Inicio / Romance / RECUPERÁNDOLOS / 1. A MÍ REGRESO

Compartir

1. A MÍ REGRESO

Autor: Mary Ere
last update Fecha de publicación: 2021-03-06 14:05:00

Llegué a una ciudad que había dejado siete años atrás, volví sin ninguna esperanza de recuperar nada de todo lo que había perdido, regresé con solo el deseo de poder ser feliz con lo que ahora tenía, con lo que en todo mi tiempo lejos de ese lugar había logrado obtener.

Entré a una casa que no había pisado en más de siete años, una casa que odiaba, pero que no dejaría, porque realmente la necesitaba. ¿Y cómo podría no odiarla?, si esa casa era la prueba de que, lo que siempre amé no me pertenecía más, ni tampoco me pertenecería de nuevo.

De pie, en la sala, solo observando tantos sueños y planes atrapados en esas paredes, tantos sueños y planes que sacudiría y, con el dolor de mi alma, enviaría a la basura; me estremecí completamente y lloré en silencio por enfrentarme de nuevo a lo que pensé no me enfrentaría nunca más.

Tenía rato atrapada en mis memorias, recordando al hombre que soñó a mi lado con un final feliz, cuando una voz, que creía haber olvidado, pronunció mi nombre, sacudiéndome de nuevo.

Me maldije internamente por haber pensado en Fabián, pues, como si lo hubiese invocado, él apareció frente a mí, haciendo lo que yo siempre amé que hiciera: decir mi nombre; pero, esta vez, haciéndome rabiar. 

¿Y cómo podría no enojarme? Si ahora, no, ahora no, desde hacía mucho tiempo yo odiaba a ese hombre con todas las fuerzas de mi ser. 

Sí, lo odiaba, no podría hacer otra cosa cuando, por su m*****a traición, yo había perdido todo lo que tenía en la vida: mi familia, mi hogar y hasta las ganas de vivir.

—¿Alicia? ¿Qué haces aquí? —preguntó Fabián mientras me miraba como si a un fantasma viera.

—Esta es mi casa —respondí, con la esperanza de no tener que decirle nada más, porque yo no quería hablar con él; pero supongo que las preguntas eran inevitables.

—No —señaló él, evidentemente contrariado—, esta es la casa de mis padres.

—No, Fabián —refuté, fingiendo que no se me quemaban las entrañas con la ira que estaba sintiendo por su repentina aparición—. Esta es mi casa. Es la compensación que me dieron tus padres por permitirles arrancarme lo que yo más amaba en la vida.

—¿Te refieres a mí? —preguntó él y me reí en su cara. 

¿Y cómo no podía hacerlo, si, después de todo lo que él había hecho y todo por lo que yo había pasado, él se proclamaba lo que yo más amaba en la vida? Sobre todo justo en ese momento, cuando yo no podía odiarlo más.

—Claro que no —bufé con molestia—. Tú no fuiste arrebatado de mi lado, tú te largaste por tu cuenta y me abandonaste a mi suerte. Pero, ¿sabes? Viendo el vaso medio lleno, perderte fue bastante benéfico, pues ahora tengo una carrera, y también una hermosa casa.

—¿Me cambiaste por dinero? —preguntó indignado el que una vez fue el hombre de mis sueños, y que hoy me provocaría pesadillas. 

Sonreí con sorna, terminando en volver a estar furiosa.

—¡Eso lo hiciste tú! —grité al punto del llanto por tanta ira carcomiéndome, terminando en respirar profundo para no matarlo en ese preciso instante—. Pero ya no importa. Lárgate, Fabián, no quiero verte ni tenerte cerca.

—Ali, yo iba a volver —dijo de pronto Fabián, intentando alcanzar mi mano que escondí detrás de mi cuerpo para que no me atrapara. Fabián me miró dolido y se rindió de tocarme—. Después de estudiar regresaría a darte el futuro que te merecías.

—Lárgate —exigí entre dientes, sin permitir que hablara más, pues yo no quería escucharlo—, dije que no me importas ya.

