LOGINELAXI
Observo mi reflejo en el espejo opacado debido al humo que emana del agua caliente, deslizo mi mano sobre la superficie y trato de no pensar en la rabia que me invade al recordar los sucesos de la noche anterior. Agradezco que ambos estuvieran demasiado ebrios como para sostenerse, lo que me dio la oportunidad de salir corriendo y buscar una calle más segura. Llamé al servicio de taxi que solo tardó cinco minutos, por lo que pude llegar sana y salva.
—Cretino —musito por lo bajo.
Desciendo la mirada y mis ojos se anclan en los frascos de medicamento, tal vez una pastilla para el dolor de cabeza, no es tan mala idea. Tomo una bocanada de aire, me niego, no me gusta llenar mi sistema con medicina. Me alisto y me preparo para ir a la universidad.
Mi móvil suena, es el número de mi padre, por lo que atiendo rápido.
—Hola, papá.
—Princesa, ¿cómo estás?
Miro el auto que está estacionado a las afueras de mi lugar en el estacionamiento.
—¿Qué significa esto, papá? —Me acerco, observando el enorme moño color dorado que adorna la parte superior del automóvil—. No tenías por qué hacerlo.
—No es un carro tan ostentoso, es lo más normal que encontré, ¿cómo te está yendo? ¿Has hablado con tu madre? —Al fondo de su voz, escucho varias más, mezcladas con el ajetreo de la oficina.
—La verdad es que no, y no quiero que sepa en dónde estoy —Me muerdo el labio inferior, recordando su ritual por las mañanas, cada vez que está en casa.
—Me llamó hace dos horas, piensa venir a Londres con la excusa de una nueva firma con otra empresa de moda. Cree que estás conmigo y que no le quiero decir, solo hazme un favor, princesa, no acudas a ella hasta que el enfado se le pase.
—Lo sé, papá, lo sé.
Localizo una pequeña cajita al lado de una de las llantas, la recojo y veo una llave.
—Tengo que irme o, si no, llegaré tarde a la escuela —anuncio entrando al auto que huele a nuevo.
—Hablé con el director, tienes buenas notas, estoy orgulloso de ti.
Siento que sus palabras, más que halagarme, me sientan como patada en el estómago. Empujo el sentimiento de ahogo por este día, cuelgo la llamada, y enciendo el motor. Sé que a mamá no le importo, ella solo me mira como un medio para poder retener a papá, y de ese modo seguir en su circo. Aparentando ante el mundo entero, que somos una familia feliz.
Por esa y mil razones más, decidí alejarme de ese mundo. Aquí tampoco tengo amigos, tuve una mala experiencia con Katrina, Diane y Verónica, pero está bien, solo necesito un poco de paz antes de saber, con exactitud, qué hacer con mi vida. Al llegar a la escuela, estaciono mi auto, tranquila de no tener que preocuparme más por subir al autobús escolar.
Camino directo a mi primera clase. Tratando de hablar con el profesor Town.
—Disculpe, ¿puedo hablar con usted un segundo? —le pregunto, agradeciendo que haya llegado antes que todos.
Observo la hora que marca mi reloj de mano, faltan diez minutos para que comience la clase. El profesor me mira y se quita los lentes de aumento, se inclina hacia delante y emplea un tono que me produce tranquilidad.
—¿Sucede algo malo, señorita Young?
—Sí, se trata de Ozzian Carter, el chico que me asignó para el proyecto optativo —rebusco en mi mente las palabras exactas—. Quisiera pedirle que me concediera hacer el trabajo yo sola, soy buena, y prometo que no lo defraudaré.
Los ojos del profesor siguen siendo fríos, aunque su sonrisa es cálida.
—¿Puedo saber cuál es el motivo? —se inclina más sobre su silla de cuero.
«Ese chico es tétrico, problemático, todo lo que tenga que ver con él es malo, además de grosero, sin contar que por su culpa casi me violan».
—Me siento más cómoda si lo hago yo sola —trato de emplear una de las tantas sonrisas aduladoras que me enseñó a mostrar, Katrina, cuando éramos todavía amigas—. Es que... no soy buena relacionándome con la gente.
Solo espero que no sea de los que sabe leer las mentiras, tan fácilmente. El profesor se queda callado un par de segundos, hasta que parece que ha tomado su decisión.
