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Perderlo todo

Autor: Maye Lyn
last update Fecha de publicación: 2025-04-26 20:31:29

LEV

Sabía que no iba a gustarme lo que el maldito doctor tenía que decir. Lo supe en cuanto lo vi entrar en la sala privada del hospital, con esa expresión de perro asustado y la carpeta temblándole en las manos.

Me apoyé contra la pared, cruzándome de brazos, mientras mi mirada se desviaba apenas hacia la puerta cerrada del fondo. Anya estaba ahí. Amarrada.

De no ser por las correas de sujeción, habría intentado degollarme ni bien despertó o eso fue lo que pasó en mi cabeza, apenas abrió los o
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Comentarios (8)
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Venney Mejias
pero que miedoso el pendejo dónde está los
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Lorena del pilar Fritz Torres
tenía que hacerse la loca para salir intacta de ahí y de paso matarlo , al final no es su esposo jajajjajaja
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Luna Montes
Lpm Boris, haz algo para sacar a Nikita de ahí
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Último capítulo

  • Quiero matar a mi esposo    Aliados y enemigos

    BORISLa silla de Dmitri permanece al frente de la mesa.Nadie se ha atrevido a cambiarla ni a retirar el vaso que utilizaba durante las reuniones. La madera conserva una marca circular cerca del borde y uno de los brazos está desgastado por sus anillos. Me siento sin pedir que limpien nada. Esta es la primera vez que los capitanes de Krovsk Volya se reúnen desde que mi nombramiento se hizo oficial y necesito ver quiénes miran al nuevo Vodir y quiénes siguen esperando que un muerto dé órdenes.Ivanov inclina la cabeza. Mikhailov hace lo mismo. Los demás tardan un poco más.Carlo no lo hace.—Supongo que debemos brindar —dice, sin levantarse—. Dmitri lleva pocos días bajo tierra y ya tenemos otro hombre sentado en su lugar.—No hemos venido a brindar.—¿Entonces para qué nos llamaste?Apoyo las manos sobre la mesa. Hay doce capitanes y todos conocen mi rango. No necesito explicarles que soy el Vodir. El sello ya está en mis documentos, mis órdenes circulan por las regiones y los hombre

  • Quiero matar a mi esposo    Nuevo líder

    LEVAnya mueve la mano hacia la bandeja que está junto a la cama. Sus dedos apenas se levantan del colchón y vuelve a intentarlo, mirando los instrumentos que hay sobre ella. Retiro la bandeja antes de que pueda alcanzar algo.—No necesitas tocar eso.Sus ojos se fijan en mí con una dureza que no le conozco. Durante unos segundos no parece la mujer que dijo mi nombre al despertar, pero luego sus labios tiemblan y estira la mano hacia mí. La tomo con cuidado.Es Anya.La confusión hace que cambie de un momento a otro. El médico ya lo explicó. Tiene recuerdos que no puede ordenar, partes de su vida que aparecen sin que sepa distinguir cuándo ocurrieron o a quién pertenecen. Sin embargo, fue mi nombre el primero que salió de su boca y fueron mis brazos los que buscó. Eso es lo único que necesito saber.Una enfermera entra para ponerle el analgésico. Anya niega y trata de apartar el brazo, aunque le falta fuerza incluso para eso.—Te ayudará con el dolor —le digo.—No…—Tienes que descans

  • Quiero matar a mi esposo    Su trofeo

    NIKITAMe duele.Es lo único que consigo decir, pero no es la razón por la que lloro. El dolor puedo soportarlo. He seguido peleando con balas dentro del cuerpo, he cosido mis propias heridas y una vez caminé durante dos horas con un cuchillo clavado cerca de las costillas porque sacarlo significaba desangrarme. Esto es diferente, más profundo, se extiende por los músculos y quema debajo de la piel, pero no es suficiente para hacerme llorar.Lloro porque Lev está a mi lado.Lo miro y durante unos segundos siento alivio. Conozco sus manos, su olor y la forma en que aprieta la mandíbula cuando está preocupado. Quiero que se acerque, que vuelva a abrazarme y me diga que todo estará bien. Mi mano intenta buscarlo antes de que pueda impedirlo.Después recuerdo quién es.El amor se convierte en asco tan rápido que me falta el aire. Veo al hombre que me sostuvo mientras dormía y también al que ordenó que me llevaran. Recuerdo el secuestro, las habitaciones cerradas, las pastillas en su palma

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  • Quiero matar a mi esposo    Despierta.

    LEVA las tres de la mañana salgo al pasillo y llamo a Praga.Un hombre que conocí hace ocho años, cuando todavía movía armas por el Báltico y no territorio, me debe favores que ni él mismo recuerda ya. Le explico lo que necesito sin darle detalles de más. Un compuesto que revierta daño neurológico. Algo experimental, algo que ni siquiera esté aprobado, no me importa el riesgo, pago el triple de lo que pida.—Lev, lo que describes no existe. Si existiera, yo lo sabría, y créeme que te lo vendería, aunque fuera ilegal en media Europa.Cuelgo sin despedirme.Llamo a otro. Y a otro. A las cinco de la mañana tengo cuatro nombres tachados en la lista y ningún médico dispuesto a mentirme solo para quedarse con mi dinero. Eso debería decirme algo. Que ni los que viven de mentir a la gente desesperada están dispuestos a mentirme a mí.No me detengo.Hago que Sasha traiga a un cirujano de Moscú, alguien que trabajó para la Bratva antes de que lo expulsaran por algo que nadie quiere contarme. L

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    LEVEl médico no me mira a los ojos cuando habla. Eso ya me dice todo lo que necesito saber.—Los valores no bajan, señor Zaitsev. Al contrario.Tiene una carpeta en las manos y no la abre. Lleva tres días viniendo a esta habitación y tres días repitiendo lo mismo con palabras distintas, como si cambiar el orden de las frases fuera a cambiar lo que hay dentro de ella.—Habla claro —le digo—. No para de dar rodeos.—El compuesto que se le administró no estaba diseñado para uso prolongado. Nunca lo estuvo. Lo que provocó el accidente, el golpe, la falta de oxígeno en esos minutos... aceleró algo que ya venía dañado. El hígado no filtra como debería. Hay pérdida de tejido cerebral que no se recupera, señor Zaitsev. No se recupera.—¿Cuánto tiempo? —No me contesta—. Te hice una pregunta.—Señor Zaitsev...—¡Contesta! —Mi propia voz me sorprende, tan alta, tan rota, que hasta la máquina que marca los latidos de Nikita parece detenerse un segundo antes de seguir con lo suyo, indiferente a t

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