Compartilhar

Capítulo 4

Autor: Joana Guzman
last update Data de publicação: 2021-06-21 11:44:58

Vivir en la misma casa que Matteo no era tan malo después de todo. Claro que había veces que quería matarlo, sobre todo cuando hacía las cosas a su manera sin importarle sus recomendaciones. Él estaba acostumbrado a usar su carisma y salirse con la suya, lástima que con Lia eso no funcionaba. Ella veía más allá de sus artimañas.

Durante ese tiempo había visto como Matteo convencía al resto de hacer cosas. La mayoría de personas tendía a subestimar a Matteo por su carácter siempre afable. Podrían entregarle sus empresas y no se darían cuenta hasta que alguien los fuera a desalojar. El respeto que sentía por él en el ámbito de los negocios no había hecho más que aumentar. Raras eran las veces que lo había visto perder la calma, siempre tenía la situación bajo control.

En las noches no podía evitar pensar en él. No importaba cuantas veces se dijera que ya lo había superado y cada día que pasaba eso le parecía más una mentira. Pero aún no estaba dispuesta del todo a aceptar que tal vez nunca lo había superado.

La tensión entre los dos había crecido desde el incidente en la cocina. Era innegable que ambos sentían atracción hacia el otro. Aunque ella seguía fingiendo que nada pasaba, lo cual a Matteo parecía hacerle gracia. Ella no pensaba darle la satisfacción de verla ceder.

Matteo, por otro lado, no hacía nada por disimular que la deseaba. Nunca se sobrepasaba, pero siempre se la quedaba mirando más de lo debido. Eso debería de haberle hecho sentir incómoda; sin embargo, ella adoraba sentirse deseada por él. No por eso iba a entregarse a él en bandeja de plata, pero una mujer podía sentirse halagada por la atención.

—Odio esto —se quejó Matteo—. Tengo trabajos pendientes.

—Lo sé —respondió Lia con una sonrisa en el rostro.

—Entonces ¿por qué me trajiste aquí?                 

—No es bueno que te pases todos los días encerrado en ese despacho.

—Así era mi vida antes de mi accidente.

—No del todo, todavía salías a eventos. —Lia se arrepintió de sus palabras en cuanto salieron de su boca. Se suponía que no debía hablar sin pensar, menos si dejaba ver demasiado de cuan al tanto en realidad había estado de la vida de Matteo.

Su estabilidad emocional estaría a salvo mientras Matteo no supiera de su anterior enamoramiento con él. No quería darle esa arma sobre ella. Tenía el presentimiento que el usaría algo como eso a su favor.

—Esto no se compara en nada a una noche de buen champan y una bonita mujer con la que pasar un buen rato.

—Demasiada información —dijo ella y Matteo soltó una carcajada—. Seguro ¿Qué quieres regresar a tu empresa tan pronto? —preguntó Lia. Como su enfermera era natural que se preocupara por su salud.

Él la miró con una ceja alzada, pero no dijo nada sobre el cambio de tema repentino.

—Tengo trabajo que hacer.

Pese a las constantes discrepancias que tenían los dos y a las indirectas que Matteo no desaprovechaba para lanzarle, entre ellos se había establecido una relación de amistad. Incluso los dos habían dejado de tratarse con tanta formalidad.

—Ya trabajas desde aquí.

—Debo volver para recordarle a mis empleados que aún vivo.

Lia soltó un suspiro cansado.

—Solo no me des demasiado trabajo.

—¿A qué te refieres? Soy el paciente más ejemplar que existe.

—Apenas ayer te paraste de tu silla de nuevo. ¿Quieres que te recuerde donde terminaste?

—La alfombra se interpuso en mi camino.

—Eso no hubiera pasado si te hubieras quedado quieto.

—Te pago un buen salario —dijo él.

—Pero no lo suficiente para todo lo que tengo que aguantar.

Él le sonrió y le guiñó un ojo. Lo que ese pequeño gesto le hizo a su cuerpo le dejó saber cuánto le afectaba. En el fondo sabía que se estaba involucrando más de lo que estaba dispuesta a aceptar.

El teléfono de Matteo sonó y este contestó después de ver el identificador de llamadas.