—Usted misma me ha dado una razón para que no le permita hacer el trabajo sola, señorita Young. Hablar y convivir con el joven Carter, le hará bien. Puede que su apariencia dé una mala impresión la primera vez, pero sin duda es uno de los mejores alumnos del colegio.
Espero a que me diga que se trata de una broma; no obstante, no parece tener la intención de hacerlo.
—Pero...
—Nada de peros, señorita Young, usted hará el trabajo con el señor Carter; si no lo presenta con él, reprueba, y esta clase optativa es importante para sacar el año con excelencia.
—Entiendo, señor, lo siento mucho —musito por lo bajo.
Es un caso perdido; la clase continúa. Ozzian Carter no ha llegado, necesitamos ponernos de acuerdo con el tema, odio las finanzas, por lo que, al término de la última clase, decido visitar la dirección general.
—Ozzian Carter —menciona una de las secretarias, sin apartar la mirada del monitor de la computadora—. Avisó esta mañana que faltaría a clases, parece que se ha enfermado.
Frunzo el ceño.
—Gracias.
Esta vez, la pelirroja de ojos azules, me mira y voltea a todos lados.
—Es mejor que no te acerques a él, jovencita, ese chico solo lleva a la perdición a todo aquel que se acerca demasiado, no importa que tenga buenas notas —susurra en un tono apenas audible.
—¿Por qué la gente le teme?
La mujer vuelve a mirar hacia los dos lados, se quita los anteojos y me indica con un gesto de mano, que me acerque más a ella.
—Dicen que es un hijo de la mala vida, que vende drogas, incluso órganos, también es mujeriego, ladrón, nadie se mete con él —argumenta con seguridad.
Hago un esfuerzo por no soltarme a reír, asiento en modo complaciente, recojo mis cosas y me despido de la mujer que cree que ese chico es el mismísimo diablo en persona, ¿quién soy yo para juzgar? ¿Acaso no pienso de él lo mismo? Para cuando subo a mi auto, he tomado una decisión, no debería; no obstante, el profesor dijo que este trabajo es importante para la calificación final, así que piso el acelerador y me pongo en marcha.
Agradezco tener memoria fotográfica para recordar el camino que me lleva directo al mismo edificio en el que estuve anoche, con luz de día. Pese a que el sol se ocultará en un par de horas, no se ve tan mal. Al entrar, busco las escaleras y subo con la esperanza de encontrar el piso correspondiente.
«Nota mental, necesito hacer ejercicio».
Río para mis adentros ante tal pensamiento, porque pese a que no estoy en forma, tengo un buen cuerpo y me da pereza hacer ejercicio, llegando al piso que recuerdo, con sorpresa veo a Ozzian Carter, sentado en una de las esquinas, cercana a su puerta, sus cosas siguen estando afuera, aunque ordenadas.
Mermo el espacio, me acerco con cautela, parece dormido, así que me inclino, me pongo en cuclillas y detallo su rostro, es apuesto, aunque... no es mi tipo.
—Ozzian —le llamo.
No despierta, trago grueso, me armo de valor y le toco el hombro.
—Ozzi...
En cuanto lo hago, abre los ojos, el color azul eléctrico golpea mi pecho, parece confundido, extrañado, me observa en silencio tratando de descifrar si soy real o una alucinación, es ahí cuando me doy cuenta de su estado, tiene la ropa húmeda, el cabello oscuro alborotado y la piel más pálida, me tomo el atrevimiento de estirar la mano y colocarla sobre su frente.
—Tú —dice con voz ronca.
—Dios, estás que ardes —expreso con preocupación.
—No pensé que era el tipo de chicas como tú, pero al parecer soy el tipo de todas —arrastra las últimas palabras.
Sus pupilas están dilatadas, sus ojos parecen un poco fuera de órbita.
—¿Qué m****a haces aquí? —recobra el conocimiento.
Intenta levantarse, pero se balancea y termina cayendo sobre mí. Su pecho aplasta el mío, dejándome sin aliento.
—Hueles bien —dice en un susurro apenas audible.
Siento su respiración caliente en mi cuello, jamás había tenido a un chico encima de mí, esa es una de las razones por las que Nathan se follaba a Verónica, jamás quise tener sexo con él, y ahora que sé la clase de persona que es, me alegro de no haberlo hecho, sin duda, el recordar todo por lo que he escapado, hace que una oleada de dolor me golpee.
