Se connecter—Dime que no aceptaste esta tontería —pidió Andy mientras se bebían un trago en “El Inframundo”, según les habían comentado, era como tener un pedazo de Nueva York en San Francisco.
—Voy a demostrar que no soy la mujer que él cree, Andy, le haré morder el polvo por donde piso —le aseguró y la muchacha suspiró.
—Eso suena genial, pero… ¿Qué te hace pensar que podrás contra él? —le cuestionó la joven italiana.
—¿Estás de su parte, no confías en mí? —preguntó Amber con tono herido. Una cosa era que su familia ¡No! Su familia no, específicamente su padre, no confiara en ella y la viera únicamente como desperdicio, pero otra muy diferente era que Andy, su mejor amiga, no confiara en ella. Eso dolía más que nada.
—Confío en ti, la muestra más clara es que atravesé un océano completo para estar contigo, Amber. Pero a diferencia de ti, no estoy obsesionada con demostrar nada a mi familia. No es tu caso, querida amiga y te estás dejando arrastrar por la corriente y tengo miedo de que termines sumergido en sus profundas aguas y entonces no pueda hacer nada por ti —le explicó la joven; sin embargo, Amber parecía reacia a comprenderla. Era testaruda como ella sola.
—Voy a demostrarle a mi padre y a Thiago que soy tan capaz como cualquier otra persona e incluso mejor que ellos y retomaré el control de Airplane— insistió tajantemente y Andy solo pudo suspirar.
La noche fue demasiado corta para Amber y a la mañana siguiente no se sentía tan preparado como había pensado para enfrentar a Thiago Montgomery, no sabía cómo su hermana podía vivir con un hombre como él; pero a todo eso… ¿Dónde estaba su hermana?
Dejó de pensar cuando su alarma le anunció que tenía cinco minutos menos para darse un baño y estar presentable. Suspiró y rogó al cielo no estar equivocándose. Había desafiado a Thiago y era momento de mantener su palabra.
Una hora después estacionó su auto en el parqueo de la empresa, respiró profundo y se encaminó a su nuevo destino. Estaba tan nerviosa que no había sido capaz de pasar un bocado, pero eso nadie debía saberlo.
—Buenos días —saludó a la mujer que era secretaria de presidencia.
—Buenos días, señorita Preston, el señor Ribeiro, la espera en su oficina —le informó la mujer y por alguna razón un escalofrío recorrió su cuerpo.
Amber era consciente que, si Thiago reconocía el miedo en ella, jamás sería capaz de respetarla como a un igual y para eso estaba, para hacerle tragar sus palabras y hacer que mordiera el polvo por donde ella pisaba.
Se armó de valor y empujó la puerta sin siquiera llamar.
—Buenos días, Thiago —dijo parándose delante del hombre con una seguridad que estaba lejos de sentir.
—¿Nadie te enseñó a tocar la puerta? —preguntó el hombre con tono gélido.
—La secretaria dijo que estabas esperándome, así que…
—Eso no responde a mi pregunta Amber. No puedes entrar a mi oficina como si fuera tu habitación. Aquí yo soy el jefe y te dirigirás a mí como el resto de los empleados. ¿Te queda claro o necesitas que lo repita? —Amber apretó los dientes con disimulo, pero se vio asintiendo.
—Todo claro, señor Montgomery —pronunció, obligándose a ser amable, cuando en realidad deseaba saltarse encima y caerle a golpes.
—Muy bien, al menos tengo la esperanza que no hay necesidad de repetirte las cosas, es algo que odio hacer.
—Si lo explica todo claro, no hay necesidad. ¿Ahora podría decirme cuáles son mis obligaciones? —preguntó la muchacha deseando salir de la oficina, necesitaba poner una brecha entre ellos, porque estaba jodidamente tentada a maldecirlo por la eternidad.
Thiago permaneció callado, se dedicó a ver a la muchacha delante de él. Podía adivinar lo nerviosa que estaba y lo mucho que luchaba para no quedar en evidencia. ¡Como si pudiera mentirle! “Pobre tonta, ni siquiera tiene una puta idea de lo que le espera”, pensó con maldad.
—¿Vas a tenerme aquí esperando? —la escuchó preguntar y él no pudo evitar reírse para sus adentros.