—Al menos explícame qué pasó —pidió él, consternado y ansioso—, dime dónde estabas, ¿por qué te fuiste? No entiendo nada, Alicia. Cuando regresé, tú ya no estabas, y tu abuelo dijo que no sabía nada de ti. Ali, no quise creerles a mis padres que me cambiaste por dinero, nosotros nos amábamos de verdad...

—¡No, Fabián! —interrumpí en un grito—. Nosotros no nos amábamos, tú no me amabas.

—Yo siempre te amé —aseguró él y volví a reír antes de derramar un par de lágrimas que no pude contener—. Aún te amo, Ali.

—Mentiroso —farfullé molesta, limpiando ese par de lágrimas que escaparon de mí—. Si me hubieras amado no me habrías dejado a mi suerte. Me dejaste sola, Fabián.

El reclamo que hacía, al hombre que estaba odiando con toda mi vida, estaba cargado con más que rabia, también tenía todo mi dolor y mi resentimiento hacia él.

» Tuve que pelear yo sola contra el mundo para defender nuestro estúpido amor. Pero no pude hacerlo, no podía pelear sola —dije y mi garganta cedió al llanto, entonces debí garraspar y respirar profundo para poder concluir mi alegato—. Pero eso dejó de importarme cuando me di cuenta de quién eras tú y de cómo jugaste conmigo.

—Ali, escúchame —pidió Fabián, intentando llegar de nuevo a mí, pero retrocedí, no sabía si para protegerlo de mí o para protegerme de él, porque él me lastimaba aún.

—No, Fabián —volví a negar—. Y deja de decirme Ali, es más, no me hables.

—Ali...

—Lárgate Fabián... y dile a todo el mundo que esta casa ya no está sola, que no vuelvan por aquí —pedí levantando un pedazo de pizza que, de haber quedado ocho años atrás, no estaría en el estado en que estaba.

—No tienes que estar enojada —aseguró él y entonces sí que me reí con ganas—, tú fuiste quien me dejó, tú eres quien desapareció sin decir nada. Alicia, por lo menos explícame qué pasó antes de echarme.

—Yo no tengo que darte ninguna explicación —aseguré—. Si quieres explicaciones pídeselas a tus padres. Pregúntales a ellos la razón de que te odie como te odio. Aunque fuiste tú quien me traicionó, seguro lo sabes bien.

—Ali...

—¡Que no, Fabián! ¡Que te largues! —grité empujándolo fuera de mi casa, pretendiendo sacarlo de mi vida y de mi estúpido corazón, que había temblado emocionado mientras lo veía y lo escuchaba tan de cerca. 

Ignoré sus gritos llamándome y sus golpes en la puerta, pues yo tenía mucho qué limpiar y demasiado dolor que desahogar. Ese hombre, que tanto amé y que tanto odiaba, me dolía demasiado.

Fabián se fue y yo me quedé recargada a la puerta, llorando tanto como mi dolor pedía. Lloré hasta que me cansé, y entonces me levanté a limpiar esa casa que guardaba tanta suciedad como ocho años de soledad le habían dejado.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • RECUPERÁNDOLOS   EXTRA. QUERIDO DIARIO

    Querido diario:Supongo que te parece raro el tenerme por acá, incluso a mí me sabe a increíble este glorioso momento. ¿Por qué glorioso? Simple: mi casa está en silencio, no necesito hacer limpieza (porque ya me rendí con mi deseo de una casa limpia y ordenada, además de que no me quedan fuerzas para eso) y estoy ¡sola!... bueno, casi, los bebés acaban de dormirse, así que podría contar como que no están.Te preguntarás por Liliana, Iliana y Diego, ¿no? Pues, muy complacida, te anuncio que están en un campamento escolar ¡¡¡¡DE TRES DÍAS!!!... y, como es por motivo del día del padre, adivina quien tampoco está en casa. Exacto. Fabián se fue.Pero no me malentiendas, tú perfecto sabes cuánto amo yo a esos cuatro, bueno, cinco, porque Damián —que