—Oye... tienes que levantarte, tienes fiebre —empujo su cuerpo.
Parece comprenderlo, porque enseguida hace un esfuerzo por apartarse de mí, dejando caer su cuerpo a un costado, cerrando los ojos con fuerza. Me pongo de pie justo cuando una anciana mal vestida, a modo indigente, se acerca molesta.
—¿Viene a ver el departamento, señorita? —me pregunta mirando mi atuendo de arriba abajo.
—¿Departamento? ¿Acaso no es de este chico? —señalo a un Ozzian inconsciente.
La anciana se echa a reír sin gracia.
—¡Ese chico no es más que un delincuente que me debe cinco meses de renta, aquí, si no pagas, te largas! —exclama furiosa, con el entrecejo a punto de estallar, dándole un puntapié en la pierna—. Se lo advertí muchas veces, está aquí porque no tiene a dónde ir, seguro que ninguno de sus vagos amigos le quiso dar asilo. Anoche estuvo uno de ellos, trató de persuadirme, pero no sirvió de nada.
Observo con sorpresa a Ozzian, tirado en el suelo, con sus cosas, no debería importarme, pero... recuerdo mi lista de cosas por hacer, antes de ir a Londres con mi padre.
«Recuerda, prometiste vivir experiencias nuevas, no meterte en problemas».
Además, Ozzian Carter, parece ser del tipo orgulloso.
—¿Entonces quieres rentar el departamento, o no? —La anciana se cruza de brazos con molestia.
—Le pagaré lo que le debe —En cuanto las palabras se deslizan de mis labios, siento lo ridículas que se sienten—. Ahora mismo.
Rebusco entre mi bolso y mi cartera.
—¿Cuánto es?
La anciana entrecierra los ojos.
—Me debe quinientos dólares, pero más intereses, son seiscientos —anuncia dudosa—. Me gusta el efectivo.
—Bien.
Saco el dinero de mi cartera y se lo doy. La anciana toma el dinero con cautela, cuenta billete por billete hasta que su gesto se suaviza.
—Está completo, muy bien, muchacha, aquí tienes, la llave de regreso, pero dile a este bueno para nada, que, si se vuelve a atrasar un solo mes con la renta, llamaré a la policía para que lo saquen del edificio —amenaza.
—Entonces le pagaré tres meses más de adelantado —me atrevo a decir.
La anciana toma el dinero y asiente, luego me pide mis datos.
—Te daré un consejo, pareces una chica bien, no como la que viene luego a visitarlo. Aléjate de este chico, no parece tu tipo —le lanza una mirada de desprecio a un todavía inconsciente Ozzian—. Chicos como él, solo pudren a los que se acercan demasiado. Sigue mi consejo, busca a alguien que se comprometa de verdad, eres demasiado hermosa como para ser manchada por escoria como esta.
Abro los ojos como platos.
—Oh, no, se equivoca, solo somos compañeros de una clase, tenemos un proyecto juntos, eso es todo —mi voz se va apagando.
La anciana sonríe con complacencia.
—Me alegro, porque no es un buen tipo.
La anciana gira sobre sus talones y se aleja, suelto un suspiro y vuelvo mi mirada hacia Ozzian Carter.
—¿Y ahora qué haré contigo?
Abro el departamento, como puedo, lo meto, pesa toneladas, no es lo más correcto, pero lo arrastro por los pies. Localizo un sofá desgastado; me cuesta un mundo; sin embargo, logro dejarlo sobre este. Meto sus cosas, el lugar es un desastre. Busco los productos de limpieza y ayudo a ordenar, limpiar el sitio, pareciera que no lo había hecho en años.
Para cuando termino, el lugar parece demasiado decente, huele a limpio, incluso me tomé la molestia de lavar, secar y guardar su ropa, agradeciendo que tuviera una lavadora con ambas funciones. Es vieja y desgastada, pero cumplió su función: el olor a cigarrillo estaba presente en cada prenda. La noche llega, son las nueve, por lo que decido prepararle algo de estofado. Abro la nevera, no tiene nada, así que decido ir al súper, para cuando despierte estará listo.
