Inicio / Romance / Mi venganza será tu final. / Capítulo 4: ¿Verdad que duele?

Compartir

Capítulo 4: ¿Verdad que duele?

Autor: Itha León
last update Fecha de publicación: 2024-03-04 22:43:19

Sus ojos, inquietos y llenos de angustia, se movían frenéticamente, reflejando un profundo temor que me impulsó a levantarme.

—El hombre del que hablo está justo frente a mí, el compañero más cercano de Gabriel —informé, colocándome delante de él.

Luego, con gesto suave, acaricié su cabeza como se acariciaría a un pequeño perro, buscando calmar su agitación.

Él continuaba temblando con intensidad, mostrando un miedo palpable que se reflejaba en cada fibra de su ser.

Podía percibir claramente ese temor, especialmente porque en los últimos días varios amigos de Gabriel habían perdido la vida en circunstancias misteriosas.

Si alguien albergaba alguna duda sobre quién podría estar detrás de todo esto, siempre había sido yo. Siempre fui yo quien puso fin a todo.

—Vamos, date prisa. Quiero volver a casa lo antes posible —insté, empujándolo hacia su asiento con tal fuerza que casi lo hice caer al suelo. —Agárrate fuerte.

Dirigiéndome a mi mochila, saqué una cámara.

—Voy a grabar todo tal y como te gusta. No tengo mucha experiencia en grabación y el enfoque no es lo mío, pero ¿a quién le importa mientras esté grabando, verdad? No lo haré de la misma forma que tú lo hiciste en el pasado, pero lo intentaré.

»¿Recuerdas nuestro viaje a París? El viaje de graduación al que me invitaron y al que tuve que asistir. No dejaste de grabar en ningún momento. ¿Te impresionó ver cómo maltrataban constantemente a una chica indefensa?

Ahora, es tu turno. ¡Pueden entrar! —exclamé al final, y varios hombres musculosos entraron en la consulta.

—Disfrútalo —le dije con un cómplice guiño, mientras él me miraba con molestia.

Salí de la habitación y me senté en el escritorio de la secretaría cuando mi teléfono empezó a sonar.

Consideré no contestar, pero al final lo hice.

—¿Qué quieres? —respondí.

—Quería saber si podemos ir a algún sitio esta noche —dijo mi «novio» al otro lado de la línea.

«Lo siento, no puedo salir esta noche. Tengo algunos asuntos que resolver —respondí, apretando el puño con rabia.

—Pero cariño, hemos pasado muy poco tiempo juntos últimamente. Necesito verte, echo de menos tu compañía —su voz sonaba decepcionada y anhelante.

Suspiré, sintiéndome culpable por alejarme de él, pero sabía que no podía permitirme distraerme en este momento crucial. Tenía que asegurarme de que todo saliera como lo había planeado.

—Lo siento mucho, pero hay algo realmente importante que debo hacer. Prometo compensarte cuando termine esto. Solo necesito que confíes en mí —le aseguré, deseando que entendiera y no insistiera más.

Después de unos segundos de silencio, su voz sonó más suave.

—Está bien, confío en ti. Pero no olvides que estoy aquí para apoyarte y que te amo.

Un nudo se formó en mi garganta, apretando como un puño al escuchar esas palabras.

La habitación parecía encogerse a mi alrededor mientras la realidad se volvía más clara. Sabía que él me amaba, y a pesar de todo, también sentía algo por él. Pero había llegado el momento de dejar todo eso atrás, de romper esos lazos que nos ataban.

—Gracias por entender, mi amor. Te prometo que esto acabará pronto y podremos estar juntos sin preocupaciones —respondí, cada palabra resonando con un peso emocional que amenazaba con hacerme ceder ante las lágrimas que se acumulaban en mis ojos.

Nos despedimos con un silencio pesado como el plomo, y colgué el teléfono con manos temblorosas. Me repetí a mí misma que estaba haciendo lo correcto, que era necesario para protegerme, aunque el dolor latente en mi pecho decía lo contrario.

Regresé a la consulta y me hundí en mi silla, buscando consuelo en su abrazo de cuero desgastado. Esperé a que los hombres salieran, cada segundo de espera un tormento que amenazaba con desgarrar mi determinación.

Debía mantenerme fuerte, concentrada en mi objetivo, aunque mi corazón se desgarrara en pedazos.

Mientras esperaba, los recuerdos inundaron mi mente, imágenes de momentos felices junto a Gabriel.

Éramos inseparables, dos almas enlazadas que creíamos inquebrantable, hasta que la sombra oscura de la violencia y la manipulación se interpuso en nuestro camino. Ahora era mi turno de tomar el control, de romper ese ciclo tóxico y poner fin a todo, aunque me costara el último pedazo de mi corazón.

