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last update Fecha de publicación: 2023-01-28 23:04:51

Capítulo 2

El señor tiene una camioneta muy bonita, huele a nuevo, de seguro debió costarle una fortuna. Ambos nos montamos con miedo de ensuciar su camioneta, le damos la dirección. Cuando llegamos a casa, mis hermanos están llorando, mi padre vomitando y mi mamá muy molesta reclamando su falta de responsabilidad. La rutina de todos los días.

—¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí? —le pregunta mi madre al señor que viene con nosotros.

Luego nos ve, a mi hermano y a mí, como si buscara algo en nosotros para luego achinar sus ojos juzgandonos.

—Mi nombre es Santiago Vásquez, le he ofrecido trabajo a su hijo, como pago le estaré enviando doscientos cincuenta dólares a la semana y me haré cargo de los gastos de su hijo —le dice el señor sacando el poco de billetes de su bolsillo y ofreciéndoselo a mi mamá.

—Puede llevarse a Marcos, el mayor, a Alejandro no, está muy pequeño todavía —le responde mi madre sin pensarlo mucho.

No puedo creer que mi madre sea capaz de hacer algo así ¿si ese hombre miente? ¿No le da miedo que le hagan daño a mi hermano? Pensé que se negaría o al menos lo pensaría un poco más.

—Por mí no hay problema, le daré el pago correspondiente a dos semanas por adelantado —saca de su bolsillo más dinero, lo cuenta frente a mamá y le entrega la cantidad de dinero que ha ofrecido.

Mi madre recibe el dinero emocionada, los cuenta y huele, como si al fin todos sus problemas se hubieran solucionado.

—Marcos, ve a recoger tus cosas para que te vayas con el señor —le ordena a mi hermano, como si se tratara de una mercancía que debe entregar lo antes posible.

Marcos la obedece sin protestar, yo me voy tras él. Al entrar a la pequeña habitación le hablo en voz baja.

—¿Estás seguro que te quieres ir? —le pregunto preocupado, sin saber que le pueda pasar.

—¿Cuál es el problema? El vino dispuesto a llevarte a ti, si lo trajiste es por que estabas dispuesto a irte ¿no? —me pregunta sin entender por qué le hago la pregunta, mi hermano no se da cuenta del peligro.

—Pensé que mamá se negaría y en caso de que aceptara, me escaparía al llegar a Caracas, él dice que allí hay oportunidades de trabajo —me encojo de hombros, revelándole mi verdadero plan, quizás ahora es el suyo.

—Escápate y vete a caracas, si te quedas papá te va a lastimar y no estaré para defenderte, con nuestras hermanas no se mete —se acerca más a mí aconsejándome y tiene razón, mi padre suele ser violento— ve a caracas y búscame, ¿qué tan grande puede ser? Allá veremos qué podemos hacer juntos para ayudar a nuestras hermanas y hermano.

—¿Cómo? No tengo dinero —le hago saber, lo que recogí hoy lo gaste en comida, no me quedó nada, además que debe ser caro ir tan lejos.

—Pide dinero, trabaja, cuando tengas el dinero vete sin decirle a nadie, de lo contrario papá se puede enterar y entonces será tu fin—me dice preocupado.

Mi madre abre la puerta de un golpe sacando a Marcos del cuarto, lo lleva hasta la camioneta del señor y hace que suba, sin siquiera darle un beso o un abrazo, le cierra la puerta. 

Lo veo partir con ese hombre, una lágrima resbala por mi mejilla, tengo la sensación de que no lo volveré a ver, sacudo mi cabeza quitando ese mal pensamiento, espero que lo pueda encontrar en Caracas.

En la noche mi padre se despierta sobrio y mi mamá le cuenta lo sucedido emocionada, mostrándole el dinero que le han dado por mi hermano. Papá le da un manotazo haciendo que los billetes se esparzan por el suelo, sin que se den cuenta agarro varios billetes. Mi padre le grita molesto, me da mucho miedo cuando se pone así.

Salgo de la casa sin que ellos se den cuenta, camino por una zona oscura, en caso de que un vecino salga este no pueda verme. Cuando al fin salgo del caserío, camino de regreso a la ciudad pensando en lo que me dijo Marcos y el señor que encontré.

«¿Será que esos billetes que agarre sean suficientes para pagar mi pasaje? »

La brisa es fría y la ropa que cargo puesta no me protege del frío. La carretera esta oscura y los pocos carros que pasan no me dan la cola. Me detengo un par de veces a descansar hasta que al fin logro llegar al terminal de autobuses. 

Hay bastante gente caminando apurada para montarse en el bus. Me acerco al señor que cobra los pasajes y le muestro los billetes que tengo, me dice que todavía me falta, no es suficiente lo que tengo.

Veo a mi alrededor sin saber qué puedo hacer, veo a un costado varios locales de comida, me voy hacia allí y les pido trabajo, barrer, sacar la basura o lo que necesiten a cambio de dinero y así logro reunir el dinero para irme a Caracas.

Espero que sea cierto lo que dijo el señor y en Caracas consiga el modo de trabajar y ayudar a mis hermanos y que pueda encontrar a Marcos, eso es lo primero que tengo que hacer apenas llegue.

Subo al autobús y el hombre que cobra no me quiere dejar sentar, pero al sacarle el dinero, esta vez completo, no le queda de otra que dejarme sentar donde quiero. Poco a poco se va llenando el autobús y el temor a lo desconocido aparece, el hecho de que estaré solo hasta que logre encontrar a mi hermano, sin olvidar el que mi padre puede llegar aquí y encontrarme, me mata a palo si eso sucede.