Busco medicinas, no hay nada, así que salgo y voy a la farmacia más cercana que vi la noche anterior, luego me dirijo al súper que es muy pequeño y apenas encontré cosas, sin embargo, compro lo necesario con suero incluido, para cuando regreso, sigue dormido profundamente, no me atrevo a volver a tocarlo, por lo que dejo el suero las medicinas para la fiebre sobre la mesa. El estofado estará listo en media hora más. Si despierta y está frío, puede volver a calentarlo.
Le echo un último vistazo, pienso en irme, pero sigue ardiendo en fiebre. Hago compresas de agua fría con una pequeña toallita, y la coloco sobre su frente.
—No tengo por qué hacer esto, sabes —susurro—. Pero... no creo que seas tan mala persona como dicen y cómo te esfuerzas en demostrar, aunque sí, un idiota.
Me quedo dos horas más hasta que pierdo el conocimiento y me quedo dormida.
[...]
A la mañana siguiente, abro los ojos lentamente, me incorporo de inmediato al ver que me he quedado dormida, es demasiado tarde y estuve todo el tiempo sobre su pecho. Reviso su temperatura.
—Ya no tienes fiebre —arguyo con alivio.
No me puedo quedar más tiempo y parece que no tiene la intención de despertar pronto, por lo que me pongo de pie, agarro mis cosas dejando la llave de su departamento sobre la mesilla de noche, al lado de las medicinas y el suero, para después salir.
Apenas me da tiempo para llegar al departamento que me compró papá, ducharme, vestirme e ir a velocidad a la universidad. A mis diecinueve años, no me resulta tan mala, la idea de vivir sola.
La jornada en la escuela transcurre de manera habitual, necesito hallar un tema para la clase optativa, estoy caminando por el corredor para dirigirme a mi siguiente clase, cuando una energía huracanada me golpea, mi cuerpo se estremece, en menos de un parpadeo me acorralan en los casilleros, una mano rodea mi cuello y suelto mis documentos, los mismos que caen al suelo con un sonido estruendoso.
No hay nadie a mi alrededor que me pueda ayudar, estoy sola con...
—¿Quién m****a te crees que eres? —ajusta más, arrebatándome la capacidad para respirar.
El aire no llega a mis pulmones, pero no entro en pánico, porque me pierdo en el salvajismo intenso de su fría mirada.
MARVIN—¿Estás seguro de que te encuentras bien? La voz de Ozzian se vuelve ronca al otro lado de la línea, puedo notar que intenta ocultar su preocupación, pero falla, lo conozco mejor que nadie. —¿Por qué no lo estaría? Se queda callado. —Porque tú y yo sabemos que estás huyendo. Proceso sus palabras. —¿Huyendo de qué? —De Caroll, por ejemplo. Mis ojos se fijan en el cielo soleado, mientras giro el volante dando la vuelta en una curva. —¿Por qué tendría que huir de ella? —Todos sabemos que es muy intensa y que intentó salir contigo, Elaxi dice que quedó destrozada después de que la mandaras a la mierda. Por más que las chicas quieran sacarle información, ella evita hablar de ustedes dos. —Elaxi dice muchas cosas sin sentido últimamente —suelto un suspiro cargado de cansancio. —Me preocupas. —Y no es necesario, están exagerado, entre Caroll y yo, nunca ha pasado nada que tenga importancia. Tenso el cuerpo, entendiendo la verdadera razón de su preocupación, algo que no
CAROLLMi cuerpo se siente adormecido, la cabeza me estalla y todo me da vueltas. Fue mala idea haber venido aquí, haber aceptado estar en una fiesta donde la mitad de los chicos han coqueteado conmigo, solo porque quieren estar entre mis piernas, y las chicas… ellas son otro caso, me odian. Sin embargo, es algo que no puedo evitar, necesito distracción. Estas semanas han sido un infierno, empezaremos un nuevo ciclo escolar y con ello, mi tortura. —Carajo —suelto de mala gana, terminando el vaso de cerveza que sostengo con la mano temblorosa. La música palpita en mis oídos, tengo que sacar de mi sistema esta sensación nauseabunda que me aplasta el pecho. —¡Oye, Caroll! —alguien rodea mi cintura—. ¡La fiesta todavía no termina! ¿A dónde vas? Risas, más y más risas, las odio. Los odio a todos. «¿En dónde mierda dejé mi bolso?»—Suéltame —me deshago del agarre con dificultad—. Tengo que ir al baño. Mis palabras son atropelladas, inestables, no reconozco mi voz, no me reconozco a mí