Como empresario no tenía un buen concepto de la familia Preston. Como parte de la familia obligatoriamente le restaba decir que tampoco tenía un buen concepto de la familia con la que había emparentado por cuestiones puramente de negocios, pero debía aceptar que lo único salvable de esa familia era Maggi, su esposa.
—Trabajas para mí y si se me antoja tenerte parada todo el día delante de mí, así será Amber —le anunció y con placer vio cómo ella luchaba para contener su lengua dentro de su boca. Solo necesitaba contar hasta tres para saber cuánto podía callarse, pero no llegó a ni a dos antes de escucharla hablar.
—¿Quién diablos crees que eres maldito imbécil? Se te olvida que también soy dueña de esta empresa —vociferó con enojo.
—Con un 25 %, que vendrían siendo nada —respondió con saña.
—Un 25 % que te impide ser el dueño absoluto de esta empresa y eso te molesta ¿Verdad? Esa es la puta razón por la que me tratas como la m****a. Ni siquiera me conoces Thiago, ¿cómo sabes que no soy capaz?
Amber supo que le había dado al clavo cuando vio el rictus en los labios de Thiago.
—Será mejor que no olvides quién soy Amber —pronunció con enfado.
—Te recomiendo lo mismo Thiago. No soy una simple empleada —rebatió Amber con un placer que le duró poco.
—Pero a diferencia de ti, yo sigo siendo el jefe —gruñó. —Ocúpate de ordenar los informes para esta misma tarde sin demora.
—Como ordene, señor Montgomery —pronunció saliendo de la oficina con una ligera sonrisa en los labios. Por lo menos sabía una de las razones por las cuales su cuñado la odiaba y le daría muchas más de las que él podía llegar a imaginar.
Sin embargo, Amber estaba lejos de imaginar que los archivos eran tantos y pasó sumergida entre ellos por más horas de las que pensó, mientras sus compañeros salieron a comer, ella prefirió quedarse entre las cuatro paredes del cuarto de archivos. No encontraba razones para hacer lo que Thiago le pidió, pero sí quería demostrar su valía, solo lo lograría, demostrando al cretino que no tenía ningún problema en realizar lo que se le pidiera.
Pero una cosa era decirlo y otra muy distinta intentar cumplirlo sin pensar que perdía el tiempo metido entre papeles empolvados y que desde su perspectiva parecía que fueron puestos fuera de su lugar a propósito.
Cuando finalmente terminó su labor, la noche caía sobre la ciudad de San Francisco. Salió completamente satisfecho de su trabajo y con una sonrisa en los labios, que fue borrada tan pronto como vio a Thiago.
—Demasiado lenta —le dijo mirando su reloj.
—¿Qué? —preguntó indignada.
—Te ha llevado todo el día ordenar unos simples archivos, no creo que estés preparada para seguir mi ritmo de trabajo. ¿Deberías iniciar primero a servir el café? Aunque sinceramente dudó mucho que puedas hacer café, siquiera —se burló.
Amber sabía que era una provocación deliberada, imaginó que Thiago esperaba a que dijera algo para darle el gusto de humillarla, pero se quedaría con las ganas.
—Puedo prepararle el café mañana si lo desea, señor Montgomery. Por ahora que tenga una buena noche —le dijo pasando a su lado.
—¡Espera! —gritó Thiago, pero no imaginó que Amber atendiera a su orden.
—¿Se le ofrece algo más, señor? —le escuchó preguntar, pero él no pudo pensar por un momento. La palabra “señor” en la boca de Amber le causaba una extraña sensación, un placer absurdo e ilógico.
—Te veo mañana —respondió una vez que fue capaz de recuperar la voz.
Amber no se molestó en responder, continuó su camino, con una nueva idea en su cabeza. Una sorpresa que seguramente no le gustaría a Thiago Montgomery.
Con una sonrisa de diablilla en acción, tomó su móvil y marcó un número, necesitaba hacer dos o tres preguntas, pero bastaba una sola respuesta correcta para darle rienda suelta a su pequeña venganza.
Mientras tanto, Thiago lo vio salir con dirección al ascensor. Se maldijo una y otra vez. No había ninguna necesidad de provocar a la chiquilla Preston, si Maggi llegaba a enterarse seguramente no se lo agradecería, después de todo era su hermana menor. Los dos habían encontrado beneficios en su matrimonio por contrato y ninguno de los dos se metía en la vida del otro, siempre y cuando nada fuera de dominio público y pusiera su acuerdo en peligro.
