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Capítulo 6

Autor: Mary Meneses
last update Data de publicação: 2021-06-08 08:28:45

(...)

Abro lentamente mis ojos, pero nuevamente la vuelvo a cerrar porque la iluminación de la habitación o donde quiera que esté ofende mi vista. Pongo mi mano en mis ojos.

—Liz, amor… —siento como su mano está sobre la mía.

Quito mi mano de mis ojos y puedo ver el rostro preocupado de Dylan para luego percatarme que estoy en una habitación, pero no la habitación de la casa y menos la de mi apartamento, estoy en un cuarto de la clínica.

¿Qué me pasó?, no recuerdo nada.

—Dylan, que me paso —hablo con temblor en mi voz—, amor, todo me da vueltas.

—Te desmayaste —susurra—, has estado inconsciente por cinco horas—solloza—, pero no te preocupes, ya el médico traerá los resultados—habla rápidamente.

Me desmayé… ¡Morgan…! ¡Gabriel!

—Puede que sea el cansancio —quiero llevarlo por ahí porque no quiero que se entere de que tuve un problema con Gabriel.

—No, estoy preocupado, pero a la vez enojado porque te has venido sin desayunar —resopla.

—Buenas, como se encuentra Liz —dan dos toques a la puerta para luego de unos minutos entrar.

¡Es el doctor Palma!

—Ahora que ella ya despertó puedo decir que ya está mejor—contesta Dylan—. Doctor, puede que en esos resultados encuentre que la joven no quiere alimentarse.

—Ya tengo los resultados, pero hasta mañana le podré dar de alta —frunzo el ceño al escuchar al doctor—. Tiene deshidratación, estrés, falta de alimentación y acaba de tener un riesgo.

¿Qué? ¡Es una puta broma! ¿Un riesgo de qué?

—¿Riesgo de qué? —Mi corazón late a mil por hora por el miedo de que me confirme lo que estoy pensando.

—Estás embarazada, casi pierdes al bebé —¡bebé!—, sí, estás embarazada—asiente y mis ojos van directo hacia mi estómago plano—. Tienes que guardar absoluto reposo, cuidarte y alimentarte por el bebé—dice lentamente y yo me quedo con la única palabra, “sí, estás embarazada”—. Liz, ahora tenemos que hacer un ultrasonido Obstétrico.

—¿Cómo es posible que haya quedado embarazada? 

Sí, ¿cómo?, recuerdo que usaba anticonceptivos.

—Claro que puedes, como verás, el esperma puede permanecer en el útero y las trompas de Falopio hasta seis días después de haber tenido sexo, pueden pasar hasta seis días entre la relación sexual y la fecundación —cierro mis ojos y poco a poco sale una lágrima—. Si un espermatozoide se une a un óvulo, el óvulo fecundado se desplaza por la trompa de Falopio hasta el útero —siento que la cabeza me dará vueltas—, eso quiere decir que en una semana tú puedes quedar embarazada, y efectivamente si no usaste protección.

El doctor entendió mi sarcasmo, pero se dedicó a explicarme algo de lo que ya sabía.

—Gracias por la información, pero eso ya lo sabía doctor —doy un fuerte suspiro después de abrir los ojos.

—Pero yo no tenía ese conocimiento —Dylan intenta que sus palabras no sean groseras—. Liz, seremos padres —Dylan grita de felicidad—, estoy feliz, no sabía cuán grande es esta emoción—se acerca a mí para llenarme de besos—, te amo Liz, sé que te sorprende al igual que a mí, pero tienes que pensar que no fue planeado—¡claro que no fue planeado porque planificaba!—, pero sin embargo y de todo lo que pase, te amo y el bebé que llevas dentro de ti, lo cuidaré, lo amaré y los protegeré—dice con las lágrimas saliendo de sus mejillas.

Me he quedado sin palabras, cómo puede estar feliz, como puede que la noticia le encante y que no se arrepienta de haberme conocido. Lo siento Dylan, pero no puedo sonreír y menos gritar de la emoción porque todo esto es una bomba para mí, me cuesta digerir la noticia de que esté embarazada.

¿En qué falle?, puede que tenga una relación sana con Dylan y que él no cambie por mi estado.

—Liz, necesito hacerte el último examen —el médico interfiere entre mi mundo de pensamiento y el de momento de alegría de Dylan—, ya es hora, levántate la camisa para hacerte el examen —el doctor acerca el aparato.

 Dylan levanta la camisa, luego el médico hecha una liquido helado sobre mi abdomen para luego poner un pequeño instrumento muy similar a un "micrófono" llamado transductor emite ondas de ultrasonidos. 

Comenzó a mover y mis ojos viajaron directo a la pantalla.

—No puede ser —exclama—, aquí hay dos—habla señalando los dos puntitos—. Felicidades... ¡Tendrán mellizos!—siento un bajo en mi corazón—, así que el cuido es de dos—me reprende—. Las medidas están correctas, no veo ninguna irregularidad—¿Y yo como me siento?—. Esto es todo, así que mañana te daré de alta, pero antes de todo quiero que ambos tengan presente que tienes que reposar.