—Pero miren quien es ¡El futuro casado! ¿Cómo van los planes de la boda? Es un milagro que no estés tras de tu esposa, ¿acaso canceló la boda? No me sorprendería la verdad, con ese carácter tan gruñón que tienes —Lia pudo escuchar un gruñido al otro lado de la línea—. ¿Ves a lo que me refiero? ¿Dónde está mi futura cuñada? La convenceré de no cometer el peor error de su vida.

Matteo escuchó lo que su hermano le dijo y sonrió. Ella se había dado cuenta que a Matteo le gustaba fastidiarlo cada vez que tenían la oportunidad de hablar. Los dos hermanos tenían una relación extraña, pero era una de las pocas veces que podía ver una parte real de Matteo. La otra era cuando Lia y él se sumergían en algún debate sobre algún libro.

Ambos eran amantes de los libros de suspenso. Últimamente compartían listas de lectura y los dos se sentaban a debatir al respecto después de la cena antes de irse a descansar. Era interesante escuchar las suposiciones que él tenía y nunca menospreciaba los comentarios de Lia.

Matteo la miró y ella entendió el mensaje. Cada vez que Alessandro lo llamaba llegaba un momento en que necesitaba privacidad. No estaba segura de lo que hablaban, pero tampoco le daba mucha importancia.

Se levantó de la silla.

—Haré una llamada —informó dejándolo a solas y se alejó hacia el balcón.

Ambos estaban en la terraza de su departamento, aunque no era enorme era lo más parecido a salir que Matteo aceptaba. Si Lia tuviera que adivinar a Matteo no le gustaba mostrarse débil ante los demás, incluso para volver a la empresa sería bajo estricta privacidad y evitando que alguien capturara un foto de él.

Busco en su agenda el número de Ava y la llamó.

—Hola, Lia —contestó ella al segundo timbrazo.

—Hola, Ava. ¿Cómo van los planes de boda?

Ava se había comprometido poco después del accidente de Matteo y se casaría dentro de apenas un par de semanas. Tener que organizar una boda podía poner a cualquiera tensa, pero no con un prometido como Alessandro. Él futuro esposo de su amiga se había hecho cargo de todo.  

—Demasiado bien. Mi organizadora de bodas es casi un héroe para mí —Ava bajo la voz antes de continuar—. Aunque a veces pareciera que va ser su boda y no la mía. Debería relajarse un poco.

Lia se rio.

—Bueno me alegra saber que tú estás tranquila, no creo que sea bueno para ni para ti ni para el bebé si te estresas.

—Es lo mismo que dice Alessandro cada vez que me rapta —Ava soltó un suspiro enamorado—. Basta de habar de mí. ¿Cómo van las cosas con Matteo?

—Al menos ya podemos llegar a algunos acuerdos —comentó Lia—. Es de lejos un paciente modelo, pero algo es mejor que nada. Puede ser muy irritante y mandón.

—¿Matteo? Si él es como un cachorro inofensivo.

—Sí, seguro —se burló Lia—. Mañana quiere ir a la oficina. El hombre no entiende el concepto de reposo y si fuera por él ya se hubiera deshecho de mí.

Ava se río.

—Hacen el par perfecto entonces.

—¿De qué estás hablando?

—De nada importante. Me tengo que ir, los niños me necesitan.

Antes de que pudiera decirle algo, su amiga cortó la llamada.

—Genial —dijo mirando el celular.

Levantó la cabeza y se dedicó a observar el horizonte, abstraída en sus pensamientos. Ava le había dejado con intrigas. Su amiga era dulce y tierna; sin embargo, detrás de todo eso había una mujer fuerte y sobre todo extraña.

Sacudió la cabeza y sonrió. Tomó un respiro profundo y regresó hasta donde se encontraba Matteo.

—Está bien, estamos en contacto —se despidió él de su hermano y guardó el celular en su abrigo—. Creo que ya tome demasiado aire.

Lia asintió.

—¿Cómo está tu hermano? —preguntó para llenar el silencio empujando la silla de ruedas.

—Emocionado con lo de su boda. No puedo creer que alguien tan reticente a volverse a casar otra vez esté tan ilusionado. Pensé que se quedaría solo después de lo sucedido. —Detectó una emoción que no supo identificar en la voz de Matteo.

Lia estaba al tanto de algunos detalles del anterior matrimonio de Alessandro, pero ella era de las que creían que el amor lo curaba todo. Quizás era ingenuo de su parte.