Si lo pensaba bien, su matrimonio no había sido un verdadero sacrificio. Maggi era lo más cercano que tenía a una amiga en mucho tiempo. Desde que se asoció con los Preston y se puso al frente de las empresas. Thiago se olvidó de las salidas a centros nocturnos, se centró únicamente lo que era verdaderamente importante y como todo en la vida tenía su recompensa, él había aumentado las ganancias de la empresa en un 90 % y la expansión de Airplane & Rent-Cars a otras ciudades y Estados. Su misión era convertirse en el máximo referente en el país con el servicio de aviones privados y autos.
Con aquellos pensamientos volvió a su oficina por su portafolio y las llaves de su auto, para volver a casa. Maggi le había dicho por la mañana que necesitaba hablar con él de algo importante y como buen amigo y socio que era al menos con ella. No deseaba hacerla esperar.
Thiago estacionó el auto en el garaje de su casa una hora más tarde, respiró profundo antes de apagar el motor y caminar al interior de la mansión que recientemente había comprado, uno de los lujos que ahora podía permitirse libremente.
Las dos copas vacías de vino sobre la mesita en la sala le hicieron fruncir el ceño y las risas provenientes del jardín encendieron su enojo. Una cosa era que le permitiera a Maggi tener sus aventuras fuera de casa, pero otra muy distinta era que los trajera a ella.
Sus pies lo llevaron con más prisa de la que imaginó y antes de abrir la puerta de cristal pudo escuchar la risa de la mujer y un estremecimiento le recorrió todo el cuerpo. “¿Qué demonios le pasaba?”, pensó antes de ver a la dueña de esa risa.
—¡Tú! —gruñó al ver a Amber Preston sonreírle.
—Hola, Thiago —le saludó con burla. —O debo llamarte ¿Señor?
Amber caminó de un lado a otro en la sala del hospital. Félix había llamado anunciando que Andy estaba en trabajo de labor y parto.—Cariño, ven siéntate conmigo —pidió Thiago palmeando la silla junto a él.—Estoy nerviosa y emocionada. El bebé de Andy y Félix será hermoso —dijo mordiéndose los labios.Había pasado las últimas semanas pensando en un bebé y no se atrevía a hablar con Thiago sobre el tema.Sin saber que él también estaba en la misma situación que ella.—Yo también lo creo y por el bien de ese bebé espero que herede la inteligencia y la belleza de su madre.—Félix es muy guapo y es posible que el bebé se parezca a él —dijo Amber caminando para sentarse junto a Thiago.—¿Hay algo que quieras decirme? —preguntó al verlo hacer un puchero.—Thiago, sé que no hemos hablado al respecto, pero… Me gustaría tener un hijo —dijo escondiéndose en el pecho del hombre.—¿Un hijo? —preguntó Thiago emocionado con las palabras de Amber.—Sí, quiero cargar un bebé entre mis brazos y saber
Thiago miró con semblante serio y profesional, al hombre sentado frente a él, por un momento experimentó un Déjà vu.Ya había estado en el pasado en esta misma situación y por un momento pensó que era el mismo día y el mismo mes y diferente año.—Entonces… —hizo una pausa—. ¿Quieres tener un trabajo en Airplane? —preguntó con calma.— Airplane, fue el negocio de mi familia por décadas, Thiago. Hoy está en tus manos y en manos de mi hija. Sé que Amber es noble por naturaleza y sé que nada le costará tenderme la mano y ayudarme. Pero he perdido mucho tiempo de mi vida esperando que otros hagan las cosas por mí —dijo—. Nunca he hecho algo por lo cual pueda sentirme orgulloso. Solo fui un heredero, sin ambición y sin visión en los negocios. Me gustaría empezar de nuevo y hacer que Amber se sienta orgullosa del padre que le tocó —añadió.Thiago se vio sorprendido por la petición de Guillermo, sin duda este hombre no tenía nada en común con el hombre arrogante que había entrado a su oficina
