INICIAR SESIÓNDe pronto aparte mi mirada del niño fijándome en el CEO, ya que tenía puesta una camisa blanca desabrochada de dos botones, justa sobre sus fuertes pectorales y sus bien formados brazos, teniendo las mangas de su camisa subidas hasta sus codos, unos pantalones de color azul. Estaba de pie junto a su mesa, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.
Nos miramos los dos fijamente a los ojos y luego estrechamos las manos, sintiendo la calidez de su piel, mientras le sonreía. Él me miró detenidamente, haciendo que mi cuerpo temblara, haciendo un gesto con su mano para que me sentara en uno de los sillones que había enfrente de su mesa, rodeándolo el seguidamente para sentarse en su gran sillón. —Señor O”Brien, quería darle las gracias por recibirme en su empresa, espero que sea la adecuada para cuidar de su hijo —Le dije algo nerviosa. Nada más terminar de hablar, noté como una mano pequeña, me daba palmaditas en mi hombro, giré la cabeza viendo al niño detrás de mí sonriéndome. —Disculpe, es mi hijo Lucas — me dijo el CEO. —No se preocupe. —respondí y volví mi rostro hacia el pequeño.— Hola cariño, sé cómo te llamas, tu papá me lo ha chivado — le susurre, escuchando la melodía de su sonrisa. —Hola, yo no se como te llamas tú —me dijo pequeño. —Me llamo Keira ¿te gusta mi nombre? a mí me gusta mucho el tuyo, ¿sabes? —dije haciéndole algunas cosquillas en su cuello. —Me gusta tu nombre, es bonito —Me respondió. —¿Cuantos años tienes Lucas? —pregunté. —!!Tengo cuatro¡¡ —respondió poniendo sus brazos encima de mis rodillas sin dejar de mirarme. —Lucas cariño, deja ya de molestar a la señorita —Le dijo su padre, con voz suave y muy cariñoso. —No se preocupe, señor. Me encanta que no sea tímido, me gusta mucho jugar con los niños —Le respondí. —Soy a veces estricto con mi hijo Keira, por cierto ¿se ha pensado ya mi proposición? yo no tengo mucho tiempo y necesito su respuesta, ya —Me preguntó sin titubeos, el Sr O'Brien. —Sí señor y acepto, necesito trabajar, ya que necesito el dinero y su oferta me parece muy buena. —contesté. Me quedé por un momento mirando al pequeño, como si estuviera recordando al bebe que dejé en aquella casa nido hacía ya cuatro años. Lucas se fue hacia el sofá, echando su cuerpecito en el reposa brazos apoyando su carita. Iba vestido con unos preciosos pantalones a rayas azules y una camisa también de color azul. Mientras que llevaba zapatillas deportivas blancas igual que los calcetines. Me quedé mirándolo con una sonrisa en mi boca, mientras pensaba que hubiera sido de nosotros si me hubiera quedado con mi bebe. Me pude fijar en como me observaba el CEO mientras yo miraba al pequeño Lucas. Cuando me di cuenta de la mirada tan intensa del CEO, me giré y empecé a explicarle mi curriculum, por si se me había olvidado poner más información en aquel documento. Sabía que el señor O'Brien me escuchaba con mucha atención, pero me ponía muy nerviosa el que me mirara con tanta intensidad, ya que sus preciosos ojos verdes tenían un brillo muy especial. De pronto Lucas, se sentó en la silla que había a mi lado dejando que sus piernas balanceaban sin dejar de mirarme. Entonces me acordé que siempre llevaba alguna golosina en mi bolso, saque la golosina, miré a su padre para pedirle su aprobación y cuando sentí que sí, que me daba su permiso, por la sonrisa que de pronto tenía en sus labios, le di la golosina al pequeño, bajando el de la silla para darme un abrazo ante la mirada atónita de su padre. —¿Te gusta el sabor a fresa? —pregunté al pequeño que no dejaba de saborear aquella golosina. —Si, gracias Keira —Me respondió, haciendo que sonriera mientras le acariciaba su negra y suave cabellera. Durante el tiempo que duró aquella reunión, el señor O'Brien se mantuvo igual de