—Ellos se aman.

—Que afortunados.

—No crees en el amor —más que una pregunta era una afirmación.

Los medios decían que Matteo no era hombre de una sola mujer. Muchas veces lo que se decía en los medios podía no ser cierto, pero conforme lo conocía tenía la certeza de que al menos en eso habían acertado.

—Claro que sí. Pero no está hecho para mí, yo prefiero pasar un buen rato y luego seguir con mi vida.

—Fabiana no parecía pensar lo mismo.

Lia se dio un golpe mental por su indiscreción.

Fabiana había seguido volviendo con frecuencia durante los siguientes días a su primera visita. Pero después Matteo le había mandado un hermoso collar a su casa con una nota. No sabía que decía la nota, pero podía apostar que había terminado con lo que sea que habían tenido porque ella no había vuelto. Tenía que concederle a Matteo el hecho de que al menos no lo había hecho en público y se había asegurado que la mujer conservara su orgullo.

—Nunca le hice creer que sería de otra forma. Fue su error pensarlo.

—Típico —soltó sin poder frenarse, pero no dijo nada más. Perdería su trabajo si seguía hablando cuando nadie le había preguntado.

—¿Qué? —preguntó Matteo instándole a continuar—. Adelante, no pares de hablar ahora. Ya me estoy acostumbrado a tu manera de decirlo todo sin importar que sea tu jefe.

Lia se tornó color escarlata ante el comentario de su jefe.

—Lo siento —se disculpó, pero estaba segura que no sonó demasiado sincera.

Matteo soltó una carcajada.

—Di lo que ibas a decir, Lia.

Ella se quedó en silencio un rato debatiendo si era lo correcto. Llegaron a la sala y ella ayudó a Matteo a pasarse al sofá.

—Iré a traer tus medicamentos —informó ella escapando de él.

Regresó unos minutos después y le entregó su medicación y le sirvió un poco de agua para que las tomara. Él no dejo de mirarla en todo momento.

—Está bien, ya deja de mirarme así —se rindió ella—. Me refería a que es típico de los hombres de tu clase poner la culpa en la mujer.

—¿Hombres de mi clase?

—Hombres que juegan con una y otra mujer. A veces las mujeres no podemos evitar simplemente enamorarnos y no es culpa de nadie.

—¿Enamorarse? ¿Y qué te hace creer que Fabiana estaba enamorada de mí? A ella lo único que le importa es poder capturarme para tener sus manos sobre mi dinero. No todo en este mundo se trata de amor, mi querida Lia —Él sonaba cínico.

Lia se detuvo a pensar que tal vez él estaba en lo correcto. Después de todo había conocido en persona a Fabiana y no era precisamente una mujer que pudieras decir que amaba algo más que a ella misma.

—Supongo que tienes razón —aceptó.

—Eso debe ser extraño para ti.

—¿Qué cosa?

—Darle la razón a alguien más.

—Por lo menos yo puedo aceptar cuando no tengo la razón, en cambio tú.

—Es que nunca me equivoco —dijo él sonriendo.

Lia soltó un resoplido para nada femenino y se acercó para recibirle el vaso a Matteo. No estuvo segura de que fue lo que la hizo tropezar, pero terminó con los brazos encima de Matteo.

—Lo siento —se disculpó tratando de retirarse, pero Matteo envolvió su mano sana en su cintura y la retuvo en el mismo lugar.

Ella alzó la cabeza para mirarlo, lo cual fue un error. Una vez sus ojos se encontraron ella perdió la capacidad de hacer algo.

Él miro sus labios y se inclinó para besarla. Ella se dijo que debía alejarse, pero no tuvo ni las fuerzas ni las ganas para hacerlo.

Cuando los labios de Matteo tocaron los suyos, soltó un gemido de placer.

Nunca la habían besado de esa manera. Ni él, ni sus anteriores citas.

Lo que había empezado como una caricia, se volvió en algo más agresivo. Él la estaba devorando. La lengua de Matteo entró en su boca y se enredó con la suya en una danza sensual.

Ella levó sus dos manos a su pecho y se aferró a él. Sentía como si estuviera en caída libre sin un paracaídas. Era tan placentero y a la vez tan peligroso.