Finalmente, los hombres salieron de la consulta, arrastrando consigo el eco de sus risas crueles y sus palabras despiadadas.

Respiré profundamente, sintiendo un alivio momentáneo al ver que mi venganza estaba en marcha, aunque fuera solo el primer paso en un largo camino hacia la redención.

Me levanté, mis pasos rasonaban en el suelo de mármol mientras caminaba hacia la puerta, sabiendo que no había vuelta atrás, que había cruzado un umbral del que no había retorno.

Después de cuatro horas interminables, poco a poco, uno por uno empezaron a abandonar el lugar, arreglando sus ropas con gestos apresurados y miradas furtivas.

—El trabajo está hecho, señorita Vergara —dijo uno de ellos, su voz era áspera como el eco de un reo condenado, mientras los demás simplemente se desvanecían en la oscuridad de la noche.

—De acuerdo, haré la transferencia de lo que falta durante la noche —mencioné, tratando de mantener la calma mientras hablaba de dinero y sangre como si fueran la misma moneda de cambio.

—No se preocupe por eso, nuestras negociaciones nunca llegan a un punto muerto, así que hemos decidido que el pago recibido es aceptable. Fue muy satisfactorio hacer negocios con usted.

—Agradezco enormemente la oportunidad de hacer negocios contigo —pronuncié, mis palabras tintineando con un matiz de ironía amarga.

—Nos vemos más tarde, señorita Vergara —dijo, su voz desvaneciéndose en la distancia mientras se alejaba, dejándome sola en la penumbra de mi victoria hueca.

Él se alejó con la misma indiferencia que caracterizaba a los demás, su figura desvaneciéndose en la distancia.

Mientras cruzaba el umbral, me vi confrontada con una escena repulsiva: el hombre yacía en el suelo, su cuerpo grotescamente manchado de semen y su entrepierna mostrando señales de sangre fresca.

Los ojos del Dr. Suárez, grises como una tormenta lejana, eran su único rasgo distintivo, atrapando la atención de cualquiera que se cruzara con su mirada penetrante.

—¿No consideras que el dolor es inevitable? No te preocupes, pronto te liberará su abrazo —mis palabras resonaron en la habitación, cargadas de una falsa tranquilidad.

Sabía que la sustancia utilizada aquella noche para inducir el sueño era una versión modificada de un agente paralizante, diseñada para mantener a la víctima consciente pero inmovilizada. Sin embargo, mi experimento había sido demasiado ambicioso; la dosis, excesiva. Esta vez, la parálisis no sería temporal, sino prolongada, una sentencia de una semana entera de inmovilidad.

Apliqué presión con firmeza sobre su entrepierna, ignorando sus quejidos ahogados por el miedo y la impotencia.

—La plaga debe ser exterminada, de lo contrario, se multiplicará sin control. Y pronto, experimentarás las otras sorpresas que he preparado para ti.

Me volví hacia mi mochila, extrayendo el bisturí con un gesto preciso y letal.

—Quiero informarte de mi decisión de someterte a una cirugía de reasignación de género.

Una sonrisa retorcida danzaba en mis labios al observar el terror reflejado en sus ojos.

—Mis búsquedas en línea me han proporcionado la información necesaria. Solo espero tener éxito en esta nueva empresa.

Con los guantes de látex ceñidos a mis manos, me aseguré de que la cámara continuara registrando cada momento y cada detalle de mi obra maestra en proceso.

—Mira, estoy progresando según lo planeado.

Mi voz resonó con una mezcla de satisfacción y anticipación, mientras me sumergía en la tarea ante mí.

Tomando el delgado dispositivo entre mis manos, comencé a cortarlo con movimientos precisos y meticulosos, ignorando el rastro de lágrimas que brotaba de sus ojos.

—¿Sientes algo, acaso? Pensé que la droga te mantendría insensible, pero no importa realmente. No te muevas, sería una lástima arruinar este momento.

Mis dedos danzaban sobre los controles del bisturí, siguiendo las instrucciones que había encontrado en línea, ansiosa por completar mi obra de reasignación de género.

—Necesito seguir practicando más para perfeccionar mis habilidades. Creo que eventualmente podré realizarlo correctamente. —Finalmente, luego de algunos intentos, logré realizar la sutura. Sin embargo, al exceder la cantidad de puntadas, cubrí cada agujero, dejándolo completamente sellado.

Imagino que esto provocará una sensación de ardor al intentar orinar.

—¿Qué opinas de la cirugía que te realicé, doctor? ¿Quién es el amigo de Gabriel, doctor Suárez? —Sigo haciendo preguntas, pero el silencio es mi única respuesta.