serio que la primera vez, pero era muy cortés conmigo. Nada en comparación con el dueño de la casa donde serví durante varios años como niñera. Lo que más nerviosa e inquieta me ponía, era su mirada, ya que sus ojos grandes y verdes me hacían sentir algo excitada, pero también cohibida ante aquel imponente hombre, que me intimidaba y al mismo tiempo me generaba cierta inseguridad. No parecía arrogante ni altivo, ni tenía una pizca de vanidad, si no que se le notaba muy seguro de sí mismo aunque sí que tenía una irresistible autoridad, dentro de esa seguridad que tenía por sí mismo. También me fijé en que ese hombre, era muy observador y prefería escuchar y que los demás hablaran, en vez de entrar él, en conversaciones ajenas. De pronto se levantó de su gran sillón y con educación me señaló con su mano la puerta de su despacho, acompañándome después hasta donde se encontraban los ascensores, siempre acompañados por el pequeño Lucas. —Mi chofer la espera abajo, solo dígale donde tiene que llevarla —Me dijo con voz ronca. —Gracias señor O'Brien, quedó esperando su respuesta entonces —Le comente. —Adiós Keira —Me dijo con su tierna voz y una sonrisa en sus labios, el pequeño Lucas. Me agaché para estar a su altura, rodeando mi cuello sus brazos dándome un beso algo pegajoso en mi cara. —Adiós cariño, espero volver a verte pronto —Le dije mientras acariciaba su mejilla. Cuando el ascensor llegó a la planta y se abrieron sus puertas, el señor O'Brien, me ofreció su mano en señal de despedida, quedando conmigo en llamarme lo más pronto posible.Al día siguiente, mi hijo dio un salto encima de la cama para despertarme, dándo varios besos en mis mejillas mientras yo le hacía cosquillas en su cuerpecito.—- Mami levanta, papá me ha dicho que te despierte para desayunar —- me dijo mi niño.— Ya voy mi amor, vete a la cocina primero y termina de desayunar, tienes que ir a la guardería y no querrás llegar tarde ¿verdad enano? —- le dije mientras seguía haciéndole cosquillas escuchando ese lindo sonido que era su risa.—- Vale mami, pero no tardes, eh —- me dijo levantando su dedo mientras nos mirábamos.Cuando mi hijo se marchó de mi dormitorio, me levanté de la cama sonriendo, mi hijo era vida pura, un niño alegre, que daba todo su amor y alegría a todo el mundo que lo rodeaba. Me fui hacia la cocina poco después, viendo cuando entre, a mi esposo y a mi hijo desayunando mientras se reían, gastando bromas entre los dos. Después nos marchamos en la limusina dejando primero a mi pequeño Lucas en la guardia, marchando después a la cl
—- Si Keira, es sobre tu esposo de lo que necesito hablar contigo, pues lo estuve llamando y solo me suele decir que se encuentra muy bien, pero yo que no es así, De la última prueba que se le realizó, nos hemos dado cuenta de que a parte del tumor, tiene un coágulo bastante llamativo que le podría perjudicar si no se le opera en las próximas cuarenta y ocho horas —- me dijo dejandome algo asustada por sus criterios.—- ¿Qué puedo hacer yo entonces? Mario no me quiere escuchar y cuando saco el tema en conversación, siempre acabamos en peleas — le comente lo que en realidad sucedió entre mi esposo y yo.—- Aunque ya lo llame por teléfono y no puedo contactar con el, dile que necesito verlo urgente, puede que si tu se lo dices recapacite y venga a verme — me comentó—- Está bien doctor Tayeler, lo intentare aunque no le prometo nada —- le dije algo cohibida.Después de hablar con el doctor me marché de la clínica, dirigiendome hacia donde estaba esperándome el chofer con la limusina. A