El doctor le extiende a Dylan una toalla para que limpie el gel que está regado por mi abdomen. Mientras Dylan lo hace, el doctor me dice que tengo cuatro semanas de embarazo y que si no hay inconveniente él puede ser mi doctor personal y una ginecóloga de la que necesito urgentemente.

Sin más que decir el médico se retira, pero sin antes repetir una y otra vez las recomendaciones que debemos seguir y también me dice que no tengo permitido terminar mi pasantía y por eso él se encargará de todos mis pendientes en la clínica.

***

Después de un par de horas, Dylan me dice que ira a la cafetería porque en todo el día no se ha alimentado. Lo único que le dije es que comiera todo lo que yo no puedo comer, aunque no sé por qué me quejo, ya que me están suministrando alimento por suero. 

Antes que Dylan diera media vuelta me da un beso en la comisura de mis labios. Cierro mis ojos después de escuchar que cierra la puerta. Quiero intentan dormir porque la verdad es que ahora que estoy consiente de la noticia que esperaré dos hijos, ¡me tienen loca!

¡Mierda!, que haré con dos hijos, si con uno casi pierdo la cabeza, ahora dos.

¿Será que puedo ser una buena madre?

De pronto abro mis ojos al escuchar que la puerta se abre y de que también escucho el susurro de Morgan. Me siento sobre la cama y me suelto a llorar.

—¿Qué pasa nena? —ella corre hacia mí.

Poco a poco le voy explicando que estoy esperando dos hijos y que no sé cómo el anticonceptivo no me funciono al 99.99%, pero ahora no puedo reclamar y menos lamentar, lo único que quiero es llorar y pensar que todo será bueno. 

Ella se impresiona porque es obvio que no se lo esperaba, pero su reacción hizo que me sorprendiera aún más porque empezó a dar saltos y gritar que será tía. Inmediatamente la hago callar porque estamos en una clínica y no en su casa.

Ella lo lamenta y me dice que esto no se quedara así, ya que se las desquitara planeando una gran fiesta en la nueva casa. Antes que pierda el control le digo que sí, y que no me molestaría que viniese mañana por mí, pero eso sería después que me den de alta, puesto que ahora necesito dormir. ¡No es que la quiero correr!, lo que estoy haciendo es evitar que el doctor me regañe y que a ella la corra.

Ella asiente, pero sin antes decirme que puso en su lugar a Gabriel y que no cree ocultarle a Dylan lo que el atrevido y patán de Gabriel hizo. Esa m****a, sí, esa m****a llamado “jefe”.

Presiento que mañana será otro día largo y lleno de sorpresas.

***

Desde que la hora llego al cambio de turno, es ahí donde empezó mi martirio; como que el doctor me ordenara seguir las instrucciones y de que no se me olvide tomar las vitaminas y el hierro. Intento procesar todo, pero el médico me lo hace difícil y lo malo de todo es que Dylan está atento a todo y eso malo para mí porque ahora en adelante Dylan no me dejará sola, por una parte es bueno, pero por la otra no porque descuidara sus negocios.

Con una enorme sonrisa le digo al doctor que haré todo para cuidar a estos hermosos bebés que llevo dentro de mí, pero que me deje al menos procesar y ver qué es lo que haré con mi vida, no es que diga que un par de bebé sean un estorbo, lo digo porque jamás había planeado tener hijos antes de graduarme y menos de una relación de hace un mes.

Y él me dice con una enorme sonrisa “serás una buena mamá”.

Luego de decirnos un par de palabras con el médico salimos de la clínica en compañía de mi amiga Morgan, sí, ella estaba ahí, esperándome y diciéndome que me apoya en todo y que le hace feliz la idea de ser tía y también dice que Carla llegará en un par de horas.

¡¡¡Tendré unos meses interesantes!!!

(...)

Un mes después de mi primera recaída del peligro de tener una amenaza de aborto y de saber que estoy completamente embarazada.

Día a día Dylan me cuida; se preocupa por mí y por los bebés y también se asegura que siempre me encuentre bien. Al principio ambos hablamos seriamente de lo que haremos con nuestras vidas, ya que un embarazo no estaba en nuestros planes. Él me dice que irá hasta el fin del mundo por mí y que departe de él nos casáramos, pero eso no es conveniente porque uno se casa cuando ambos están listos.

Dylan y yo decidimos intentar con la relación de parejas, “unión libre” y que después que los bebés nacieran podríamos tocar el tema del casamiento. Él estuvo de acuerdo y eso a mí me pareció excelente, así que ahora nos concentramos por el bienestar de los bebés.

¡Mis padres no saben nada del asunto! ¡No creo que a ellos les importe si estoy embarazada o si estoy viva!

