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Capítulo 5

Autor: Mony Ortiz
last update Data de publicação: 2021-07-07 09:44:27

Hanna se quedó de pie, mirando hacia el hombre que había elegido para ella, era mucho más guapo en persona que las revistas, y sin duda alguna, iba a conquistarlo, o dejaba de llamarse Hanna Montiel.

—¿Así que pusiste tus ojos en Wilmer Nava? Yo creí que no te interesaba pescar a un hombre rico.

—No te equivoques Carlitos, no son sus millones los que me atraen, aun cuando ese hombre se quedara en la ruina, entre los dos, volveríamos a forjar un imperio.

—Sabía que eras vanidosa, pero veo que me quedé corto, creo que más bien, caes en el narcisismo.

—Ja, ja, ja, ja, no me hagas reír, estás hablando por despecho, sabes que nunca te podrías comparar con él.

—No, no me comparo con él, yo soy más guapo, solo que a él, le favorecen los millones, pero bueno, te deseo suerte, ojalá y logres que se fije en ti.

—Créeme cuando te digo, que ya se fijó en mí, eso, te lo puedo asegurar.

Carlos frunció el ceño y volvió a su trabajo, Hanna, tenía el don de ser encantadora cuando se lo proponía, pero también podía hacerse odiar muy fácilmente.

Regresó a su oficina a sacar unos pendientes y a enviar a hacer los obsequios para el personal, ansiaba porque pasaran las horas, y llegara la hora del cierre, para volver a verlo.

Armó un plan para conseguir llamar su atención, y para ello, necesitaba que su hermana la ayudara, así que dudó en llamarla.

—¿Hermanita? Necesito de tu ayuda.

—Hanna, tengo mucho trabajo, estoy con una obra muy importante que tengo que entregar pronto.

—Por favor, te prometo que si no fuera importante no te lo pediría.

—Ya sé que para ti todo lo que tenga que ver contigo, es más importante que cualquier cosa que yo haga.

—Anda hermanita, no te quejes y ayúdame porfis. ¿Si no me ayudas tú? ¿Quién lo haría? Solo te tengo a ti en el mundo.

Danna ya se sabía su mismo chantaje de siempre, ya sabía que cuando le decía esas cosas, ella no podía negarle nada, porque efectivamente, solo se tenían una a la otra.

—¿Y ahora qué quieres?

—Que vengas por el auto, necesito que te lo lleves, para que no esté aquí a la hora de la salida.

—Hanna, ¿No puedes simplemente dejarlo ahí?

—No, todo mundo sabe que es mi auto, y necesito que todos se den cuenta de que no está, solo así conseguiré que mi jefe, me lleve a casa.

—¿Te refieres a tu jefe, el de la revista?

—El mismo, esta mañana me sorprendió, vino a realizar una inspección, y quedó formalmente en regresar a recorrer el almacén en el cierre, si no tengo auto, tal vez consiga que me lleve a casa.

Danna puso los ojos en blanco, a su hermana se le ocurría cada cosa, pero siempre, se salía con la suya.

—Está bien voy para allá, iré en taxi, y tú me lo vas a pagar.

—Te pagaré el taxi y cocinaré la cena, te lo prometo.

—No te preocupes hermanita, me conformo con que me pagues el taxi, soy muy joven para morir y sin haber amado.

Dejó su paleta y tomó su bolso sin hacer ruido, Ricardo estaba esculpiendo, y no le gustaba que lo interrumpieran cuando estaba inspirado.

—¿A dónde vas tan silenciosa?

—Voy al trabajo de Hanna, quiere que me traiga su auto, no tardaré mucho, unos veinte minutos.

—Ok, conduce con cuidado, no tienes mucha experiencia.

—No te preocupes, ya tengo un poco más, que la única vez que me dejaste conducir tu auto, además el de Hanna es automático, así que es más fácil para mí.

—Entonces pasa y compra café, necesito cafeína.

—Está bien, no tardo.

Salió y tomó un taxi en la calle, no se percató que apenas se fue, una camioneta negra se estacionó afuera del taller, se trataba nada más ni nada menos que del señor Nava, que estaba ahí para dejar su Da Vinci en restauración.

