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El testamento

Autor: Miss Grey
last update Data de publicação: 2026-08-21 10:00:32

Mi espalda se estrelló contra la estantería del estudio del señor de la casa; la madera fría me provocó un escalofrío que me recorrió la columna vertebral. Su mano recorrió mi cuerpo hasta posarse en mis caderas, y sus uñas se clavaron deliciosamente en mi piel.

No debería estar aquí; mi cuerpo no debería ansiar su tacto mientras mi corazón y mi mente desprecian su mera existencia y todo aquello que él representa.

Sus suaves labios, sonrojados, se presionaron contra la piel de mi cuello y mis hombros desnudos, depositando besos apasionados sobre mi delicada piel. Me chupa y lame el cuello, dejando marcas mientras yo gimo de satisfacción.

«Odias esto tanto como yo», murmura contra mi piel, con voz áspera que vibra cálida sobre mi piel.

«Te odio», jadeo, con las manos posadas en el cuello de su camisa, atrayéndole hacia mí en lugar de apartarlo.

No se suponía que tuviera que estar besando a este cabrón, deseándolo y tocándolo. Responder a su tacto era rendirse. Pero llevar dos semanas de un aislamiento de treinta días con un hombre puede hacer que una mujer adulta pierda el juicio.

Sus labios se estrellaron contra los míos con rudeza y fuerza, y sus manos se alzaron para agarrarme por el cuello. Su lengua se introdujo en mi boca, empujando y acariciando la mía de una forma que hizo que mis bragas se empaparan de mi humedad.

Sus labios se movían con fuerza contra los míos, y yo le seguía el ritmo, besándolo con igual deseo. El odio, el deseo, la tensión y la necesidad se avivaban en nuestro interior mientras nuestros cuerpos chocaban entre sí.

¡Mi difunto marido incluyó esta trampa en su testamento, pensando que nos arrancaríamos la garganta mutuamente para reclamar lo que por derecho me pertenecía! En cambio, nos estábamos arrancando la ropa la una a la otra.

****

(Dos semanas antes)

«Tiene que haber otra forma... vamos», le dije al abogado, de aspecto cansado, que observaba la mansión que tenía delante.

No me puedo creer esta situación de m****a. «Lo siento, señora, es lo que el difunto señor Blackwood dispuso en su testamento».

«¡Pues que le den por culo a él y a su estúpido testamento! ¡Esto tiene que ser ilegal, joder!». Me giro hacia él y le grito.

El abogado parpadea, impasible ante otro de mis arrebatos, que se suceden cada minuto.

«¡Joder, mujer, ¿siempre tienes que estar dando la lata?!» Una voz cortante me interrumpe. Siento cómo la irritación crece dentro de mí mientras dirijo la mirada hacia el molesto dueño de esa voz.

Chris Blackwood. ¡Me arden las venas con solo pensar en ese hombre!

«Ya te lo ha explicado una y otra vez, ¿tú también eres un poco lento?», resuena su voz, carente de cualquier emoción.

«¿Te parece una broma?», le pregunto, fijándome en su cara de suficiencia. «¿Eh? ¡A diferencia de ti, tengo cosas que hacer, Chris! Tengo una vida». Le pongo los ojos en blanco y vuelvo la mirada hacia el abogado, que parece agotado.

«Ah, ahórrame las tonterías, Lizzy», escupe, pronunciando mi nombre como si fuera veneno. «¿Tan ocupada puedes estar?», dice con voz fría.

Mis ojos vuelven a posarse en él, encontrándose con sus fríos ojos grises; lo miro de arriba abajo lanzándole una mirada fulminante. «Ni siquiera tienes que estar aquí, déjalo ya y déjame quedarme con lo que es mío», dice, arrastrando su caja hacia la puerta de la mansión.

«Prefiero masticar piedras», espeto, agarrando el asa de mis cajas y siguiéndole de cerca.

Ni por asomo iba a dejar lo que me pertenecía en manos de esa criatura insufrible que es Chris Blackwood.

Mi difunto marido, con quien estuve casada durante dos breves años, Kelvin Blackwood, había considerado tan amable y encantador que el

Por un lado, para que yo reclamara mi herencia y, por otro, para que Chris, su hermanastro, reclamara su parte del conglomerado familiar, Chris y yo tuvimos que convivir en la mansión familiar durante 30 días, sin personal, sin ayuda… sin nada, con el fin de «resolver nuestras diferencias y gestionar eficazmente su imperio».

¡Qué ridículo! ¡Yo era perfectamente capaz de gestionarlo por mí misma! ¡No necesitaba a Chris!

Oigo cómo el abogado se aleja a toda velocidad, dejándome oficialmente aquí sola con el mismísimo diablo.

Contemplo su imponente complexión, con los músculos de la espalda tensos mientras empuja las puertas de roble de la mansión Blackwood; su figura desaparece al entrar en la casa.

***

Hoy habíamos pasado la mayor parte del día lanzándonos amenazas e insultos el uno al otro. La mansión era enorme, pero no lo suficiente para los dos.

