INICIAR SESIÓNLyra
Las manos me tiemblan mientras recojo toda mi ropa en un bolso deshilachado, a mi lado Melany suelta ,lagrimas silenciosas mientras me ayuda.
Ya ha intentado disuadir para que cambie de idea, pero no hay nada oara mi en la manada o en todo el continente de lobos.,
Soy una loba infertil, sin olor y sin loba interior. Lo máximo que puedo hacer oara evitar la muerte es conseguir un dueño e intentar sobrevivir mientras rezo porque algún día mi aroma se despierte.
—Estoy lista—digo rompiendo el silencio que llena mi pequeña habitación.
Un sollozo se escapa de mi amiga y me obligo a luchar contra mis propias lágrimas, porque si lloró entonces voy a derrumbarme.
—Oh Lyra, promete que vas a contactarme, apenas te compren me vas a escribir y me dirás cómo estás, ¡Proméelo!
Siendo que el nudo en mi garganta se hace más fuerte, pues no se si mi nuevo dueño vaya a permitirme eso, pero no se lo digo.
En su lugar asiento asiento hacia ella.
—Lo prometo, ahora deja de llorar, esto es mejor de lo que me esperaba acá.
Melany suspira y niega con la cabeza antes de decir:
—Deseo que la Luna te acompañe y te proteja, rezare por ti cada día, amiga mía.
Con esas últimas palabras recojo mi mochila y emprendo mi camina lejos de la manada, directo hacia la subasta.
***
Cinco horas.
Ese es el tiempo que me toma llegar hasta la ciudad del vicio, pues es aquí donde se llevan a cabo todas las ventas y subasta de nuestro mundo.
Sin permitirme arrepentimientos, levanto la cabeza y camino directo hacia el edificio de la casa de subastas y debo admitir que por fuera no parece un lugar donde se compran destinos.
Parece un templo.
Columnas de piedra negra se alzan hacia el cielo nocturno, grabadas con runas antiguas que hablan de poder, linaje y posesión. Antorchas encendidas iluminan la entrada, y el olor de decenas de lobos alfa se mezcla en el aire, espeso, dominante, aplastante.
Yo no huelo a nada.
Ese pensamiento me acompaña mientras cruzo el umbral.
Mis ojos recorren todo y me ciento pequeña con cada paso que doy, pues incluso acá, en un lugar donde las lobas no somos más que objetos, yo sigo siendo menos que el resto.
No llevo escolta. No llevo joyas. No llevo más que un vestido sencillo, color marfil, que era lo más decente de mi armario y decidí que era suficiente para exponer mi cuerpo ante extraños.
El lirio carmesí entre mis cejas arde con una punzada constante, como si supiera que estoy entrando en territorio prohibido.
Llego ante el encargado y no paso por alto la forma en que me mira de arriba a abajo.
—¿En qué puedo ayudarte, querida? ¿Dónde está tu escolta?
Por un segundo pienso que tal vez si debí dejar que Melany me acompañara despues de todo, pero ya no hay tiempo para lamentarme.
—Vengo a postularse a la subasta—le digo y noto como los ojos del lobo se abren en sorpresa, antes de buscar a mis espaldas algo que no encontrará.
—¿Estás sola?
Tragando saliva me limito a decir:
—Si.
—Vaya, esto es interesante—me dice, y entonces lo veo aspirar por la nariz y todo mi cuerpo se tensa, en especial cuando su ceño se frunce.
—Pero que demonios… ¿Dónde está tu fragancia, loba?
—Aún… aún no se manifiesta.
El hombre parpadea y por un segundo creo que va a rechazarme, pero entonces simplemente me lanza una mueca de asco antes de estamparme un sello en la mano.
—Camina, a ver si alguien te acepta, adefesio.
Entro en el salón y me detengo un momento para ver todo.
Las otras mujeres ya están allí.
Omegas. Betas.
Hermosas. Perfumadas. Seguras, aun cuando su destino es igual de horrible que el mio, aunque ellas tienen aroma y yo no.
Las observo desde la distancia mientras me conducen a una zona lateral, separada. Algunas ríen nerviosas, otras intercambian miradas calculadoras con los compradores que ya ocupan los asientos elevados.
Ellas saben cuánto valen. Han sido preparadas para este momento toda su vida.
Yo solo sé cuánto no valgo.
No valgo ni un lugar en mi propia manada.
Ni el amor de mi padre.
Siento las miradas apenas entro en el salón de la venta. No son de deseo. Son de confusión. De rechazo. Algunos fruncen el ceño, otros arrugan la nariz instintivamente, como si esperaran percibir algo que nunca llega.
—¿Qué es esa? —murmura alguien.—¿Por qué demonios no huele a nada?
Aprieto los dedos contra la tela de mi vestido y mantengo la cabeza en alto. Si voy a ser vendida, no les regalaré mis lágrimas.
El subastador aparece en la plataforma central. Es un lobo mayor, con la voz entrenada para dominar multitudes. Golpea el bastón contra el suelo y el murmullo se apaga.
—Esta noche —anuncia—, se ofrecen lunas, vientres y linajes. Que los alfas recuerden: toda adquisición es definitiva.
Entonces la campana suena.
Las primeras subastas acaban de empezar.