SINOPSIS"Solo quien ha conocido la oscuridad, crece buscando la luz"Él juró olvidarme.Yo juré demostrarle que nadie sobrevive después de perderme.Siempre creí que el amor era otra forma de posesión, Marvin me pertenecía antes de que cualquiera pudiera pronunciar su nombre, estaba convencida de que el mundo entero respetaría esa verdad. Me equivoqué. Terminamos, pero el final nunca impide que una obsesión siga respirando.Hasta que aparece Eclipse, silenciosa, una muñeca rota como las que a Marvin le gusta reparar. Entonces descubrí que existe algo peor que el abandono: ser reemplazada. Sin embargo, el escenario cambia con Jaxon, quien ha vuelto de Francia, encontrando la grieta perfecta para entrar en mi vida.Dice que puede hacerme olvidar, que nadie puede volver a romperme si le pertenezco. Lo que no entiende es que una mujer como yo, no cambia de dueño, solo cambia de enemigo. Sé que Marvin no soporta verme en los brazos de otro, y yo no soporto la forma en la que mira a Eclips
NEGACIÓN══•°• MESES DESPUÉS DE QUE ANA SALIERA DEL HOSPITAL •°•══MARVINLa noche me pesa sobre los hombros, dentro del despacho de la mansión de Ela y Ozzi, reina una calma distinta a la que me invade, la lámpara de bronce en el centro de la mesa derrama su luz amarillenta sobre los documentos extendidos frente a nosotros, y el humo tenue de un cigarro olvidado en el cenicero, se curva en espirales hacia el techo alto, escapando del aire cargado.Estoy sentado junto a Ozzian. Frente a nosotros, dos abogados hojean los papeles con la seriedad de hombres que han hecho esto demasiadas veces. Mi bolígrafo descansa entre mis dedos, frío, metálico, esperando la última firma que sellará el contrato de unión. He repasado cada línea, cada cláusula, y aunque mi mente es meticulosa y nunca suelta nada sin analizarlo dos veces, esta vez no encuentro objeción alguna.—Todo está en orden —dice el primer abogado, con voz grave, ajustándose las gafas.—Ambas partes quedan cubiertas y protegidas. Na
INFIERNO══•°• ETERNIDAD •°•══KABIL—Kab.Apago las voces a mi alrededor, me importa una mierda el mundo entero y lo que esté pasando, mis ojos no se apartan de la rubia con piernas kilométricas y tetas turgentes, que camina en la playa con Ela, Piper y Caroll. A pesar de que lleva unos malditos pantalones más cortos que mi paciencia, y una jodida blusa que se le pega al cuerpo como una segunda piel, mostrando sus curvas, llama la atención de muchos idiotas en el camino.El tic en mi ojo izquierdo y la tensión de mi mandíbula, son la señal de que estoy a punto de romper algunos rostros que se la follan con la mirada. Ana es mi mujer, mi futura esposa, estamos a dos semanas de casarnos y que porte mi apellido legalmente, su dedo tiene mi anillo, pero mi necesidad de marcarla como mía de todas las maneras posibles, me supera.Un líquido frío recorre mi pecho, desciendo la mirada, mi pequeña hija, Anabelle, que descansa en mis piernas, ríe mientras termina de verter el agua natural de s
PROMESA CARMESÍ══•°• AÑOS ATRÁS •°•══NARRADOR OMNISCIENTEEl cielo estaba cubierto por un manto gris que parecía aplastar las copas de los árboles. El aire era denso, pesado, con un olor a humedad que anunciaba tormenta. En medio del bosque, los niños del campamento escolar corrían y jugaban, ignorando la advertencia que se cernía sobre ellos. Los profesores, sin embargo, ya habían recibido el aviso: una tormenta se avecinaba, y no era de esas pasajeras, sino una que prometía rayos, truenos y un diluvio que podía volver peligroso aquel lugar.—¡Niños, regresen al campamento, ahora mismo! —gritó la voz firme de una de las maestras, intentando imponerse por encima del creciente murmullo del viento.El sonido se transformó pronto en un rugido. Los profesores comenzaron a alzar más la voz, a llamar a los pequeños por nombre, a correr detrás de ellos para agruparlos, pero el desorden ya había comenzado. Un estruendo sacudió el aire y un relámpago iluminó el cielo nublado, arrancando chil







