Inicio / Romance / Sed de Venganza / 2. Ajuste de cuentas

Compartir

2. Ajuste de cuentas

last update Fecha de publicación: 2024-11-14 10:55:45

Nathan siguió la voluptuosa figura de Liz con la mirada hasta que se perdió dentro del salón. Algo en su vulnerabilidad siempre despertó un instinto protector en él, pero esta vez lo aplastó de inmediato. No era momento para distracciones. Marcus Chen, el imbécil que le debía dinero a su padre, acababa de escabullirse hacia el baño.

Lo siguió con calma y al entrar tras él, lo encontró inclinado sobre el lavabo. Así que lo agarró por el cuello de la camisa y lo estrelló contra la pared.

—Una semana de retraso. Te advertí que no jugaras conmigo.

Chen tartamudeó excusas patéticas, pero Nathan lo silenció con un puñetazo en el estómago y lo vio desplomarse al suelo con un quejido lastimero.

La puerta se abrió de golpe y al voltear, notó el rostro de Richard Crawford contrayéndose al ver la escena, pero intentó disimular su nerviosismo con esa sonrisa falsa que tanto despreciaba.

—James mencionó que irían al golf. ¿Vas a…?

Nathan lo miró sin expresión. Crawford era un parásito, alimentándose de las migajas que su padre le arrojaba. 

—No.

Richard soltó una risa nerviosa y abrió la boca, pero Nathan suspiró al decir:

—Mejor sal de aquí.

Escuchó toser a Chen, así que no se molestó en mirar cómo desapareció el otro cobarde y se inclinó sobre él, lo que bastó para que el hombre sacara un ligero fajo de billetes y chillara:

—Es lo único que tengo por ahora. Te juro que antes del fin de semana…

—Más te vale —lo interrumpió—. O tus piernas serán mi parque de juegos.

Lo escuchó sollozar a sus espaldas, pero no le importó. Estaba tan harto de hacer esos trabajos. 

Entró al salón y se acercó a Walter, quien bebía tranquilo en la barra. Su amigo levantó una ceja al preguntar:

—¿Lo arreglaste?

—Por supuesto.

Su amigo asintió. No necesitaban más palabras. Nathan tomó un trago del vodka que le ofreció, y observó el mar de rostros hipócritas que llenaban el salón.

Entre la muchedumbre, una mujer de cabello oscuro atrajo su atención. Aunque llevaba un vestido discreto, sus curvas y sus ojos se le hicieron conocidos.

—Esa tiene un buen rato mirándote —dijo Walter, soltando una carcajada—: Anda, King, ¿por qué no le das lo que busca?

—Vendrá por ello, no lo dudes —respondió. 

Le dio la espalda y volvió a centrarse en su bebida, poco después la mujer ya estaba a su lado.

—Llevas demasiado tiempo solo, Nathan Kingston —dijo ella, tendiéndole una mano—. ¿Bailamos?

No recordaba su nombre, pero era evidente que eso no le importaba a ninguno de los dos. Así que la siguió a la pista. 

Cada paso suyo era provocador; sabía cómo moverse y disfrutó de la suave presión de sus cuerpos. Ella deslizó su mano por su hombro hacia abajo y en respuesta, Nathan bajó hasta su cintura, disfrutando de su jadeo.

La dejó contonearse contra él mientras le regalaba una sonrisa juguetona y acariciaba la dureza de su pectoral sobre la camisa, clavando la mirada en la suya para presionarlo, pero se negó a avanzar.

Nathan sabía que entre más la hiciera esperar, ambos saldrían ganando esa noche. Lo comprobó poco después cuando ella hizo que se inclinara hasta su altura para decir en tono desesperado:

—Tú y yo deberíamos buscar un poco de privacidad.

Nathan asintió y la tomó de la mano, despidiéndose con un gesto de Walter, quien negó con la cabeza, divertido.

* * *

Al salir al estacionamiento, la mujer se colgó de su brazo y su exquisito perfume lo envolvió. Entrecerró los ojos un instante, pero al siguiente distinguió a Liz tambalearse sobre sus tacones cerca de un auto mientras intentaba cargar a Emma. La niña dormía apacible en los brazos de su madre, y la niñera parecía tan agotada como ella. 

Un impulso lo hizo acercarse.

—Déjame ayudarte —ofreció y miró sus carnosos labios separándose para decir algo, pero Nathan ya había tomado a Emma, quien envolvió sus bracitos alrededor de su cuello.

Una sonrisa se le escapó. Colocó a la niña en el asiento del coche con cuidado, ajustó los cinturones y cerró la puerta.

—Ya está.

Al mirarla, se dio cuenta de que Liz jugueteaba con el bolso de mano que hacían brillar sus delicadas uñas y notó su habitual expresión insegura. ¿Se excedió?