LyraEl lugar no se siente como esperaba.No hay un peso aplastante en mi pecho, ni esa sensación desgarradora que tantas veces imaginé cuando pensaba en este momento. Durante años creí que, si llegaba a enfrentarme a él de verdad, si alguna vez ese capítulo se cerraba… algo dentro de mí se rompería de forma definitiva.Pero no ocurre.Estoy de pie frente a ese tramo de piedra, con las manos relajadas a los costados y la mirada fija en un punto que ya no dice nada. El eco de lo que pasó aquí existe, sí, pero no me atraviesa. No me domina. No me arrastra hacia atrás.Y eso… me desconcierta más de lo que debería.Respiro despacio, dejando que el aire entre y salga sin forzar nada, observando con una claridad nueva lo que siento. No es alivio exactamente. Tampoco es tristeza. Es más bien una especie de… cierre silencioso. Como cuando terminas de leer una historia que te marcó, pero sabes que ya no necesitas volver a esa página.Siempre pensé que dolería más.Que habría lágrimas.Que habr
AlaricEl cansancio no es físico.Es algo más profundo.Algo que se instala en los huesos y se queda ahí, como una sombra que no se mueve, como si incluso la victoria tuviera peso cuando se ha pagado con sangre.Estoy de pie frente a todos ellos, en mi estudio, observándolos en silencio.Ismael. Mel. Lyra. Cale. Mateo.Mi gente.Mi manada.Los pocos que han quedado en pie después de todo.Y aun así…No siento paz.Siento tensión.Siento que esto aún no termina.Siento… que lo más difícil está por venir.Lyra está a mi lado, y no necesito mirarla para saber que está tensa. Puedo sentirlo en el vínculo, en la forma en que su energía se mantiene contenida, como si en cualquier momento pudiera quebrarse o explotar.Y yo…Yo no estoy mejor.Pero no puedo permitirme mostrarlo.No ahora. No frente a ellos.—Ismael —digo finalmente, rompiendo el silencio—. Infórmame.Él asiente de inmediato, dando un paso al frente con esa firmeza que siempre lo caracteriza.—El padre de Lyra está en una de l
LyraEl camino de regreso se siente más largo de lo que debería.No porque la distancia haya cambiado, sino porque todo lo que dejamos atrás… sigue conmigo. Puedo oler la sangre incluso ahora, aunque el viento la haya arrastrado lejos del territorio de Luna Creciente. Puedo escuchar los ecos de la batalla, aunque ya no haya gritos, ni choques, ni muerte.Solo queda el silencio.Uno pesado.Uno que no trae paz.Avanzo junto a Alaric, manteniendo el paso firme aunque por dentro todo en mí sigue revuelto. Mis manos todavía tiemblan un poco, no por miedo, sino por la descarga de poder, por la tensión que aún no termina de abandonarme. Él no dice nada. Yo tampoco.Pero no hace falta.El vínculo entre nosotros sigue ahí, estable, presente… distinto.Más claro.Más consciente.Y eso, en medio de todo esto, es lo único que no duele.Es entonces cuando lo veo.Un poco más adelante, rodeado por dos de las sombras de Alaric.Mi padre.Mi cuerpo se tensa sin que pueda evitarlo.No está herido de
AlaricLo siento antes de verlo.El aire no está quieto.Está… roto.La energía en la frontera vibra de una forma antinatural, cargada, densa, como si cada partícula estuviera saturada de violencia. No necesito que nadie me diga lo que está pasando. No necesito ver el humo elevándose a lo lejos, ni escuchar los gritos apagados por la distancia.Ya lo sé.Llegamos tarde.Aprieto la mandíbula mientras cruzo la última línea de árboles y el territorio de Luna Creciente se abre ante nosotros. El olor a sangre golpea primero, espeso, inconfundible, mezclado con ceniza, sudor y miedo. Después vienen los sonidos: gritos, choques de poder, el eco de la batalla en su punto más brutal.Mi lobo se agita.No por miedo.Por furia.—Nos desplegamos ya —ordeno sin girarme, mi voz firme, cortante—. Ismael, divide a los hombres. Quiero perímetro asegurado y eliminación de amenazas activas. Nadie deja el territorio sin mi orden.—Entendido —responde él al instante.Me giro entonces hacia Lyra.Ella ya l
PatrickLa manada sigue en pie.A simple vista.Las estructuras siguen donde deben estar, los caminos están transitados, los guardias hacen sus rondas, y el murmullo habitual de la vida diaria se mantiene… pero hay algo debajo de todo eso. Algo que no estaba antes.Un silencio.No externo.Interno.Como si todos estuvieran esperando algo que nadie quiere nombrar.Lo noto en la forma en que me miran.En cómo apartan la vista un segundo demasiado tarde.En cómo se tensan cuando paso a su lado.Aprieto la mandíbula mientras avanzo por el corredor principal de la residencia, ignorando cada gesto, cada susurro, cada maldita mirada que pretende esconderse de mí. No necesito que me digan nada para saber lo que están pensando.Lo sé.Lo siento.Estoy perdiendo control.Y eso…eso es algo que no puedo permitirme.Empujo la puerta de mi despacho con más fuerza de la necesaria, entrando sin anunciarme. El golpe seco resuena en las paredes, pero no me importa. Nada de esto me importa ahora mismo.
AlaricEl estudio no cambia.Las paredes siguen siendo las mismas, la mesa sigue en su sitio, las ventanas dejan entrar la misma luz tenue de siempre.Pero la sensación… no. La sensación es completamente distinta.Porque ahora ya no estamos reaccionando. Ahora estamos esperando.Y eso es peor.Me apoyo contra el borde de la mesa mientras observo a todos los presentes, dejando que el silencio se extienda lo suficiente como para que cada uno procese lo que acaba de pasar. Lyra está a mi derecha, quieta, demasiado quieta, como si cualquier movimiento pudiera hacer que todo esto se volviera más real de lo que ya es. Mel permanece cerca de ella, en una posición casi instintiva, protectora, como si en cualquier momento alguien fuera a atacarla. Ismael está frente a mí, con los brazos cruzados y esa mirada afilada que solo aparece cuando está analizando algo que no le gusta. Y Cale… Cale está más atrás, observando, siempre observando.—Bien —dice Ismael finalmente, rompiendo el silencio—. E







