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cap 13 El Silencio de los Justos

Autor: L. Alejandra
last update Data de publicação: 2026-06-23 19:03:59

Aria se ajustó la blusa, mirándome con unos ojos que brillaban con una intensidad salvaje bajo la luz agonizante de la vela. Se acercó a mí, tomó mi rostro entre sus manos y me besó con una urgencia que me dejó sin aliento.

—Una vez más, Kyler —susurró contra mis labios, su aliento cálido quemándome—. En tu cuarto. Solo una vez más antes de que el sol nos quite esto.

Me separé apenas unos centímetros, mirándola con horror y fascinación.

—Aria, es una locura —respondí, mi voz sonando como un rue
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Último capítulo

  • Mi dulce pecado     Epílogo: Las huellas en la madera

    Cinco años en la costa dejan su marca en las cosas. La salitre muerde el hierro, la madera de los postes se aclara hasta tomar ese tono grisáceo tan propio de los acantilados y el viento moldea las copas de los pinos para que apunten siempre hacia la tierra, como si supieran dónde está el refugio. Pero las marcas que el tiempo había dejado en nosotros eran de otra naturaleza. Eran marcas de crecimiento, de raíces profundas y de una solidez que ya nada podía hacer tambalear.El verano estaba en su punto más alto. Desde la ventana de mi taller, que ahora era tres veces más grande que cuando llegamos, observaba el camino de tierra que conectaba nuestra colina con la vía principal. Un jeep viejo y cubierto de polvo bajaba la cuesta con lentitud. Sabía exactamente quién venía. Noah solo visitaba la casa principal los fines de semana, prefiriendo la soledad de su cabaña forestal, pero hoy era un día diferente. Hoy se cumplían cinco años exactos desde que el camión de carga nos dejó aquí con

  • Mi dulce pecado    Final

    El olor a virutas de pino y aceite de linaza era mi verdadero templo. Habían pasado meses desde que el camión de carga se detuvo frente a este acantilado, y hoy, el sol de la tarde entraba por los grandes ventanales del taller, iluminando el polvo de madera que flotaba en el aire como si fuera oro en suspensión.Pasé la palma de la mano sobre la superficie de la cuna de madera de nogal que acababa de terminar. Estaba perfectamente pulida, sin una sola astilla, con los bordes redondeados con la paciencia de un hombre que sabe que cada veta cuenta una historia. En los cabezales había tallado un relieve sutil: unas olas rompiendo contra la roca y, entrelazadas con ellas, las líneas firmes de una escuadra de arquitectura. Nuestra marca. El plano de nuestra vida.-Es hermosa, Kyler.Me giré, limpiándome las manos en el delantal de cuero. Aria estaba de pie bajo el marco de la puerta. Su silueta recortada contra la luz del océano era la imagen más sagrada que jamás contemplaría. Llevaba un

  • Mi dulce pecado    Comienzo

    La humedad del bosque y el olor a metal viejo del camión quedaron atrás, reemplazados por el aroma punzante del aire salino y la resina de pino. Habíamos cruzado tres fronteras bajo nombres falsos, durmiendo con un ojo abierto y la mano sobre la culata del arma, pero cuando el camión se detuvo finalmente frente a aquella cerca de madera descolorida, el silencio que nos recibió no era el de una tumba, sino el de una promesa.-Hemos llegado -dije en un susurro, como si hablar demasiado alto pudiera romper el hechizo y devolvernos a la mansión de los Ricci.Aria despertó a mi lado. Sus ojos, marcados por ojeras de cansancio y tensión, buscaron los míos antes de mirar hacia el exterior. A través del cristal sucio del camión, se extendía una pequeña colina que moría en un acantilado bajo, y sobre ella, una casa de madera y piedra que parecía haber estado esperando por nosotros desde el principio de los tiempos. No era una mansión de mármol frío; era una estructura robusta, con grandes vent

  • Mi dulce pecado     El Camino de los Desterrados

    (POV Kyler)El sonido de la lluvia golpeando el techo del vehículo era una percusión constante que marcaba el pulso de nuestra huida. Estábamos en una camioneta negra que Noah había conseguido, y el interior olía a humedad y a la tensión electrizante de cinco personas que acababan de arriesgarlo todo por un mañana que, hasta hace apenas unas horas, parecía una utopía.Connor conducía con una destreza casi inhumana, esquivando los baches mientras revisaba constantemente el retrovisor. Noah iba de copiloto, con el maletín de documentos sobre el regazo como si fuera un escudo sagrado. En la parte trasera, Aria estaba acurrucada contra mí, con Adrián y Gabriela dumiendo profundamente a nuestros lados, ajenos al hecho de que sus vidas habían cambiado para siempre.—¿Crees que nos sigan? —preguntó Aria, su voz apenas un susurro. Sus manos estaban entrelazadas con las mías, aferradas a mi piel con una fuerza que me decía que no me soltaría jamás.—Bruno no va a dejar pasar esto, bonita —resp

  • Mi dulce pecado    Profanando el Imperio

    (POV Kyler)El aire dentro de la mansión Ricci era gélido, un silencio artificial que olía a cera de muebles cara y a una libertad amordazada. Noah se movía con la precisión de un fantasma; ya tenía a Adrián y a Gabriela con él, junto con la evidencia que hundiría los negocios de Bruno para siempre.—Lévatelos ya —le ordené a Noah en un susurro, mientras vigilaba el pasillo—. Saca a los niños de aquí. No quiero que vean lo que está por pasar.Noah asintió, llevándose a los pequeños por la salida de servicio. Me quedé a solas con Aria en el rellano del segundo piso. Ella entró en su habitación —la que compartía con Bruno— para recoger lo indispensable: recuerdos que no pensaba dejar atrás. Pero en cuanto cerré la puerta tras de nosotros, el ambiente cambió.La cama matrimonial, una mole de madera oscura y sábanas de seda negra, presidía la estancia. Al verla, una oleada de bilis y celos salvajes me subió por la garganta. Imaginé a Aria allí, sometida a ese hombre, y el control que habí

  • Mi dulce pecado    El Espejismo de la Entrega

    (POV Aria)El silencio de la mansión Ricci siempre me había parecido el de un mausoleo. Esa noche, antes de que Kyler recuperara su vida, el aire pesaba más que nunca. Bruno estaba allí, reclamando su "derecho", marcando un territorio que yo le había negado en mi mente cada segundo de los últimos años.El recuerdo me golpeaba mientras estaba en los brazos de Kyler, en ese hotel, fundiéndome con él. Mi mente viajaba al pasado reciente, a esas noches donde tenía que cerrar los ojos y fingir que estaba en otra parte para no morir de asco.Bruno estaba sobre mí. El olor a su perfume caro y a tabaco me asfixiaba. No había ternura en sus movimientos, solo una posesividad fría. Lo sentía recorrer mi cuerpo con una insistencia que me arrancaba gemidos, pero no de placer, sino de una reacción nerviosa que mi cuerpo no podía evitar.—Eres mía, Aria —susurrabas él contra mi piel—. Por mucho que lo busques con la mirada, ese carpintero no va a venir a salvarte.Yo no respondía. Mantenía la mirada

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