Esa noche actuó sin pensar al acercarse en el jardín, pero se alegraba de verla. Llevaban meses sin coincidir en las fiestas del círculo que compartían, y encontrarla llorando lo descolocó.

Sí, estaba actuando como un estúpido y para terminar la noche con broche de oro, no pudo resistirse a dar un paso adelante y se inclinó al rozar su mejilla con los labios. Fue apenas un instante, pero sintió cómo ella contuvo el aliento.

—Buenas noches, Ángel —susurró.

La niñera soltó una risita y él no pudo evitar esbozar la suya, pero eso lo trajo al presente y se obligó a ir junto a la mujer que lo esperaba impaciente frente a su deportivo. 

Antes de entrar en su coche, aspiró con fuerza el aire frío de la noche. 

—¿Mi casa? —preguntó la mujer como para encarrilarlo de nuevo a su objetivo y funcionó.

—Un hotel —dijo, colocando la mano sobre su muslo descubierto un poco más de lo necesario. 

Permitió que eligiera la música para el camino, pero se arrepintió en la segunda canción cuando la escuchó cantar, así que aceleró. 

—Tienes mucha prisa, ¿no? —Esa mujer tenía el ego hasta las nubes, pero Nathan no respondió.

Solo pretendía obtener lo que ella ofreció. Tardó poco en llegar al Imperial, propiedad de su familia, y tomó el ascensor privado al mismo tiempo en que la mujer se abalanzó sobre él, besándolo con urgencia. 

Pero su mente traicionera se desvió hacia la turgente silueta de Elizabeth, la suavidad de sus gestos, esa elegancia natural que la hacía destacar sin intentarlo y cerró los ojos con fuerza, tratando de concentrarse en las caricias que estaba recibiendo. 

Un gemido suave escapó de ella y por un momento, su mente lo engañó, imaginando que era Liz quien se derretía bajo sus manos. Como una sombra persistente que se negaba a abandonarlo, y m*****a sea, lo disfrutó.

Pero el placer duró poco, porque recordó que no tenía derecho a fantasear con ella. Ya no. Aquella preciosura inocente había rozado su corazón hacía años, pero luego tuvo que verla casarse con un idiota manipulador.

Se pasó una mano por el cabello cuando recordó la noche de su boda, en contraste con su estúpida fantasía de imaginar que el hombre con el que se casaba era él. Estaba consciente de que jamás iba a ocurrir, y esa realidad lo consumió por años. 

Sacudió la cabeza, echando a un lado sus pensamientos de Elizabeth, mientras la otra mujer se apoderaba de su atención con una urgencia que lo arrastró de vuelta al presente, al mismo tiempo en que el ascensor se abrió en el Penthouse e hizo que la mujer que lo acompañaba avanzara frente a él. Debía seguir con su vida, llegar a la cantidad que necesitaba y largarse de esa m*****a ciudad donde todo tenía que ver con esa rubia que le había robado el corazón. Arrancar de raíz ese anhelo que lo perseguía. Con una voz ronca que desconoció, dio la orden:

—De rodillas.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Sed de Venganza   Epílogo Parte 2

    Isabella condujo a Emma hacia la biblioteca, donde se habían tomado tantas decisiones importantes. El aroma a cuero la envolvió al entrar, y miró a su hija que se dejó caer en el sofá con esa misma postura defensiva que Isabella conocía de memoria. Cerró la puerta con cuidado y tomó asiento frente a ella antes de decir:—Quiero entender qué pasó.—¿Sin sermones sobre la seguridad familiar? ¿Sin advertencias sobre los peligros? —preguntó sorprendida.Isabella sonrió levemente mientras le acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja.—Prefiero escuchar primero. Háblame de ese chico.El cambio en la expresión de Emma resultó revelador para Isabella: un ligero rubor, un brillo inconfundible en la mirada.—No es como los tipos que me rodean allá —murmuró—. Es de Medio Oriente. Su familia tiene negocios por todo el mundo. Tiene un acento marcado, pero habla con una seguridad que no se finge.—¿Y tiene nombre? —¡Mamá! Sí… —dijo Emma con una sonrisa que no pudo contener—. Se llama Karim

  • Sed de Venganza   Epílogo Parte 1

    La boca de Nathan recorrió la columna de Isabella mientras la luz de la luna se filtraba entre las cortinas. Sus dedos se cerraban sobre sus caderas con la misma hambre intacta que diecisiete años no habían logrado extinguir.Isabella cerró los ojos, abandonándose al calor de su cuerpo y al roce sutil de las sábanas de seda.—Ese japonés y sus malditas formalidades —murmuró Nathan contra su cuello—. Pensé que no acabaría nunca la negociación.—¿Tan aburrido estuvo? —Isabella giró apenas el rostro, alzando una ceja con ironía.—Casi me duermo entre reverencias —rozó con los dientes el lóbulo de su oreja—. Pero pensaba en ti. En esto.Las manos de Isabella recorrieron la espalda de Nathan, trazando las cicatrices que conocía de memoria, mapas de batallas pasadas que había aprendido a amar.—Vendimos todo el Midnight en menos de una semana —murmuró, como si el negocio también formara parte del deseo.—Que se joda el Midnight… —gruñó él, deslizándose en su interior con lentitud—. Ahora so