Un momento de lucidez llegó a su mente. Usó sus dos manos para empujarlo. Se puso de pie y se alejó de él lo más que pudo, si no lo hacía terminaría besándolo de nuevo.

—Eso no debió suceder —dijo cuándo recuperó la capacidad para hablar.

Su corazón latía con tanta fuerza y su respiración era acelerada.

—¿Por qué no? —preguntó él. Parecía satisfecho y victorioso—. Por cómo me correspondiste puedo decir que lo deseabas tanto como yo.

—Yo… Eso… —Lia se paseaba por la habitación sin saber que decir—. No lo vuelvas a hacer.

—No voy a prometerte algo que no tengo la intención de cumplir. Te quiero y siempre obtengo lo que quiero.

—No esta vez —dijo Lia y salió de la habitación. Necesitaba unos minutos lejos de él para pensar con claridad, no lo podría hacer con él nublando su juicio.

Se encerró en el baño de su habitación y se arrojó agua al rostro.

Demasiados sentimientos bullían en su interior y no tenía ni la mínima idea de cómo lidiar con ellos.

Después de tanto tiempo saliendo en citas y sin sentir ni siquiera una chispa con ninguno de eso hombres, ella había llegado a la conclusión de que no era capaz de sentir. Pero Matteo le acababa de mostrar que no era así. Con solo un beso su cuerpo había despertado y no podía hacer nada para apagar esa necesidad.

Se preguntó qué pasaría si tuvieran sexo. Si un beso había causado sensaciones tan placenteras como sería si tuvieran sexo. Sacudió la cabeza para alejar esas ideas.

Una puerta a nuevas emociones se había abierto y ahora sería difícil cerrarla. La atracción que había tratado de fingir que no estaba allí, ahora sería más evidente y no sabía cuánto más podría resistir antes de ceder.

—¡Maldición! —susurró arrojando el agua con más fuerza.

Se sentía frustrada. Habiendo tantos hombres en el mundo tenía que sentirse así precisamente con él.

No podía evitar esperar que llegara el día en que ya no tuviera que volver a verlo. No importaba cuanto su inconsciente le decía que le iba a doler.

Era imposible que le doliera si no llegaba a pasar mucho tiempo con él, aunque conociendo su historial no sería sorprendente. Muchas cosas estaban en juego si ella dejaba que algo más pasara con Matteo.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App
Comentários (6)
goodnovel comment avatar
Maikel Cuni
como puedo obtenerlo me encanta ese libro
goodnovel comment avatar
Yenis Mendoza
que libro interesante
goodnovel comment avatar
Claudia Pacheco
Había comprado varios capítulos de este libro y ahora me los bloquearon, que pena porque me gustaba la historia, son caros para comprarlos otra vez
VER TODOS OS COMENTÁRIOS

Último capítulo

  • Una enfermera para el italiano   Epílogo

    El alboroto que había en su habitación de hospital era épico. Estaban Matteo, sus papás, sus hermanos, Ava y Alessandro. Todos hablando sin parar por cómo se llamarían los bebés.—Uno de ellos se tiene que llamar como su tío favorito, ósea como yo —dijo Leonardo como si fuera lo obvio.—Eso asumiendo que alguno de ellos sea varón —dijo Alessandro manteniéndose serio como siempre. Él sabía cómo irritar a los gemelos y al parecer disfrutaba de ello.Leonardo lo miró con mala cara, pero el esposo de Ava ni si quiera se dio por aludido.Durante los últimos meses todos los hombres de la familia habían establecido un vínculo cercano. Ahora las reuniones familiares eran más grandes que antes y eso sin contar cuando los papás de Lia y Ava estaban presentes.—E incluso si fueran varones no creo que tu nombre les quede a unas criaturas tan hermosas —comentó Adriano con una ceja alzada. Él y Alessandro parecían tener el mismo objetivo.Lia y Matteo hab

  • Una enfermera para el italiano   Capítulo 53

    —Hogar, dulce hogar —dijo Lia tirándose en el sillón.Había terminado agotada después de pasar unas cuantas horas en el avión. Aunque apenas estaba en el primer trimestre de su embarazo se cansaba con mucha facilidad. Ni siquiera en su anterior embrazo se había sentido así.En cuanto el avión había aterrizado, Matteo y Lia habían sido llevados directo a su nueva casa. Durante su luna de miel un equipo de mudanza se había encargado de llevar sus cosas hasta allí. Todavía conservarían el departamento para tener un lugar donde pasar algunos fines de semana a solas en el futuro, pero ahora esta sería su residencia permanente.La casa estaba en completo silencio. El personal llegaría al día siguiente, así que solo eran ellos dos. No podía esperar para ver a niños correteando por todos lados. Matteo

