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EL CORAZÓN CELOSO

Autor: LauraC
last update Fecha de publicación: 2026-01-17 04:02:15

Jordano Mackenzie

Suspiro al verla salir de la habitación, sintiendo cómo la presión en mi cuerpo amenaza con estallar. Verla en el baño, dándose placer a sí misma, era un desafío imposible de ignorar.

Cuando me desperté, lo primero que hice fue comprarle algo de ropa, porque la noche anterior la había dejado completamente cubierta de vómito. Lo que Ariadna nunca supo fue que pasé toda la noche a su lado, vigilándola mientras dormía.

Estaba tan borracha que cuando llegó a la habitación, se aga
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Último capítulo

  • Un oscuro contrato con el CEO   EPILOGO

    Definitivamente no voy a ir, pero me siento aliviado por ella porque ninguno de los dos estaba destinado a estar con el otro.Otra cosa que me deja más tranquilo es que Margaret se había ido del país. Dejó de insistirme, pero su partida fue una huida: había estado robando dinero de todos los proyectos de vivienda en los que participaba. Así que parecía que todo estaba volviendo a su lugar. Así debían ser las cosas: fluidas.Ariadna aprieta mi mano con fuerza mientras el dolor se intensifica. Ver su rostro retorcido por la agonía me desgarra. Está pasando por las contracciones de parto y parece que cada segundo duele más. Mi frente está empapada de sudor y me siento mareado. ¡Maldita sea! A veces, odio ser tan débil.—¡Dime que ya casi llegamos al hospital, por favor! ¡Dímelo! —grita Ariadna, su desesperación enviando escalofríos por mi columna.Ethan, al volante, pone los ojos en blanco y pisa el acelerador tanto como puede, tocando la bocina agresivamente, produciendo un ruido ensorde

  • Un oscuro contrato con el CEO   Para poner todo en su lugar

    Jordano MackenzieAcaricio el vientre de Ariadna y siento cómo los movimientos de mi hijo en su interior me ponen nervioso. Mi hijo ya me reconoce y cada vez que escucha mi voz, se mueve dentro de su madre, provocándome escalofríos.Soy el hombre más afortunado del mundo y, sabiendo que Ariadna será mi esposa para siempre, me siento como si la lotería fuera mía, como si el premio mayor estuviera en mis manos.—¡Sal de ahí! Quiero que nazcas ya, pequeño travieso —le hablo a mi bebé, y Ariadna me acaricia la cabeza.—Deja de estar ansioso, nacerá cuando tenga que nacer. Y dime, ¿cómo va todo en la empresa?—Muy bien. A decir verdad, la alianza con mi madre e Industrias Mackenzie me ha ayudado mucho para mi crecimiento, así que, mi amor, estamos cerca de consolidar un gran emporio.—¿Estamos? Ese triunfo ha sido completamente tuyo, mi amor. Estoy muy orgullosa de ti, Jordano —dice Ariadna tiernamente, y siento que los vellos de mi piel se erizan.Dejé de acariciar su vientre y me moví ha

  • Un oscuro contrato con el CEO   Límites

    NarradorEn una casa alejada de la ciudad, donde María se escondía con William, el ambiente era denso, cargado de tensión. Cada minuto se volvía más insoportable para ella, como si el destino le estuviera exigiendo el pago de todas sus deudas pasadas, condenándola a pagar por su historia.—¡María! ¡María! —rugió William, con voz ronca, acostumbrado a ser obedecido—. ¡Maldita sea, mujer! ¿Dónde demonios estás?María salió de la cocina sosteniendo una bandeja de comida. Una sonrisa falsa adornaba su rostro, ocultando el odio que hervía en su interior.—Aquí estoy, mi querido William —respondió con fingida dulzura—. Te traje algo de comer.—¡Idiota! Tardaste demasiado —gruñó él, mirándola con furia. Desde que había decidido refugiarse en esa casa, William no hacía más que comer y dejar que la ociosidad lo consumiera. Su cuerpo crecía, al igual que su mal genio, y descargaba su frustración con María mediante insultos y maltratos constantes.María se sentó junto a William y, con un dejo de

  • Un oscuro contrato con el CEO   Reconociendo el valor del amor

    Días despuésAriadna ThompsonAhí está él, sentado frente a mí, con el rostro marcado por el cansancio y la falta de sueño. Desde que me trajeron al hospital después del secuestro, como siempre, Jordano no se ha apartado de mi lado ni un solo minuto. Es un gran hombre y, después de todo lo que ha pasado, no lo cambiaría a él ni a su amor incondicional por nada.—¡Psst, oye! Despierta —digo, y Jordano se agita en la silla.—Oye, cariño, ¿estás despierta?—Sí, mi amor, estoy despierta. He dormido demasiado, pero me estoy aburriendo en este hospital. Lo que pasó no fue tan grave, solo quiero irme a casa.—Te dispararon en la pierna, Ariadna. Eso es grave, especialmente en tu estado, mi amor. Por favor, ¿cuándo nos dará el médico luz verde para irnos?—No fue realmente un disparo, la bala solo me rozó el muslo. Mi cuerpo parece un mosaico, Jordano, estoy cubierta de cicatrices —digo con una pequeña sonrisa nostálgica. Pero es la verdad. Últimamente me ha pasado de todo y solo espero el mo

  • Un oscuro contrato con el CEO   Lo primero

    No hubo estrategia, ni precaución. Solo una imprudencia que me produjo un escalofrío en la columna. Si Ariadna estaba dentro, lo más probable era que la usaran como escudo humano. La sola idea me hacía temblar. Mis manos se cerraron con fuerza sobre el borde de mi chaqueta y mis piernas amenazaron con fallar en cualquier momento.Cerré los ojos por un segundo, respirando hondo, tratando de recuperar algo de control. No podía permitirme flaquear ahora. Miré a Ferney, quien avanzaba con determinación, liderando nuestra pequeña operación clandestina.Ferney no tenía ninguna obligación de estar aquí, arriesgando su vida por Ariadna o por mí. Era solo mi chófer, la pareja de mi madre. Pero en ese momento, para mí, era mucho más que eso. Un héroe inesperado. Y aunque no entendía del todo por qué lo hacía, su valentía era suficiente para mantenerme en movimiento.Lo seguí con determinación, confiando en que, de alguna manera, superaríamos lo que estaba por venir.—Señor, parece que la puerta

  • Un oscuro contrato con el CEO   Viviendo el pánico al límite

    Jordano Mackenzie—Ferney, espera... ¿ese es el coche de Mark?Ferney frenó en seco a unos metros de la urbanización cerrada. Desde allí, pudimos verlo subiendo apresuradamente a su vehículo. Con un gesto impaciente, saludó a alguien con la mano. Seguí su mirada y la vi: Adela, caminando lentamente mientras se sostenía el vientre con una mueca de malestar.—¡Maldita sea, espera! —gritó Adela desde la distancia—. ¿No ves que no puedo caminar bien?Mark respondió con otro gesto, esta vez más irritado. Abrió la puerta del coche de un tirón, se acomodó en el asiento y, dos minutos después, Adela finalmente lo alcanzó y subió también.—¿Qué hacemos, señor? —preguntó Ferney, manteniendo el pie en el acelerador, listo para actuar en cuanto yo diera la orden.—Síguelos. Necesitamos saber a dónde van.—Como desee, señor.Con movimientos precisos, Ferney arrancó el coche y comenzó a seguirlos a una distancia segura. Mientras lo hacía, agarré mi teléfono y marqué rápidamente al detective.—Señor

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