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Un humano nada más.

Autor: DiegoAlmary
last update Fecha de publicación: 2022-08-23 00:48:09

Kerr no supo exactamente cuándo perdió la conciencia, lo único que le alegró al abrir los ojos fue que el dolor había desaparecido, y sintió tanta paz por eso que casi se le escapa una lágrima.

Abrió los ojos, el bosque comenzaba a aclararse por el sol que despuntaba tras las montañas a lo lejos. Estaba tirado en el suelo, con la ropa sucia rota, llena de tierra y hierba que se le quedaba pegada. 

Movió la mano para quitarse el cadillo que se le quedaba pegado a la camisa y el cuerpo entero le dolió, fue como si lo hubiera arrastrado un río y lo hubiera azotado contra todas las piedras, pero Kerr notó algo más allá que lo preocupó, un vacío grande dentro del pecho, como si le faltara parte importante del alma.

Intentó extender la conciencia para ver si podía encontrar a alguien que lo ayudara, pero no pudo, su mente estaba en blanco, como encerrada en una celda de concreto irrompible. 

Se puso de pie con dificultad, por donde él se había arrastrado para llegar ahí se veía una pequeña trocha de ramas rotas y aplastadas y no le pareció buena idea regresar por el mismo lado, así que buscó la fuerza de su lobo interno para transformarse, pero no pudo, de verdad no pudo hacerlo por más que lo intentó, se sintió vacío, como cuando era un niño y aún no se trasformaba por primera vez y un miedo enorme le llenó el cuerpo.

En el suelo estaba el dardo aun con un resto de líquido púrpura y Kerr se agachó para tomarlo, ¿y si eso le había quitado las habilidades? ¿y si ya no era más un lobo? Se lo guardó en el bolsillo e intentó transformarse de nuevo, pero no encontró la fuerza, no estaba y se llenó de desesperación.

¿Qué sería de su vida sin poder ser lo que nació para ser? los ojos le ardieron y la nariz le picó, quiso llorar, y rogó al cielo y a la luna para que no se le hubiera arrebatado aquel don que tanto amaba.

Sacudió la cabeza y comenzó a caminar, todo el cuerpo le dolía peor que cuando se transformó por primera vez, pero intentó caminar lo más rápido que pudo.

Le pareció que podía ver menos colores, el verde era un solo tipo de verde por todo el bosque y no podía oler algo más allá que estuviera a unos centímetros de la nariz. Se preguntó si así de ciegos serían los humanos, y le aterró la posibilidad de quedarse así por siempre.

Le tomó varias horas salir del bosque, casi el doble de lo que les había costado llegar, y cuando vio la fábrica a lo lejos se sintió un poco esperanzado, pero solo un poco.

Un par de hombres que lo vieron corrieron en su ayuda y prácticamente lo entraron arrastrado hasta el comedor. Kerr se sintió mareado, todos los colores se veían menos intensos y le pareció que el mundo era demasiado gris. Alguien lo acostó sobre la mesa del comedor, pero Kerr no pudo olerlo para saber quién era, no lograba reconocer a nadie.

Vio como Víctor bajaba por las escaleras a grandes zancadas, tenía varios moretones sobre la piel pálida del rostro y cuando llegó con Kerr lo miró con asco, como si mirara a un habitante de la calle andrajoso y con mal olor.

—¿Dónde está Sebastián? —le preguntó el Alpha y Kerr intentó hablar, pero tenía la boca seca y la lengua se le quedaba pegada al paladar —¿Dónde está?

—Se lo llevaron —le susurró Kerr y Víctor se abalanzó sobre él, lo tomó por el borde de la camisa y lo levantó.

—Yo pude proteger a tres miembros de la manada del ataque de esos vampiros, ¿y tú apenas pudiste protegerte a ti mismo? Dejaste que se lo llevaran —Kerr estaba aún mareado y débil, no quería pelear con Víctor, ya estaba cansado de eso.

—Si —le dijo —Sé que hubieras preferido que hubiera sido yo —Víctor asintió.

—Claro que sí —contestó el Alpha.

—¡Víctor! —lo regañó uno de los ancianos, pero él no le prestó atención.

—Sebastián era uno de los lobos más importantes de esta manada, leal y sacrificado por los demás —Kerr asintió.

—Por eso me salvó —Víctor lo sacudió.

—¿Y por qué no lo salvaste a él? —le preguntó con rencor. Kerr sacó el dardo y se lo mostró.

—Nos dispararon esto, dolía —dijo Víctor miró el dardo en la sucia mano de Kerr y luego la expresión dura de su rostro se transformó en miedo.

—¿Dónde está tu conciencia? —le preguntó el Alpha y esta vez a Kerr sí se le llenaron los ojos de lágrimas —Kerr, qué le pasó a tu telepatía, ¿Por qué no te siento?

