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Gabriel / "Qué romántico"

Autor: Chelencho
last update Data de publicação: 2025-06-06 05:46:09

El celular vibra mientras vendo mis manos para golpear el saco de boxeo. Es Carlos, a quien dejé a cargo de la tienda de discos. Lo pongo en altavoz.

—¿Malas noticias? —pregunto, ajustando la venda en mi mano izquierda.

—La Celópata se reportó enferma —dice, con ese tono que usa cuando habla de Margarita.

—¿Y qué tiene de malo? —cuestiono, empezando con la mano derecha.

—Vino, notó que no estabas, actuó raro y luego se reportó enferma.

Termino de vendarme y frunzo el ceño. Algo en su voz me dic
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Último capítulo

  • Pasión subversiva   Luciana / No traes sujetador, ¿tienes frío?

    No pude dejarlo ir. Cuando Gabriel salió de mi habitación, el vacío que dejó fue como un puñal en el pecho. Corrí tras él, mi corazón gritando que no podía perderlo. Al llegar a su lado, me envolvió en sus brazos, y lo besé, derritiéndome en su calor. Gabriel es mi mundo, el amor de mi vida, y la sola idea de su ausencia me arrancaba un pedazo del alma. Nunca imaginé que perseguiría a un hombre, pero él tiene algo que me desarma, algo que me hace perder la razón. Ahora, entre sus brazos, siento que estoy exactamente donde debo estar. Solo Dios sabe cuánto significa esto.—¿Tienes hambre? —pregunta, acariciando mi espalda con una ternura que me estremece.—Tal vez un poco —respondo, mi voz suave, casi perdida en su pecho.—Volveré pronto, voy a traerle algo de comer a mi princesa —dice, y aunque odio perder su contacto, su sonrisa me tranquiliza.Pasamos tres horas en mi cuarto, devorando pizza, viendo películas y riendo como si el mundo fuera nuestro. Su presencia es un refugio, un lu

  • Pasión subversiva   Gabriel / Lo siento. Estoy pensando en otra mujer.

    La furia me quema las entrañas, un fuego que Luciana encendió y dejó ardiendo. Hice lo correcto al dejarla ir, pero ahora estoy atrapado en un torbellino de deseo y frustración, demasiado irracional para quedarme en la habitación dando vueltas como idiota. Necesito un trago, algo que apague este calor que me consume. Regreso al bar, el aire denso de música norteña y risas golpeándome los sentidos. A lo lejos, Beatriz coquetea con un tipo que parece sacado de un rodeo: sombrero vaquero, pantalones rasgados y una camisa dorada con gallos peleando en la espalda. Ella se acomoda el cabello junto a la rocola, riendo con cada palabra del vaquero. Cuando él hace un ademán para sacarla a bailar, actúo sin pensar. Cruzo el bar como un rayo, tomo su muñeca y la arrastro hacia la calle.—¿A dónde vamos? —pregunta Beatriz, su risita ebria traicionando las copas de más.—A coger —respondo, insolente, mi voz cargada de un desafío que no siento del todo.—Ya era hora de que te decidieras —murmura, s

  • Pasión subversiva   Luciana / Me besó con aquella pasión que lo caracteriza.

    Tras tres horas de carretera, Cuatrociénegas se alza ante nosotras como un espejismo polvoriento. Nos instalamos en el Hotel Plaza, frente a la plazoleta del pueblo, un edificio modesto pero limpio, con un letrero neón que parpadea como un latido cansado. Después de una cena rápida, Constanza y Karla caen rendidas, sus respiraciones suaves llenando la habitación. Yo, como siempre, estoy atrapada en la vigilia, dando vueltas en la cama, golpeando la almohada en un intento inútil de apagar mi mente. Los recuerdos del día anterior —el hotel mugriento, la anciana y su profecía— se cuelan como sombras, alejándome del sueño. El reloj marca la una de la madrugada cuando mis ojos, cansados de buscar la nada, captan un destello plateado. La luna, brillante y descarada, atraviesa las cortinas, bañando la habitación en un resplandor frío.Entonces, algo se mueve. Una sombra se desliza lentamente, interrumpiendo la luz lunar. Parpadeo, enfocando la vista. Es una figura femenina, con pechos promin

  • Pasión subversiva   Gabriel / No puedo verte sin desear tocarme.

