en una ensangrentada batalla en Mortal Kombat.

Quería regresar rápido a casa y tratar de distraerme con cualquier cosa que realmente funcionara. O tal vez ir a un foro en Internet, crear un perfil anónimo y preguntar a través de el, si masturbarme pensando en un hombre mayor que yo, me hacía ser una pervertida.

Asustada con la posibilidad, balanceé la cabeza a los lados. Entonces seguí mi camino un poco distraída, sin esperar que, al doblar en la siguiente calle, vería la causa de toda mi distracción parado frente a uno de los edificios comerciales.

Ahí estaba Ares. Camisa de vestir, pantalón oscuro, zapatos lustrados, una mano en el bolsillo y una deliciosa expresión concentrada cuando un hombre mayor le dijo algo.

El rompe frigobar también estaba a ahí, no podía recordar su nombre, tampoco me molesté en intentar recordarlo.

El único momento en que mis ojos dejaron de mirar a Ares fue cuando leí el nombre de la empresa en la fachada del edificio.

GOTMAN

Antes de que pudiera saber que me gustaría descubrir más sobre él, Alice ya me había dicho varias cosas que descubrió al stalkear a nuestro huésped en Internet. Una era que GOTMAN era la empresa de la familia Bailey y que, por ser el hijo mayor, Ares sería el sucesor en la dirección de los negocios.

Por lo tanto, y también por el gran parecido físico, creí que el hombre de mayor edad que le hablaba justo a la entrada del edificio era su padre.

Esa simple sospecha debió hacerme desconsiderar la posibilidad de ir y acercarme, pero no fue así.

Antes de que pudiera darme cuenta de qué m****a estaba haciendo, comencé a cruzar la calle, caminando en su dirección. Totalmente sumergida en mis ideas, reducida en una sola persona, como si el resto del mundo no importara.

Pero lo hacía. Había otras personas, existían los semáforos y, por supuesto, también existían los autos. Sin embargo, solo pensé en ello cuando escuché la bocina alta de un auto que venía hacia mí a gran velocidad, el cual intentaba pasar antes de que el semáforo cambiara a rojo.

Completamente asustada, miré en dirección al auto, viéndolo peligrosamente cerca.

El conductor frenó bruscamente, cerré los ojos, parada en el mismo lugar.

Y entonces… nada sucedió.

Podría jurar que sería golpeada y pude imaginarme a mis padres lamentándose sobre mi tumba, pero todavía estaba viva. Entera.

Abrí los ojos luego de presionarlos por un tiempo, todavía estaba asustada, y noté que el auto se quedó a una distancia mínima de mi posición.

Aun así, estaba aterrorizada, y lo siguiente que pasó fue sentir que mis piernas fallaban, provocando que casi me cayera sobre el asfalto caliente de la calle.

Casi.

No había sido una liberación repentina de mi equilibrio lo que me mantenía de pie. Fue el brazo de Ares sosteniéndome con fuerza alrededor de la cintura, presionándome contra su propio cuerpo para que pudiera encontrar algo de sustento.

Entonces lo miré con los ojos muy abiertos, tanto por el impacto de ser casi atropellada como por la sorpresa de ser amparada por él.

—Ares… —Lo llamé y sé que mi voz falló miserablemente porque, de repente, quería llorar porque todavía estaba demasiado asustada.

—¿Estás bien? —preguntó, con la voz y mirada más cuidadosas que la noche anterior.

—¡¿Acaso perdiste la cabeza, niña?! —Un hombre gritó antes de que yo pudiera responder, y vi al conductor salir de su auto y caminar furiosamente hacia donde estábamos—. ¡Mira la m****a que podría haber pasado si no me hubiera detenido a tiempo!

Me encogí un poco, porque sé que fue mi error, y sentí que el brazo de Ares se apretaba un poco más a mi alrededor, como si tratara de protegerme.

—Sabes que nada de esto estaría pasando si respetaras los límites de velocidad, ¿no? —Lo escuché decir, tranquilamente.

Ares era más alto que yo, así que tuve que mirar hacia arriba para ver su rostro, y vi que dejó caer su mirada oscura sobre la mía durante unos segundos antes de regresar su mirar al conductor.

Pero mientras miraba al hombre enojado frente a nosotros, solo miré su rostro, todavía sintiendo su abrazo protector.

Y entonces mi corazón agitado comenzó a calmarse.

—¡La señal estaba en verde! —dijo el conductor, aún poseído—. ¡El problema es esa estúpida niña si cree que puede cruzar una avenida así!

—Ares saca a la chica de aquí —dijo alguien, y solo entonces dejé de mirarlo y busqué al dueño de la nueva voz, encontrando rápido al hombre que asumí era su padre—. Déjame arreglar las cosas con este caballero.

Vi a Ares demorar un instante antes de asentir, y luego mirarme pacientemente.

—Vamos, Maya —dijo, y yo me dejé guiar.

Mis piernas todavía temblaban, pero me las arreglé para caminar con el brazo de Ares todavía sosteniéndome hasta que llegamos a la acera.

Pero entonces mis pies se atoraron, y solo entonces me di cuenta. Ares me llamó Maya, pero yo nunca le había dicho mi nombre.

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