—Creo que se fue —dijo y la voz se le rompió —Ya no son un lobo por culpa de esto —trató de lanzar el dardo contra la pared en un arrebato de rabia, pero Víctor se lo arrebató. Luego se lo tendió a un muchacho.

—Dáselo a Clarisa, que analice qué tiene —volteó a mirar a Kerr, de seguro intentando una vez más encontrar la conciencia del menor, pero la cara pasó de la ansiedad a la lástima y Kerr le apartó la cara.

—Es lo único que podría esperar de ti, ¿No? —le dijo Kerr —rabia o lastima —Víctor no contestó, salió a paso firme y subió las escaleras. Kerr sintió una cálida mano sobre la suya y se volvió hacia Lina, la mujer se acercó a él y le acarició el cabello.

—Te prometo que haremos lo posible por que estés mejor —le dijo y Kerr no le creyó, si su lobo se había ido, no volvería.

Lo llevaron a la enfermería donde Clarisa le vendó los rasguños.

—Algo pasó con tu gen lobo —le dijo la mujer —estos rasguños se hubieran curado después de un par de horas, ya mismo analizaré este suero púrpura.

Kerr intentó dormir acostado en la camilla, pero no pudo, aunque tenía sueño y estaba cansado no pudo hacerlo, así que se puso de pie y salió del lugar. 

Había comenzado a recuperar las fuerzas, pero por más que lo intentaba no podía extender su conciencia, ni mucho menos transformarse. Se duchó y tomó el lobito que había encontrado en la cabaña y se dirigió a la celda de Vanya. Ahí había un lobo menor que él vigilando y Kerr le hizo señas para que se fuera. Cuando Vanya lo vio abrió los ojos.

—¿Qué te pasó? —le preguntó. Kerr entró y cerró la puerta con llave —¿lo hizo mi padre? —Kerr no contestó, ni siquiera sabía qué había pasado. Se sentó en silencio junto a ella y le tendió el pequeño lobito de peluche. Vanya lo miró por un segundo sin entender y cuando lo reconoció abrió la boca y los ojos se le llenaron de lágrimas —¿Dónde lo encontraste? —le preguntó emocionada y lo tomó con la temblorosa mano para sostenerlo.

—Estaba en tu antigua habitación allá en esa cabaña —Vanya frunció el ceño.

—Yo nunca tuve una habitación allá —le contó —a veces íbamos a visitar a papá, pero nunca nos quedamos más de dos o tres días.

—Pues parece que tu papá juntó todo lo que tenía de ti e hizo una habitación con ellas, parecía muy ordenada y limpia.

—Seguro es porque me extraña —dijo ella con la mirada puesta en el lobito y luego lo miró —no te ves bien —él la miró, no recordó si él le había dicho su nombre, creyó no haberlo hecho, así que le sonrió con tristeza.

—Mi nombre es Kerr —le dijo y ella sonrió —me lo preguntaste esa vez y nunca te respondí.

—Kerr, ¿Qué clase de nombre es ese? —bromeó y él intentó reír, pero no pudo, tenía un nudo en la garganta —Dime que pasó —él se aclaró la voz, no quería llorar, no lo haría.

— Me dispararon un dardo, tenía algo, creo que… creo que ya no soy más un hombre lobo —Vanya le acarició la espalda.

—¿Qué tan grave es? —él levantó la cabeza y apretó los ojos.

—Ser un lobo es lo que soy, es lo único que me quedaba en la vida, ¿si pierdo eso qué voy a ser?

—Pues Kerr —le dijo ella —serás Kerr — él la miró a los ojos, el verde de los iris se veía menos intenso —fue Kerr el que me secuestró por el bien de su manada, fue Kerr el que saltó de ese acantilado y el que me rescató cuando casi me ahogo en el río, no el lobo, Kerr. 

»No sé nada de hombres lobo, pero lo que sé por ser una persona es que lo que somos no es lo que nos define, si no lo que hacemos, y tú has demostrado ser valiente y fuerte — él cerró los ojos y Vanya lo empujó por el hombro para que se acostara de lado en el duro catre de la celda, y desde atrás lo abrazó apoyando la suave palma sobre su pecho, y él sintió de nuevo esa cálida sensación en el estómago, pensó que ella podía tener razón, si dejaba de ser un lobo no dejaba de ser él, sería solo un humano nada más, pero él —te prometo que todo va a estar bien —añadió la muchacha y él sintió como el aliento cálido se resbaló por su oreja, y solo entonces pudo conciliar el sueño.  

Puden buscar mi Página de F4ceb00k como DiegoAlmary. gracias por leer.

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Comentarios (1)
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Adriana Ross
Vanya y Kerr son mate, verdad? tienen que serlo, las evidencias son las reacciones de Kerr y que ella puedo escucharlo en su cabeza. Ojala Kerr no haya perdido a su lobo
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