El cuerpo de Maggi Preston cayó sin vida sobre la tierra.—¡Maggi! ¡Maggi! —gritó Ariadne, mientras caía de rodillas frente al cuerpo de su hija—¡Una ambulancia! ¡Por favor, una ambulancia! —sollozó.La mujer quería tomar a su hija en sus brazos, pero las esposas se lo impidieron.—Está muerta —dijo la agente que había cometido el error de no asegurar las esposas de la detenida.—¡¡¡Nooooo!!! ¡¡¡Nooooo!!! —gritó.Ariadne se rompió en miles de pedazos al escuchar la voz de la agente. Su hija no podía estar muerta.—Es mentira, ella no está muerta. ¡Mi hija no está muerta! —gritó tratando de despertar a Maggi.—¡Llévensela! —ordenó el subjefe de la policía.—¡Noo! ¡Por favor, llamen una ambulancia! —suplicó, sin embargo, ningún agente le prestó atención. Ella y Robert fueron llevados hacia la patrulla para ser puestos a disposición de la justicia de San Francisco.Amber miró horrorizada el cuerpo de su hermana, mas no se acercó. Thiago no se lo permitió.—Necesitamos llevarte a la clíni
Thiago caminó de un lado a otro como lo hace una fiera en su jaula, fuera de su hábitat. Se sentía como una fiera a punto de devorar a su presa.Caminó, se mesó el cabello. Se sentó y repitió el ritual un par de veces antes de salir de la biblioteca y reunirse con el jefe Davis y Félix.—¿Andy? —preguntó.—Me tomé la libertad de pedirle que subiera a descansar. No ha dejado de llorar y estoy preocupado. No sé qué decirle y mucho menos cómo consolarla.—Vamos a encontrar a Amber, Félix. Ariadne llamará tarde o temprano —aseguró, pero no hizo mención alguna de las fotografías que le habían hecho llegar un par de horas atrás.—Señor Montgomery —dijo el jefe de la policía. Él también había escuchado los gritos del hombre, pero no hizo pregunta alguna. Su misión era traer de regreso a Amber Preston.—Estamos listos, en el momento que la llamada entre, iniciaremos el rastreo.Thiago sabía que no iba a esperar mucho. La ambición de Ariadne y Maggi no les permitiría mantenerse quietas y así f
«¡Secuestrada!»El solo pensamiento hizo a Thiago sentir terror y tuvo que luchar contra la náusea que subió por su garganta. Él no podía y no tenía tiempo para comportarse como un hombre débil. No cuando Amber estaba en manos de Dios sabrá qué clase de delincuentes.—Me he tomado el atrevimiento de llamar a la policía, desde que la señora me expuso la situación asumí que algo debía estar pasando y estas imágenes comprueban que la joven no iba ebria como le han hecho creer al guardia de seguridad —expresó el Gerente del centro comercial.Thiago se alejó un momento del hombre y de todos, pensando, armando el caso detallado en su cabeza.Ni siquiera prestó atención a Nicky y Félix que hablaban con el Gerente o la policía cuando estos hicieron su arribo.En la cabeza de Thiago dos nombres se repetían como un maldito mantra. Ariadne y Maggi Preston.Esas dos mujeres podían ser capaces de todo con tal de hacer sufrir a Amber y que mejor manera de castigarlo a él que haciéndole daño a su ch
Amber miró a través de la ventana del auto los edificios de la ciudad, el día era espectacular para salir de compras.—¿Espero por usted, señorita? —preguntó Ramiro minutos más tarde, cuando se estacionó en el parqueo del centro comercial.—No sé cuánto tiempo voy a demorar, Ramiro. No me gustaría hacerte esperar, te llamaré para que puedas venir por nosotras —dijo bajando del auto antes de que Ramiro pudiera bajarse y abrirle la puerta.—Está bien, señorita Preston, por favor no dude en llamar si necesita algo —pidió el chofer.—Gracias, Ramiro —respondió con una ligera sonrisa.Amber caminó por el estacionamiento para reunirse con su mejor amiga. Siendo sincero consigo misma, jamás se imaginó que estaría con Andy comprando cosas para bebés. Es más, jamás imaginó a Andy casada y siendo madre. Pero no tenía ni una sola duda de que sería la mejor mamá del mundo.Lo sabía por la manera tan fiera con la que la cuidaba y defendía. Había sido así desde que se conocieron.—¡Amber! —gritó An