Mientras tanto, mi teléfono empieza a sonar, indicándome que el tiempo se ha acabado. Debo regresar a casa antes de que surjan problemas.

—Ya que no dispongo de más tiempo para continuar jugando contigo, te llevaré a descansar un poco.

Lo tomé de los brazos y lo conduje hacia otro lugar.

—Dr. Suárez, debería considerar comenzar una dieta, su peso es un problema evidente. Empiezo a pensar que podría implementar un plan de reducción de grasa con usted. Sin embargo, el tiempo apremia.

Lo guié hacia el baño y coloqué su cabeza bajo el grifo. Luego, saqué una manguera de mi mochila y dejé que una única gota de agua cayera sobre su cabeza.

Recuerdo haber leído que en la Edad Media esta era una de las torturas más despiadadas para aquellos acusados de brujería. Los sometían a un goteo constante de agua que, con el paso del tiempo, perforaba sus cráneos y los llevaba a una muerte lenta y agónica. Y así es como morirá él. Le proporcionaré una muerte lenta y dolorosa.

Extraje una jeringa de mi mochila por si el efecto de la droga comenzaba a desvanecerse; así podría inyectarle una dosis adicional y prolongar su duración.

No me preocupa que puedan sospechar de la fuga de agua, ya que el baño cuenta con una alcantarilla en el suelo; el agua no saldrá de allí.

—Gracias por la consulta, Dr. Suárez. Ha sido de gran ayuda —dije con un tono falso de gratitud mientras planeaba mi próxima acción.

🌟Hola lectores maravillosos, si están disfrutando de mi novela, les agradecería que la calificaran, dejaran sus comentarios o me siguieran para recibir las actualizaciones sobre mis proyectos literarios, ya sea nuevas publicaciones, ediciones o nuevos proyectos.

Agradezco mucho su lectura. Esta novela es un viaje intenso que narra la vida de una mujer empoderada que desafía todo en busca de la felicidad.

¡Saludos!

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App
Comentarios (1)
goodnovel comment avatar
Estela Trejo
por ahora me encanta solo espero que ella no perdone a Gabriel ni a su amiga monica, por favor que esta mujer sea tan despiadada como lo fueron con ella .que su venganza llegue a todos sin remordimientos ni perdones
VER TODOS LOS COMENTARIOS

Último capítulo

  • Mi venganza será tu final.   Epílogo.

    En la fiesta, arrojé el ramo, que cayó directamente en los brazos de Ana, siendo ella una amiga leal en quien confío plenamente. A lo largo de mi vida, jamás tuve una amiga tan auténtica como Ana. Siempre me ha apoyado, a diferencia de Mónica, quien se unió a Suárez para arruinarme la vida. Durante casi toda la noche, intenté bailar con Nathan, mi esposo, pero nuestra pequeña Estrellita acaparaba toda su atención. No fue hasta que Ana llegó a jugar con ella que al fin pude disfrutar de la compañía de mi esposo. —Al fin eres mío, Matute —le dije, dándole un beso robado en los labios. La calidez de su amor siempre me sorprende, y me pregunto cómo puede ser tan tierno conmigo y frío con los demás. Su es realmente fuera de serie y me hace sentir completa. Finalmente, podía respirar tranquilamente, sabiendo que estoy con la persona indicada. ★ Años después Estrellita sigue llamando tío Matute a Nathan. Creo que ya se ha vuelto una costumbre, pero Nathan una vez comentó que le gust

  • Mi venganza será tu final.   Capítulo 42: “Final” Un matrimonio basado en el destino

    Cuando la enfermera se marchó de mi habitación, moví con cuidado mi otra mano, la cual estaba conectada al suero. Logré acariciar suavemente el cabello de Matute.Él ha demostrado de múltiples maneras que su amor por mí es genuino y estoy inmensamente feliz de haberlo encontrado. Llegó en el momento justo y me rescató de la oscuridad en la que me encontraba.Estoy consciente de que, de no haberlo conocido, posiblemente estaría muerta o en prisión. Pero él me ha brindado una nueva oportunidad, una segunda vida. Además, me ha dado un hijo increíble al cual amo con todo mi corazón y me ha reunido con mi hija, quien ahora es tratada mejor que yo. Él es un hombre maravilloso.—¿Despertaste? —preguntó él, levantando levemente su cabeza.Mi mano, que antes acariciaba su cabello, se posó en su mejilla. Él cerró los ojos mientras su otra mano entrelazaba la mía.—Te he extrañado tanto, Don Gato —dije.—Mi hermosa Matute —respondió con una sonrisa.Minutos después, entró una enfermera con una c