He tenido un mes de absoluto reposo, sin nada de sexo, sin permiso de salir y menos de hacer nada en casa. Dylan contrato a una señora que se encargará de la casa y que en par de horas estará conmigo y no piensa dejarme un minuto sola, ¡eso es exagerado, pero es cierto!

En estas cuatro semanas Dylan no fue a trabajar y dejo sus negocios a un lado y todo por mi salud. Pero el día de ayer tuvo que decidir y aceptar tener un viaje, ya que tendría que hablar un par de asuntos con su padre. Yo le insistí que fuera y que no se preocupara por mí, ya que tendría la compañía de las chicas, sí, ellas vienen cuatro veces a la semana y ahora ellas pueden quedar más tiempo, ya que Dylan no estará.

Con esas palabras y seguridad él se quedó tranquilo y ahora está en camino hacia Alemania… Sí, estoy sola y en unas horas vendrán las chicas.

¡Están tocando el timbre...!, desde la habitación se escucha el unísono del eco del timbre.

«Hablando del Rey de roma y una princesa que se asoma».

Me levanto de la cama y voy a encontrarme con las chicas, quiero recibirlas con un enorme abrazo. La señora Marcia que es la que se encarga de la limpieza y del resto de cosas de la casa. Ella es mi compañera y me cuida aún más cuando no está Dylan.

Bajando el último escalón me encuentro con Marcia y ella me dice que un  joven quiere hablar conmigo y que no sé si recibirlo. ¿Mmm?, ¿quién será? Para no armar una un escándalo y menos una paranoia le digo que se puede ir a preparar el almuerzo y que me encargaré de esa persona que pide a gritos mi atención y presencia. Ella no muy convencida acepta y me dice que cualquier cosa puedo llamarla.

—Hola, Liz… —no fue necesario caminar, ya que sorpresivamente el hombre apareció ante mí.

¡Gabriel!

Wao… Tengo un mes que no lo veo y me sorprende porque pensé que le había quedado claro que no quería verlo. 

¿Cómo me debería comportar?

—Hola, puedo saber que haces en mi casa y quien te dio la dirección —trato de sonar lo más calmada posible, pero una parte de mí está furiosa y a la vez triste porque no pensé que él se comportara como un hombre de lo peor.

—Lo siento, soy consciente que no debí decirte aquello y por eso vengo a pedirte perdón —¿debo creerle?—Felicidades por el embarazo de dos meses—señala mi vientre.

—Oh, gracias, pero no es necesario que vinieras hasta acá para pedirme perdón.

—Es necesario porque tengo dos meses de tortura y la verdad que quiero arreglar todo lo que hice —dice tras bajar la mirada—. Quiero que sepas que estoy perdido por ti y que no es necesario que esté con un hombre del que no conoces y que estés con él solo por obligación o el temor de que seas una madre soltera—da un paso hacia delante y yo retrocedo.

—¡Basta, Gabriel!, no quiero que estés aquí y menos cuando estoy sola —mi corazón empieza a acelerarse y el pánico se hace presente.

—Me iré, pero antes quiero que me perdones de corazón y que me permitas entrar en tu vida y en tu corazón —esta vez que da un paso adelante el muy maldito atrapa mi mano—. Te amo y no me importa si ese imbécil tiene más dinero del que yo te puedo ofrecer.

Su mirada de lunático acelera mi corazón, trago grueso mis piernas comienzan a temblar.

—No, quiero que entiendas que no puedo darte lo que tú quieres, entiende que amo a Dylan y que no importa el tiempo que llevo con él.

—No… No me importa si tendrás un par de hijos con él, lo importante aquí es que tú estarás conmigo —sisea entre dientes tras estrujar mi mano.

—No, jamás estaré contigo —vociferó—, suéltame por favor—gimo de dolor—. Me estás lastimando.

—Te irás conmigo y ahora más que nunca porque sé que ese hombre está de viaje y que en este momento te encuentras indefensa —de un jalón mi cuerpo está junto al de él—. Voy a hacer el hombre que siempre has anhelado y también un padre.

—Vete a la m****a —vocifero e intento empujarlo un poco—. Grábate en tu maldita cabeza que jamás estaré contigo, entiende que no todo es a la fuerza—¿en qué momento él cambió?—Déjame Gabriel, te lo suplico.

—Cálmate mi amor, verás que todo se pondrá mejor —frota mi espalda tras darme un beso en la mejilla—. Ahora quiero que pienses en los bebés y dejes que me encargue de todo.

No...no… no… no puedo permitir que haga semejante estupidez, pero también quiero controlarme porque siento que me está faltando el aire. El miedo de que él se salga con la suya me da terror y también de que no podré ver a Dylan.

—Déjame, te suplico que me dejes —empiezo alterarme, pero el llanto hace que mis palabras salgan en un susurro—. Ayuda… Ayúdenme.

—Ssshh… nadie te escuchará mi amor.

—Suéltala maldito perro —Gabriel se aparta de mí cuando escucha que alguien está detrás de él.

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