—¡Wilmer! No pensé que lo traerías tan pronto —Saludó Ricardo a su cliente, con quien había hecho una buena amistad.

—Vine para conocer a la portadora de las manos de ángel, ¿Dónde está ella? Quiero agradecerle personalmente, lo maravilloso que quedó mi cuadro.

—Oh, justamente acaba de salir, se le presentó una urgencia, pero no va a tardar mucho, si tienes tiempo, te invito una copa de vino en lo que regresa.

—Me encantaría, pero no puedo, debo irme, tengo una comida de negocios y más tarde tengo que regresar al trabajo, ya será en otra ocasión.

—Danna va estar encantada, en cuanto lo vea va a saltar de felicidad, ella es una gran admiradora del arte del Renacimiento, de hecho, sus obras tienen una gran influencia renacentista y romántica.

—Me encantaría ver una obra de ella, debe ser muy buena, como para que un pintor tan reconocido como tú, la alabe tanto.

—Ven, te voy a mostrar, tiene algunas de sus obras aquí, con el dinero que vas a pagarle por restaurar tus obras, finalmente podrá montar su propia galería.

Ricardo le mostró dos de las obras de Danna, su máximo sueño, era poder plasmar las emociones humanas en un cuadro, así que una de sus obras, era el rostro de un niño pequeño, en tres facetas, la alegría, la ira y el llanto.

Wilmer Nava, además de ser el CEO de una de las cadenas de tiendas departamentales más grandes de Latinoamérica, era un fanático de las artes, tenía una gran colección y había comprado una residencia, con la idea, de convertirla en museo.

—Esta obra es fantástica, definitivamente esta mujer tiene unas manos privilegiadas, no cualquiera puede transmitir de esa manera los sentimientos en un óleo.

—Te lo dije, por eso me atreví a recomendártela para restaurar esa obra tan importante.

—Espero que pronto pueda montar su galería, va a ser para mí, un honor visitarla y tal vez, me haga de alguna de sus obras, por el momento, esa me interesa.

—Ojalá y puedan encontrarse pronto, el talento de Danna es, impresionante.

—No sé por qué siento que hay más que admiración en tus palabras, ¿Son pareja? Se te escucha hablar de ella con mucho entusiasmo.

—No te voy a negar que me encantaría, no solo es talentosa, es hermosa, por dentro y por fuera, pero no me corresponde, aunque no pretendo darme por vencido.

—Bueno, pues te deseo suerte, y espero pueda conocerla pronto.

Wilmer salió y su chofer ya lo esperaba con la puerta de la camioneta abierta, no se percató del auto que se estacionó, justo en el lugar que su auto dejaba libre.

—¡No, no, no! ¡Esto no puede ser! ¡Este cuadro es maravilloso! Nunca imaginé poder tener un Da Vinci así de cerca, no es posible que lo hayan dejado dañarse tanto —Exclamó apenas entró en el taller.

—Y otra vez, gracias a tu hermanita, te perdiste de conocer al cliente.

—Sí, maldición, parece que no está en mi destino conocerlo, espero que ya haya oportunidad.

—Y creo que ya tienes comprador para tu obra “Sentimientos infantiles” se la mostré y quedó encantado, dice que espera una invitación para tu primera exposición.

—¡Wow! Qué emoción, ¡Gracias! ¡Gracias! Ricardo, no lo habría logrado sin ti

—¡Claro que sí! Eres talentosa y llegarás muy alto, ya lo verás, solo tienes que confiar más en ti, perdóname que te diga esto Danna, pero debes dejar de ser la sombra de tu hermana, sé que solo se tienen una a la otra, pero ella, abusa de ti, para cosas sin importancia, justo ahora te acabas de perder una gran oportunidad de vender tus obras, por una de sus tonterías.

—Lo sé, y quizá tengas razón, pero fuimos abandonadas por nuestros padres, y juramos que siempre estaríamos la una para la otra, si no puede acudir a mí, ¿entonces a quién?

──────────❁──────────

Dieron las seis de la tarde y Hanna estaba impaciente, entraba y salía de su oficina, recorría el almacén y miraba el reloj, pero nada, llegó la hora del cierre y Wilmer Nava, no llegó.

