登入Sebastián había cumplido su promesa.A las ocho de la noche, Valeria bajó las escaleras de la mansión Morelli. Llevaba un vestido elegante, sencillo, que había elegido después de cambiarse varias veces frente al espejo.Sebastián la esperaba junto a la entrada. Cuando la vio, guardó el teléfono en el bolsillo y se quedó mirándola.—¿Qué? —preguntó ella, algo divertida.—Nada.—Esa no es una respuesta.—Estás preciosa.Valeria sonrió.—Gracias. Tú tampoco estás mal.—¿Tampoco?—No quiero que te acostumbres a tantos cumplidos.Sebastián soltó una risa y le ofreció el brazo.—Vamos, señora Morelli. Tenemos una cena pendiente.---El restaurante era elegante, pero discreto. Sebastián había reservado una mesa apartada, lejos del ruido y de las miradas curiosas.Durante la cena hablaron de cosas que no tenían nada que ver con la empresa ni con los problemas familiares. Valeria le contó algunas anécdotas de su infancia y Sebastián, aunque al principio se mostró reservado, terminó compartiend
El regreso a la mansión fue silencioso.Sebastián llevaba la fotografía guardada en el bolsillo de su saco. No había dicho mucho desde que abandonaron el antiguo edificio, pero Valeria sabía que estaba pensando en Victoria y en lo que aquella imagen podía significar.—¿Vas a seguir mirándola toda la noche? —preguntó ella.Sebastián levantó la mirada.—¿A qué te refieres?—A esa fotografía. Llevas horas pensando en ella.Él dejó el teléfono sobre la mesa.—Victoria conoce a mi familia desde hace muchos años. Pero nunca imaginé que pudiera estar relacionada con lo que ocurrió con mi madre.—¿Crees que ella te está ocultando algo?—Creo que hay demasiadas cosas que todavía no sé.Valeria se sentó a su lado.—No tienes que resolverlo todo esta noche.Sebastián la observó.—Últimamente te has convertido en mi persona favorita para decirme qué hacer.—Alguien tiene que hacerlo. Eres bastante complicado.Él sonrió y pasó un brazo alrededor de su cintura, acercándola a él.Valeria lo miró sor
A la mañana siguiente, Sebastián estaba listo para salir cuando Valeria apareció en el vestíbulo.—Voy contigo —anunció ella.Él terminó de abotonarse el saco.—No recuerdo haberte invitado.—Y yo no recuerdo haberte pedido permiso.Sebastián la observó unos segundos. Después negó ligeramente con la cabeza.—Algún día vas a dejar de discutir todas mis decisiones.—Cuando empieces a tomar algunas buenas.Él soltó una pequeña risa.—Vamos, entonces.El lugar que aparecía en la fotografía estaba ubicado en una zona antigua de la ciudad. Se trataba de un edificio de oficinas que llevaba años abandonado. Lorenzo había conseguido la dirección y enviado a un equipo de seguridad para revisar los alrededores.Cuando llegaron, Sebastián descendió primero y esperó a Valeria.—Mantente cerca de mí.—Sebastián…—No voy a discutir esto contigo.Valeria suspiró, pero decidió no responder.Dentro del edificio encontraron varias oficinas vacías y muebles cubiertos de polvo. Lorenzo los esperaba en una
Sebastián llegó a la mansión poco después de las ocho de la noche.Encontró a Valeria en la sala, acompañada por Analia. Ambas conversaban, pero Valeria levantó la mirada apenas escuchó sus pasos.—¿Encontraste algo? —preguntó.—Todavía no lo suficiente.Analia se puso de pie.—Los dejaré hablar. Sebastián, el abuelo está en su despacho. Quería verte.Él asintió y esperó a que su hermana se marchara.—¿Cómo estás? —preguntó, acercándose a Valeria.—Bien. Aunque tengo la impresión de que cada día descubrimos algo peor.Sebastián se sentó frente a ella.—Lorenzo encontró información sobre la empresa que aparece en la fotografía. Se llamaba Vértice Consultores y estaba administrada por la otra Elena.—¿La amiga de tu madre?—Eso parece. Pero alguien mantuvo movimientos financieros después de que la empresa cerrara.Valeria frunció el ceño.—Entonces quizá nunca dejó de funcionar realmente.—Es exactamente lo que estoy pensando.Antes de que pudieran continuar, Sebastián recibió una llama
Sebastián amplió la fotografía en la pantalla de su teléfono.La imagen era antigua y tenía poca nitidez, pero su madre se distinguía perfectamente. Estaba junto a un automóvil negro, con una mano apoyada en la puerta y el rostro vuelto hacia alguien que permanecía fuera del encuadre.No parecía asustada.Parecía estar esperando una respuesta.—¿Qué ocurre? —preguntó Valeria.Sebastián le mostró la fotografía.—Alguien estuvo con mi madre la noche en que murió. Y acaba de enviarme esto para que lo sepa.Valeria examinó la imagen.—¿Puedes reconocer el lugar?—La entrada lateral de la antigua sede de la empresa.—¿Y el automóvil?Sebastián amplió la imagen una vez más.—No es el que utilizaba mi padre.Su teléfono vibró. Era Lorenzo.—Necesito que vengas a la empresa —dijo su amigo—. He encontrado una coincidencia entre la fotografía y uno de los registros que recuperamos.—¿Qué coincidencia?—La matrícula aparece parcialmente en un informe de vehículos autorizados. El automóvil estaba
El camino de regreso a la mansión transcurrió en silencio.Cuando llegaron, Sebastián recibió una llamada de Lorenzo. Le pidió a Valeria que lo esperara en el despacho y contestó mientras se alejaba unos pasos.—Encontré algo —dijo Lorenzo—. Revisé los registros de la empresa y conseguí una copia parcial de la orden de traslado del archivo.—¿Qué dice?—Que el traslado debía realizarse después de las diez de la noche. Pero hay una anotación escrita a mano.—Léela.Lorenzo hizo una pausa.—«El joven Sebastián no debe estar presente».El silencio se apoderó de la línea.—¿Quién escribió eso? —preguntó Sebastián.—Todavía no lo sé. La tinta es distinta de la del resto del documento. Estoy intentando identificar la letra.Sebastián apretó la mandíbula.—Envíame una copia. Y no le digas a nadie que la encontraste.Terminó la llamada y regresó al despacho.Valeria se puso de pie.—¿Qué pasó?Él le mostró el documento sin ocultarle nada.—Alguien dejó instrucciones para que yo no estuviera p