Siento que tarda bastante en arrancar, ya me empiezo a desesperar, veo a cada rato la entrada del terminal temiendo lo peor. A estas alturas mis padres deben de haberse dado cuenta que no estoy en casa y seguro estarán buscándome.

—Señor ¿Cuándo va arrancar el bus? —le pregunto a quién me cobro.

—Ya nos vamos, estamos esperando que llegue el chofer que está en el baño —me responde.

Vuelvo a fijar la mirada a la entrada del terminal y mi corazón empieza a latir con fuerza, mi padre está aquí, veo al frente, el chofer ha llegado, me agacho para que no me vea, lo escucho gritar mi nombre una y otra vez, está cerca. Estoy muy asustado, no quiero que me encuentre, no puedo regresar a casa.

—¿Ese hombre es tu padre? —me pregunta la señora mayor que está sentada junto a mí.

—Si, por favor no diga nada, por favor —le suplico desesperado, juntando mis manos a punto de llorar.

—No te preocupes no lo haré —la señora me guiña un ojo— chofer ¿hasta cuándo nos hace esperar?, ya vámonos.

Grita la señora haciendo que los demás pasajeros protesten también, todos empiezan hablar al mismo tiempo de la hora y el rato que tienen esperando.

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Último capítulo

  • Tu y yo contra el mundo   Capítulo Final

    Terminó la llamada justo cuando llegó a la funeraria, estaciono en donde me indica el encargado, apago el motor y salgo con sentimientos encontrados. Al cruzar la puerta principal pregunto a una chica que pasa por dónde estoy en dónde está la sala velatoria activa, ella la señala con su mano el lugar, al entrar en la sala solo veo a Patricia frente a la urna viéndola fijamente.Me siento a su lado sin decir una sola palabra, quiero acercarme hasta dónde está mamá, pero algo dentro de mí me dice que no lo haga, qué no tengo derecho ni siquiera de llorarla. Patricia se sorprende al verme, ve hacia la urna frente a ella y luego a mí, se le nota que tiene una lucha interna con la que no puede lidiar en este momento.—Lo sé todo, hace unos minutos atrás un investigador que trabaja en el buffet me lo contó todo, no vengo a reprocharte nada, no tengo derecho de hacerlo, solo me causa curiosidad el porqué, teniéndome tan cerca, no me lo dijiste aunque sea para solo reclamarme por mi ausencia.

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  • Tu y yo contra el mundo   55. Falleció

    Entró a la habitación donde está mi padre encontrando a mi hermano, Josmar y a otro doctor que supongo es el Neurólogo, Josmar hace las presentaciones y me indica que están a punto de informarnos el estado de salud de mi padre.—Además de la inflamación que se encuentra en el área del golpe, no encuentro nada más que pueda causar alarma, sólo le sugiero que por ahora evite conducir o hacer cualquier otra actividad que requiera de su concentración, en quince días pase por mi consultorio para verificar que todo sigue en orden.Respiro aliviado, algo menos en que pensar y preocuparme.—Les dije que estoy bien y no me hicieron caso, par de necios, supongo que me darán el alta hoy mismo, ya quiero regresar a casa junto a mi esposa e hija.—Tanto el doctor Josmar como mi persona firmaremos su alta —le indica, dirigiendo su mirada brevemente a mi hermano y a mí— nos retiramos para organizar el papeleo.Permanezco junto a la puerta sin omitir una palabra, simplemente estoy de espectador ante

  • Tu y yo contra el mundo   54. Tormenta de emociones

    —Sus hombres están bajo custodia, no creo que a estas alturas tengan algo más de qué preocuparte, a partir de ahora pueden caminar por las calles sin ningún tipo de preocupación.—No te imaginas el alivio que siento, podre regresarle a Jennifer su vida.—Creo que ya es hora, ¿estás listo para verlo?—Si, vamos.Olivares me lleva hasta donde tienen a Marcos retenido, me cuenta que lo tienen en una zona aislada y son pocos los oficiales que tienen acceso a esa zona. Pasamos por tres puntos de control, cuando llegamos a la sala de interrogatorios, Olivares me indica que estará del otro lado en caso de que las cosas se pongan feas.Al cruzar la puerta, ya está él aquí sentado y esposado a la mesa. Cierro detrás de mí y me acerco a él sintiendo una tormenta de emociones en mi interior. Me siento frente a él sin dejar de verlo a los ojos buscando remordimiento, culpa o pesar, no hay nada de eso.—¿Qué quieres? ¿acaso te da satisfacción verme esposado? —escupe con rabia.—Solo quiero respues

  • Tu y yo contra el mundo   53. Mi hermano, mi verdugo

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  • Tu y yo contra el mundo   52. Esta hecho

    Les doy la espalda rodeando el mostrador, llamo a Jennifer y Anabel para que salgan, las coloco delante de mí y las hago pasar a una de las oficinas de atrás para continuar con lo que vinimos.—¡Estás loco Alejandro! ¿Cómo pudiste arriesgarte de ese modo? —me reprocha Jennifer viendo hacia atrás.—Un buen abogado analiza a su cliente como a la parte contraria para saber cómo actuar o manejar las cosas, deberías saberlo bien.—Al menos llama a tus padres y hermanos para saber si están bien —desvía el tema.—Robert me dice que están bien, en la clínica no ha pasado nada, mintió —me informa Anabel aun con la llamada abierta.—Jennifer llama a Sara para saber cómo están, debo hacer otra llamada.Saco mi teléfono y marco el número del jefe de escoltas, mientras le hago señas a uno de los oficiales para que se acerque, le hago seña hacia las chicas, me dice que ya vienen a tomar las declaraciones.—¿Verificó la identidad de ambas mujeres? —le pregunto apenas atiende.—Si, no son sus hermana

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