Ella estaba furiosa, tenía que regresar a casa en taxi, porque su hermana se había llevado el auto, su primer impulso fue llamar a Danna para que fuera por ella al trabajo, pero inexplicablemente, tenía el móvil apagado.

—¡Uff Danna! ¿Dónde carajos te metes cuando te necesito?

Estaba esperando un taxi, cuando un auto que no conocía se acercó a ella.

—¿Te llevo preciosa?

Ella volteó la cara hacia otro lado, era alocada e impulsiva, pero no tanto como para subir al auto de un desconocido, caminó sobre la acera para alejarse del auto, pero el conductor, se echó de reversa para dejar la ventanilla frente a ella.

—¡Vamos Hanna! No te voy a rogar mucho tiempo —Se trataba de Carlos, había cambiado de auto, y por eso, no lo había reconocido.

—¡Vaya! ¿Estrenando coche? No te reconocí, pensé que era un pervertido.

—Bueno, si te dijera lo que estoy pensando ahora, podría catalogarse como perversión.

—Me gusta, ¿Qué tal un callejón oscuro? Podemos estrenar el auto.

—Conozco el lugar ideal para eso muñeca.

Carlos condujo durante unos minutos, se metió por una calle oscura y solitaria, todavía no había terminado de estacionarse, cuando su jefa, ya estaba montada a horcajadas sobre él, con la falda enrollada hasta la cintura y desabrochando el cinturón.

—¡Aaahgg Hanna, me vuelves loco! —Dijo cuando ella bajó el zipper del pantalón dejando salir su hombría, para luego clavarla en su centro de un solo movimiento.

Hanna comenzó a moverse, como solo ella sabía hacerlo, ella no esperaba a que un hombre le diera placer, ella sola lo tomaba, lo arrebataba si era necesario, y eso, volvía locos a los hombres que habían tenido el privilegio de estar con ella.

Estaba a punto de alcanzar su orgasmo, cuando las luces rojas y azules de una patrulla iluminaron el interior del auto.

—¡Maldición! —Gritó Carlos, cargándola y pasándola al asiento del copiloto de un solo movimiento.

El oficial de policía caminó hasta ellos, llevaba una lámpara en la mano y dirigía la luz directamente a la cara de los infractores.

—¡Bajen del auto con las manos en alto! —Ordenó el oficial por el megáfono.

Los dos bajaron del auto, Hanna se moría de la vergüenza y Carlos se moría de los nervios.

—Lo siento jóvenes, me van a tener que acompañar a la delegación, por faltas a la moral en plena vía pública.

—Oficial, déjenos ir, le prometo que no va a volver a pasar.

—Es una vergüenza joven, con ese auto tan elegante ¿y no puede pagar un cuarto de hotel? ¿Sabe a lo que se arriesga? Esta zona tan oscura y solitaria puede ser peligrosa.

—Ya le dije que no va volver a pasar oficial, déjenos ir y le cooperamos para la cena.

—No, no, no, joven, además intentando sobornar un oficial de policía. ¿Qué va a pensar la damita de usted?

—Por favor oficial, déjenos ir —suplicó Hanna.

—Lo siento, pero no va a poder ser, vamos, suban a la patrulla y no intenten nada extraño.

Hanna estaba roja de la vergüenza y furiosa por no haber podido conseguir sobornar al policía.

Los remitieron a la delegación y los encerraron en celdas separadas, lo peor de todo, es que, al siguiente día, los dos tenían que trabajar, eran los únicos que tenían las llaves del almacén y la clave para desactivar la alarma, pero el ministerio público, les dijo que debían cumplir con las veinticuatro horas de encierro y pagar una multa de cinco mil pesos cada uno.

Por más que suplicaron, e incluso ofrecieron pagar una multa más alta, no les perdonaron las veinticuatro horas de encierro.

—Danna, tienes que ayudarme —suplicó al teléfono cuando al fin su hermana contestó —, estoy en la delegación del norte, me arrestaron.

Danna corrió a ayudarle, con la idea de pagar la multa y sacar a su hermana de la prisión preventiva en ese momento, pero se encontró con la noticia, de que no podría salir, lo que verdaderamente quería Hanna, era que ella, se presentara a trabajar en el almacén, fingiendo ser ella…

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