Durante las últimas semanas, poco a poco había empezado a gestarse una tensión en la mansión. Tensión sexual. Me había fijado en los músculos marcados y el físico de Chris mientras se paseaba por la casa vestido solo con unos pantalones cortos.

Al principio había intentado ignorarlo, pero la semana pasada lo vi ir a nadar desde la ventana de mi dormitorio. Observé cómo se deslizaba por el agua. Su antebrazo se movía con suavidad mientras nadaba.

Lo vi salir de la piscina, con las gotitas de agua de su piel brillando al sol. Apreté con fuerza los muslos mientras seguía con la mirada las gotitas que resbalaban por sus abdominales, el bañador pegado a su cuerpo mojado, con el contorno de su polla visible y enorme.

Aquella noche, por mucho que lo odiara, no pude controlarme. Me acaricié el coño con fuerza, intentando apartar su imagen de mi mente.

Pero esta noche me tenía inmovilizada contra la estantería mientras me besaba con toda su pasión.

Gimí entre besos, con mi cuerpo rindiéndose por completo a su tacto, mientras él invadía mi boca con su lengua.

Sentí su mano recorriendo todo mi cuerpo, palpando mis curvas; sus manos me manoseaban los pechos y yo gemía en su boca; me masajeaba el pecho derecho a través de mi fino camisón, con los pezones endurecidos por su tacto.

Sus dedos se deslizaron hacia arriba y me bajó el tirante del camisón, dejando al descubierto mi pecho. Lo agarró con la mano y lo amasó sin piedad, pellizcando y tirando de mis pezones erectos con los dedos.

Las rodillas me fallaron mientras el placer me recorría todo el cuerpo. Noté mi humedad a través de las braguitas. Joder, lo necesito tanto.

Chris levantó la rodilla entre mis piernas, y su rótula rozó mis braguitas húmedas. Jadeé ante el contacto

«Estás jodidamente mojada para mí», gruñe mientras frota su miembro con fuerza contra mi clítoris. Mi cabeza se echa hacia atrás y los ojos se me ponen en blanco. Chris posa sus labios en mi cuello, chupando y lamiendo con pasión.

Iba a correrme sobre su rodilla. La presión en mi estómago va en aumento, mi respiración se vuelve entrecortada mientras siento cómo se me contraen las entrañas.

Sus rodillas se frotan más rápido y dejo escapar un leve gemido al sentir cómo me corro dentro de las bragas.

Baja la rodilla y me agarra del cuello, estrellando de nuevo sus labios contra los míos. Le devuelvo el beso con pasión, empujando mi lengua contra la suya.

Desliza los dedos entre nosotros, metiéndolos en mis bragas, notando mi humedad. Gimo dentro de su boca, mientras mi cuerpo se derrite contra el suyo.

«Estás jodidamente mojada para mí», dijo con voz ronca y tensa. Sin previo aviso, me metió dos dedos en la entrada.

«¡Chris!», gemí al sentir cómo mi coño se adaptaba al tamaño de sus dedos.

«Estás jodidamente estrecha», gruñó, mientras sus dedos se hundían profundamente en mi interior sin piedad. Me penetraba con fuerza y rapidez, curvando los dedos en lo más profundo de mi interior.

«Joder», gimo retorciéndome contra él.

«Te gusta eso, ¿verdad?»

«Te gustan mis dedos metidos hasta el fondo».

«Que te folle así».

Asiento con la cabeza frenéticamente, gimiendo en voz alta mientras él acelera el ritmo, clavándome los dedos hasta el fondo.

Siento cómo se acumula otro orgasmo en mi interior mientras mi coño aprieta sus dedos.

«Mhmmm, córrete en mis jodidos dedos», me ordena, curvando los dedos dentro de mí. Sin previo aviso, me corro a chorros sobre sus dedos, con mi cuerpo temblando contra el suyo.

Sigue metiéndome los dedos, sacándome hasta la última gota; poco a poco saca los dedos y yo gimo, sintiendo cómo el semen se me escurre.

Se aleja de mí y siento que sus ojos me observan como un depredador que observa a su presa.

Mantengo los ojos cerrados, intentando recuperar el aliento y ordenar mis pensamientos, porque… ¿qué coño acaba de pasar?

Oigo a Chris soltar un gemido sordo y abro la bragueta para mirarlo fijamente.

Tenía una expresión sombría en el rostro, con sus ojos grises clavados en mí de forma amenazante. Se lleva los dedos a la boca, sin apartar la mirada de mí, mientras lo observo chuparse mis fluidos de ellos.

Joder, estaba tan bueno. Su lengua se asomaba rápidamente, girando alrededor de su dedo mientras recogía hasta la última gota de sus dedos.

De repente me doy cuenta de lo que ha pasado, me arreglo el pijama, enderezo la espalda y me alejo de él y de la estantería.

Sus ojos siguen mis movimientos, con los dedos aún en la boca. Me di la vuelta rápidamente y salí corriendo del estudio.

¡Me acabo de liarme con Chris! El jodido Chris Blackwood... ¡Joder! Y me ha encantado cada segundo.

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