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Capítulo 189

Autor: Sofia Sanz
last update Data de publicação: 2026-03-20 21:49:20

El búnker recuperó una quietud sepulcral. Valentino, con el sudor frío empapando su camisa de seda, se inclinó sobre el rostro pálido de Adeline. La aguja del antídoto aún vibraba clavada levemente en el colchón tras el impacto en el pecho.

​Adeline abrió los ojos. El azul eléctrico que antes era caótico ahora se había estabilizado en un tono glacial, una luz fija y analítica que escaneaba el rostro de Valentino como si fuera un código de barras. No había miedo. No había dolor. Solo una efici
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  • Un Amor Enredado   Capítulo 276

    El sonido de la puerta del auto abriéndose fue como un disparo en el silencio sepulcral del aeródromo. No podía quedarme más tiempo allí, protegida por un cristal, mientras el hombre que destruyó mi vida se burlaba de nosotros. Salí del vehículo con la carta de Aurora apretada en mi puño, el papel crujiendo bajo mi fuerza. El aire caliente de Santa Catalina me golpeó el rostro, pero mi piel se sentía gélida.Caminé con pasos firmes, ignorando el grito de advertencia de Damián. Me detuve frente a Valentino, quien me miró con una ceja alzada y una sonrisa de suficiencia que me revolvió las entrañas.—¡Esto es por mi hermana! —grité con toda la rabia contenida de años.Antes de que pudiera reaccionar, mi mano se estrelló contra su mejilla con una fuerza que me dolió hasta el hombro. El impacto hizo que su cabeza girara bruscamente. El silencio que siguió fue aterrador. Valentino se llevó la mano a la cara, frotándose el lugar del golpe mientras su expresión se transformaba en algo inhuma

  • Un Amor Enredado   Capítulo 275

    El aire en la pista de aterrizaje vibraba no solo por el calor, sino por la hostilidad pura que emanaba de los tres hombres. Damián permanecía inmóvil, como una estatua de granito, mientras Santiago mantenía esa sonrisa ladeada que tanto irritaba a sus enemigos.—Solté una risa irónica —dijo Damián, rompiendo el silencio con un tono cargado de veneno—. ¿En serio crees que nos vas a asustar con tus palabritas, Valentino? Déjame decirte algo: tú no eres el único que tiene poder en esta ciudad. ¿O es que ya olvidaste de dónde vengo?Damián extendió los brazos, señalando el horizonte como si reclamara el territorio que los Rocha habían dominado por generaciones.—De hecho —continuó Damián, dando un paso intimidante hacia adelante—, una sola llamada mía y tu negocio queda en las ruinas antes de que tu jet pueda volver a despegar. Así que deja de ser tan estúpido y vamos a lo que vamos.Valentino se tensó visiblemente. La mención de sus negocios fue como un golpe bajo; la mandíbula se le pu

  • Un Amor Enredado   Capítulo 274

    El sol de Santa Catalina parecía querer derretir el asfalto, pero el frío que sentíamos dentro del auto no tenía nada que ver con el clima. Santiago conducía un vehículo alquilado que había conseguido a última hora; el motor rugía con un esfuerzo metálico mientras nos alejábamos a toda velocidad de la casa de los Spencer. Mis padres, sentados en el asiento trasero, permanecían en un silencio sepulcral, con los rostros pálidos y las manos entrelazadas, procesando aún la violenta transformación de Jasper.Miré por el retrovisor. No había rastro de él. Esa ausencia me inquietaba más que su presencia.—Se fue a buscar a Valentino —masculló Damián, sentado a mi lado, con la mandíbula tan apretada que temí que se le rompiera un diente—. Ese cobarde no dará la cara solo. Fue a lamerle las botas a su dueño para que le diga qué hacer.—Mejor para nosotros —respondió Santiago, virando bruscamente hacia una carretera secundaria—. Tenemos el tiempo justo.Después de casi una hora de trayecto por

  • Un Amor Enredado   Capítulo 273

    El estruendo de la puerta principal al abrirse me hizo saltar del sofá. Jasper entró como un torbellino de furia ciega; su rostro estaba desencajado, rojo de ira, y sus ojos tenían un brillo que nunca antes le había visto. No me dio tiempo ni de preguntar cómo le había ido en su "reunión".Antes de que pudiera reaccionar, sentí el impacto de su mano contra mi mejilla. El golpe fue tan seco y brutal que caí al suelo, aturdida, con el sabor metálico de la sangre llenándome la boca de inmediato.—¡Todo es tu maldita culpa! —rugió, abalanzándose sobre mí mientras yo intentaba retroceder por el suelo—. ¡Si no fuera por ti, en este momento yo lo tendría todo! ¡Sería alguien importante y no tendría que estar limpiando la basura de nadie por tu culpa!Yo estaba en shock, confundida y aterrada. No entendía qué había pasado en el hotel, pero estaba claro que Jasper había perdido el control. Se tumbó sobre mí, inmovilizándome contra el piso, y me rodeó el cabello con el puño, jalándolo hacia atr

  • Un Amor Enredado   Capítulo 272

    Me acomodé en el asiento de cuero de mi jet privado. El sonido de las turbinas empezó a invadir la cabina mientras las puertas se sellaban, aislándome del resto del mundo. El avión arrancó y, a través de la ventanilla, vi cómo la ciudad se iba haciendo cada vez más pequeña, reducida a un tablero de luces y concreto que yo dominaba.Entonces, mi teléfono vibró.Era el reporte de Mauricio. Había logrado interceptar y modificar el audio del video de seguridad, enviándome también la transcripción de los movimientos de los Rocha. Al leerlo, una mueca de desprecio cruzó mi rostro.—Así que Damián es un hombre intenso... —susurré para la cabina vacía.Incliné un poco la cabeza, procesando la información. No solo Damián y Santiago estaban pisándole los talones a Jasper; Adeline estaba empezando a desenterrar la verdad de lo que ocurrió después de "ese incidente". Apagué el móvil con un gesto seco. La terquedad definitivamente viene de familia.Mi mente voló directamente hacia Aurora. Era una

  • Un Amor Enredado   Capítulo 271

    Colgué la llamada con el corazón martilleando contra mis costillas. El miedo en la voz de Adeline me había calado hasta los huesos, pero no podía permitir que el pánico me nublara el juicio.—Santiago, Jasper vendrá aquí —solté sin rodeos.Santiago despegó los ojos de la laptop, totalmente sorprendido.—¿Cómo sabe ese idiota dónde estamos?—Supongo que Valentino le habrá dado nuestra ubicación —respondí, caminando hacia la ventana para vigilar la entrada del hotel—. Estamos marcados, Santiago.Él se quedó atónito por un segundo, pero su instinto de supervivencia reaccionó de inmediato. Se levantó de golpe, revolvió en su maleta y sacó una de las armas. Con una frialdad mecánica, la llenó de balas, la dejó lista para cualquier imprevisto y se la enfundó en la parte trasera de sus pantalones, cubierta por la chaqueta.—Espera —le dije, deteniéndolo con un gesto firme—. No haremos nada.Santiago me miró como si me hubiera vuelto loco.—¿Qué estás diciendo, Damián? Ese idiota viene hacia

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