  • Mi venganza será tu final.   Capítulo 41: La última oportunidad

    —¿En qué estás pensando? —me preguntó Matute con una mirada curiosa mientras sostenía con ternura a nuestro pequeño en sus brazos. Sus ojos reflejaban la calidez y el amor que sentía por nuestra familia.—Pensaba en Gabriel —respondí con sinceridad, dejando que mis pensamientos se desbordaran. No había secretos entre nosotros, especialmente ahora que estábamos comenzando una nueva vida juntos, sin cargas del pasado.En ese momento, Matute me sorprendió con una sonrisa traviesa y dijo: —Tengo una sorpresa para ti. Pronto vas a entrar a cirugía, quizá mañana.Mis ojos se abrieron de par en par, sorprendida por la noticia inesperada.—¿A cirugía? —pregunté, con una mezcla de estupor y nerviosismo en la voz.Matute rápidamente intentó tranquilizarme.—Quita esa cara de sorpresa amor. No tardarán en llamar del hospital. Deberías empezar a preparar tus cosas y estar en ayunas para poder ingresar directamente cuando te llamen.Su sonrisa sincera me reconfortó. Me encantaba cómo Matute siempr

  • Mi venganza será tu final.   Capítulo 40: Desgarrando recuerdos

    Comencé a desprender capa tras capa de su piel; estaba tan cocida que se deslizaba fácilmente bajo mis dedos.Ya no quedaba nada del hombre hermoso en el que mis ojos se habían fijado. Esos ojos azules que tanto me hipnotizaban ahora eran rojos, llenos de agonía.Una vez dije que arrancaría su piel, y eso es lo que estoy haciendo ahora. La sangre cubría todo a mi alrededor y, con más ansias, rascaba su carne. Su cabeza, ya sin cabello, mostraba su cráneo cocido.Mientras más capas de piel arrancaba, más recuerdos llegaban a mí. Recuerdos de sus manos acariciando mi cuerpo, de su aliento susurrando obscenidades en mi oído. Estaba llena de ira, pero cuando ya no pude más, me alejé.Nathan hizo entrar a dos hombres, quienes continuaron desgarrando la piel de ese miserable. Cuando se les dificultaba, volvían a abrir el agua caliente, cocinando más capas. Nathan se acercó a uno de ellos y le susurró algo al oído. No pude escuchar, pero sabía que estaba planeando algo.Salimos de esa cabañ

  • Mi venganza será tu final.   Capítulo 39: Puedo hacerlo.

    ★Alondra. Algunos días más pasaron y me enteré por las noticias de que varios de los guardias de la prisión habían fallecido. Las fotografías mostraban que eran los encargados de la vigilancia de Gabriel.Los meses siguieron avanzando y Nathan no quería que me involucrara demasiado en las cosas relacionadas con Gabriel. Después de aquella vez, no volví a visitarlo.Mientras tanto, mi vientre ha crecido mucho y pronto daré a luz a mi hijo, que es un varón. Estrellita y Nathan me consienten demasiado y son muy sobreprotectores conmigo. Mi corazón ha reaccionado bien aunque he tenido algunas alteraciones, pero no hay motivo de preocupación.Lo que realmente me preocupa es el día del parto.Estrellita tiene muchos amigos en la escuela y todos dicen que su papá es muy guapo. Nathan va a recogerla casi siempre y, en ocasiones, cuando me siento mal, él va a las juntas de padres de familia con las profesoras. Es un gran hombre y Estrellita me ha dicho que lo quiere mucho.El día en que nació

  • Mi venganza será tu final.   Capítulo 38: Estás enfermo.

    —Eres una hipócrita, Alondra —espetó Gabriel con una mirada desafiante—. Sé que lo disfrutabas, sé que disfrutabas cuando te tenía entre mis brazos, cuando me adentraba en ti.Me estremecí, pero mantuve la compostura.—Jamás disfruté que me tocaras —repliqué, con mis palabras saliendo entre dientes apretados.Solo de recordarlo, me provocan ganas de estrangularlo y machacarlo en un millón de pedazos. Gabriel soltó una risa fría y amenazadora mientras se acercaba a mí.—Tus gritos decían otra cosa, Alondra. Y esas lágrimas... solo me excitaban cada vez más. Eres excitante cuando lloras y suplicas, cariño —susurró con una voz cargada de perversión.Solté una carcajada llena de desprecio antes de responder con furia: —Estás enfermo, Gabriel. Me das asco.Gabriel, sin inmutarse, continuó con su desquiciado discurso.—Alondra, tú nunca serás feliz. Nunca te dejaré serlo porque tú eres solo mía. Sé muy bien dónde vives. También sé que mi hija vive con ese miserable. Cuando salga de aquí, v

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status