  • Una enfermera para el italiano   Capítulo 52

    Una fresca brisa se colaba en la habitación por una de las ventanas abiertas. La habían dejado así la noche anterior debido al calor que hacía en la zona. Llevaban tres semanas de luna de miel en aquel lugar paradisiaco. El tiempo había pasado con demasiada rapidez para el gusto de Lia, pero no era de sorprender teniendo en cuenta que se sentía feliz.Al igual que cada mañana al abrir los ojos una sonrisa se posó en su rostro o al menos lo hizo hasta que las ganas de vomitar se apoderaron de ella. No era la primera mañana que sucedía y ya se hacía una idea de cuál era el motivo.Lia se destapó lo más rápido que pudo y corrió al baño. Apenas logró abrir la tapa del inodoro antes de inclinar la cabeza y comenzar a vomitar. Matteo llegó a su lado en algún momento y sujeto su cabello. Ella trató de alejarlo, pero él no se

  • Una enfermera para el italiano   Capítulo 51

    Lia se sentía como en el paraíso. Si la intención de Matteo había sido sorprenderla, él lo había logrado y con creces. Aunque se había quejado un montón de veces por ser mantenida en la ignorancia, la mayoría de veces solo porque podía, el misterio detrás de todo el evento hizo más mágico el momento. De antemano esperaba que la boda fuera hermosa; pero el lugar, la decoración y todos los pequeños detalles eran más que perfectos. La imagen de todo quedaría grabada en su mente por mucho tiempo, si no es que para siempre.Matteo había elegido la playa, cerca de donde él la había llevado un tiempo atrás, para llevar a cabo la boda. Él había alquilado un complejo turístico por completo para todos los invitados. Lia no había tenido idea de que se casarían allí hasta esa mañana, cuando fue sacada de la comodidad de su cama para ser trasladada hasta el recinto.La marcha nupcial comenzó a sonar y la sacó de sus pensamientos por un momento. Lia empezó a avanzar y

  • Una enfermera para el italiano   Capítulo 50

    —¿Qué estás tramando? —preguntó Matteo. Algo en el brillo de los ojos de Lia le generaba una sensación en la boca del estómago.—No sé de qué hablas —dijo ella mientras terminaba de alistarse. En cuanto se terminó de colocar los zapatos lo miró de pies a cabeza—. ¿No deberías alistarte para salir con los chicos? Ellos llegaran pronto.En apenas tres días Lia iba ser su esposa y a ella se le había ocurrido que ambos tuvieran sus despedidas de solteros. Él no estaba tan feliz con la idea, pero si ella lo quería que mal podía hacer. Eso fue hasta ver la expresión de Lia. Conociéndola como lo hacía sabía que algo estaba a punto de pasar. Si tan solo supiera de qué se trataba.—Me puedes repetir que es lo que harán —pidió tratando de no sonar como un novio cont

  • Una enfermera para el italiano   Capítulo 49

    Lia no tenía idea cuan agotador podía ser preparar una boda en un mes, pero se hacía una idea. Era por eso que había tratado de ayudar a Matteo en cada uno de sus momentos libres. Es solo que él no la dejaba involucrarse, estaba cumpliendo su palabra, con una ligera variable. No solo se estaba haciendo cargo de todo, sino que también había decidido que quería que la boda fuera una sorpresa para ella. Como consecuencia ella no tenía ni la mínima idea sobre dónde o cómo sería su boda. Algo risible cuando era la novia.Seguro que a otras mujeres la idea de no saber nada sobre el evento más importante en su vida les podría parecer incómodo. En cambio a Lia le resultaba un gran detalle por parte de Matteo. Era por eso que confiaba en que él le daría la mejor boda que una mujer podía soñar. Además él no estaba solo. Los padres de Lia también estaban en la ciudad para apoyarlo. E incluso Ava y Bianca estaban con él para ayudarlo a tomar algunas decisiones.A pesar de todas la

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status