    El día ha sido un desastre, y el cielo gris, cargado de nubes que amenazan con romperse, parece burlarse de mi estado de ánimo. Prometí a mis amigos una aventura épica en Cuatrociénegas, pero aquí estoy, atrapado en un bar polvoriento, aburrido hasta los huesos, mientras Adolfo y los demás se pierden en risas y tragos con un grupo de extranjeras que vinieron a emborracharse y buscar sexo. Mi orgullo está herido, pero lo que realmente me quema es la ausencia de Luciana. Ni una llamada, ni un maldito mensaje explicando por qué se esfumó. Mi corazón da tumbos, como si estuviera al borde de un precipicio, y lo odio. Si fuera una mujer en pleno periodo, seguro estaría llorando con alguna balada de Luis Miguel, dejando que el ritmo lento me ablande el alma. Pero soy Gabriel Garza y Garza, y aquí estoy, solo, con un nudo en el pecho y una cerveza tibia en la mano.La noche es fría, interminable, y el silencio del pueblo me asfixia. Espero, contra toda lógica, que Luciana aparezca al amanecer

  • Pasión subversiva   Luciana / Me atrae conseguir "respuestas rápidas".

    El sol apenas despuntaba cuando salí de casa esa mañana, con el corazón ligero y la promesa de un fin de semana que me hacía vibrar. Pero ahora, mientras conduzco por una carretera que parece tragada por la nada, me pregunto cómo diablos terminé aquí. La autopista solitaria se extiende ante mí como una serpiente de asfalto, flanqueada por cerros que se alzan como centinelas oscuros. El cansancio me golpea con fuerza; anhelo una cama, un catre, una maldita hamaca, cualquier cosa que me deje descansar. Para colmo, un tramo en reparación sin señalización alguna me desvía a la carretera libre, un camino que parece olvidado por el mundo.—¿Es segura esta carretera, Luciana? —pregunta Constanza, su voz adormilada rompiendo el silencio.—Claro, solo me desvié un poco para buscar algo de comer —miento, porque la verdad es que estoy perdida, y el peso de esa mentira me aprieta el pecho.—¿Algo de comer? —bufa ella—. Espero que algún ermitaño haya puesto un puesto de tacos en medio de la nada.

  • Pasión subversiva   Gabriel / “Espero que te hayas levantado dispuesto a todo”

    El espejo me devuelve la imagen de un hombre que apenas reconozco. Los golpes al saco de boxeo y las mañanas corriendo bajo el sol abrasador de Monterrey han esculpido mi cuerpo, un lienzo de músculos tensos que agradezco en silencio. Pero esta noche, el cansancio me pesa como una losa. Levanto la playera hasta dejar mi abdomen al descubierto, enfocando la cámara hasta la altura de mi nariz. Me siento como un idiota tomándome estas fotos, pero Luciana tiene ese don: hacer que lo absurdo parezca un juego. Sonrío al enviarle la imagen con un mensaje que no suena a mí: “Soñaré contigo”. ¿Desde cuándo soy tan cursi? Presiono enviar, y dos minutos después, marco su número, incapaz de esperar.No pasa un segundo antes de que su voz irrumpa, cálida y burlona. —Hola, chico calenturiento.—Hola, muñequita sexy —respondo, y su risa, fresca como una brisa, me arranca una sonrisa.—Gracias por el cumplido —bromeo.—Tienes un abdomen increíble —dice, y puedo imaginarla mordiéndose el labio—. Aunq

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