  • Sed de Venganza   139. Queen

    Isabella siguió a Ilenka, alejándose de los invitados, aún irritada por la provocación descarada hacia su esposo. No había planeado mostrarse vulnerable, pero verla rondar a Nathan fue suficiente para hacerle perder el control.Las luces en la pérgola centelleaban como constelaciones suspendidas entre las flores. Isabella respiró hondo, dejando que el aroma la calmara. Los acordes de la celebración se desvanecieron, reemplazados por el susurro de las hojas bajo cada paso.Ilenka extrajo un sobre de su pequeño bolso de fiesta y lo desdobló sobre la mesa de madera frente a ella.—Isabella Hamilton, con este documento, El Grupo reconoce que has cumplido tu misión al entregar a James Kingston a las autoridades —anunció Ilenka con seriedad—. Y te libera de cualquier obligación previa, pero también te excluye de nuestra protección.Isabella estudió el sobre sin tocarlo, y contuvo el deseo de echarse a reír tras meses de persecuciones, amenazas y medias verdades. El papel parecía ordinario, p

  • Sed de Venganza   138. Lazos que perduran

    La cicatriz en su pecho quedó oculta bajo la camisa antes de ajustar la corbata y contemplar su reflejo mientras terminaba de vestirse para la boda de Samuel y Mario en Villa Esmeralda. A pesar de los fantasmas que habitaban el lugar y el dolor vivido, aceptó el pedido de Isabella. No solo por ver su mirada de agradecimiento, sino porque ese lugar albergaba su historia con ella: su transformación de víctima a guerrera, su pasión entre susurros, Emma corriendo tras King en el jardín. Sin saberlo, había construido los cimientos de lo que ahora intentaba recuperar.Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos.—Adelante…Samuel entró con un esmoquin negro, y le mostró una caja pequeña.—¿Me ayudas con esto? —Le mostró dos gemelos dorados—. Mis manos parecen traicionarme hoy.Nathan los tomó, y sonrió al ver las iniciales de ambos grabados en ellos.—Nunca imaginé ver al doctor Brennan perder la compostura por algo que no fuera una cirugía.—El matrimonio es más aterrador que cualq

  • Sed de Venganza   137. La Elección

    Las puertas del salón privado del Ivy League se abrieron para darle paso a Isabella, flanqueada por Nathan y Walter, logrando que los hombres más poderosos y peligrosos de la ciudad no pudieran ocultar su sorpresa.Las miradas se posaron en su vientre prominente, y captó fragmentos de conversaciones risueñas o incómodas con palabras como: «la señora Kingston», «mujeres» y «su condición» que le causaron gracia.Nadie se levantó. Algunos apenas asintieron, pero la atención iba de Isabella a Nathan, como si no supieran a quién mirar primero.Nathan los había convocado, así que le correspondía abrir la reunión. Pero Gallagher se adelantó invitando a todos a tomar asiento y dejando a los guardaespaldas de todos fuera.—¿Una reunión de negocios es lugar para una mujer embarazada? —dijo con su acento irlandés más marcado cuando buscaba provocar—. Quizá deberías esperar fuera, querida. Mientras definimos tu posición en la mesa.Isabella sintió el calor de la indignación subirle por el cuello,

  • Sed de Venganza   136. Reclamando el Poder

    El abrazo de Nathan hizo que se tensara y el beso que recibió formó un hueco en su estómago, porque debería odiarlo. Lo odiaba. Y sin embargo, esa noche arriesgó su vida por Emma. Los cortes en su rostro eran el testimonio silencioso de la batalla que había librado por ellas.No supo cuánto tiempo había pasado desde que llegaron, pero el carraspeo de la garganta de Jeremy la sacó de su letargo.—Si me permiten, llevaré a la señorita a su habitación —ofreció al señalar a Emma dormida.—Iré con ustedes —respondió Isabella, pero un dolor punzante en su vientre la hizo tambalearse.Rita apareció con una taza de té y se la entregó.—Yo me haré cargo de lo que ella necesite, señora —dijo, siguiendo a su esposo gradas arriba. Nathan la sostuvo por el codo, su agarre firme pero gentil.—Necesitas descansar —murmuró para que solo ella lo escuchara—. Emma está a salvo ahora.Isabella quería protestar, pero esa certeza le drenó sus últimas reservas de energía. Asintió levemente, consciente de q

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status