Entramos los dos en el dormitorio quedándome sentada en la cama mirando al suelo mientras escuchaba como mi esposo cerraba la puerta acercándose después Mario a la cama poniendose el de rodillas delante de mí mientras me cogía mis manos sin dejar de mirarnos.—- Tranquila mi amor, ese es un payaso que se cree lo que no es, así que no nos hará nada, además os pondré a ti y a mi hijo varios guardaespaldas, más bien para estar yo más tranquilo — me comentó.—- Mario tenemos que hablar, tus cambios de humor y tu manera de ser ahora me preocupa mucho, quiero darte las gracias por preocuparte tanto por mí, pero ¿qué pasa contigo? estas enfermo y me gustaria que hablaras con el medico y te pusieras en sus manos, no se que haria si algo te ocurre — termine diciéndole.—-Tranqila Keira, yo por ahora me encuentro bien y te prometo que me pondré en tratamiento cuando vea que voy a peor, ahora mi amor, te necesito a ti, ¿quieres hacer el amor con tu esposo? sin malos entendidos entre los dos y ¿c
Jamas habia pasado una noche como la que pase con Anselmo, castigos, azotes, oral y anal, tanto que al dia siguiente casi no podia moverme de la cama, aunque solo me preocupaba mi bebe, A mi me podria hacer todo lo que quisiera, pero necesita pasar la revision prenatal, sabiendo que Anselmo no me dejaria ir por no arriesgarse a que yo huyera de su lado. Cuando me levanté por fin de la cama, como pude de la cama, entre en el cuarto de baño, me duche tranquilamente con el agua más bien caliente para relajarme un poco, marchando seguidamente al dormitorio rodeado mi cuerpo con una toalla, pero sin esperarme a que Anselmo estuviera sentado en la cama mirandome.—- ¿Qué quieres? —- pregunte.—- Por si lo has olvidado soy tu amo, no puedes tratarme de tú y no puedes mirarme a los ojos cuando te hable o me hables, solo eres una puta que calienta mi cama, – comentó— Lo siento mi amo, no volverá a suceder — comente mientras miraba al suelo —- Eso espero Keira, ahora ven que ponga el collar,
Una semana pasó desde que me secuestraron, aunque se me hizo demasiado larga, sin saber nada de Mario y sin saber dónde me encontraba yo. Anselmo era muy amable conmigo, nunca me hizo ningún daño, pero yo tampoco provocaba que se enfadara conmigo. Las tres chicas íbamos por aquella casa desnudas, con la correa en nuestro cuello y sirviendo a nuestro amo en todo lo que él deseaba. Una tarde nos comunicó nuestro amo que iba a ver una reunión de hombres importantes y quería que hiciéramos todo lo que nos pidieran y es ahí donde pensé que podría escaparme, pero solo fue un mal pensamiento. Minutos antes de la reunión que tenía Anselmo con aquellos importantes hombres, me hizo ir a un cuarto donde había diversas cosas, entre ellas enseres de castigo, el se acerco a un mueble sacando de un cajón una mascara de latex.—- Te voy a poner esta máscara en tu cabeza, cuando la cierre, no podrás quitártela pues solo yo tendré la llave, podrás respirar por dos pequeños agujeros que tiene en la nar
Dos de los cuatro hombres que me estaban mirando se acercaron hasta donde estabamos Anselmo y yo, tiraron los cigarrillos que se estaban fumando al suelo mientras nos miraban sonriendo.—- ¿Necesitas ayuda, con la fierecilla? —- preguntó uno de aquellos hombres.—- No gracias, se como domar a estas putas, no es la primera zorra que se me resiste — comentó Anselmo mientras se reían.Anselmo cogió mis muñecas con fuerza obligándome a poner mis brazos en mi espalda, mientras yo seguía peleando y luchando por apartar de mí aquella bestia de hombre, pero no pude. Así de esa forma me hizo entrar en aquel club, aunque más bien dirigia mi mirada por todo el local buscando a mi marido. Anselmo me hizo sentar al lado suyo en uno de los sillones, rodeando mi cuello con sus brazos, sintiendo repugnancia cuando note como su lengua lamia mi oído, mi mejilla y mi cuello.—- Nunca me he acostado con una puta preñada de tanto tiempo, — me comentó.—- Y no lo harás si puedo impedirlo, deja que me vaya,