  • RECUPERÁNDOLOS   22. FELICES PARA SIEMPRE

    —Llévatelas —ordené.—¿Y yo para que las quiero? —preguntó Damián Belmonte hijo—. Se ven más bonitas aquí —aseguró y sonrió dejándolas en una repisa en la entrada de mi casa—. Sabes, ese hombre es mi padre y, aunque no siempre nos llevamos bien, lo quiero mucho. Te dejaré estar a su lado si firmas un acuerdo en que la herencia es toda mía.—Eres un menso —dije abrazada al hombre que me abrazaba sin dejar de sonreír.—Tío Damián —gritó Diego desde la puerta, tirándose a los brazos de mi hermano.Él lo abrazó preguntando cómo estaba su sobrino favorito.—Aún sin pantalones —respondí demasiado seria.—Mamá es una preocupona —dijo Diego tras sonreír—, aún hay tiempo.&

  • RECUPERÁNDOLOS   21. RECUPERÁNDOLOS

    —Señor Damián Belmonte... padre —dijo Rocío que se acercaba a la mesa. Ella y Fabián nos siguieron al restaurante—. Soy trabajadora social y estoy al tanto de lo sucedido. Si usted no entrega a los tres niños Mirro Grullol a sus padres, nos veremos en la penosa necesidad de levantar una denuncia por secuestro para usted.El señor Belmonte la miró con desdén.«¿Será que no puede darse cuenta que son personas con las que trata?».—Tráelos aquí —dijo al teléfono y miré con expectación y una gran sonrisa a Fabián que me abrazaba.Me presioné a su pecho, necesitaba más que nunca sentirme segura.Mientras esperábamos el silencio se hizo presente, pero cuando tres niños, junto a un hombre alto y robusto que cargaba tres mochilas, llegaron, Diego rompi&oacu

  • RECUPERÁNDOLOS   20. SORPRESAS DE LA VIDA

    —¿Cómo te llamas? —preguntó y sonreí ante la ironía.—Me mandó matar y ni siquiera sabe mi nombre —respondí burlona.El hombre me miró furioso ordenando que dijera mi nombre.» Soy Alicia Grullol —respondí— y no me da gusto conocerlo. ¡Entrégueme a mis hijos! —ordené a uno que me miraba de arriba abajo.—¿Grullol? —preguntó descolocado y lo miré confundida.Sabía que mi apellido era raro, pero no para dejar perplejo a alguien.—Quiero a mis hijos conmigo ahora —repetí—. Esto es secuestro —anuncié sacándolo de sus pensamientos.—Ellos son mis nietos —dijo.—No, no lo son.—Lo son —aseguró—, las tres pruebas de ADN resultaron positivas.—

  • RECUPERÁNDOLOS   19. LOCALIZÁNDOLOS

    Cerca de las seis de la mañana llegué a Santa Clara, dirigiéndome a la dirección que me había dado mi amiga. Allí me encontré con Rocío, que me esperaba recargada a su auto.—No lo vayas a matar sin preguntarle nada, ¿de acuerdo? —dijo burlona y asentí con una mueca que quiso ser una sonrisa.Sabía que ella bromeaba, pero yo realmente tenía ganas de matarlo.Tocamos a la puerta y nadie respondió. Pero yo no desistiría, yo seguiría cualquier indicio que me permitiera llegar a mis hijos, por muy pequeño que fuera. Por eso toqué una y otra vez hasta que al fin alguien se apareció. Un hombre de estatura alta, piel blanca y cabello oscuro abrió la puerta.—¿Damián Belmonte? —pregunté y asintió un poco confundido.Entonces, antes de que él dijera nada, m

  • RECUPERÁNDOLOS   18. APARICIÓN INESPERADA

    —No era la primera vez que veía a ese hombre —dije a los policías—, creí que era el padre de algún niño.Ellos pidieron una descripción del hombre, y que estuviéramos atentos a los teléfonos, por si era un secuestro y llamaban por un rescaté.Lloré de nuevo, un secuestro era lo peor que podía pasar.«¿Y si les hacían daño?, ¿y si no querían dinero?, ¿y si jamás los volvía a ver?»Tantas posibilidades estremecieron mi alma empujándome a llorar aún más.Un par de horas después mi teléfono sonó, pero no era un secuestrador, era Chío con tremendas noticias.—Amiga, alguien ha estado investigando sobre Diego —dijo y me quedé helada—. Vino un hombre, dijo llamarse Damián Belmonte,

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status